Le hubiese gustado preguntarle a su madre, pero había muerto hacía un par de años. Ahora vivía con su padre. Pero le daba vergüenza preguntarle a él. Aunque no conocía algunas palabras, sí sabía que sus amigas hablaban de chicos...y de sexo.
-El otro día, en mi casa, vi como mi hermana la mayor le hacía una paja a su novio - dijo una de sus amigas formaron un corro, hablando bajito, como contando un gran secreto.
Todas rieron. Leticia las imitó.
-Me puse caliente y también me hice una mirándolos. - continuó la amiga. - Casi me pillan.
-Yo también me hago una de vez en cuando - dijo otra.
-Yo también .- mintió Leticia. No quería ser menos que las demás.
Aquello no podía seguir así. Un día metería la pata y se reirían de ella. Así que se armó de valor. Esa noche, mientras cenaba con su padre unos ricos guisantes compuesto, le preguntó de sopetón.
-Oye papi..¿Qué es una paja?
La mesa y el suelo se llenaron de los guisantes que Jacinto, el padre de Leticia, estaba a punto de meterse en la boca.
-¿Qu..qué? - preguntó, incrédulo. A lo mejor no había entendido la pregunta.
-Que qué es una paja.
Sí que la había entendido. Quería que la tierra lo tragarse. ¿Qué pregunta era esa para un padre? ¿Acaso no tenía amigas que le explicaran todas esas cosas?. Si hasta se puso un poco colorado. No sabía que decir. Se quedó mudo de la impresión.
-¿No sabes lo que es, papá?
-Esto..sí...sí sé lo que es.
-Entonces..¿Qué es una paja?
Y dale. Su hija adolescente no paraba de decir paja. ! Paja! !Paja! Ya tenía edad para saber esas cosas por sí misma.
-¿Sabes lo que es la masturbación?
TLINK! hizo la mente de Leticia . Masturbación y paja. Sí sabía lo que era la masturbación. Lo habían dado en ciencias naturales, de pasada..de una rápida pasada. Entonces una paja tenía que ver con la masturbación.
-Sí
-Pues..es lo mismo. Es una palabra vulgar de decirlo.
-Ah, vale. Gracias papi.
Jacinto respiró aliviado. Parecía que había capeado el temporal con éxito. Siguió comiendo sus guisantes.
Leticia pensaba. Sabía lo que era la masturbación. Bueno, lo que sabía era que la masturbación era la autosatisfacción sexual, significase eso lo que significase. Entonces, masturbarse y una paja era lo mismo. Bueno, ya sabía algo más. Pero quería saber más.
-Papi..¿Y cómo se hace una paja?
Esta vez, además de los guisantes por el suelo, también se le cayó la cuchara al pobre Jacinto. Era natural que Leticia sintiera curiosidad por esas cosas, pero esas cosas se aprendían en la calle. Con las amigas, con los amigos. Como mucho con una madre. Pero no con un padre. Leticia ya no tenía madre para que la ayudara en esas cosas.
-Pues...coño Leticia...¿Por qué quieres saberlo?
-Mis amigas hablan de esas cosas y no quiero parecer una tonta que no sabe nada.
-¿Por qué no les preguntas a ellas?
Él supo lo que era una paja porque un amigo suyo se lo dijo. Así debía ser. Estaba escrito en algún sitio, seguro. Y si no, debería estarlo.
-¿Estás loco? Para que se rían de mí.
No tenía escapatoria. O se lo decía o le seguiría preguntando. Leticia podía ser muy insistente.
-Se trata de tocarse...ya sabes...las partes para darse placer.
-Ummm, ah..es eso.
-Sí.
-Ahora lo pillo. Gracias papi.
-Termina de cenar y basta de preguntitas.
La curiosa mente de Leticia no paraba de funcionar.
Tocarse las partes para darse placer. Ella a veces, por las noches en su cama se sentía...rara. Sentía como unas cosquillitas en el estómago y entre las piernas, en su pipí. Pipí. Esa palabra era de niñas. Había oído que sus amigas lo llamaban de otras maneras. Chocho, coño y hasta conejo. El de ella no se parecía en nada a un conejo, pero eran palabras más adultas que pipí.
Cuando se sentía así, si se frotaba con los muslos sentía gustito, algo muy agradable, pero no pasaba de ahí. Al final el sueño la vencía.
Esa noche, a oscuras en su cama, recordó lo que le dijo su padre, "tocarse las partes para darse placer". Probó. Llevó sus dedos a su coñito y se tocó. Enseguida vinieron esas agradables cosquillitas del estómago. Se pasó un dedo a lo largo de su rajita y sintió mucho gustito. Aquello era mejor de frotarse los muslos. Notó también que se mojaba, como si hubiese hecho pis y no se hubiese secado, sólo que no era tan líquido. Se llevó los dedos a la nariz y se olió. Olía...raro.
Volvió a tocarse. Ahora, gracias a aquel juguito, sus dedos de deslizaban muy bien. Era verdad que tocarse las partes daba gustito. De repente sus dedos tocaron algo que le dio un latigazo de placer. Había descubierto su clítoris. No es que lo descubriera, pues sabía que estaba allí. Lo que descubrió fue que tocándolo con la yema de sus dedos sentía mucho placer.
Su corazón se aceleró. No se dio cuenta de que estaba gimiendo suavemente. Siguió acariciándose, frotando su clítoris. Rápidamente encontró la manera de tocarse para obtener el máximo gustito. Se rozó los pezones con un brazo al moverse. Los tenía duros como cuando tenía frío, pero también sintió placer al rozarlos. Esa noche Leticia estaba descubriendo muchas cosas nuevas.
Algo iba a pasar. Lo notó en su cuerpo. Algo se estaba formando. No sabía lo que era. Sólo sabía que el placer estaba aumentando, aumentando, hasta que de repente algo estalló en su cuerpo. Cerró los ojos con fuerza. Sus músculos estaban tensos, y un placer como nunca hubiese imaginado se irradiaba por todo su cuerpo, naciendo en su coñito, que estaba expulsando más y más juguitos. Tenía ganas de gritar, pero el aire no le llegaba a los pulmones.
Leticia estaba experimentando su primer orgasmo.
Cuando todo pasó, abrió los ojos, en la oscuridad. Su respiración era agitada. Por fin entendía ahora de lo que hablaban sus amigas. Por fin sabía lo que era una paja. Y le encanta. Estaba relajada. Se durmió rápido.
A partir de ese día, Leticia se masturbaba a menudo. Casi todas las noches de hacía su pajita para dormir. Ya no se sentía tonta cuando sus amigas hablaban de esos temas. Un día incluso dijo orgullosa que la noche pasada se hizo una paja. Las amigas no dijeron nada, pero ella se sintió como una más.
Cada vez conocía mejor su propio cuerpo. Aprendió que si acariciaba sus tetas al tiempo que con la otra mano se tocaba el coñito, el placer del orgasmo aumentaba.
Empezó a sentir curiosidad por los chicos. Ellos la miraban, y ella también. Cuando se tocaba por las noches pensaba en alguno que le gustara. Sabía, por supuesto, que sus cuerpos eran diferentes. Ellos tenían pene. Sus amigas le llamaban polla. Recordó que un día una amiga comentó que había visto a su hermana haciéndole una paja a su novio. Entonces, los chicos también se hacían pajas. ¿Cómo serían?
Una noche, en la que casualmente volvían a cenar guisantes, le preguntó a su padre:
-Papá..¿Tú te haces pajas?
Otra vez los guisantes y la cuchara terminaron por el suelo. Jacinto se quedó blanco. Se dijo que no haría más nunca guisantes.
-¿Cómo?
-Que si te haces pajas.
¿Y que le decía ahora a su hija? Pues claro que se las hacía. No tenía pareja. Y ya se las hacía cuando la tenía. Pero no era cuestión de andar diciéndole a Leticia que sí, que se hacía pajas.
-Pues...todo el mundo lo hace. Es algo natural.
-Ah, bien. Gracias
Jacinto suspiró. Esperaba que no hubiera más preguntitas. Se equivocó.
-¿Y cómo lo haces?
-Leticia!! Esas no son preguntas que hacerle a un padre.
-¿Por qué no?
-Pues porque no. Termina de cenar.
!Porque no! La excusa cuando no hay razones. Leticia no preguntó más, pero era muy curiosa. Si su padre no se lo decía, ya buscaría en donde encontrar la información.
Había oído que en internet había de todo, así que unos días después, en el instituto, fue a la sala de ordenadores y empezó a buscar. Pero el sistema estaba muy protegido y no permitía ver páginas de contenido sexual, y ella no entendía de ordenadores. Se sintió frustrada.
Su padre tenía un ordenador en casa, con Internet. Ella nunca había querido usarlo. No los entendía y nada le llamaba la atención. Pero ahora había algo que quería. Por la tarde, cuando él no estaba, lo encendió. Su frustración aumentó cuando comprobó que le pedía una clave. Puso todo lo que le ocurrió, pero no consiguió nada. Bueno, se lo pediría a su padre. Una metirijilla podría servir.
Durante la cena aprovechó la ocasión.
-Papi...
Jacinto dio un respingo. No estaban cenando guisantes, así que no podía ser una pregunta escabrosa. Al menos esperaba que no lo fuera.
-¿Sí?
-Tenemos que hacer un trabajo en clase y necesito usar internet.
Jacinto se relajó. Menos mal que era eso. Al fin su hija mostraba interés por los ordenadores. Ya era hora. Siempre le decía que no cuando él insistía en que debía saber como funcionaban.
-Ah, perfecto. Me parece muy bien. Así aprenderás a usarlo. Cuando terminemos de cenar te creo una cuenta y te doy unas lecciones.
-Gracias papi.
Se sentaron los dos frente al ordenador. Le creó una cuenta limitada, para que no cogiese ningún virus en páginas raras. No le bloqueó nada de internet. Ya era mayorcita. Además, así quizás no le volvería a preguntar más cosas raras.
Le enseño a encender y apagar el ordenador. A entrar en internet y buscar cosas en google. Cuando Leticia se dio cuenta de toda la información que allí había, se dijo que había sido una tonta por no haber aprendido antes.
Jacinto comprobó que Leticia aprendía rápido. Se sintió orgulloso.
-Gracias papi. Ahora podré hacer bien el trabajo.
-Bueno, tesoro. Puedes utilizar el ordenador siempre que quieras. Y no sólo para este trabajo. Hay muchas más cosas. Casi todo lo busques, está.
Por supuesto, no le dijo lo que quería buscar. Le dio un beso de buenas noches y se fue a dormir.
Al día siguiente, por la tarde, cuando su padre se fue a trabajar, ella fue al ordenador. Lo encendió y entró en su usuario. Abrió el explorador y automáticamente apareció google. Puso 'paja' y pulso en buscar.
Le aparecieron muchas páginas. Leyó unas cuantas. Muchas eran de información sobre como hacerse una paja. Ella eso ya lo sabía. Leyó sobre mujeres que contaban come las hacía y como se las hacían a sus novios. Como les acariciaban el pene - algunas decían incluso polla - etc..
Empezó a hacerse una idea. Les acariciaban la polla y movían la mano arriba y abajo. ¿Pero cómo? Según recordaba, el pene, la polla, se ponía erecto cuando se introducía en la vagina durante la cópula y así el hombre fertilizaba a la mujer. Las chicas hablaban de mover las manos con la polla dura.
Entonces, las pollas de los chicos, dedujo, se ponían duras, erectas. La curiosidad le picó. Buscó 'polla' en google.
Más información. Muchas sobre un grupo de música. Páginas sobre como chupar una polla. ¿Se chupaban las pollas? Que asco!!!
¿Dónde estaba todo ese sexo que había oído que había en internet? Hasta ahora sólo había encontrado páginas con texto. Nada del otro mundo. Y más dudas. Incluso abrió una página que decía algo de la polla más grande del mundo y era una foto de un tipo con un gallo gigante.
Probó con otra palabra: 'sexo'
Y ahí encontró un filón. Páginas que anunciaban sexo gratis. Vídeos, fotos, de todo. Pinchó en la primera y sus ojos se abrieron como platos.
Vio fotos. De hombres y mujeres. Desnudos, vestidos. Descubrió lo que era una polla dura. Aquello no lo podían esconder los hombres en los pantalones, por lo tanto, no estaban así siempre.
Esa tarde, Leticia fue poco a poco descubriendo el sexo ella sola. Vio videos de hombres y mujeres follando. De mujeres con mujeres. Hasta de varios hombres con una o varias mujeres. No dejaba de pinchar y pinchar, asombrándose de todo lo que veía.
Pues sí que era verdad que las pollas se chupaban. Mamadas les llamaban en las páginas. También había sexo anal!
Cuando se dio cuenta, estaba toda mojada. Muy excitada. Por primera vez se hizo una paja en otro sitio que no fuera su cama. Mirando aquellas fotos, aquellos videos, se tocó hasta correrse. Pero seguía excitada y siguió tocándose hasta llegar a un segundo y placentero orgasmo.
Los siguientes días fueron de descubrimientos. Su curiosidad la llevaba a buscarlo todo, a verlo todo. Había cosas que la excitaban mucho. Otras que le repugnaban. Se encantaba mirar esos excitantes videos y tocarse hasta terminar estallando en riquísimos orgasmos.
Jacinto estaba encantado. Ya no había preguntas comprometidas. Supuso que al fin los amigos y amigas habían hecho su papel y le habían contado a Leticia 'la verdad' de la vida.
Pero una día, usando el ordenador para 'sus desahogos', como solía hacer de vez en cuando, Sintió curiosidad. La de Leticia no venía del aire. Entró en la cuenta de su hija a mirar el historial de navegación. Ella seguro que no sabría que todo queda grabado. Descubrió las páginas que ella veía.
No se sorprendió. Era natural que una adolescente sintiese curiosidad por aquellas cosas. Ya tenía edad hasta de tener un novio. Así que mejor que supiese de qué iban estas cosas. No le diría nada. Total, en también estaba mirando porno.
Entonces, Jacinto cayó en la cuenta de que Leticia seguramente se masturbaría en esa misma silla en donde él lo estaba haciendo. Cuando se dio cuenta de que esa idea lo excitaba - imaginar a su hija acariciándose - se levantó y apagó el ordenador. Él no era de esa clase de hombres.
Llegó un momento en que Leticia se empezó a cansar de sólo mirar aquellas cosas en el ordenador. ¿Cómo sería tocar una polla de verdad? ¿Qué sentiría al hacerle una paja a un chico? Por los videos sabía que los chicos al correrse soltaban toda aquel semen. Aquella leche. Había visto como se la echaban a las chicas en la cara, en la boca, en las tetas. Había visto a mujeres tragándosela toda. ¿Sería dulce? ¿Salada? ¿Estaría rica?
¿Qué sentiría al tener una de aquellas enormes pollas dentro de su coño? ¿Le dolería la primera vez como oyó decir a Juanita, una amiga?
Días después, cuando subía por las escaleras a su casa, se cruzó con Jorguito, un vecino. Era más joven que ella, y no muy espabilado.
-Hola Jorgito.
-Hola Leti. ¿Qué tal?
-Muy bien.
-Oye, ¿vienes a mi casa un momento?
-¿Para qué?
-Quiero enseñarte una cosa
-Vale.
Cuando cerró la puerta, lo miró y le preguntó, sin tapujos.
-¿Me enseñas la polla?
-¿QUEEEEEEEEEEEEEE?
-Que si me enseñas la polla. Si lo haces, te enseño mi conejo.
Jorgito se puso colorado como un tomate, pero el hombre que empezaba a crecer en él no podía perder la oportunidad de ver su primer conejo. ¿Conejo? Esperaba que se refiriera a su coño, porque si le sacaba a Bugs Buny se daba algo.
-Va...vale..
El corazón de Leticia latía de excitación. Al fin iba a ver su primera polla. Pero cuando Jorgito se bajó los calzoncillos, allí no había ninguna polla. Había una cosa chiquitita y arrugadita.
-Haz que se ponga dura.
El pobre Jorgito empezó a tocarse, pero no se empalmaba. Él se hacía unas pajas estupendas, pero ahora estaba muy cortado y no se le empinaba.
-¿Qué pasa? ¿No sabes?
-Claro que sé. Pero me pones nervioso, coño.
No hubo manera. El chico estaba nervioso, y aquella cosita no se levantaba.
-Si me enseñas tu coño a lo mejor se me pone tiesa.
No había nada que perder por probar, así que Leticia se quitó las bragas y le enseñó el pubis, levantándose la falda.
Mano de santo. Bueno, coño de santa!!. La polla de Jorgito reaccionó y se empezó a poner dura. El chico, orgulloso dijo.
-Ya está.
-¿Ya? ¿No se pone más grande?
-¿Más? Pues..no...
Aquello no se parecía en nada a las pollas de internet. Aquello no era más que un pito. Leticia se subió las bragas.
-Gracias Jorgito.
Le dijo que se vistiera y amablemente lo echó de su casa. Que desilusión. Esperaba una polla enorme y se encontró con un palito.
Leticia se dijo así misma que Jorge aún era joven. Que quizás sólo los hombres mayores tendrían pollas como las de internet. Y el único hombre mayor que ella conociera y tuviera confianza con él, era su padre.
Pero si cuando le preguntó por las pajas casi de la algo, si le pedía que le enseñara la polla seguro que le daba un yuyu. Así que se resignó a seguir mirando en el ordenador.
Terminó el curso y llegó el verano. El caluroso verano. Y con el calor, los pijamas cortos y flojos.
Una noche de agosto, viendo en la tele una película romántica, que le encantaban a Leticia, oyó a su padre roncar. Él estaba tumbado en el sofá. Leti fue a decirle que no hiciera ruido, que estaba viendo la película. Se dio cuenta de que el botón de la bragueta del pijama de su padre no estaba cerrado. Se habría olvidado de cerrarlo al hacer pis.
Miró a su padre. Parecía profundamente dormido. Se acercó y miró por la abertura. Cuando comprobó que no llevaba calzoncillos, su corazón empezó a latir. Se sentó con cuidado a su lado. Miraba la abertura y a su padre, por si se despertaba.
Como por descuido, le puso la mano en un muslo. Comprobó que no se despertaba. Subió la mano hasta las ingles. Él seguía dormido.
Casi se le sale el corazón por la boca cuando acercó sus dedos a la abertura y la abrió más. Enseguida retiró la mamo por si se despertaba. No lo hizo.
Ahora vería claramente parte de la polla de su padre. Estaba floja, pero aún así era más gorda que la pollita de Jorgito. Cuanto le hubiese gustado que se pusiera dura.
Mirándolo a la cara, acercó otra vez su mano a la abertura. Se atrevió a meter dos dedos. En cuanto las yemas de los dedos tocaron la piel de la polla, los quitó rápido, como si le hubiese quemado. Su padre no se inmutó.
Envalentonada, volvió a la carga. Esta vez acarició la piel con sus yemas, sin retirar la mano. Miraba fijamente a la cara de su padre para retirar la mano al más mínimo atisbo de que se despertara.
Su coñito le hervía. Estaba empapada. Nunca había estado tan excitada como en ese momento.
De repente, si dio cuenta de que la polla empezaba a crecer. ! La polla de su padre se estaba poniendo dura! Notó como se hinchaba, como empezaba a llenar el espacio. Sacó la mano, asustada y excitada. La polla siguió creciendo y de repente apareció por la abertura.
Jacinto gimió. Leticia se asustó, creyendo que se había despertado. Pero debía de estar soñando, pues seguía dormido. Estuvo mirando su cara unos segundos, y cuando su mirada volvió a la polla, se quedó con la boca abierta.
De la abertura del pijama asomaba una preciosa polla. Esta si que era como las de internet, y aún seguía creciendo. La miraba, fascinada.
Cuando se dio cuenta, su mana la tenía agarrada. Estaba dura, caliente, palpitaba. Su manita no podía abarcar toda la circunferencia. Como había leído y visto en internet, empezó a mover su mano arriba y abajo. Estaba haciendo su primera paja. Le estaba haciendo una paja a su padre, que dormía.
En su sueño, a Jacinto le estaba mamando la polla una preciosa actriz de Hollywood. Lo hacía muy bien. Pero se dio cuenta de que aquello no podía ser. Debía de ser un sueño. ¿Cómo iba aquella actriz a chuparla la polla si no lo conocía de nada? Quizás, si antes la invitaba a cenar...
Pero no, era su mente calenturienta. Hizo un esfuerzo y se despertó. Pero la actriz seguía chupándosela. No..no era una boca. Era una mano lo que sentía alrededor de su polla.
Su mente se fue aclarando. Debía de estar soñando aún, porque estaba viendo como su hija le estaba haciendo una paja. Su manita subía y bajada a lo largo de su dura polla, que salía por la abertura del pantalón del pijama.
No. No era un sueño. Era de verdad. Casi se levanta de golpe para gritarle a Lucía que qué coño estaba haciendo, que si estaba loca, que aquello no se hacía, que se fuera a su cuarto... Pero le daba tanto gustito. Movía su mano lentamente para no despertarlo. Era un placer que no había sentido en mucho tiempo.
Cerró los ojos y se dejó hacer. Él no se lo había pedido. No la había forzado. Todo lo hacía por voluntad propia. Y él necesitaba tanto cariño.
Leticia estaba asombradita. La polla de su padre estaba dura del todo. Era hermosa, grande, caliente. Le encantaba ver a su mano subir y bajar por el tronco. Sabía que si seguía así, lo haría correr. Que su polla estallaría y escupiría toda aquella leche blanca. Deseaba verlo.
Pero no podía. Si lo hacía correr, no podría explicarlo. Y seguramente se despertaría. Le echaría una bronca por tocarle la polla.
Tendría que dejar de tocarla. La soltó. La polla quedó dando saltitos sola. Leticia necesitaba correrse. Su pijama estaba todo mojado. Sin hacer ruido se levantó y se fue a su cuarto, dejando a su padre con la polla tiesa.
Cuando Jacinto oyó la puerta del cuarto de Leticia cerrarse, salió corriendo al baño. El orgasmo fue casi simultáneo. Leticia sobre su cama, frotándose el coño con la mano con que había tocado la polla de su padre y Jacinto pajeándose furiosamente en el lavamanos hasta dejarlo lleno de churretones de semen.
Al día siguiente los dos actuaron como si nada hubiese pasado. Leticia se convenció que su padre no sa había dado cuenta de nada. Que cuando se hubiese despertado seguramente su polla ya estaría otra vez floja y que pensaría que se habría salido sólo por no haberse abrochado el pijama.
Leticia deseaba que esa noche todo fuese igual. Que su padre se durmiera. Deseaba volver a terne aquella polla en la mano y después hacerse una paja en su cama.
Jacinto también lo deseaba. No haría nada. No le pediría nada. Si algo pasaba es porque ella quería.
Se puso el mismo pijama, sin calzoncillos y dejó abierto el botón. Notaba las miradas de ella. Al rato, se hizo el dormido.
-Papi?
No contestó. Leticia se acercó y lo tocó, como ayer.
-Papi?
Nada. Estaba dormido. Esta vez fue más rápido. Metió la mano dentro y encontró que la polla ya estaba medio dura. Su padre debía de estar soñando otra vez. Pero no soñaba. Entornando los ojos vio como Leticia ayudó a su polla a salir de su encierro y como la agarraba con sus suaves dedos, empezando la lenta y placentera paja.
Ella se dijo que esta vez lo haría un poco más de tiempo. Y esta vez apretó la polla con más fuerzas. Se frotó los muslos, esparciendo sus jugos.
¿Y si le daba un besito en la punta? Si lo hacía con cuidado no se despertaría.
Jacinto casi se corre cuando vio acercarse a su polla la cabecita de Leticia y sintió el suave beso que le dio en la punta. Y después notó la húmeda lengua lamerlo.
Ella notó el salado sabor de la polla de su padre. Y los gemidos más fuertes que dio al lamerlo con la lengua. Temiendo que se despertara, quitó la cabeza y detuvo la mano.
Jacinto comprendió que sus gemidos la alertaban, así que procuró no dar muestras del placer que sentía. Al poco, la mano empezó a moverse otra vez.
¿Pasaría como ayer? ¿Lo dejaría al borde del orgasmo para salir corriendo? ¿Tendría que volver al baño a terminarlo él solo? NO! Esta vez no.
Abrió los ojos. Ella miraba la polla y no se dio cuenta. Jacinto no disimuló más sus gemidos de placer.
-Ummmm
Leticia lo miró. Tenía los ojos abiertos. La miraba. Casi se le para el corazón.
Pero sonreía. No parecía enfadado.
-Hoy espero que termines lo que has empezado.
Volvió a mirar la polla. Ahora no había que disimular. No había que hacerlo suave para no despertarlo. Apretó más la polla y movió la mano con más velocidad.
No paró hasta que el estómago de su padre y su mano se llenaron de leche calentita.
FIN