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2005-12-09 14:13:05
La circunstancias hicieron que mi madre y yo entraramos juntos a tomar una ducha, de allí como como nos hicimos amantes...
Cuando hice aquel viaje a New York con mi madre yo tenía 16 años, y ella treinta y tres. Se había casado muy joven estando embarazada de mí, y a los 2 años se divorció, por lo que apenas tuve relación con mi padre, era hijo único y siempre estuve muy ligado a mi madre, lo que no quiere decir que fuera un niño mimado, enmadrado o amanerado, todo lo contrario, me gustaban horrores las chicas, siempre estaba pensando en ellas aunque no había tenido ninguna experiencia y, por supuesto, no paraba de masturbarme a todas horas.

A mi madre le había tocado un viaje de un fin de semana a New York para dos personas, que se ganó en un sorteo de la empresa donde trabaja y como no tenía con quien ir, pues de hecho no había vuelto a tener pareja estable desde su divorcio, fuimos los dos juntos.

Llegamos el viernes por la tarde al hotel, la sorpresa al llegar fue que sólo había una cama de matrimonio, circunstancia a la que mi madre no dio importancia, dijo que ya nos arreglaríamos, pero a mí me incomodó bastante, ya que por ese entonces yo solía estar empalmado continuamente y tenía miedo de que me descubriera. Sin embargo, lo que más me preocupó fue el ver que la habitación, que era de diseño muy moderno tenía la ducha en un extremo de la habitación, sin puerta y con una mampara translúcida, lo cual me obligaría a desnudarme en medio de la habitación. Por otra parte me daría la posibilidad de ver a mi madre desnuda a través del cristal, lo que me excitaba enormemente ya que hacían mucho años ya que no había visto a mi mamá desnuda, y para qué negarlo?, mamá está bien buena!.

Una vez en el hotel decidimos cambiarnos para dar un paseo por la ciudad. Mi madre se quitó la ropa con toda naturalidad dejando ver un conjunto de ropa interior negro muy ajustado y que dejaba libre la mayor parte de sus senos y de su trasero, lo que me provocó cierta conmoción en mis partes bajas.

A la vuelta, bastante tarde y algo cansados, llegó el momento que yo estaba temiendo desde que vi la habitación, aunque también en cierto modo ansiaba, pues mi madre decidió que pasáramos a la ducha para dormir más relajados.

- Bien, pasa tú primero a ducharte - dijo, y entonces reparó en como era la ducha - Anda, te has fijado que ducha más original, está en medio de la habitación - pero no le dio más importancia.

Me desvestí, quedándome sólo con los calzoncillos, y me acerqué a la ducha, sin atreverme a desnudarme, así que empecé a perder el tiempo cepillándome los dientes, peinándome, etc. Mi madre se debió dar cuenta de que estaba incómodo porque entonces me dijo.

- Oye, si te da corte que te vea el culo me lo dices y me doy la vuelta, pero no va a ser la primera vez que lo vea, así que métete de una vez en la ducha - dijo mientras empezaba a desvestirse.

Hice lo que me decía, aunque no me atreví a pedirle que se diera la vuelta. Me desnudé y me metí en la ducha, no sé si era mi imaginación pero lo cierto es que sentía que mi mamá me miraba demasiado, sobretodo mi pene, sentía que me estaba examinando y tuve sensaciones de corte y de morbo, entonces vi como ella se acercaba al lavabo que estaba a dos pasos de mí y se desmaquillaba. La excitación me provocó una tremenda erección que trataba de disimular poniéndome de espaldas a ella. En ese estado no podía salir, tirándome un buen rato bajo el agua. Ella se empezó a impacientar y dijo que saliera de una vez, entonces reparé en la situación, en que era mi madre y volví a mi estado normal, saliendo de la ducha, aunque sin intentar ya ocultar nada. Me terminé de secar, me puse un pijama corto y me metí en la cama.

Era su turno, tenía claro que me pediría que me diera la vuelta, pero no lo hizo. Dándome la espalda en todo momento se desabrochó el sujetador y se bajó las bragas con toda naturalidad, sin dejar de hablarme y dándose a veces la vuelta mirándome a la cara, por lo que tenía claro como yo la estaba observando fijamente. Tenía un culo fantástico, bien prieto, con nalgas grandes, gordas y redondas, unas anchas caderas, y unas carnes sonrosadas.

- Hijo, parece que es la primera vez que ves un culo - dijo al ver mi mirada clavada en su cuerpo - Si lo llego a saber te digo que no mires, aunque más vale que te vayas acostumbrando, porque ya ves como es esta habitación. Además no tiene importancia, al fin y al cabo soy tu madre -siguió mientras se metía en la cabina.

Estaba muy cortado pero mi erección era tremenda. Mi excitación al verla debajo del agua adivinando su cuerpo, que se mantenía perfecto, iba en aumento. Observaba la forma de sus senos, intuía su pelambrera a través del cristal y sin darme cuenta empecé a masturbarme sin poder controlarme. Me corrí justo cuando cerró el grifo dejando el pijama manchado de semen.

Salió de la ducha tapándose con la toalla y se sentó en la cama para terminar de secarse dándome la espalda, lo que me permitía ver el perfil de sus senos y el inicio de su culo. Finalmente se levantó se puso unas bragas limpias y una camiseta larga para dormir, me dio un beso en la frente sin llegar a adivinar lo que había estado haciendo al mirarla, apagó la luz y allí acabo todo por esa noche.

El día siguiente fue agotador, visita a la ciudad, subida a la estatua de la libertad, visita a brodway, Manhatan y todo lo demás. No fuimos al hotel ni siquiera para cambiarnos para ir a cenar, cena muy buena cabe decir, así como cabe decir que mi madre bebió algo más de la cuenta, si bien no estaba ebria estaba ya prendida por lo que cuando llegamos estábamos destrozados, aunque habíamos disfrutado mucho y la pasamos realmente bien.

Se acercaba el momento que yo tanto había temido el día anterior, aunque me encontraba más relajado al comprobar la actitud de mi madre en la noche precedente, por lo que me desnudé del todo y fui a cepillarme los dientes, circunstancia que ella apreció.

- Que alegría mi niño - dijo - veo que ya has dejado tus tontos pudores. Y sin quitar ni por un instante su mirada de mi miembro que se encontraba flácido agregó - Mira, para que veas lo natural que es vamos a hacer una cosa que hace mucho que no hacemos, nos vamos a duchar juntos, te apetece?,

- Bueno - dije con una voz entrecortada. Claro que me apetecía pero pensaba que no podría controlarme y suponía que ella ya no encontraría tan natural que tuviera una erección.

- Pues vamos - dijo desabrochándose el sujetador aunque ya de frente a mí, y a continuación bajándose las braguitas. Que hermosas tetas, bien grandes, con unos pezones color rosa y unas aureolas inmensas.

Ahora la tenía ante mí en todo su esplendor. Sus pechos eran grandes aunque firmes, su pubis, fantástico, se adivinaba tras su vello, que tenía muy bien depilado por los lados, sólo tenía pelo encima del coñito, por lo que se podía adivinar su sonrosada almeja. Era la primera mujer que veía desnuda, y era una maravilla, pero también era mi madre y lo sabía, lo que hizo que pudiera controlarme y mantener mi pene en estado de relajación para mi alivio.

- Venga, puedes mirarme todo lo que quieras que seguro que te gusta - Su comentario me cortó un poco y bajé la cabeza, pero ella me levantó de la barbilla y añadió - que ayer bien que mirabas mientras me desnudaba y me secaba, así que deja la timidez y mírame a la cara.

Así que se había dado cuenta de todo, aunque no parecía importarle, es más me estaba incitando a que mirara sin rubores y cara a cara. Sin duda le parecía algo natural.

Nos metimos en la ducha, que no era muy grande, por lo que estábamos bastante apretados, abrió la regadera, me dio la vuelta y comenzó a enjabonarme la espalda con mucha suavidad, bajó por mi trasero, mis muslos hasta llegar a las piernas. Mi pene empezaba a despertarse. Se dio la vuelta y me dijo - Ahora te toca a ti.

Empecé por los hombros, con muchísimo corte fui bajando por la espalda. Se dio cuenta y dijo que apretara más.

- Frota más fuerte que no me voy a desgastar - Al llegar a la cintura mi mano se paró, no me atrevía a seguir. Ella cogió mi mano, la plantó en medio de sus nalgas y añadió - El culito también hay que enjabonarlo, no te dé vergüenza.

Su piel era tan suave, tenía mis manos en medio de las nalgas de mi madre y no podía creerlo, se las frotaba suavemente de arriba hacía abajo, lentamente, luego de sólo enjabonárselas empecé a amasárselas, se las veía y yo sólo quería mordérselas, chupárselas, comérmelas, se las apretaba y a ella no parecía importarle ni incomodarla pues nada me dijo. Mi excitación iba en aumento ya no podía controlarme y tenía una erección considerable que ya no sabía como disimular, situación que enseguida apreció mi madre.

- Ahora de frente - dijo dándose la vuelta. Al ver mi verga que ya estaba totalmente erecta se llevó las manos a la boca y exclamó – uuuuyyyyyy , Pues si que estás hecho un hombre de verdad, sí señor – mientras tenía la mirada clavada en mi miembro que apuntaba hacia el techo.

Entonces me asusté, creí morir de vergüenza y casi me eché a llorar como un niño. Pensaba que me iba a llevar una regañada por estar así delante de ella. Pero una vez más me sorprendió.

- No seas tonto hijo, que eso a tu edad es lo más natural del mundo - A pesar de su comentario mi erección bajó, pero eso no iba a durar por mucho tiempo.
Aún en la ducha me dijo, - además creo que eso también debe ser enjabonado – mientras miraba descaradamente mi verga.

Tomó con una mano mi verga, con la otra el jabón, se agachó en frente de mí y empezó su labor. “Pero que pequeña se te ha puesto”, –dijo- “pero sé como puedo arreglarlo”-agregó con unas risitas muy pícaras-. Primero con su mano agarró mi tronco y lo sacudió varias veces y con fuerza como para que se despertase, a continuación lentamente me corrió hacía atrás el prepucio dejando el glande libre y se le quedó mirando por un momento.

Ya esto era demasiado para mí, miré hacía abajo y me di cuenta que tenía mi pinga a pocos centímetros de la boca de mamá, yo sólo que quería que se la tragara, mandárselo hasta la garganta, creí estar soñando, poco a poco mi verga empezó a pararse de nuevo, luego me percaté de que mi tranca estaba totalmente erecta entre las manos de mi madre, “ya esto es otra voz” “no esperaba menos de ti mi amor” – me dijo. Yo tenía rato ya sin pronunciar palabra por la excitación y el morbo y no me importó para nada lo que ella pudiera decir, aunque estaba consciente que tarde o temprano quizás me regañaría no podía dejar pasar esta situación de tal morbo, simplemente mi excitación no me lo permitía. Empezó a enjabonar mi mástil erecto lentamente, también mis bolas que apretaba lenta pero fuertemente y luego la enjabonada se convirtió en un masaje, mi madre me estaba pajeando de una manera espectacular y sentí que me iba a correr muy pronto. Mientras todo esto pasaba mamá nunca dejó de hablar, hablaba de cosas triviales como el clima en la ciudad, los lentes de sol que se había comprado, lo rica que estuvo la cena, en fin actuaba muy normal, como si nada extraño estuviera pasando y eso inevitablemente me excitaba aún más. Mi eyaculación ya estaba más que anunciada y ella lo presintió por mis gemidos. Desde que empezó a enjabonarme y pajearme había pasado sólo poco más de 3 minutos y no aguanté más, empecé a botar chorros de mi leche caliente sobre ella, y aunque estuve masturbándome continuamente eso días mi eyaculación estuvo muy cargada, mi leche fue a parar en su cara, en su boca y también entre sus grandes tetas, mientras estaba eyaculando ella nunca dejó de pajearme lo que me proporcionaba un placer aún mayor.

Si bien estaba recién eyaculando me había olvidado por completo de que esa mujer era mi madre, o más bien no me importaba porque mi instintos me liberaron de cualquier tabú, yo sólo quería clavarle mi estaca hasta lo más profundo de su ser, hacerla vibrar con mi verga, quería hacerla mía, acabar dentro de ella, quería perder mi virginidad con ella y sabía que aquella era mi oportunidad.

Aún hoy en día no puedo olvidar la imagen de mi madre con mi semen sobre esas hermosas y grandes tetas que tiene, la manera en que mi semen chorreaba sobre sus labios, y de sólo pensar en cómo con su lengua lo chupó para luego tragárselo todo hace que tenga una erección tremenda ahora mismo.

Después enjuagó mi verga con agua hasta dejarla bien limpia del jabón y de semen, me miró a la cara, tomo mi verga que aún estaba parada con su mano derecha y me dio un largo y exquisito beso en el glande, soltó mi polla y luego se puso de pie, “ya te la dejé bien limpia mi cielo”, me dijo.

- Venga, te toca otra vez -, además mira como has dejado a tu mamita hijo, “tendrás ahora que enjabonarme de nuevo y deberás hacerlo muy bien” dijo dándome el frasco de gel. Estábamos frente a frente, primero enjaboné su cuello, luego aún con un poco de pudor bajé hasta sus pechos, y atónito vi como sus pezones, preciosos, grandes y rosados, se erizaban. - Muy bien, lo estás haciendo muy bien, así me gusta, siga así mi niño, siga así- - No podía creerlo, pero mi madre se estaba excitando con mis caricias. Eso, naturalmente, volvió a despertar mi pene que había perdido algo de su erección - Vaya vaya vaya- añadió - veo que tu verga vuelve a crecer, como has crecido hijito, debo decir que tienes una polla muy linda !.

Con este comentario ya me sacó de órbita, era obvio que ella estaba excitada y más que fuera de sí, nunca antes había escuchado esas palabras en boca de mi madre, “polla”, “verga”, estaba hablando como una puta o como si fuera mi mujer o algo así. Sin embargo yo no lo respondí nada, me quedé callado.

Seguí con mi tarea de enjabonarle sus ricas tetas, esta vez era yo quien no quitaba la mirada de esos hermosos pezones que me tenían totalmente loco, se las amasaba, apretaba igual que como había hecho con sus nalgas, sólo que esta vez yo estaba cara a cara del objeto de mi deseo, yo quería probar esas tetas tan deliciosas y mi mamá debió saberlo.

Llegué a tener un erección creo que hasta mayor a la que había tenido ya, mi pene estaba tan erecto que me dolía. Yo ya estaba fuera de mí también y como estábamos de frente y tan cerca el uno del otro decidí restregarle mi verga erecta, y así lo hice, como yo ya en aquel entonces era unos 12 CMS más alto que mamá primero se lo restregué por el abdomen, mientras seguía amasándole sus tetotas, luego mi glande fue aparar en el hoyo de su ombligo, se lo meneaba, se lo restregaba y ella gemía de placer, sin quitar mis manos de sus tetas ni por un segundo me incliné un poco hasta que la cabeza de mi verga llegó a estar frente a frente con su concha, di otro paso más hacia adelante y ahora le estaba restregando mi polla contra su concha, que sensación tan placentera fue sentir como su vello raspaba mi glande que se encontraba totalmente pelado con el prepucio echado atrás, hacía círculos con mi verga sobre su vagina, se la meneaba por todas partes, incluso por la entrada pero sin llegar a empujársela, quería que se excitara aún más. Entonces ella alzó sus brazos por completo hasta tomar con ambas manos el tubo de la regadera que se encontraba por encima de nosotros quedando así totalmente expuesta a mí y a mis deseos.

-Tienes unas tetas fabulosas, tus tetas me tienen loco mamá!, -con esa frase rompí mi silencio. Quieres chuparle las tetas a tu mami?.. – entre gemidos ella preguntó-. Por favor, yo respondí. Entonces qué estás esperando, péguese a las tetas de su mami como cuando era un niño, chupe, chupe todo lo que quiera...

A continuación acerqué mi boca a su teta derecha, no podía creerlo, primero le di un beso en el pezón, ella se estremeció, luego abrí mi boca y encerré todo su pezón entre mis labios y lentamente se lo empecé a chupar, que rico estaba, sus pezones parecían que iban a estallar de lo erectos que estaban, le di pequeños mordiscos y ella empezó a gemir, luego pasé mi lengua por toda su teta, se las besaba, se las mordía, se las chupaba, todo esto mientras mis manos amasaban su culo espléndido, sentía la dureza de sus deliciosas nalgas. Era la primera vez que tenía unas tetas a mi alcance y no podía dejar pasar la oportunidad, le mamé cada cm de sus tetas, mi verga estaba de toque, sentí que en cualquier momento me iba a correr de nuevo y mamá no dejaba de jadear. Estuve mamándole las tetas por unos 3 minutos cuando de pronto ella me preguntó...

-Te gusta lo que me estás haciendo, verdad?

- Sí - dije a media voz, estás deliciosa mami...

- Entonces sigue, aún estoy muy sucia – dijo-, soltó el tubo de la regadera, me dio la espalda bajándome las manos por sus caderas, y con todo descaro separó sus piernas elevando una y apoyándola en el piso de la ducha. - Ahí también tienes que enjabonar - añadió señalándome sin duda su sexo abierto.

Con lentitud llevé la mano a su pubis, enjaboné el poco vello que tenía y después bajé la mano. No lo podía creer, mi madre estaba totalmente mojada. Me acerque lo más que pude a su cuerpo y ahora le restregaba mi verga erecta contra sus grandes y gordas nalgas, me acerque más aún, hasta que mi glande y parte de mi mástil se alojaron en medio de su culo, sentía que mi verga estaba muy bien abrigada donde estaba, era una sensación infinitamente más placentera a cualquier cosa que hubiese probado hasta entonces...

- Vamos no pares, que creías, que sólo te gusta a ti acariciarte? - Volvía a sorprenderme, sabía mis aficiones, aunque lo disimulaba a la perfección - O es que piensas que ayer no vi como te masturbabas mientras me duchaba? - Se había dado cuenta, aunque no había dicho nada - Y no te preocupes, que no me molesta, me halaga, me halaga saber que aún puedo hacer despertar tales instintos y emociones, más aún sabiendo que se trata de mi hijo querido...

Cogió uno de mis dedos y lo metió en su vagina. Era la primera vez que hacía algo así, era fantástico. Si bien era la primera vez que metía mis dedos en el coño de una mujer hice todo lo posible para hacerla pasar un buen rato, y supongo que lo hacía bien porque mi madre no paraba de gemir y de jadear, incluso llegó a gritar de placer. Yo por mi parte estaba en otro mundo, movía mis dedos enérgicamente y variaba la velocidad, me estaba follando a mi madre con los dedos. Como ya dije mi verga se encontraba totalmente erecta en medio de su hermoso culo, su espalda chocaba con mi pecho, mi mano izquierda amasaba su teta izquierda, mi mano derecha la masturbaba locamente, mis brazos la tenían prisionera de mí y mis deseos mientras nos comíamos a besos, me la lengüeteaba, fue el primer beso de ese tipo que pude dar y que como sabían!, yo seguía masturbándola más y más, no paraba de gemir hasta que de pronto se estremeció por completo, ahora sé que fue porque tuvo un orgasmo, mientras todo esto ocurría yo me estaba pajeando con sus nalgas, se lo restregaba por todas partes, hasta llegué a sentir el calor que desprendía su ano hirviente, cuando supe que tuve el orgasmo me volví loco meneándole mi verga y acabé una vez más, me corrí entre sus nalgas y le dejé su rico culo lleno de mi leche caliente, no la había penetrado aún pero fue la sensación más excitante que hube tenido hasta aquel día...

Con mi verga todavía entre sus nalgas la apreté fuertemente contra mí, permanecimos así por unos instantes, luego se volteó y ahora frente a frente me besó en la boca, fueron besos largos y apasionados, apretó fuerte su pecho contra el mío, sentía sus tetas ahora contra mi pecho y mi verga semiflácida contra su abdomen, creí había terminado todo ya pero allí fue cuando terminó de dejarme anonadado. Se arrodilló de nuevo enfrente de mí y me dijo, te volviste a ensuciar, déjame yo lo arreglo –agregó-. Comenzó a besar mi pene que aún no había perdido del todo su erección y que se encontraba lleno de semen, me besó varias veces el glande, y luego se tragó lo que pudo de mi tronco y lo lamió desde casi el comienzo de la base hasta el glande 3 veces hasta eliminar cualquier rastro de semen, esto hizo que mi semen se volviera a poner en pie de guerra, mi madre lo notó de inmediato y dijo “ya estuvo bueno por hoy” quiero que guardes tus fuerzas para cuando volvamos a casa, veo que te gusta que te besen aquí amor, esa sorpresa te la daré después. No había que ser un genio para saber que esa sorpresa sería “una buena mamada”. Esa noche no llegué a follarla, y si bien besó y tuve mi verga algunos instantes dentro de su boca no me dio la tan deseada mamada...

Luego se puso de pie, le limpié el semen de su culo, Nos limpiamos los dos, me secó todo mi cuerpo así como dejó que le secara cada parte de ese rico cuerpo suyo y fuimos a la cama.

- Lo que acaba de ocurrir - dijo cogiéndome la mano - has de considerarlo como un regalo por nuestra visita a New York. Llevo viendo tiempo como has crecido, como te iba llamando la atención el sexo, y quería que lo conocieras. Es algo natural, pero no lo es tanto que lo hagan madre e hijo, por lo que esto deberá ser un secreto entre nosotros. Además - confesó - he disfrutado mucho, debes saber que desde que me divorcié no había vuelto a estar con un hombre, y me ha encantado, me da gusto saber que cuento con un macho como tú en mi propia casa, serás un buen amante, me encargaré de enseñarte todo...

Me besó en la boca por última vez y apagó la luz. Dormimos desnudos, como nos habíamos quedado, le recosté mi verga contra su culo, pasé mi brazo por encima de su cuerpo hasta que mi mano llegó a apretar su teta y nos quedamos dormidos así...

La mañana siguiente, nos levantamos muy temprano, fuimos al aeropuerto y regresamos a nuestro país...

Desde ese día hasta hoy han pasado 5 años, tengo 21 años ahora y desde que volvimos a casa mi madre se convirtió en mi amante, tenemos el mejor sexo bestial que se pueda imaginar, estando de regreso pude follarla, pero esa es otra historia y no sé si quieran oírla, si es así escríbanme y con gusto relataré todo lo que pasó en la casa luego de volver del viaje...






Autor: Anónimo


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