Tuve que esperar al recreo para volver a verle. Él fue el que se acercó a mi grupo de amigas, como era habitual. Pero su mirada hacia mi no era la misma. Yo le miraba y le sonreía cómplice, recordando la sensación de su pene curvo en mi interior. No sé con qué fuerza podía sujetar a mis impulsos que andaban locos por lanzarse a sus brazos.
Pasaron las semanas y entre nosotros no ocurrió más que las miraditas del recreo. Ni siquiera una conversación breve, aunque yo tampoco hice mucho por conversar con él. Aunque el constate revivir de aquel polvo me hizo angustiarme mucho, además se me retrasó mi menstruación y llegué a pensar que estaba embarazada. Fue entonces cuando hablando con mi madre, supe algo que me marcaría para siempre: Iñigo era aquel hombre con el que mi madre compartió momentos inolvidables, aunque no todo lo bonito siempre dura. Y mi madre era la persona por la que Iñigo había dejado de componer música.
Urko y yo además habíamos perdido las oportunidades para estar solos, por lo que no volvimos a hacer nada más que meternos mano en sitios públicos.
El mismo día que me enteré del gran secreto estaba indecisa a contárselo a Urko. Mi madre me pidió por favor que dejara a Urko y conquistara a otro hombre y sobre todo que no me volviera a acercar a Iñigo. Pero esa sentencia me parecía excesiva. Yo prefería hacer las cosas de la mejor manera: hablando con cada uno de ellos.
Justo el día que Urko cumplió los quince años, encontramos de nuevo la perfecta ocasión de compartir algo más que caricias. Estábamos en casa de un amigo suyo, cuyos padres se habían ido, y pudimos escaparnos un rato
Pobrecito, le corté el rollo de buena forma.
Urko asintió.
Suspiré... no sabía cómo decírselo:
Urko me comprendió enseguida...su cara era un poema.
Urko no podía creérselo.
Urko me abrió los ojos.. Entendió por donde iba la cosa.
Urko se carcajeó con ironía.
Urko se levantó se puso sus zapatos y se marchó de mala ostia. Y yo me quedé pensando si de verdad era un ser asqueroso por enloquecer por volver a tener sexo con mi padre.
A la mañana siguiente, domingo, Urko me llamó y me dijo que quería que fuera a su casa. No me dijo para qué, así que fui como una bala.
Llamé a la puerta y me recibió Iñigo. Mi corazón dejó de sonar en cuanto mis ojos le percibieron, y mi sexo también, porque empecé a excitarme de solo verle.
En el salón me esperaba Urko un poco serio. En la casa no había nadie más. Me quedé esperando a ver si Urko quería besarme. Cuando estábamos los tres en el salón el silencio nos reinó por un minuto eterno e incómodo.
Iñigo era todo oídos.
La que se quedó con cara de idiota fui yo ahora. Urko estaba dispuesto a hacer un trío con su tío por mi. Iñigo no salía de su asombro.
Iñigo y yo nos miramos sabiendo que ese comentario de Urko era totalmente cínico.
Yo estaba completamente atónita por la situación.
En eso ya no tenía problema, yo ya estaba tomando la píldora, para evitar más sustos. Ahora mi dilema estaba en contarle o no a Iñigo la verdad.
Urko fue el primero que entró, bajó las persianas hasta la mitad y nos dijo que nos sentáramos en la cama. Iñigo me miró con mucho amor y yo sin previa señal de salida, me adelanté: me lancé a besar a Iñigo como una loca. Urko no se inmutó por mi reacción e Iñigo me correspondió. Me puse sobre él con mis piernas abiertas y seguí besándole mientras que por detrás se iba situando Urko para besarme en el cuello. Los brazos de Iñigo empezaron a subir para quitarme mi camiseta y Urko me desabrochó mi sujetador para dejar a Iñigo terreno limpio para comerme las tetas y para que él me pudiera lamer la espalda. Las manos de Iñigo fueron a parar a mi short para quitármelo y dejarme sólo con mis braguitas ya todas húmedas.
Urko pidió a Iñigo que se desnudara para que yo le pudiera comer la polla con gusto. Así lo hicimos. Me metí aquella polla pensando en que mi madre probablemente habría hecho lo mismo 15 años atrás. Eso me ponía más cachonda aún saber que me estaba tirando a mi padre, el hombre que preñó a mi madre sin quererlo.
Me metía esa polla en la boca, la hacía llegar hasta mi garganta para poder tenerla toda y sentir sus bolas con mi barbilla. No paso mucho cuando él me quitó de encima para evitar eyacular. Tenía que aguantar. Urko ya estaba en posición para que le hiciera lo mismo. Empecé a besarle el glande y a lamérselo como si saborease mi helado favorito. Qué rico era aquello. Dos pollas para mi a la misma vez. La misma operación: me coloqué la polla de Urko toda en la boca, esta fue más fácil porque es menos larga que la de Iñigo aunque si es más gruesa. Urko resistía más que Iñigo y me pasé como más de diez minutos disfrutando de su polla mientras que Iñigo observaba atento y de vez en cuando se tocaba. Sentí como Iñigo me tomaba de las axilas y me sacaba de un golpe la polla de su sobrino de la boca y me tumbaba en la cama, me arrancaba mis braguitas y se ponía por encima de mi para penetrarme.... Uyy si era el cielo o el paraíso o lo más rico de esta vida lo que se podía sentir al ser penetrada por él. Su polla me enloquecía, quería ser suya para siempre. Le amaba más que nada. Mientras que él estaba encima de mi, Urko se relamía viéndome en manos de otro hombre y se posicionó justo para ver como mi padre me la metía y me la sacaba y para ver como mi coño chorreaba.
Yo no podía parar de gritar. Urko se aproximó hacia mi cara y me mandó que se la volviera a comer para acallarme mientras Iñigo me embestía cada vez más fuerte. Mi orgasmo estaba en camino, lo sentía llegar aunque no podía manifestarlo por tener el miembro de Urko en mi boca y a éste manejando mi cabeza para llevar el ritmo de la mamada. Pero Iñigo sintió mi orgasmo al estar dentro de mi.
Urko se rió al saber que estaba en la cima de mi placer y le pidió a su tío que se levantara.
Me pidieron que me pusiera a cuatro patas para probar algo: doble penetración por el coño.
Iñigo se puso boca abajo yo sobre el a cuatro patas y Urko tras de mí. Urko fue el primero en meterla y después lo intentó Iñigo aunque al principio no salía bien. Pero una vez que consiguieron meterlas los dos, sentí una gran punzada en mi vientre. Pensé que no podrían caber dos buenas pollas en mi interior. Me subestimé. Cupieron y me hicieron sentir algo más que placer... seguía gritando, Iñigo jadeaba mientras que me miraba a los ojos y movía su pelvis. Urko estaba totalmente en una nube... el roce con la polla de su tío le agravaba el placer de cogerme con furia. Volví a correrme, esta vez el orgasmo fue más intenso. Les rogué que las sacaran porque no podía soportarlo, Pero no me hicieron caso, más bien hicieron lo contrario y Urko por ejemplo me pegaba más duro haciendo sonar su pelvis chocando con mi cuerpo en pompas.
Iñigo se retiró para evitar correrse dentro de mi pero yo le pedí que necesitaba volver a ser marcada por él.
Me la volvió a meter en la boca aunque ahora el sabor difería con la primera mamada. Pero me deleitaba solo degustar nuestra lujuria. Urko empezó a lamerme mi coño empapado y resentido por las dos corridas y tensé el cuerpo para zafarme de aquel delicioso castigo. Iñigo apartó a Urko y fue él el que prosiguió comiéndose mi almejita. Urko era bueno en el sexo oral, pero Iñigo me llevaba a otro mundo. Volví a correrme, aunque esta vez más suave el orgasmo.
Urko Se puso encima de mi dejando a la altura de mi boca su pene para volver una vez más a comérmelo con sabor a mi. Pero esta vez el chupa chus venía con regalo: un gran cargamento de semen calentito que fue a parar a mi garganta. Urko se corría con un gusto que me erizó los vellos. Gritaba frenético por la gran corrida, parecía que no había hecho nada, ni siquiera una paja tras nuestro único encuentro. Tenía la boca llena de semen y no sabía si tragarlo, escupirlo y dejar que embadurnaran mi carita, pero Iñigo hizo a Urko que se apartara del terreno de juego, dado que él ya llegó a su meta y le dejara terminar la faena. Me puso de lado y me volvió a penetrar, así se podía sentir con más claridad su pene y me besó en los labios sin importarle el semen de su sobrino. Entre ambos nos lo comimos haciendo a Urko suspirar de placer por el detalle. Apoyado con sus dos brazos en mi nalga aumentaba el ritmo hasta que pude ya sentir la corrida de mi padre en mi interior. Era especial esa sensación. Iñigo me miró serio mientras me llenaba de él.
En ese momento Urko se apegó a mi y me besó con pasión en los labios y después lo hizo con su tío, que aún tenía su polla dentro de mi. Me quedé extasiada al ver como Urko se morreaba con su tío con lengua y todo. Y se me ocurrió algo para concluir aquel demente juego de placer y pasión: Que ambos se limpiaran su sable. Primero Iñigo limpió a su sobrino y luego fue Urko el que se metió la polla de su tío en la boca para saborear nuestra follada.
Yo besé a cada uno de ellos con mucho cariño por la tarde que me regalaron. Nos miramos y sólo aparecían risas que tapaban nuestro pudor por lo que habíamos hecho. De repente, cuando nuestros corazones volvieron a su ritmo normal, Urko le dijo a su tío:
Iñigo se quedó desconcertado y yo temerosa.
Iñigo me miró con el corazón en un puño y con la respiración agitada.
Iñigo no pudo remediar dar un grito.
Iñigo aún estupefacto reflexionó sobre el encuentro y en el fondo no le importaba que aquella mujer precoz, que era sangre de su sangre, le propusiera más encuentros carnales y salvajes.
GRACIAS POR LEER. HASTA LA SIGUIENTE.