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2005-12-07 17:34:11
Desde que mi mujer se fue con otro, mi madre me consolo hasta tal punto que terminamos en la cama juntos
Mi primera novia la tuve a los 17 años, ella tenía 16 en ese momento. No me puedo quejar de esa relación, era una linda muchacha, aunque su cuerpo era bastante aniñado. En ese momento sus pequeñas tetas eran una protuberancia en su cuerpo que solo adquiría mayor interés cuando sus pequeños pezones rosados se ponían duros con el suave rozar de las yemas de mis dedos o con la dulce y tibia humedad de mi lengua. Fueron momentos muy agradables los que pase junto a esta niña.

A partir de ese momento he tenido, como la mayoría de los hombres de mi edad, una incontable cantidad de novias, más o menos atractivas, más o menos gordas, más o menos sexy, pero todas con algún atractivo que hace de un hombre una bestia salvaje deseosa de carne femenina. El que este libre de culpa que lance la primera piedra.

De todas formas la importante no es la primera novia de uno, sino la ultima. Y esta última novia que encontré es algo realmente especial. Cabe aclarar que a pesar de salir siempre con mujeres menores que yo, mis fantasías estaban plagadas de mujeres maduras. Eso de la experiencia que da la madurez siempre fue suficiente incentivo para lograr perfectas erecciones en mis largas sesiones de masturbación que suelo tener en mi casa. El problema es que siempre fui muy tímido con ellas, no me sentía seguro que una mujer madura y sexy pudiera estar atraída por un hombre de apenas 25 años, flacucho y sin mayores expectativas en la vida. En realidad me sentía como una especie de Woody Allen en un mundo donde la mayoría de los hombres, según mi criterio, eran Leonardo Di Caprio y la mayoría de las mujeres maduras eran Sharon Stone. Me sentía incapaz de poder satisfacer a una hembra madura, llena de experiencias y temía que comparara mi rendimiento sexual con sus anteriores relaciones.

Todo esto era así hasta que un día afortunadamente pasó lo que tenía que pasar. A todos nos llega nuestro cuarto de hora y a mi me llego acompañado de la mujer que mas ame en toda mi vida y a la que mas masturbaciones le he dedicado.

Hasta hace un año atrás estaba felizmente casado con una muchacha de 21 años llamada Mariana. No era una locura de mujer pero sus curvas y su calentura en la cama eran cuestiones para tener muy en cuenta, para nada despreciables. Cuando la conocí tenia apenas 17 años y hacia el amor como toda una profesional. No había quien pudiera resistirse y parece que ella tampoco pudo resistirse a su compañero de trabajo con el cual se escapo un año atrás. Así es, mi mujer me dejo por su compañerito. Eso no seria nada si solo me hubiera dejado a mí, pero lo peor de la situación es que me abandono a mí y al mismo tiempo abandono a su pequeño hijo de dos años de edad. Desde aquel terrible día no he vuelto a saber de ella.

A partir de ese momento, mi madre comenzó a venir más asiduamente a mi casa, ya que yo debía ir a trabajar diariamente y alguien tenía que cuidar al pequeño niño. Prácticamente puedo decir que el niño encontró a su nueva madre en su propia abuela. Mi madre es una mujer de 48 años de curvas generosas y proporcionadas. Lo que siempre me atrajo mas de su figura fueron sus exquisitos senos. Cuando era niño solía jugar con su ropa interior y sus corpiños eran realmente enormes. Con el pasar de los años y la llegada de la adolescencia empecé a masturbarme sintiendo el olor de sus ropas mas intimas.

Diariamente alrededor de las 8:30 de la mañana llegaba mi madre y se quedaba en mi casa hasta alrededor de las 17 hs que yo volvía del trabajo. Ella no tenia problema de quedarse ya que al ser viuda cobraba una pensión de por vida que le entregaba el gobierno y por lo que no necesitaba mas trabajo que el que tenia en mi casa.

Una tarde de julio, hace aproximadamente 6 meses, estaba enfrascado en el trabajo en un proyecto muy especial que no me dejaba prácticamente tiempo para nada. Eran tiempos muy estresantes donde la falta y el abandono de mi mujer habían hecho mella en mi humor y en mi concentración. Sentía mi cuerpo como una roca. Era una pila de nervios y totalmente inadecuado para comenzar una nueva relación con una mujer. La única que comprendía mi situación y me apoyaba constantemente como se imaginaran era mi madre. Alrededor de las 18 hs llame a mi casa.

Hola – Contesto del otro lado de la línea mi madre.

Hola mamá. Soy yo. Espero que no te moleste pero estoy un poco atrasado en el trabajo, sabes lo duro que es este proyecto en el que estoy involucrado. Te quería pedir si hoy no puedes quedarte un par de horas más. Creo que alrededor de las 21 hs. voy a estar llegando a casa. – Suplique a través de la línea telefónica.

No te preocupes hijo, no te apures que aquí esta todo controlado, tarda cuanto quieras, yo te estaré esperando con una rica comida caliente. – Respondió.

Gracias mamá, que haría sin ti. – Conteste y corte la línea.

Esa tarde seguí trabajando hasta el anochecer. Al llegar a casa, tal cual lo había prometido mi madre, tenía la comida servida en la masa. Un delicioso guiso de lentejas que hacia que el cuerpo volviera a tener una temperatura adecuada para un ser humano. El frío en el exterior de la casa era intenso y la noche proponía más y más frío.

Gracias por todo lo que has hecho durante estos 6 meses mama, no habría podido llevar adelante la crianza del niño sin que estés tu a mi lado. – Comente sinceramente sentado a la mesa junto a ella.

No tienes nada que agradecerme para eso soy tu madre.- Respondió con una sonrisa en sus labios que me hacia quererla mas y mas.

Al terminar la cena fuimos al cuarto del niño el cual hacia ya mas de una hora estaba profundamente dormido. Nos acercamos lentamente a la puerta de su cuarto. Con la mayor de las cautelas abrimos una leve rendija que permitió a un haz de luz penetrar en la habitación y nos ayudo a comprobar que el niño dormía como todo un angelito. Abrace a mi madre por la espalda tomándola de los brazos y dándole un beso en el cuello le agradecí nuevamente por todo el trabajo que se tomaba para que mi vida y la del niño salieran adelante. Ella sin decir nada, solo mostrando una leve sonrisa, se acomodo más junto a mi cuerpo haciendo que su culo rozara contra mi miembro, el cual casi inmediatamente reacciono más que enérgicamente. Automáticamente por causa del pudor que me asalto en ese momento separe mi cuerpo del de ella. No quería que notara la erección de mi pene rozando en su delicioso culo. Seguramente ella pensaría que soy un total anormal si se diera cuenta de lo que producía en mí.

Cerramos la puerta de la habitación y volvimos a la cocina.

Mi madre se dirigió al cuarto donde tenía su abrigo y su cartera y se disponía a irse.

¿Que haces mamá? – Pregunte preocupado por el mal tiempo que hacia esa noche.

No puedes volver a tu casa con esta noche tan fría y cruel. Prefiero que te quedes a dormir aquí en casa conmigo, no vaya a ser que atrapes una pulmonía. Aparte de todo no tienes a nadie que te necesite mas que yo en el mundo y te necesito aquí esta noche.- No se porque dije esas palabras en particular pero salieron muy naturalmente de mi y parece que mi madre las acepto de inmediato.

Esta bien, si insistes me quedare y te haré compañía. – Contesto.

Perfecto, tú puedes dormir en mi cuarto y yo preparare el sillón en el living y allí dormiré. – Comente.

De ninguna manera, no puedes dormir en el sillón con el frío que hace. Tu cama es de dos plazas y demasiado grande para una mujer sola. Hace mucho que no duermo con un hombre y me gustaría que me hicieras compañía esta noche. Como cuando eras un niño de 5 años y venias corriendo de tu habitación y a la mañana siguiente tu padre y yo te descubríamos entre nosotros. – Contesto mi madre recordando los viejos tiempos.

Pero mira que ya no tengo 5 años, soy todo un hombre madre. – Dije en forma cómplice.

Mi madre solo rió y se dirigió al cuarto. Yo la seguí y un instante después ambos estábamos junto a la cama.

Necesito que me prestes unos de las remeras esas enormes que tienes hijo, ya que no tengo ningún camisón aquí. – dijo mi madre.

Puedo prestarte uno de los que dejo María al irse – Ofrecí.

OK, préstame uno. – acepto mi madre

Yo ni lerdo ni perezoso le preste el camisón más sexy que tenia mi mujer. Era un camisón de seda negra, muy escotado que hacia sentir a cualquier hembra como toda una gata en celo. Mi madre se dirigió al baño con el camisón y al poco tiempo ya estaba nuevamente en la habitación conmigo. Al verla entrar no podía creer lo que ese espectáculo ofrecía a mis ojos. Si que mi madre sabia lucir un camisón de seda. Sus grandes y redondas tetas se lucían como jamás se habían lucido en su vida. Note rápidamente que no tenia corpiño bajo el camisón lo que hacia que sus enormes y, aparentemente siempre duros, pezones se notaran sensiblemente provocando en la seda un pequeño monte que cualquier alpinista, entre los que me cuento, desearía escalar. El camisón apenas ocultaba su bombacha aunque al caminar y desde la parte de atrás más de una vez está quedaba a la vista del afortunado espectador.

Te molesto si duermo con un bóxer y una remera mamá. – Pregunte

Duerme como quieras hijo, ya te he visto muchas veces en bóxer. – Contesto mi madre.

Nos metimos rápidamente en la cama y nos tapamos hasta la nariz por el frío que hacia.

Que frío hace. Acércate hijo abrázame de atrás que quiero entrar en calor. – Ordeno mi madre.

En ese momento me quede más helado por la situación que por el frío. Como haría para abrazarla si tan solo unos minutos atrás el leve rozar de su culo había provocado una erección claramente reconocible para una mujer de la experiencia de mi madre. Por otro lado era la oportunidad de mi vida para tenerla solo para mí, en mi cama y los dos prácticamente semidesnudos.

Me acerque lentamente por atrás, mi madre estaba acostada de lado dándome la espalda y mirando hacia la pared. Pase mis brazos por debajo de los de ella y tome sus manos. Ya el solo hecho de sentir sus manos me provocaban una excitación incontrolable.

Vamos, acércate más hijo que no siento tu cuerpo, con confianza que soy tu madre. – Imploro.

Seguí acercándome, tal cual me había sido ordenado, hasta que mi cuerpo se puso en contacto con el de mi madre. Seguí el contorno del cuerpo de ella y ahora si efectivamente estábamos absolutamente en contacto. Podía sentir sobre mi pene el culo de mi madre caliente y sediento, o al menos eso me parecía a mí en ese momento de calentura sublime. Creía que su culo estaba suplicando por un buen pedazo de carne, pero estaría suplicando realmente por mi miembro cada vez mas duro o solo era mi imaginación que me jugaba una mala pasada.

Mmmmm ahora si hijo, es bueno volver a sentir el cuerpo de un hombre después de tanto tiempo– Decía mi madre con una voz mas sensual que nunca.

Y es bueno volver a sentir toda una mujer en mi cama – Respondí

No me digas eso hijo, me vas a hacer poner colorada, seguramente no soy la mujer que desearías tener en tu cama en este momento. – Continuo mi madre mientras jugaba con mis dedos y los pasaba por sus labios levemente humedecidos.

No puedo pensar en una mujer mas sexy y que mas desee tener en mi cama en este momento mas que tu – Conteste sin pensar realmente en lo que estaba diciendo. Tal vez si lo hubiera pensado no me hubiera animado a decirlo.

¿Es verdad eso? ¿Me consideras sexy? ¿Tanto te gusto? – Avanzo mi madre. Por supuesto después de esta pregunta de mi madre creo que ya todo estaba clarísimo. Ella tenía claras intenciones conmigo y ya se había percatado de mi erección que invadía lentamente su culito.

¿Qué si me gustas? , creo que ya sabes la respuesta por lo que estas sintiendo a tus espaldas, ¿no crees? – Respondí mientas apretabas mas mi miembro contra su culito.

Si, ya lo he notado, es imposible no notarlo, también lo note cuando estábamos en la puerta de la habitación del niño. Y para serte sincera, el saber que estoy provocando eso en mi propio hijo me puso a mil. – Continuo mi madre mientras humedecía mis dedos en su boca.

Luego de decir estas palabras comenzó lentamente a bajarse el bretel del camisón dejando totalmente al descubierto uno de sus enormes senos. Ahora si pude ver claramente el maravilloso pezón de mi madre. Era oscuro y bien redondo. Estaba tan erecto como lo estaba mi pene en ese momento, y no les voy a mentir eran unos pezones que, erectos como estaban, debían medir por lo menos 3 cm. de longitud. Llevo mi mano y empezó a seguir el contorno de su pezón con mi dedo humedecido por su saliva. Giraba una y otra vez alrededor de ellos mientras se escuchaban pequeños jadeos provenientes de lo mas profundo de su ser.

Continuamos así por un rato hasta que mi madre con la mano que le quedaba suelta se levanto el camisón dejando a mi vista su magnifico culo. Al mismo tiempo que hacia esto tomo mi bóxer y lo bajo de un tirón.

Sacatelo de una vez hijo, quiero sentir el calor de tu miembro en mi culo. – Ordeno mi madre mientras dejaba mi mano sobre una de sus enormes tetas y me la guiaba para calentarse más y más con mis caricias.

Como pude me saque el bóxer y lo lance lejos de la cama, al instante mi miembro salto como si tuviera un resorte y se puso firme para dar batalla al culo de mi madre que cada vez se sentía mas y mas sediento de placer. Sin que ella lo pidiera hice lo mismo con su bombacha. Por supuesto mi madre no se resistió en lo mas mínimo y dejo que desnudara su prolijamente depilada vagina.

Ya ambos estábamos sin nuestra ropa interior. Mi madre empezó a rozar su culo contra mi pene cada vez mas duro mientras yo no dejaba de apretar y acaricias sus hermosos senos. Parecía toda una experta la forma en que apoyaba su culito en mi miembro, lo movía para arriba, para abajo, y lentamente comenzaba a masturbarme con esos movimientos.

Tras unos minutos de pura excitación y placer, mi madre se puso de rodillas en la cama y de un tirón lanzo su camisón lejos de donde nos encontrábamos nosotros. De pronto me encontré con ella totalmente desnuda y excitada junto a mí, en mi propia cama. Sus enormes senos caían pesadamente ante mis ojos y sus duros pezones me apuntaban amenazantes.

¿Que te parece hijo? ¿Te gusta lo que ves? ¿Dime, te sigo calentando ahora que me ves desnuda y mojada por ti? – Dijo lascivamente mi madre.

¿Que si me calientas? Mira como tengo mi pene madre, esta a punto de explotar, solo necesita unas caricias tuyas y me sacaras tanta leche como nadie me ha sacado jamás – Respondí como pude ante tanta excitación.

Mmmmm mi amor, que dura esta, que hermoso mástil tienes, mucho mejor que cuando tenias 5 años. – Respondió mi madre mientras acariciaba mi miembro con las yemas de sus dedos.

En ese momento y sin más espera, se lanzo hacia mi miembro deseoso de ser succionado por una madura de su calidad. Al llegar a mi pene, ya más que durísimo, empezó a dar pequeños piquitos con sus labios carnosos en mi cabecita, mientras que con su mano apretaba la base de mi miembro. Uff que placer sentía, con ninguna de mis novias o parejas anteriores había sentido el placer que estaba sintiendo en ese momento con la madura mas maravillosa que un hombre pudiera imaginar. Era toda una experta chupadora, parece que lo había hecho por años y seguramente así era.

Transcurrieron unos minutos de irresistible placer hasta que mi madre abandono su tarea por un momento para avanzar por mi cuerpo besando y mordiendo mi pecho y mis pezones lo que me calentó aun mas todavía. Al llegar a mi boca se detuvo un momento ante ella y empezó a lamer muy suavemente mis labios. Su humedad y dulzura hacían que mi corazón palpitara con un tren fuera de control. Una vez que hubo mojado bien mis labios con su saliva empezó a besarme y a avanzar con su lengua dentro de mi boca. Encontró mi lengua y junto a la de ella empezaron fundirse en un beso profundo de placer. Parecía que ambas lenguas se conocieran de toda la vida y se complementaran convirtiéndose en una sola entidad.

Mientras nos besábamos apasionadamente empecé a pellizcar sus pezones, que ya a esta altura parecían una roca. Ella bajo su mano tomo mi pene y lo dirigió a la entrada de su vagina ya empapada de sus deliciosos jugos. Que calor salía de esa vagina. Sentía su excitación y el palpitar de sus labios vaginales sobre la cabeza de mi pene. De pronto de un solo empujón penetre a mi madre hasta que mis huevos chocaban contra sus nalgas. Acostado boca arriba sentía como mi madre me cabalgaba y el solo hecho de escuchar los gemidos que le provocaban mi duro miembro sentía unas ganas incontrolables de acabar y llenarla de leche.

Quiero sentir tu leche, quiero llenarme de tu semen caliente hijo. Quiero acabar contigo y que fundamos nuestros cuerpos en uno solo. Quiero tener tu miembro viril dentro mío para toda la vida. Como no te aproveche todos estos años. No puedo creer que estuvieras con esa puta y frígida de Mariana, teniendo a una hembra caliente y sedienta de macho como yo a tu disposición. – Decía delirando de placer mi madre.

Unos momentos después de esas palabras como era inevitable acabe una cantidad de leche nunca antes vista por mí en su caliente, mojada y profunda vagina. Ninguna mujer me hizo acabar así en mi vida y ninguna lo volverá a hacer. Mi madre al sentir mi leche saliendo y golpeando su interior como latigazos no pudo aguantar más y entre gritos de placer y locura acabo sobre mi pene aun rígido y dispuesto a seguir luchando.

A estas alturas por supuesto ya no sentíamos mas frío. Después de acabar como jamás lo habíamos hecho, mi madre se acostó a mi lado, y abrazándome me dijo:

Nunca me gusto esa Mariana



para ti y con sus acciones ya demostró que es toda una perra. La única mujer adecuada para ti soy yo. Soy la esposa que necesitas para criar a tu hijo y soy la hembra que necesitas para saciar tu sed de sexo. A partir de ahora me mudare a tu casa y dormiré en esta cama junto a ti noche tras noche. Criaremos a tu hijo como nuestro y el comenzara a llamarme mamá y nunca sabrá que en realidad soy su abuela. A partir de ahora somos marido y mujer. Tu ya no me dirás mamá en publico, sino que me dirás amor, mi vida o de la forma que mas te plazca y solo me dirás mamá cuando estemos en la cama y me la estés metiendo bien hasta el fondo de mi ser.

Muy bien, que así sea. – Respondí.

Y nos quedamos dormidos abrazados desnudos en nuestra cama, dándonos las caricias que siempre quisimos darnos y recién ahora pudimos hacerlo.

Autor: yo


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