Al llegar noté con sorpresa que todos los concurrentes a la fiesta eran hombres, pensé que las mujeres estarían en otro sitio, pero me equivoqué…
Tomamos mucho vino y fumamos antes de cenar, luego la cena estuvo muy bien, observé que los hombres eran jóvenes y guapos todos, y que mi tía se movía con confianza entre ellos, la notaba caliente y a medida que pasaban las horas más suelta, al pasar entre ellos a veces les acariciaba la verga imperceptiblemente, poco a poco los bultos se hacían más grandes en esos pantalones ajustados. Yo imaginaba su culo que para esas horas estaría dilatado y listo para culear a destajo…Después de cenar fuimos al salón y seguimos bebiendo champán. Las conversaciones iban de todo un poco pero cada vez giraban a temas más picantes, ella dijo que cuidaran el vocabulario ya que yo era un joven "inocente", los machos rieron burlonamente. Ella estaba muy borracha y noté que no podía aguantar su calentura, se me ocurrió pedir descansar un momento en alguna de las habitaciones para así dejar a mi Tía sola y liberada, los hombres que en ese momento de la noche eran 6, accedieron amablemente. Subí las escaleras y al poco tiempo me asomé sigilosamente para espiar, sospechaba que algo estaba por pasar.
Fue grande mi sorpresa al ver a mi tía vestida solamente con los tacones altísimos de yegua puta, en cuclillas entre los machos, mientras estos la bañaban con champán, lluvia dorada pensé, y en efecto el champán se mezclaba con las meadas sucesivas de esas vergas hinchadas, ella recibía todo en su boca, en su cara, estaba muy caliente, jugaba con el champán y la orina en su boca y luego lo dejaba caer todo en sus tetas…
La trataban como la verdadera puta que era, le ordenaron que caminara como una gata en cuatro patas encima del líquido derramado y que fuera bebiendo, la gota de cristal asomaba de su orto abierto y a punto. Uno de ellos se lo retiro suavemente, y empezó a comerle el orto salvajemente mientras ella saciaba su sed de yegua, a estas alturas estaba todos desnudos con sus vergas enormes, le vendaron los ojos y le ordenaron que mamara cada verga un buen rato, eran unos hijos de puta y la maltrataban escupiéndola en la cara, pero a ella parecía excitarle esta situación, mientras chupaba carne dura a unos, los otros la culeaban con la lengua, así mucho rato. Comía los huevos y la verga con verdadera devoción, era precioso ver esa cara llena de baba lamiendo desesperada, además su culo se contraía y expandía rítmicamente, el agujero era muy grande, todos la estaban pasando muy bien, yo tenía mi verga afuera y me acariciaba suavemente viendo semejante escena. Cuando pensé que estaban por clavarle el culo con esas vergas a punto de explotar, uno de ellos me vio en la escalera, sigilosamente se acercó a mí y agarrándome del cuello y tapándome la boca me condujo al salón, haciendo señas a los demás, me hizo arrodillar y acercó a mi tía cogiéndola de los pelos de la concha, su culo estaba abierto listo para ser amasado, el tipo me agarró la verga, me la escupió y la introdujo de un saque en ese orto maravilloso, yo no aguanté más y empecé a bombear de forma desquiciada, sin parar, violentamente, ella gritaba desesperada – más, dame más…! Seguí sin parar, mis huevos hacían ruido al golpear sin parar en la puerta de su orto bronceado, lo machos iban pajeándose y derramando su leche en la cara de mi tía, uno hasta se corrió en mi cara, los seis habían derramado su néctar dejándola a ella con una mascarilla divina, ella iba recogiendo la leche caliente con su lengua mientras gritaba – más…, dame más! Seguí dándole duro hasta que llené su ano de semen espeso y caliente, fue la acabada más espectacular de mi vida, bombeé un ratito más y poco a poco retiré mi pija de esa cueva húmeda, uno de los tipos me agarró de los pelos y me hizo acercar a la boca de mi tía para que me lavara la verga con su saliva, ella desesperada de placer, me la dejó reluciente, a estas alturas se había tragado toda la lechita de su cara… yo silenciosamente subí las escaleras y me retiré a la habitación. Al rato apareció ella y me dijo suavemente que era hora de irnos. Ya de vuelta en el coche le pregunté qué tal la había pasado y ella contestó que nada del otro mundo… pero su sonrisa de yegua puta la delató. Había gozado como la verdadera puta que siempre había sido…
Esa era mi tía y así la recuerdo en esos días de verano.