Al comienzo era desconfianza lo que reflejaba el rostro de mi hermana y eso se explicaba porque yo , al contrario de ella, era una mujer alegre , vivas, desinhibida y a veces hasta un poco insolente. Creo que ella me tenia un poco de temor porque además yo era bastante deslenguada,
Pero Miriam había ido cambiando la expresión de su rostro a medida que yo le hablaba, primero reflejó sorpresa, luego manifestó un incipiente interés, y al final una curiosidad un poco asustada.
-Bueno- , dijo así como resignada. - esta bien. Quiero verlo-
Entonces me puse de pie y me encamine a la puerta de mi cuarto para ponerle llave y estar segura de que nadie podría observarnos. Era el atardecer de un día sábado del invierno recién pasado.
Cuando estuve segura de que nadie nos molestara. Abrí con rapidez la blusa rosa que vestía y quede frente a ella luciendo mi sostén del mismo color. Yo siempre usaba ropa intima de color, mientras Miriam solo usaba ropa blanca.
Sin dejar de mirar el rostro de mi hermana, desabroche con sabiduría mi sostén y libere mis pechos. Teniendo cuidado de cubrirlos con mis manos.
Cuando me di cuenta que ella me miraba ansiosa retiré mis manos y entonces ella pudo verlos y contemplar mis dos pezones.
Abrió desmesuradamente los ojos dirigiéndolos alternativamente hacia mis pechos y hacia mi rostro. Yo solamente la miraba con una sonrisa.
-¿ Y cuando comenzó? - Me preguntó con una voz que era una mezcla de sorpresa y de ternura..
-Hace justamente dos meses,- respondí. .
Recodaba exactamente la fecha porque había comenzado el día, o más bien dicho la noche de mi cumpleaños numero 30.
Recordaba perfectamente que esa noche me había dormido muy cansada después de la celebración y me desperté a eso de las tres de la madrugada con una picazón extraña en mis pechos. Había rozado insistentemente mis pezones y pensé que al día siguiente compraría una crema que usaba cuando me sucedía eso. Pero luego volví a dormirme.
Cuando desperté ya tarde en la mañana del domingo y al darme cuenta de la hora, había saltado de la cama y me había metido bajo la ducha casi con ojos apenas abiertos y fue entonces, ahí , bajo la ducha y mientras repartía la espuma por mi cuerpo cuando sentí la consistencia dura y entonces vi. reflejados en el espejo mis pezones de un rosado intenso, casi un poco oscuros. Pero no era su color lo que me sorprendía sino su tamaño. Haciendo una apreciación superficial pensé que podrían medir unos cuatro centímetros cada uno. Hice memoria y pensé que nunca había visto a ninguna mujer que los tuviese de ese tamaño y grosor. Yo había visto a muchas mujeres desnudas tanto en el internado como luego en los gimnasios a los que acudía, semanalmente.
Pensé que seguramente abría otras mujeres a las que les sucediera lo mismo porque en ese momento no pensé en nada raro sino más bien en alguna inflamación que en un par de horas volvería a la normalidad.
Me sequé con cuidado. No estaban delicados ni dolorosos al tacto sino que simplemente eran unos pezones
demasiado grandes.
Había sido la noche de ese día en la que desperté incomoda e incorporándome en la cama me pude dar cuenta que la fina tela de mi camisa de noche estaba drásticamente inflada por mis pecho , rápidamente me deshice de ella y pude ver ahora ,asustada, que mis dos pezones descomunales apuntaban tiesos hacia adelante y estime que su tamaño era ahora, mas grande que la noche anterior. Estaba realmente asustada.
Miriam estaba realmente impresionada .
Un par de veces quiso estirar su mano para tocar mis pezones que erectos apuntaban hacia ella desde el centro de una auréola amoratada y perlada de pequeñas gotas de sudor.. Pasó su mano por mis pechos pero sin tocar mis pezones como si temiera algo.
¿No te duelen ¡?- preguntó.- le respondí que no .
En ningún momento me dolían ni siquiera las tenia delicados.
Entonces se atrevió a tocar mis pezones, primero el derecho, luego el izquierdo, con cuidado, con mucho cuidado, como si temiera dañarlos.
Cuando se percató que de verdad no tenia dolor alguno se atrevió a apretar uno de pezones entre su dedos delicados recorriéndolos con inmensa ternura desde la aureola hasta la punta dándoles pequeños apretones preguntando cada vez si me dolía .
Como yo le aseguraba que no me dolía me los acarició un rato con una forma de novedosa masturbación. Miriam tenía las mejillas encendidas y los ojos vidriosos. No se si ella sentía placer, no se lo pregunté pero era evidente que la operación le causaba tanto placer como a mi.
-¿ No haz consultado con tu medico? ¿me preguntó.
Le respondí que tenia hora con el medico al día siguiente y que después le contaría su opinión y me atreví a decirle.
- Mientras tanto .. Guárdame el secreto Miriam –
-Por supuesto, - me respondió.
Ahora yo me sentía muy cerca de ella..
Esa tarde de lunes, cuando volví a casa Miriam ya había llegado No se atrevía a preguntarme por la visita al medico, como si tuviera pudor de lo que le había confiado el día anterior. Por fin yo le dije,
Ella miro para todos lados para cerciorarse que nadie nos había visto y luego tomándome de la mano me dijo.
Mi medico es un hombree de unos cincuenta años, de pelo ligeramente canoso, de hablar pausado y esta siempre sonriente.
Sentada en la camilla, me había desvestido de la cintura arriba y le expuse mi pecho que el había visto un par de veces anteriormente. No había nada mas que explicar, el tamaño de mis pezones explicaban por si solo el motivo de mi visita.
El medico, evidentemente sorprendido, levanto con sus dedos alternativamente mis pezones que, algo duros, al contacto de sus dedos comenzaron por completar una erección apreciable. A mi me parecía que estaban mas duros y dilatados que el día anterior.
El hombre caminó hasta su mesa y regreso a mi lado con una pequeña reglilla de color verde. La puso junto a mi pezón para medirlo y dijo así como con una voz sorprendida.
- Ocho centímetros-
En ese momento, Miriam que me había escuchado en silencio se acerco hacia mí y repitió con lentitud.
Yo me desvestía ahí frente a ella para liberarme de la presión mientras le decía que el medico me había dado dos posibilidades. Una era la cirugía, para volverlos a un tamaño normal de un centímetro o dos.
No - Dijo Miriam con fuerza- - Cirugía no. Por ningún motivo. Lo decía como si se tratara de una decisión que ella tomara sobre su propio cuerpo.
La otra posibilidad le dije, es que yo lograra embarazarme y tener un niño. Era posible que con la lactancia y el reflejo de succión, los pezones, por algún mecanismo de control hormonal recobraran su tamaño normal.
Miriam me acariciaba los pechos con ternura y en ese mo mentó volvió a decir con voz cariñosa.
-No. Cirugía no. Seria tan cruel eso - , mientras apretaba dulcemente mis pezones entre sus dedos tibios.
Bueno tu sabes que yo no puedo ni quiero tener un hijo - le dije a Miriam.
Ella que ya tenia mis pezones en su manos, ahora con plena confianza ,porque se había adueñado de mi secreto ,me miro comprensiva .
Yo estaba feliz de contar con la comprensión de mi hermana que tan distante me parecía antes y que ahora sentía tan cercana.
- El reflejo de succión .. Dijo la Miriam como para ella misma sin dejar en ningún momento de acariciar mis pezones que ,mas grande que nunca se ponían más erectos y gruesos
.
.En ese momento sentí su aliento muy cerca de mis pechos. Me di cuenta que ella buscaba mis pezones tentadores con sus labios ansiosos.
Me acomode para poder tener sus mejillas sobre mis pechos y sentí como su boca caliente buscaban mis pezones para recorrerlos lentamente con su lengua.
Ahora, si lo hacia con seguridad, primero para introducirlos en su boca caliente y luego y luego enfrento francamente la succión a la que yo le permitía que se entregara gustosa. Era una sensación inefable Al comienzo fue lenta y suave, presionando con delicadeza sus labios sobre mis pezones plenos en su erección.. Luego lo hacia con una deliciosa y calculada energía , con una fuerza que al parecer pretendía hacer surgir de mi una leche que nunca brotaría..
Yo me moví para que ella pudiera chupar de ambos pezones alternativamente Los dos estaban ahora inflamados de calentura y de placer y ella mantenía uno entre sus dedos mientras chupaba el otro y de ese modo repartía sus ternuras y sus deseos sobre mis pezones que ahora habían alcanzado un tamaño que me parecía perfecto para esa bebe grande y ansiosa.
Miriam se había agitado mucho y su cuerpo entero parecía palpitar con ese placer nuevo e impensado que agitaba su cuerpo con una ondulante ola de deseo tierno.
Al comienzo yo me comportaba pasivamente dejándome invadir por esas olas suaves de estímulos que desde mis pezones se esparcía por toda mi piel. Luego cuando Myriam me mamaba con mas fuerza , una descarga nerviosa parecía desencadenarse desde mi pezón hasta mi espalda para bajar hasta mi vientre ocasionando una contracción de mi útero en mis profundidades que repercutía en mi vagina excitada desencadenado orgasmos intensos que parecía rebotar de nuevo hasta mis pezones.
Era un círculo virtuoso de placer que nos tenía envueltas. Estábamos comprendiendo que este era un placer que solamente las mujeres podríamos conocer y comprender plenamente
Estábamos en silencio buscando algo en ese mundo que recién descubríamos.
Mi mano derecha que acariciabas sus cabellos mientras ella me mamaba, fue descendiendo por su espalda mientras la acogía en mi regazo. Acaricie sus caderas desnudas de una suavidad infinita mientras mis pezones alternadamente jugueteaban con su lengua ansiosa,
Mi mano recogía las contracciones de su sexo que latía al ritmo de sus succiones.
Después de esos minutos, los primeros de este nuevo tiempo, ela cansada se tendió a mi lado y yo cubrí su rostro con mies pechos satisfechos. Mis pezones recién un poco relajados resbalaban sobre los labios suaves de su boca caliente.
Desde ese día nuestro secreto comenzó a llenar todos los espacios que nos dejaba la vida común de la casa. No nos bastaban los momentos ocultos de nuestras noches. Ella no podía resistir la visión de mis pechos prominentes y yo podía notar el deseo que la invadía y los esfuerzo que hacia por retenerse.
Entonces ante cualquier señal yo corría a encerrarme, en la biblioteca, o en el baño o en la cocina. Cualquier lugar nos parecía propicio. Y ahí la esperaba yo con mis pechos desnudos, con mis pezones erectos y suaves prestos a recibir sus mamadas ansiosas y tiernas.
Solamente otra mujer podría entender plenamente lo que nos pasaba.