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2009-08-01 04:57:14
Cuando yo contaba con 18 años, como todo chico a esa edad, empezaba a sentir intensamente irrefrenables deseos carnales por el sexo femenino, ya que todas las mujeres me parecían deseables, las jóvenes por ser jóvenes y las más mayores por tener ese atractivo de la experiencia. Me hacía pajas continuamente, pensando en todas las chicas que pasaban por mi mente: mi vecina, mis compañeras del instituto, alguna amiga de mi hermana, las estrellas de la televisión, en fin que estaba bastante salido.

El caso es que por entonces despertó en mi una gran atracción por mi hermana Noelia, que tenía 20 años y estaba buenísima (y sigue estándolo). Todos mis amigos me lo decían, que tenía una hermana que no me la merecía de lo buena que estaba, que tenía un polvo, que tenía un cuerpo de locura, etc... El caso es que, quizá alentado por ellos, me fijé en ella, más como mujer que como hermana y poco a poco me di cuenta de lo que tenía en casa.

Noelia es alta, más que yo, con el pelo castaño, largo, casi hasta media espalda, sus ojos son muy bonitos, color caramelo, sus labios grandes, muy sensuales y con un color sonrosadito que los hace muy deseables, tiene una cara preciosa, sus tetas redondas, duras y muy bien puestas , su culo impresionante, de esos culitos que siempre deseas acariciar y chupar como si de un pastel se tratase, sus piernas preciosas, largas, muy morenitas y con unos muslos divinos. En fin, era y es un bombón. Quizás penséis que exagero, pero no es así, pues muchísima gente lo dice y es de esas chicas que hace volver la vista en la calle a todos los tíos para mirarla, esta como un tren, en serio.

A sus 20 años estaba más que apetecible y gracias a su belleza podía permitirse el lujo de cambiar de novio casi cada semana. Además ella sabía cómo estar aún más hermosa, vistiendo con ropas ajustadas, vestidos cortos y ceñidos y haciendo esos movimientos que a mí me volvían loco.

Hasta entonces sólo habíamos compartido nuestros juegos infantiles como hermanos, pero después no podía evitar sentirme muy atraído sexualmente por ella. Yo ya había empezado a observar más a Noelia, pero la primera vez que saltó la chispa en mí y deseé a mi hermana como mujer, en un instinto animal incontrolable, fue una mañana de verano, en uno de esos días que yo me levantaba con una calentura matinal propia de un adolescente. Nada más saltar de la cama, pasé por la cocina y estaba Noelia, preparándose el desayuno. Llevaba un camisón muy cortito y justo cuando yo pasaba por la puerta la encontré agachada frente a la nevera buscando algo, la vista de sus largas y morenas piernas junto a su postura enseñando sus braguitas metidas por su precioso culo, me pusieron como un toro, pues se me puso dura como una piedra. Por un momento sentí el instinto de meterle mano, pero no lo hice, claro. Espiando, escondido tras la puerta, observé todos sus movimientos, consiguiendo que tuviera una erección mayor de lo habitual. Por primera vez me hice una paja monumental en el baño pensando en mi hermana, sintiendo un gusto mayor que otras veces, hasta que los chorros de semen llegaron a salpicar mi cara.

Así, poco a poco, cada día que pasaba la deseaba más y más, y me atormentaba con la idea de acariciarla, besarla y metérsela hasta el fondo. Por un lado yo pensaba que aquello no estaba bien, pero mi polla no pensaba lo mismo.

Otro día Noelia me había vuelto a poner como una moto, se había comprado unos pantalones muy ajustados color crema y cuando yo estaba en mi cuarto tumbado en la cama oyendo música, entró de repente con esos pantalones que le sentaban de miedo. Se colocó muy cerca de mí y dándose un giro me preguntó:

- "¿Qué? , ¿cómo me quedan?" - Sus sensuales movimientos consiguieron una nueva erección de mi polla. Contesté un poco atontado observando sus muslos apretados bajo esa ceñida prenda y cómo su culo se mostraba más redondo y respingón:

- "Te sientan muy bien" - "¿No me marcan mucho aquí?"

Me hizo esa pregunta inocentemente señalando su sexo. Bueno, yo creía que iba a reventar, mientras mi pene palpitaba de excitación. Su chochito se marcaba precioso, algo abultado y la tela se metía un poco en su rajita, lo que unido al color del pantalón color carne, parecía estar desnuda de cintura para abajo. Intenté contestar con naturalidad:

- "No, la verdad es que te queda muy bien, en serio"

Luego salió de mi cuarto meneando las caderas con movimientos enloquecedores, se volvió hacia mí al llegar a la puerta y me sonrió con malicia. Estaba seguro que había notado mi erección y ella sabía que me ponía cachondo, que me tenía loco y me provocaba aún más sabiéndolo. Nada más cerrar la puerta, me saqué mi aprisionada polla y me masturbé otra vez con ganas y es que no me la quitaba de la cabeza.

Otras veces la espiaba cuando estaba en su cuarto en braguitas y sujetador o cuando se depilaba las piernas o cuando estaba dormida en la cama tapada solo con un corto camisoncito, cada día que pasaba me gustaba más y más.

Una vez, estaba yo jugando con el ordenador que tenía Noelia en su cuarto, cuando de pronto, entró ella tapada con una toalla recién salida de la ducha. Estaba preciosa con su carita brillante, sus lindos ojos, su pelo mojadito y su cuerpo tapado con una blanca toalla. Se secaba el pelo con otra toalla y me preguntaba:

- "¿Qué haces?". - Yo disimulé y le dije que estaba haciendo un trabajo para clase.

- "Me quería vestir..." - "Pero es que tengo que acabar esto..."

Lo cierto es que no tenía que acabar nada, pero disimulé, con la intención de que si tenía la oportunidad de ver cómo se vestía o mejor dicho se desvestía, esa podía ser una buena oportunidad. Quizás mi jugada saliera mal y fuera a cambiarse al baño. Pero afortunadamente no fue así.

-"Bueno si me prometes no darte la vuelta, te dejo seguir con tu tarea"

Yo creía estar en el cielo, pues colocando la pantalla del ordenador estratégicamente podía verla cómo se vestía perfectamente, reflejada en el monitor. No es que la visión fuera perfecta, pero me conformé. Como un niño bueno le contesté:

-"Vale, te prometo que no me daré la vuelta"

A continuación de espaldas a mó dejó caer la toalla al suelo, pudiendo mostrarme en el reflejo del ordenador su espléndida figura completamente desnuda, su espalda mojada, su redondo culo y sus piernas... Yo estaba armado de nuevo y pensando en la paja que me iba a cascar después. Luego, después de secarse todo el cuerpo, pude ver cómo se colocaba de perfil, en una imagen aún más maravillosa de su silueta, con sus lindas tetas, su vientre liso, sus muslos... Empezó a darse una crema por todo el cuerpo, supongo que body milk o algo así. Qué alucine, ver cómo se esparcía la crema por sus tetas mientras estas se apretujaban en sus manos, cómo luego se echaba ese mejunje por los muslos, por los brazos, por la cintura... Yo babeaba.

Después se giró otro poco y entonces pude contemplarla de frente, su cara, sus tetas, su ombligo, sus piernas y por supuesto su coñito bien recortado. Tuve que oscurecer la imagen del monitor para observarla mejor y yo pensaba que me moría y mi polla no aguantaba más en su prisión. Puso una pierna sobre la cama y empezó como a palparse en su entrepierna, supongo que mirándose el vello de su pubis, por si estaba bien depilado, y ya lo creo que lo estaba. Siguió así tocándose las ingles y sus pelitos, yo no sabía si estaba excitada, pero me lo parecía, quizás porque yo estuviera allí, o quizás supiera que yo la estaba observando reflejada en la pantalla y estaba ofreciéndome un bonito show, el caso que no parecía importarle que yo estuviera allí, aunque de espaldas a ella. Después cogió unas braguitas blancas de su cajón se las ajustó en sus preciosas caderas y a continuación se puso un sostén blanco también.

- "Ya estoy visible"

Me di la vuelta y aun estaba en ropa interior, me quedé mirándola embobado y ella lo notó y sonrió de nuevo con malicia, luego se puso unos jeans y una camiseta, se secó el pelo con el secador de mano, se acercó a mí por la espalda y me dio un beso en la mejilla, impregnándome con su olor a hembra.

- "Hasta luego hermanito"

Salió del cuarto con un gracioso meneo de caderas. Yo me levanté, bastante empalmado y cogí la toalla con la que había estado secándose y que aun estaba tirada en el suelo, me la acerqué a la cara y estuve oliéndola, desprendía un aroma riquísimo y allí mismo me masturbé, corriéndome encima de la toalla.

Autor: tenorlirico


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