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2005-11-29 17:23:40
Voy a contar algo que me sucedió cuando era chica y que me marcó para toda la vida.
Voy a contar algo que me sucedió cuando era chica y que me marcó para toda la vida. Soy Veronica, tengo ahora 25 años y cuando ocurrió o que voy a contar tenía apenas 16 años. Vivo en Buenos Aires y soy bastante atractiva, no una modelo, pero soy más o menos alta, delgada, de cabello castaño largo y lacio, ojos negros, una boca sensual y mi cuerpo es armónico, tengo pechos pequeños pero bien formados, una cintura pronunciada y una cola casi perfecta. Mis padres nos enviaban a mi hermano Diego ya mi a pasar un mes de vacaciones a la casa de mis tíos en la playa. Yo la pasaba bárbaro porque además de mi hermano tres años mayor que yo, estaban mis tíos y mis primos Luis de 20 años y Hugo de 18 años al igual que mi hermano y un montón de amigos, ya que ellos vivían allí todo el año. Desde chicos jugábamos en la playa desde que salía hasta que se ponía el sol y, cuando fuimos más grandes también íbamos a bailar a alguno de los dos boliches que había en Claromecó y terminábamos viendo amanecer de nuevo en la playa.
La de mis tíos era una familia humilde. Mi tío se dedicaba a la construcción y mi tía a la limpieza de casas de familia. Cuando crecieron mis primos le ayudaban a mi tío. Era para mi común verlos con el torso desnudo, sus cuerpos musculosos y bronceados y ese olor a transpiración que me resultaba tan familiar y ya empezaba a despertarme fantasías de todo tipo.
Un día de ese verano en que yo ya tenía 16 años, mi tía, tuvo que trasladarse a Buenos Aires por dos días a hacer unos trámites. Me había invitado a acompañarla pero preferí quedarme porque el tiempo estaba espléndido y yo me divertía muchísimo con mi hermano, mis primos y las amigas que ya me había hecho.
Después de comer, a la hora de la siesta, yo estaba acostada en la cama de la pieza que me habían destinado, (había otro dormitorio para mis tíos y un tercero para los varones) descansando el cuerpo y la piel cubierta solo con una sábana, cuando sentí que entró alguien sin hacer ruido. Me relajé cuando advertí que era mi tío quien se sentó en la cama a mi lado y comenzó a acariciarme el cabello. No me extrañó porque era muy cariñoso conmigo. Cuando bajó su mano por mi espalda, aún encima de la sábana, me puse alerta y cuando la posó en mi cola, sobresaltada me di vuelta y le pregunté qué hacía, si se había vuelto loco. Nada, me contestó él, quédate tranquila que yo se bien que te gusta, te veo en la playa como vas casi desnuda con ese bikini que apenas te tapa haciendo calentar a los chicos. Le dije que me dejara o se lo contaría a mi tía a su regreso. Me tomó de la cara con fuerza y me tapó la boca para que no gritara. No chiquita, me dijo, yo le voy a contar a tu tía que te la pasás provocando a tus primos y que te has acostado ya con más de un chico en la playa, todos lo saben. Ella se lo contará a tus padres y ya sabes como reaccionarán ellos que son tan moralistas.
No, por favor tío, no le digas eso a mis padres, alcancé a suplicar, sabes que no es verdad, que soy virgen. Pero no me oía o hacía que no me escuchaba. Había deslizado la sábana y me acariciaba los pechos que comenzaban a erizarse. Yo volví a suplicarle y me advirtió: no le voy a decir nada si te portás bien, pero tenés que ser muy obediente ¿me entendiste?.

Así me gusta, me dijo, siéntate en el borde de la cama, mientras se bajaba los pantalones. Me sobresalté ante el tamaño de su miembro y eso que aún estaba medio flojo. Nunca había tenido uno tan cerca. Había visto otros antes espiando a mi hermano y mis primos cuando se bañaban y también cuando jugábamos “al doctor” y nos acariciábamos el cuerpo desnudo haciendo que nos revisábamos, pero éramos más chicos y nunca había tenido uno tan grande frente a mi cara. Como vio que yo no sabía qué hacer tomo una de mis manos y la apretó contra la base de su miembro y me indicó que la subiera y la bajara. Que lo mojara con mi saliva para que se deslizara más fácilmente.
Yo observaba perpleja como iba creciendo de tamaño y se iba endureciendo mientras asomaba su cabeza por debajo de la piel. Fue entonces que me la metió en la boca y me dijo: vas a comerla como se come un helado. Al principio me dio un poco de asco el olor a pis y a sudor, era un olor animal, pero al rato me acostumbré y empecé a disfrutar, al fin de cuentas ya estaba deseando desde hacía un tiempo que ocurriera. Sentí que salía un juguito y que su miembro no paraba de crecer. Mi tío me tenía agarrada del pelo, igual pude ver como se le entrecerraban los ojos, echaba la cabeza hacia atrás y empezaba con un movimiento rítmico a metérmela más profundo en la boca hasta que estalló en un mar de leche dentro de mi boca. Quise evitarlo pero el líquido me ahogaba y no tuve más remedio que tomármelo todo. Mi tío con los ojos entreabiertos y con un hilo de voz me dijo: te gustó putita eh, tengo más para vos, ahora pásale la lengua hasta que no quede ni una gota y volvió a mostrarme su mano abierta amenazadora. Pasé la lengua por su miembro desde la base hasta la punta con especial cuidado de su cabeza. No me detuve hasta que no hubo rastros de semen. Estaba excitada, me había mojado toda entre las piernas. Ahora más tranquilo empezó a besarme y a acariciarme los pechos. Al verme excitada pasó con fuerza su mano por mi raja que estaba mojada por mis líquidos y me metió un dedo hasta el fondo y lo hizo jugar adentro. Yo jadeaba y me dejaba hacer. Cuando su miembro estuvo otra vez erguido extendió su camiseta en la cama y me acostó encima de ella. Abrió mis piernas, se pasó saliva en su miembro y me la fue metiendo de a poco hasta que entró toda. Yo ahogué mi grito pero no pude evitar el dolor. Sentía el peso de su cuerpo encima mío que me cabalgaba como un animal y me daba una mezcla de placer y dolor. Acabó rápidamente otro torrente de esperma que inundó mi pequeña vagina. No llegué a acabar pero sentí un enorme placer. Cuando sacó su miembro vi que mezclado con el semen que bañaba mis muslos había un charco de sangre. Casi me desmayo al verlo. Se levantó, me ordenó que lavara la camiseta antes que volviera mi tía y que como me había portado bien no le diría nada a nadie.
Le obedecí y volví a acostarme. Estuve toda la tarde tirada en la cama llorando. Por la noche en la cena ninguno de los dos obviamente hizo mención de lo ocurrido, aunque mi tío me tiraba indirectas del tipo: se te ve más grande Vivi, estás más crecida, sos toda una mujer y mi hermano y mis primos se reían a carcajadas mientras yo, roja como un tomate, me moría de vergüenza. En mi cuarto, después de cenar pensé que todo había pasado, que había sido una pesadilla y que al otro día iría a la playa como todos los días. Me equivoqué. Ya me estaba desvistiendo para dormir cuando entraron mis primos. Iba a gritar cuando el mayor me agarró y me dijo: eres una buena chica, vas a obedecer o todos se van a enterar. ¿entendiste? me dijo apretando el brazo. Alcancé a balbucear que si, que me iba a portar bien entre sollozos, entonces me hizo inclinar mientras me susurraba en el oído: ya eres una mujer, y ahora vas a portarte como una verdadera mujer. Las mujeres son todas unas putas y les gusta que las cojan, a lo macho, a lo animal. Entrégate como la puta que eres y la vas a pasar muy bien. Me calmé. No tenía escapatoria, además, cuando me susurraba en el oído me excitaba. Mientras se desnudaban Hugo continuaba hablándome: me vas a chupar la pija como te enseñó mi papá, verdad putita, y yo no podía evitar excitarme. Se paró delante mío mostrándome su miembro. Ese miembro que yo había visto otras veces y que también había deseado. Lo tomé y empecé a pasarle la lengua con ganas como había aprendido mientras lo estimulaba con mi mano frenéticamente. Sentía como crecía y se endurecía en mi boca con ese olor y sabor de animal que reconocía con gusto. Mientras hacía lo mío, Luis se colocó detrás mío y me quitó la bombacha, separó mis piernas y me pasó su lengua por mi raja. Una vez que estuvo mojada comenzó a pasarme los dedos por la entrada de la vagina y por la cola. Se me doblaban las piernas del placer que sentía. Estaba toda mojada y gemía desenfrenadamente. Nunca había sentido tanto hasta ahora y tuve mi primer orgasmo antes que Hugo acabara en mi boca. Me tragué toda su leche y lamí su miembro como había aprendido. Me detuve un momento cuando vi que entraba mi hermano, temí que me matara por lo que estaba haciendo, que terminara todo en una tragedia. En una fracción de segundo pensé mil modos de disculparme y de explicarle que yo no había sido, que me habían forzado. No hizo falta, se sentó en la cama, sacó su miembro del pantalón y comenzó a masturbarse mirando a mis primos abusar de mi.
Al ver esto, continué con mi trabajo sobre el miembro de Hugo que quedó algo más flojo pero reluciente.
Mi hermano tomó su lugar, era demasiado, todo el morbo se me vino encima, era el colmo. Más me calentaba cuanto más prohibido. Chupé su pija con fruición mientras Luis me tomó por la cintura y me la puso por la vagina de un solo golpe y comenzó a galoparme. Su miembro no era tan grande como el de mi tío ni tampoco como el de Hugo, pero igual era de un tamaño importante y sentí que golpeaba las paredes de mi vagina con fuerza. Mi hermano que se había estado pajeando mientras observaba acabó casi al mismo tiempo que Luis. Yo alcancé mi segundo orgasmo. Tenía la boca llena de leche al igual que mi vagina además del propio chorro que yo había lanzado. Era el turno de Hugo que ya se había recuperado y me tiró violentamente sobre la cama boca abajo y me montó como a una yegua. Eran animales que me estaban cogiendo y no cabía en mi de gozo. Los otros dos se recuperaban disfrutando como Hugo me cabalgaba. Alcancé el tercero de mis orgasmos al mismo tiempo que mi primo llenaba mi vagina con lo que a mi me parecieron litros de semen hirviendo. Estaba agotada y me costaba sostener el peso del cuerpo flojo de Hugo que no terminaba de eyacular. Se ve que tenía acumulada esperma desde hacía rato.
Se corrió de mi lado cuando terminó y pensé que eso era todo, pero no. Mi hermano me tomó por el pelo y sin decir palabra, como si estuviésemos en alguna de las tantas peleas que teníamos de chicos, me colocó al borde de la cama en cuatro patas como una perra. Se ubicó detrás mío y me pasó saliva en el orificio de mi culo que estaba ya un poco mojado. Le supliqué que no lo hiciera y el muy bruto me dio un golpe fuerte con la mano abierta en mi cola por toda respuesta. Se mojó el dedo en mi vagina que estaba llena de jugos y esperma y me lo metió con fuerza en el culo. Volvió a repetir la operación pero con dos dedos y la tercera vez ya era su miembro el que me estaba partiendo en dos. El animal me lo puso de golpe y me hizo saltar del dolor. El miembro se salió. Entonces me tomó con una mano de un hombro y con la otra se ayudó a metérmela despacio. Una vez que estuvo adentro pensé que no habría nada igual, que no podía ser que tuviera semejante pedazo de carne endurecida adentro de mi culito virgen. Lo sacó y lo puso un par de veces hasta que entraba y salía con facilidad. Entonces empezó la cabalgata. Me sentí una yegua que es cogida por un caballo. Me galopaba hasta que descargó todo su esperma en un chorro interminable que llenó mi culo de leche y placer. Me chorreaba semen por los muslos y no paraba de eyacular. Creí que me moría. Me dolía todo y no paraba de gozar. Cuando la sacó y soltó mi hombro me desplomé en la cama. Era más que suficiente. No pensaron lo mismo mis primos que ya estaban calientes otra vez y con sus miembros erguidos esperando por mi. Hugo me empujó contra la pared, me hizo levantar una pierna y me la puso de parada. Apoyada contra la pared me levantó la otra pierna y me la sostuvo con sus manos a la altura de su cadera mientras me la daba contra la pared. Creí que me iba a reventar la cabeza y la espalda. Antes de acabar me llevó así como estaba y se acostó en la cama y yo arriba. Putita, movete vos me dijo. Pasé mis piernas por sus costados y me moví con las pocas fuerzas que me quedaban. Antes que me desmayara, Luis se sumó para ponérmela por el culo que estaba ardido. No alcancé a decir nada que ya la tenía adentro. Luis llevaba el ritmo y yo en el medio del sándwich. Alcanzamos a terminar los tres casi al mismo tiempo.
Me acompañaron al baño y me ayudaron a higienizarme. Después me depyoron en la cama. Al otro día amanecí con fiebre y dolores por todo el cuerpo. Cuando llegó mi tía por la noche me dijo que debía ser un resfrío de sol, que debía cuidarme más. No pude hacerlo porque sin que ella supiera, todas las noches hasta que terminaron las vacaciones, alguno de mis primos o mi hermano o mi tío me visitaban a escondidas por mi habitación y algunas veces en la siesta también.
Fueron mis mejores vacaciones. Aún hoy, cuando los veo muy de vez en cuando a mis primos revivimos esos momentos. Con mi tío ya no y con mi hermano, cuando viene a Buenos Aires capaz que si.
Yo creo que así fue como empezó todo y ahora me pasan algunas cosas como las que he relatado anteriormente.




Autor: roger


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