Hola todos, quiero reproducirles la historia que me contó mi amigo Andy, como le decimos de cariño, cuando tenía diez años. Vivía según me contó, en la capital, en un apartamento rentado por su familia, en la planta alta de un local comercial, donde pasaron los mejores años de su vida, historia que para no perder detalle, grabe en una cinta que a continuación transcribo.

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2006-07-13 03:25:35

Hola todos, quiero reproducirles la historia que me contó mi amigo Andy, como le decimos de cariño, cuando tenía diez años. Vivía según me contó, en la capital, en un apartamento rentado por su familia, en la planta alta de un local comercial, donde pasaron los mejores años de su vida, historia que para no perder detalle, grabe en una cinta que a continuación transcribo.


"Yo tenía poco más de diez años, viviendo en una casa mas o menos confortable, tenía unas vecinitas que me llamaban mucho la atención, sobre todo por que en cierta ocasión descubrí algo que haría cambiar mi vida sexual para siempre. Me encantaba recargarme en el barandal de mi departamento, por las tardes después de hacer la tarea, mirando sobre todo lo que hacían mis vecinas, una de ellas me llamaba poderosamente la atención, la grande, su nombre Luisa, tenia 13 años, un cuerpecito ya casi desarrollado, con unos pechos chiquitos, su cuerpo era más bien delgado, alta, morena clara, y gustaba de andar con un vestido ligero por las tardes cuando no con el uniforme escolar, que era en ese entonces una falda tableada color azul marino y una blusita blanca.

Una de las hermanas mayores, de una familia grande, pues en total habían sido siete hermanas y un hermano, era más bien una de las que más cuidaba su aspecto y su higiene personal, lo se porque en verano, se bañaba hasta dos veces al día. De esto estaba bien enterado porque mirando por el barandal, continuamente me daba gusto mirando a Luisita por la ventana del baño, que extrañamente dejaba entreabierta, enjabonando y enjuagando su cuerpecito, mi verguita, que en ese entonces no tendría más de 10 o 12 centímetros, se ponía dura como piedra, con solo esperar el momento en que la niña se disponía a bañarse, y comenzaba a desnudarse casi desde la puerta del baño, que por cierto quedaba afuera de su casa. El cuerpecito de Luisita no era ciertamente espectacular, pero para un chico de 10 años y meses, que no había visto mas que a alguna de sus hermanas en pantaleta y corpiño, aquella vista era la más excepcional del mundo. Era como dije, delgadita, sus pechitos pequeños, coronados con unos pezones rosa oscuro paraditos, firmes, sus brazos delgados llegaban hasta las caderitas que comenzaban a redondearse, unas nalguitas chicas pero bien paraditas, y su pubis, aquel pubis que tantas veces soñé y aun ahora sigo soñando, casi no tenia vellitos, mas bien era una pelusita obscura en un triangulo casi perfecto, que adornaba sus abultaditos labios de la vulva, que de cuando en cuando yo podía admirar pues Luisita se obstinaba por lavar y luego enjuagar levantando una pierna y abriéndolos para tal tarea. Mientras Luisita se terminaba de asear, mi mano permanecía acariciando mi pequeño pene, sin saber casi porque, pero gozaba enormemente de aquella caricia, aunque luego me dolían los testículos, pero me pasaba horas tocándomelo.

Cierta ocasión, mientras miraba por el barandal, Luisita no fue a bañarse sola, sino que llamó a su hermanita menor Tere, una niña de 10 años como yo, que con su cabello cortito parecía más niña de lo que era, y que por su corta edad, llegó corriendo con toalla al hombro y solamente enfundada en una pantaletita de algodón con dibujitos infantiles y sin corpiño, descalza, entró de prisa al cuarto de baño, apurada por su hermana Luisita, y ya dentro pude observar como Tere se quitaba la panty infantil para quedar desnudita, su cuerpo aunque no era gordito, era mas bien llenito, sus pequeñas tetitas, aún en formación, no eran ni siquiera del tamaño de un limón, su pubis, totalmente si pelitos, y unas piernas largas y rollizas. Entretanto, había descuidado a Luisita, quien ya se mojaba el cabello, abrazó a su hermanita y obligándola a meterse a la regadera, juego que pareció ya haber jugado antes, sintió los pechitos de su hermana en pleno rostro, pero no le incomodaron, por el contrario, abrió la boca para recibir el pequeño y durito pezón que su hermana le ofrecía, succionando como una becerrita, pasando de un pecho al otro, mientras la otra mano de Luisita se había perdido entre sus piernas, justo en el triángulo casi imberbe, aparentemente friccionándolo y mostrando en su rostro una enorme satisfacción.

Tere había rodeado la cintura de su hermana, y se engolosinaba con las tetitas tiernas de Luisita, apretando su propio pubis contra la pierna de ella, con un movimiento que parecía perruno.

Luisita ya abría descaradamente las piernas y con sus dedos acariciaba su clítoris, y de vez en cuando se acercaba a su colita por entre las piernas, deteniéndose a frotarla y luego pasar de nuevo a su vulva, parecía casi desmayarse, cerrando los ojos y arqueando el cuerpo, se apretaba más a su hermanita, ambas estaban disfrutándolo, quizá mas la grande que la chiquita, pero parecía que no era la primera vez que experimentaban ese jueguito, porque las manitas de la pequeña Tere se paseaban por todo el cuerpo de su hermana mayor, y de cuando en cuando, se deslizaban por sus incipientes tetitas o por su pubis casi imberbe.

Los movimientos de la mano de Luisita se aceleraron, en tanto que Tere seguía succionando golosa, y se apretaba ya muy fuerte sus propios pezoncitos hasta dejarlos rojos de la irritación y seguramente de un placentero dolorcito que cuando se está caliente no se puede evitar.

Ahora ya se veía la humedad en la mano de Luisita, y aún cuando no se podía escuchar desde mi centro de observación, estaba seguro de que el ruido de una vulva más que húmeda era evidente, pasaron varios minutos antes de que el éxtasis hiciera presa de Luisa, la niña mayorcita, pero cuando llegó hizo que la vista se le nublara, cerrando los ojos y arqueando el cuerpo, abrió sin medida sus piernitas e introdujo dos dedos por lo menos, en aquella almejita mojada y caliente, para enseguida dar paso a una cascada dorada que salió con fuerza de su entrepierna, chorros que fueron captados por las manitas de Tere, quien interrumpió su succionante labor para tratar de atrapar cuanta piss pudiera, claro que se le escapaba de entre los dedos, pero lo que le quedaba se lo llevó a la boca para lamerlo, mi pene estaba a reventar, metí la mano bajo mi pantalón y me di a la tarea de frotármelo sin temor, mi pubis en ese entonces no tenía ni un solo vello, por lo que desplazaba la mano con libertad de mis testículos hasta la punta de mi verguita, mientras aquellas niñitas que eran el motivo de mi lujuria pre adolescente, mientras las pequeñas continuaban lamiendo y relamiendo secreciones, Luisita había terminado entre sollozos, mientras Tere se esforzaba por tocarse a si misma, luego de que su hermana mayor se repuso un poco, hizo a un lado las manos inexpertas de la pequeña Tere, y siguiendo un camino conocido, le abrió las piernas de par en par, y metiendo un dedo entre los virginales labios se trataron de introducir por el himen intacto, llegando hasta el fondo daba vueltas a aquel dedo en el coñito de su hermana, mientras esta reía divertida, por las cosquillas que le prodigaba Luisita, y al tiempo soltó un gran chorro de orina, mojando por completo a su hermana. Hasta allí no llegaron las cosas, pues Luisa al darse cuenta de que su hermanita había experimentado varios orgasmos, sacó los dedos de la infantil vaginita, para lamerlos y olerlos. Las dos quedaron complacidas, y se fundieron en un abrazo fuerte y apretado, juntando sus pubis apretándolos, mientras sus pechitos se pegaban a los de la otra niña. Yo me estaba masturbando como loco, frotando de arriba para abajo el prepucio, y en eso me llegó una oleada de placer a todo el cuerpo, hacía varias semanas que experimenté mi primer leche, es decir mi primera venida, ahora estaba sintiendo la segunda, con un gran chorro de semen que proyecté hasta alcanzar la orilla de la barda en que observaba.

Aquella tarde quedaría grabada para siempre en mi mente, y se volvió costumbre observarlas cada tarde, algunas veces a cada una por separado y otras tantas juntas, enjabonándose mutuamente, frotando sus pechitos en formación, pero siempre haciéndolo como si disfrutaran ser observadas.

El deleite mayor fue cuando descubrí a Luisa, mientras sentada en el retrete, colocó su manita derecha entre las piernas para darse a la tarea de frotar su vulva, mientras se echaba hacia atrás, abriendo sobremanera las delgadas piernas, al tiempo de que de su abertura brotó un chorro delgado pero potente de piss, que ella misma unto en sus labios vaginales, notoriamente caliente, pero que al finalizar su o sus orgasmos, abrió los ojos y descubriendo que le observaba, me sonrió cómplice, y yo no se porque no pude ni siquiera moverme al verme descubierto.

Salí corriendo del barandal, pensando en mi inocencia, que la niña habría de delatarme con mi madre. Mis visitas al barandal se suspendieron por varios días, pero al ver que Luisa no confirmaba mis temores, decidí volver a las andadas. Aquel lugar prohibido me llamaba la atención poderosamente, a grado tal que apenas llegaba de la escuela, botaba mis libros y corría al lugar, como abeja a la miel. Claro que lo mejor estaba por comenzar, pues cierto día, al estar en mi centro de observaciones, noté como Luisa entraba a bañarse, y volteando a buscar mi rostro, me sonrió, lo que por alguna razón me dio cierta confianza, y permanecí en aquel lugar, mirando, mientras la adolescente se desnudaba despacio, disfrutándolo, abriendo su blusa escolar para dejar a la vista un sostén de algodón tipo corpiño, blanco, que dejaba entrever sus ya crecidas tetitas, para luego retirarlo sacándolo por los hombros, bajando los tirantes, mientras iban apareciendo sus pequeños senos infantiles, coronados con unos pezones rosa obscuro, los frotó con la punta de los dedos, para luego deslizar las manos hasta el elástico de sus pantaletitas, que recorrió despacio sobre sus caderas, fue dejando ver la pelusita pegada a la piel del pubis, lo que me provocó una fuerte erección y la urgente necesidad de derramar mi semen.

Ya desnuda, abrió un poco las piernas y frotándose el pubis con la mano abierta, llegó hasta sus nalguitas de arriba hacia abajo, luego abrió el grifo de la regadera, y comenzó la sesión de baño, convirtiéndome en una verdadera estatua, claro por lo duro de mi verga.

Terminó de bañarse, mientras mi semen era derramado sobre mis manos y suelo, al darme cuenta, Luisita volteó a mirarme y saludándome, me preguntó si quería que jugáramos esa tarde, yo un poco desorientado por mi reciente eyaculación y la sorpresa de que mi admirada niña se ocupara de este simple mortal. Los minutos me parecieron eternos, pedi permiso a mi madre para bajar a jugar con los niños, dije, mi madre no se opuso, advirtiéndome desde luego que debería regresar a merendar temprano. Me despedí a toda prisa y galopando los escalones abajo, llegué ante la puerta de la casa de mis niñas, y tocando a toda prisa, urgí para que me abrieran. Una voz conocida preguntó quién era, y yo apresurado contesté: - Soy yo, Luisa, Andy !; al abrirse la puerta, me encontré con aquel cuerpecito que tanto y tan bien conocía, pero ahora vistiendo una falda larga amplia, y una pequeña polerita naranja, descalza, y con el cabello todavía mojado, recogido.

-Pasa, me indicó Luisita; -Gra-cias!, reparé;

-Quieres que juguemos?, inquirió, - Claro, a qué?

No sé, vamos a llamar a Tere, Tere!, ven aquí, Andy llegó, apresúrate

Mientras desde el fondo de la casa, se escuchó la respuesta de Tere, afirmando que en un momento estaría con nosotros, cosa que no tardó mucho, yo las seguí al interior de su recámara, y ya dentro, me invitaron a sentarme con ellas en el suelo, al tiempo de que preguntaron:

-A que vamos a jugar? –ya sé, dijo Tere, a las escondidillas! ; -no, Tere eso no es divertido, además mamá se enojará si hacemos alboroto, mejor vamos a jugar al papá y la mamá! Que les parece?

Bien !, gritamos Tere y yo al unísono; - bueno, dijo Luisa, pero Andy será nuestro bebé, porque su papá salió a trabajar, yo acepte de no muy buen agrado, mientras Luisa me colocaba entre sus brazos: -A ver mi nenito, venga con su mamá, y tú Tere, no hagas ruido porque si no se despierta tu hermanito, dijo Luisa.

Mi niño necesita comer, dijo, mientras se levantaba la polerita, dejando al descubierto unos pechitos tiernos que me olieron a gloria, pues se acababa de bañar.

Me indicó que mamara, yo casi me opuse, pero ella me dio confianza diciendo que era su nene y no debería hacer berrinche. Acepté, colocando mi boca inexperta sobre su pezón tibio, mi verga estaba a punto de salirse de mi pantalón.

-Come mi niño, dijo, come todo lo que quieras, y me apretó la cabeza contra su pecho, yo me prendí de aquella tetita, mientras que la mano de Luisa bajaba hasta mi bragueta para luego colocarla justo sobre mi parado pene, di un salto, mientras ella me decía:

-Mira Tere, tu hermanito tiene hinchado aquí, mira, y señalando el bultito que formaba mi bien parado pene, volvió a apretármelo, y yo reaccioné succionando más fuerte, lo que provocó que Luisa me apretara más la cabeza del pene y trató de meter más de su tierno pechito en mi boca.

come mucho mi niñito, mamá tiene mucha lechita para ti

Mientras tanto, no me había percatado de que Tere nos observaba atenta, y tenía colocada una de sus manitas debajo de la falda tableada de su uniforme.

-Come hijito, que tienes que dormirte, me dijo Luisita, mientras su mano me apretaba la verguita sobre el pantalón, y luego trataba de abrir la cremallera del mismo, yo me acomodé para que ella pudiera hacer, lográndolo enseguida, y metiendo la mano por completo encontró mi trusa de algodón, para deslizarla hacia abajo colocando su manita abierta sobre mi pubis sin un solo pelo, pero apretando por completo mi tieso pene.

-Que tiene aquí ni niñito?, parece que ya se tiene que dormir, dijo, y sacándome la tetita de la boca, me recostó en el suelo, diciéndole a su hermanita: -Tere alcánzame esa frazada, para tapar al niño, y dicho y hecho, Tere le pasó la prenda, mientras Luisita me cubría, metió la mano debajo de la misma, y sacando de su jaula a mi traviesa verga, se dio a la tarea de frotarla de arriba hacia abajo, sacando de mi garganta largos ahhhhhs! de placer, -Que tiene mi niñito? Ya se siente mejor?, no, creo que mejor lo voy a cubrir con mi vestido, dijo, al tiempo de que retiraba la frazada que cubría mi expuesta verga y se colocó sobre mi a horcajadas, extendiendo su amplia falda sobre mi cuerpo, y sentándose después exactamente sobre mi pene, abriendo las piernitas, y permitiendo que mi palito tocara la tela de su pantaletita. Esa sensación me provocó que derramara mi contenida leche, mojándole totalmente la entrepierna a Luisita.

-Mira nada más que hizo mi nenito, ya mojó a mamá, voy a tener que castigarlo, dijo, mientras hurgaba debajo de su falda, sintiendo en sus dedos la caliente y espesa leche que le dí. Hizo a un lado la tela de su panty y colocando mi todavía parado penecito directamente sobre sus labios vaginales, se sentó en él. Yo sentía la gloria, pues nunca antes había experimentado la tibieza de una entrepierna femenina, y con un movimiento innato, apreté las caderas a su vagina.

A esa edad uno no tiene ni idea de lo que es la piel de otra persona, menos en esa zona tan tierna que las niñas tienen entre las piernas, sobre todo las pre adolescentes.

El calor de los labios de Luisa era tal que pensé que me ardía el pene, pero no era así sino que los recién salidos liquiditos de la niña me llenaban por completo el pene y los testículos, mojando mi pubis sin un solo pelito. Luisita cabalgaba de atrás hacia delante sobre mi pene, parado todo el tiempo, y de pronto sentí como si me orinara, algo mas caliente me cubrió, y resbaló sobre mis muslos, metí la mano para saber de que se trataba, y noté que era un líquido muy caliente, me llevé la mano a la nariz y me di cuenta de que era orina de la niña, no se porque pero en creo que a partir de ese momento comenzó mi afición por la piss de las niñas menores, pero bien, sentir que Luisita me estaba orinando encima, hizo que mi calentura derramara el semen justo entre los labiecitos de la pequeña Luisa, al notarlo ella se levantó un poco y metiendo la mano tentó la punta de mi verguita y al momento la sacó, con una mirada asustada y oliéndola me dijo:

Andy!, me voy a quedar preñada! Eres un estúpido!, que hiciste?

Nada Luisita, no se que pasó, yo solo deje que me saliera lechita pero nada mas!, le contesté sin entender de lo que me hablaba.

Pero que no sabes que con esa leche se hacen los niños? O lo hiciste a propósito?

Para nada Luisa, yo solamente sentí gusto por darme cuenta de que me orinaste encima y como casi siempre que me toco la verga, me derramo, y eso hice, pero yo no quiero que estés preñada...

Es que no sabes que así se hacen los niños?, ahora que voy a hacer, te vas a tener que casar conmigo, y mi mama se va a enojar...

Casarnos? Estas loca, yo estoy en la primaria, no para casarme!, repliqué asustado

Aquella tarde terminaron así nuestros juegos, entre el susto de Luisita y mi desconcierto por no saber que hacer si ella iba a tener un hijo de alguien que no ha terminado sus básicos

Luego de varias semanas, que me parecieron interminables, y de miles de venidas entre mis sábanas y el retrete del baño, un toquido fuerte en la puerta de nuestro apartamento, me hizo saltar dentro del corazón, pues al mirar quien llamaba a la puerta, era nada menos que Luisita, con una cara que de pronto me asustó, abri y al momento, me preguntó si estaba mi madre, por fortuna ella había salido al super, y rápidamente contesté que no, que había salido y tardaría en regresar ...

Mamá salió, pero déjame el recado, repliqué

No es nada importante, solo que mi mamá quiere charlar con ella

Charlar? Pero de que?

No se, me dijo, pero regreso más tarde

Si quieres, le dije, puedes esperar a que ella llegue,le dije tratando de averiguar cuál era el asunto que la madre de aquella deliciosa niña quería tratar con mi mamá, y era además por saber si no iba a reclamarle sobre Luisita preñada y nada menos que de mi!...CONTINUARÁ

Autor: Kenias


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