La verdad es que yo jamás fui una de esas niñas que soñaban con el matrimonio con el príncipe azul y una casa invadida por niños… no, a mis 19 años yo ya había descartado esas ideas sobre el amor incondicional y romántico… para mí las relaciones van muy lejos de cualquier clase de compromiso emocional o psicológico… Sin compromiso no hay dolor… Y es que vi sufrir tanto a Jenny, mi hermana, que me prometí a mi misma jamás enamorarme.
Soy Patty, una chica delgada, con cabello rubio y largo, ojos verdes, de estatura más bien baja y sin muchos senos que presumir pero que en conjunto con mi cuerpo bien cuidado a base de ejercicio y una dieta sin excesos, hacen una figura sensual… Nunca he sido la clásica rubia fácil con la que todos se acuestan pero tampoco tengo fama de virginal y santa. He tenido varios novios pero les he dejado claro que no me gustan los compromisos ni las relaciones largas y serias.
En cuanto al sexo… me encanta. Así de simple, es una de esas experiencias que te hacen sentir plena y te hacen olvidar cualquier problema.
Volviendo a la historia, esa noche iba a ser una cena a lo grande, con toda la familia de los Novios, comida, vino y baile… en mi familia siempre han sido un tanto exagerados con esos asuntos del matrimonio… por eso es que me miran con recelo, saben que no sueño con casarme…
Para mi desgracia, yo había tenido que organizar casi todo y mi papel en la dichosa fiesta era recibir a todos los invitados, saludarlos, poner una linda e hipócrita sonrisa como si los conociera o recordase y llevarlos a sus lugares en el salón… ridículo, a la mitad no los conocía, ya que eran invitados del novio, y a la mayoría de la otra mitad no los recordaba, yo siempre evitaba las reuniones familiares y no había visto a muchos en años.
En fin, me dispuse a bajar, me coloqué el vestido que mi hermana eligió para la ocasión, un vestido rojo, tan corto que apenas tapaba mi trasero, o sea que aparte de todo un poco incomodo si iba a estar caminando de aquí para allá, zapatos de tacón alto… tengo que reconocer que me veía preciosa… eso era lo único bueno de esa noche.
Me subí al auto y llegué al salón justo unos minutos antes de que los invitados comenzaran a llegar… yo tenía una carpeta con las fotos y nombres de todos así no habría problema con no conocerlos.
Después de haber recibido a casi todos los invitados me llamó la atención un nombre conocido en la lista pero con una fotografía poco familiar…. Mi primo Arturo, si … tenía que ser él, estaba segura se apellidaba de ese modo… pero estaba tan cambiado…
No tuve que esperar mucho para ver si era cierto, ahí estaba él… bajando de un hermoso auto negro, enfundado en unos jeans negros muy ajustados que marcaban su hermoso trasero y dejaban imaginar un paquete de muy buen tamaño, con una camisa negra de rayas y un saco gris abierto… todo un bombón… Delgado pero fornido, con un cabello castaño que se movía libremente mientras el caminaba, ojos azules y unos labios carnosos que daban ganas de devorar… yo estaba embobada mirándolo, o mejor dicho admirándolo y tarde en reaccionar lo suficiente como para de pronto darme cuenta que lo tenía a escasos centímetros de mí…
Me tomó por la cintura y se dejó llevar hasta su sitio, no pude evitar notar que su mirada se desviaba constantemente hacia mi escote y que su mano ya no estaba precisamente en mi cintura… pero total, ¿qué podía pasar? Era mi primo, nadie lo vería mal.
Mientras estaba recibiendo a los últimos invitados me quede pensando en lo que había sucedido, realmente no era nada, pero aún así… ¡Arturo era mi primo! Y por muy bueno que estuviera, ese tipo de miradas y comentarios no eran propios entre nosotros… yo era muy liberal pero de ahí a que algo sucediera con alguien que llevaba mi misma sangre…¡ni pensarlo!...
Cuando hube colocado al último invitado en su lugar estaba muerta de cansancio, llevaba casi una hora de pie así que me dirigí a mi mesa y decidí descansar un poco.
De pronto sentí como alguien soplaba en mi nuca, cuando giré para mirar, obviamente era Arturo…
Así pasamos un buen rato hablando de cómo nuestras vidas habían transcurrido mientras estuvimos separados, de la universidad, los planes, los viajes… en fin… él era tan sólo dos años mayor que yo y teníamos muchas actividades en común.
Cuando me di cuenta ya era hora de servir el banquete así que me disculpé con Arturo y me dirigí a la cocina del salón sólo para verificar que todo estuviera listo para servir en 15 minutos…
Cuando me disponía a regresar a mi mesa, caminando por el pasillo que llevaba a la cocina, me encontré de frente con mi primo…
Y así, sin dejarme decir nada comenzó a besarme lentamente, al principio yo trataba de escabullirme, pero poco a poco me dejé llevar por sus besos. Era una experiencia tan diferente a cualquier otra. Nuestros labios se deslizaban con dulzura y el acariciaba mi espalda y mis glúteos. Aquel beso comenzó a subir de intensidad y nuestras lenguas comenzaron a explorar la boca del otro. Yo rodeé su cuello con mis brazos mientras el deslizaba una de sus manos por mi muslo y elevaba mi pierna hasta enredarla con la suya. Yo estaba completamente fuera de mí, sabía que lo que estábamos haciendo no era correcto y sin embargo jamás había tenido tantas ganas de desobedecer las reglas y las costumbres.
Así mientras nos besábamos y yo comenzaba a sentir como su miembro comenzaba a endurecerse detrás de esos jeans negros escuché la voz de mi madre llamándome.
Los dos pegamos un brinco y nos separamos rápidamente. Por fortuna, nadie vio nada, mi mamá me llamaba desde fuera y los dos salimos a su encuentro.
Y así sin que ella lo imaginara y mientras los dos nos reíamos disimuladamente por su atinado comentario nos dirigimos los tres a nuestros respectivos lugares.
Aprovechando que mi mesa estaba un poco vacía, Arturo colocó su silla junto a la mía con el pretexto de que deseaba platicar con su vieja amiga de la infancia.
Mientras comíamos, sentí como enredaba su pie con el mío y lo deslizaba disimuladamente por mi pierna. Yo sólo atiné a mirarlo con reproche y seguir comiendo.
Le di un puntapié por debajo de la mesa para que se callara y el quitó su mano, que había estado acariciando mi pierna, y siguió comiendo de lo más tranquilo.
Al poco rato mis papás se levantaron para bailar con los novios y el y yo nos quedamos solos en la mesa, ya que en mi mesa solo estaban mis papas, los tortolitos comprometidos y los papás del novio y todos ellos estaban bailando y saludando a los invitados.
Nos levantamos y él rodeándome con un brazo me arrastró hasta la pista de baile. En esos momentos el grupo tocaba algo de salsa. Descubrí que mi primo era un gran bailarín pero no pude, ni quise evitar que en algunos momentos él aprovechara el baile y tocará discretamente mi trasero o me apretará más de lo necesario hacia su sensual cuerpo mientras bailábamos.
Bailamos un par de canciones, cada vez más juntos, hasta que de pronto el grupo comenzó a tocar una balada lenta… Yo comencé a caminar hacia la mesa, pero él, hábilmente me detuvo y pegándome a él, atravesó su brazo hasta rodearme por la espalda y comenzamos a bailar así, muy juntos. El roce de nuestros cuerpos al ritmo de aquella balada era exquisito, podía sentir su respiración y como un par de veces aprovechaba la oscuridad típica de los salones al momento del baile y el hecho de que había mucha gente para rozar sus labios con los míos o para acariciar mi espalda.
Cuando acabo la melodía nos dirigimos hacia la mesa para descansar y refrescarnos un poco, el siguió con su insistencia de acariciar mi pierna y yo, después de tanto "bailar", lo dejé hacer, aunque aún nerviosa por la situación.
Después de un rato de haber estado platicando y bebiendo un poco nos dirigimos nuevamente a la pista, esta vez la música era un poco de merengue, reggaetón, y demás. En esta ocasión el ritmo y el ambiente nos hacían bailar mucho más cerca y podíamos sentir la excitación saliendo de los poros del otro. Mientras bailábamos aprovechamos para tocarnos y acariciarnos un par de veces. Estábamos muy encendidos, queríamos llevar todo esto aún más lejos pero sabíamos, en el fondo, que no era lo correcto.
Cada vez nos importaba menos ser vistos, lo que realmente nos importaba era sentir nuestros cuerpos juntos, disfrutar de cada delicioso roce, sentir el calor que nos invadía. Poco a poco el comenzó a acariciar discretamente mi sexo por debajo del vestido, yo podía sentir su erección pegada a mi cuerpo, y cada vez deseaba más y más poder estar a solas con él y dar rienda suelta a esa pasión que nos invadía, seguíamos acariciándonos con discreción aprovechando de la oscuridad y las muchas parejas que bailaban.
Después de mucho bailar, cuando estábamos ya muy exhaustos, decidimos sentarnos un rato. Arturo comenzó a platicar con mis padres y con mi hermana, y mientras lo hacía, deslizó suavemente una mano por mi pierna, y beneficiándose de que el mantel era bastante largo metió sus dedos por entre mi vestido y comenzó a acariciar mi sexo por encima de la tela de mi tanga. Yo poco podía concentrarme en la plática, y él consciente de ello trató de no provocar que nadie dirigiera la conversación hacia mí. Sus caricias eran lentas pero muy placenteras, está por demás decir lo excitados que nos encontrábamos después de bailar, y esto realmente era maravilloso, por fortuna yo era muy buena disimulando. Mientras él seguía con sus caricias haciendo a un lado mi ropa interior y tocando directamente mi vagina humedecida, yo deslicé mi mano hacia su miembro endurecido y comencé a acariciarlo por encima de su pantalón, eso lo tomó por sorpresa y pegó tal brinco que derramó lo poco que quedaba dentro de su vaso.
Dejamos todo en eso hasta que termino la fiesta. Me ayudó a recoger mis cosas y me invitó a bailar a algún antro. Mis papás obviamente dijeron que sí, les daba gusto ver que por fin me relacionaba de nuevo con la familia y como nunca les causaba mayores problemas aceptaron gustosos.
Nos subimos a su auto y nos dirigimos hacia el antro. En el camino no podíamos evitar mirarnos con deseo. El era un conductor prudente así que pocas veces me tocó, pero yo aproveché la situación y desabroché su bragueta dejando salir un pene erecto que pedía a gritos ser acariciado, comencé a masturbarlo y el bajó la velocidad del auto para no perder el control y aprovechando que era un coche automático llevó su mano derecha a mi entrepierna y comenzó a acariciarme también, yo separé las piernas para facilitarle el trabajo y para sentir más profundamente sus caricias. El morbo de la situación era inmenso, yo jamás había hecho algo parecido y mucho menos con mi primo…
Estaba empapada en fluidos y sudor y su miembro se ponía cada vez más tieso. Me incliné poco a poco hacia él y comencé a desabrochar su camisa y a besar su abdomen hasta llegar a la base de aquella verga. Inicie una mamada lenta y él me dejó hacer hasta estar a pocos metros del antro al que íbamos. Nos acomodamos la ropa y nos besamos apasionadamente antes de bajar del auto. Los dos estábamos muy calientes.
Cuando bajé me di cuenta que yo jamás había estado en aquel sitio, pero por la rapidez con la que nos dejaron pasar note que el era un cliente constante.
Al entrar me impacté tanto que me tambaleé y Arturo tuvo que sostenerme para que no cayera. Definitivamente no esperaba un lugar así. Por todos lados había parejas besándose y teniendo prácticas sexuales de todo tipo, gays, lesbianas, tríos, de todo….
Comenzamos a bailar al ritmo de la música, esta vez sin discreción alguna, nos restregábamos y nos metíamos mano por donde podíamos mientras bailábamos lento. Nos besábamos con pasión, por un momento llegué a olvidar que él era mi primo y me dediqué solo a sentir, a disfrutar.
Arturo besaba mi cuello y me mordía un poco mientras me giraba para quedar de espaldas a su maravilloso cuerpo. Sentía su verga restregándose en mi culo. Quería sentirla de nuevo entre mis manos, entre mis labios, resguardarla entre mis piernas. Él siguió besando mi cuello y mi espalda mientras tomaba mis senos con sus manos y notando que no usaba brassier aquella noche los sacó fuera del vestido para acariciarlos con mayor libertad.
Me giré para quedar de frente a él y volví a besarlo apasionadamente mientras el ritmo de la música tan sensual de aquel sitio me envolvía. Aquel lugar estaba lleno de sexo y de pasión.
Comencé a besar su cuello y bajé poco a poco hasta quedar de rodillas frente suyo. Saqué su miembro del pantalón y lo llevé a mis labios. Arturo comenzó a moverse como si me estuviese cogiendo por la boca.
De pronto sentí un par de manos recorriendo mi cuerpo, giré para mirar y cuando Arturo lo notó me dijo que era uno de sus amigos, que no me preocupara.
Un poco nerviosa pero caliente al fin, giré y continué con aquella felación mientras el chico al que no conocía me arrancaba el tanga y me dejaba cubierta solamente por mi vestido que en realidad no cubría ya nada.
Así mientras que yo seguía mamándosela a mi primo aquel chico comenzó acariciarme y a lamer mi sexo mientras metía un dedo dentro de mí…
Era una experiencia totalmente distinta, aquel lugar era como una gran orgía, y pensar que yo estaba ahí nada más y nada menos que con mi primo.
De pronto sentí como aquel chavo colocó la punta de su verga en mi sexo, no tuve que reaccionar, Arturo lo alejó de mi a golpes, le dijo que no se atreviera a tocarme de nuevo.
Volvió a mi lado y pidiéndome disculpas por el comportamiento de su amigo me sacó de la pista y me llevó hacía uno de los sofás que estaban algo desocupados, solo había una pareja que por los gemidos que pegaban, seguramente estaban pasándola de lo lindo.
Se sentó a mi lado y comenzó a acariciar mi chochito ahora descubierto y a introducir en él sus hábiles dedos.
Comenzó a besarme de nuevo y poco a poco se despojó de su ropa y de la mía y colocándola debajo de mí para elevarme un poco y comenzar la más maravillosa sesión de sexo oral que me hayan hecho en toda mi vida.
Sus labios aprisionaban mi clítoris mientras sus dedos se curveaban en mi interior, los gemidos de las parejas alrededor me excitaban y mi cuerpo se curveaba por el deseo.
-Ahhh mmmm—mis gemidos se convertían poco a poco en grititos de placer, quería tener esa polla dentro de mí.
Se colocó sobre mi cuerpo adivinando mis pensamientos y comenzó a succionar mis pezones endurecidos. Restregaba su polla en mi rajita retrasando ese momento que tanto deseábamos.
Podía sentir la punta de su verga deslizándose por mi sexo mientras nos besábamos apasionadamente.
Así metió su verga poco a poco dentro de mí, el placer me invadió de pies a cabeza, me estremecí y lo abracé con más fuerza acercándolo a mí.
Siguió cogiendo así cada vez más fuerte restregando todo su cuerpo al mío y besándome como loco. Sus fuertes embestidas me causaban algo de dolor, pero el placer era cada vez mayor, podía sentir como su polla entraba y salía sin descanso, como nuestros fluidos se mezclaban como nos fundíamos y nos entregábamos.
Sentia nuestros cuerpos vibrando, estremeciéndonos. Nuestros gemidos se unían a los de las demás parejas, podíamos escuchar como la pareja de al lado explotaba en un orgasmo…
Aquel lugar era maravilloso, Arturo sabía como y cuando moverse, sus embestidas me sacudían y me hacían sentir feliz y dichosa. Era por mucho el mejor amante que había tenido en mi vida…
Poco a poco fuimos elevando el ritmo de ese coito espectacular, nuestras lenguas se buscaban con desespero y sus manos recorrían mi cuerpo acariciando mis glúteos y mis senos, llegando a proporcionarme un placer tan inmenso que no me importaba que fuera o no mi primo, quería disfrutarlo por el resto de mi vida, quería explotar con él, sentir como nuestros cuerpos se elevaban de deseo y pasión y llevar esa emoción hasta el mayor riesgo.
-Ahhh, mmmm, no sabes como deseaba esto Patty – dijo Arthur al tiempo que lamía mis pezones.
- Siii, sigue, no pares, no te detengas,- gemí – quiero ser tuya, quiero que me conviertas en la más puta de tus amantes, sii, ahh
- Y yo quiero que lo seas…
Sentí poco a poco ese estremecimiento tan particular, sentí como un escalofrío recorría mi cuerpo, como poco a poco el calor invadía cada poro de mi piel tratando de salir, sentí como si me desgarrara por dentro y me corrí en el orgasmo más espectacular de mi vida, llenando su verga de fluidos y amoldándola entre contracciones y espasmos maravillosos, gritando como una posesa y arañando su espalda….
-Ahhh, siiiiiiiiiiiiii, me corro , ohhh siii…
- Sii, preciosa, sigue si, mmm toma toma,,, siii!!!!!!!!!!!
Y así habiéndome corrido sentí como sus embestidas eran tan intensas y rápidas que me partían en mil pedazos, como su verga se metía en lo más profundo de mi ser y como me llenaba con esa corrida tan exquisita que me moría por probar…
Terminó así de correrse en mis entrañas y luego colocando su verga en mi boca dejó que la lamiera hasta dejarla limpia y reluciente.
Continuará…