Ahora que os habéis hecho a la idea de cómo soy, os contaré la historia de cómo hice para convertirme en esclava sexual de mi tío.
Todo empezó el verano pasado, en la casa que mis abuelos tienen de veraneo, estábamos toda la familia, mis padres, mis abuelos, algunos amigos familiares y mi tío Alberto, un hombre de 29 años, alto, moreno, con unos ojazos verdes impresionantes en los que nunca me fijé antes de esas dos semanas que pasamos allí. Resulta que es de lo más tonto el caso, estaba yo en la ducha y alguien intentó abrir:
No ocurrió nada mas, no entró, no abrió la puerta si quiera, no dijo nada mas, pero me dio por pensar e imaginarme que habría entrado y me produjo tal morbo que desde entonces, lo veía de otra forma, estuve toda la semana suspirando, viéndolo en la piscina, sentado en el sofá… él no creo que se diera ni cuenta.
Me masturbaba habitualmente pensando en él, me corría más rápidamente si me concentraba en él, haciéndolo con los chicos con los que lo hacía habitualmente, pensaba en él… no me lo podía quitar de la cabeza…
Hace dos meses decidí dar el paso; Alberto vive fuera, solo, en un apartamento alquilado a unos 50 Km de toda la familia… le llamé un lunes, os juro que me temblaban las piernas, y le comenté que unos amigos y yo queríamos ir de fiesta allí ese fin de semana pero que a mí no me llegaba el dinero para pagar habitación de hotel ni pensiones, así que le pedí que por favor me dejara dormir en su piso.
Colgué y me fui corriendo a la habitación… estaba frenética, alterada, como una niña con una muñeca nueva; las horas se me hicieron eternas, los días larguísimos, la espera fue horrible.
Por fin llegó el viernes, le llamé para preguntarle a qué hora iba a estar él en casa para pasarme. A las 7 de la tarde, que es cuando llega mi autobús, ya estará en casa. Genial.
De la parada de autobús, con mi maleta, tardé 15 minutos en llegar a su piso, si hubiese sido una visita normal, habría tardado 30, pero tenía prisa por verle.
Llamé a la puerta y me abrió, vestía en vaqueros y una camiseta que llevaba por fuera.
Estuvimos un rato hablando de mis estudios, de su trabajo, amigos… hasta las 9 que llegaron las pizzas que pedimos. Cuando nos las acabamos, él se levantó y se puso un short y la parte de arriba de un pijama que debía tener más de 10 años, pero que le quedaba estupendamente. Le comenté que me iba a poner el pijama para estar más cómoda yo también.
Me metí en la habitación, me quité la ropa, las bragas y el sujetador y sin ropa interior me puse el pijama de manga corta, me quedaba justo por debajo de las tetas, no se me veían pero no dejaban que el pijama tocara mi barriga, me puse el pantalón, las perneras me quedaban por encima de los muslos con lo que se me veían las piernas enteras, aún así me lo subí bien arriba para que se me notara la rajita. Me calcé y salí.
Me di cuenta que a Alberto le gustaba mucho mi pijama, y como me quedaba, no parpadeó y se me quedó mirando unos 3 segundos, cosa que me encantó. Intentó disimular, cogió un cigarro, se lo encendió y se lo fumo de una calada mientras forzaba la vista en la televisión, evitando así mirarme.
Me senté en el sofá, al lado opuesto de donde estaba él, y como no quería mirarme, yo si lo miraba a él… en lo que me percaté que en su pantalón estaba creciendo algo que a mí me estaba hipnotizando.
Entonces me miró, se me pusieron los pezones tan duros que hasta me dolían, se le salían los ojos de las órbitas, los cerro y los volvió de nuevo a la televisión.
Lo toqué, Alberto se puso de pie de un salto, se iba, se detenía, se mordía las uñas.
Clavé las rodillas en el cojín, se acerco sin mirarme, le bajé los pantalones, le bajé el bóxer y se descubrió que era aquél descomunal bulto, 24 cm (lo medimos más tarde) del miembro más venoso y palpitante que jamás hubiera imaginado que Alberto tuviera.
Se quedó solo con la camiseta, aún no podía mirarme, aunque yo sabía que estaba deseando hacerlo. Al principio, saqué la lengua y se lo rocé un poco.
Entonces me miró, me la acerqué a la boca, cerré los ojos, me introduje la punta en la boca, abrí los ojos y miré a los suyos, parecía decirme con ellos que quería más, así que empecé a lamer y llenar todo de saliva. Intenté introducírmela entera, pero era demasiado, solo conseguí que me diera arcadas, pero también conseguí que Alberto me cogiera por la nuca e intentara que me la introdujese aún más. Le agarré las nalgas y seguí lamiendo mientras él me miraba cada vez con ojos más viciosos, pero siempre teniendo mucho cuidado.
Noté como se le endurecieron las nalgas, le miré a los ojos, se le habían puesto blancos, comprendí que se iba a correr, quiso sacarla pero no le dejé… salió tal cantidad de semen que al sacarla de la boca, se escurría toda por mi barbilla, manchándome todo el pijama… pero no paró de correrse, todavía salió un fuerte chorro más que me dio en la cara, poniéndomela toda perdida… solo cuando salió un último chorro mas suavemente, me la introduje de nuevo en la boca, para terminar de limpiarla… reconozco que trague algo.
Me metí en la ducha, dejando la puerta abierta, con la esperanza que entrara e hiciera realidad mi sueño. A los 2 minutos de estar bajo el agua, noté que estaba dentro del cuarto de baño, corrió la cortina fuertemente, me miró de arriba a abajo…
No era como esperaba pero también me hizo ilusión, salió del baño como le había dejado en el salón, solamente con la parte de arriba del pijama, dejándome ver ese culo en perfecto estado.
Me sequé, me puse la toalla por encima de las tetas y me apresuré a ir a su habitación. Estaba tumbado en la cama, tenía la sábana puesta encima y se había quitado el pijama por completo.
Se puso de pies, detrás de mí, me tiró la toalla al suelo, me beso por el cuello mientras me acariciaba las tetas y los pezones, apretó y gemí… siguió bajando la mano hasta alcanzar mi rajita, la acarició suavemente durante unos 10 segundos e introdujo uno de sus dedos dentro. No hizo falta que lo introdujese muchas veces, enseguida me corrí… subió la mano hasta su boca y lamió todo el líquido que escurría entre sus dedos.
Me empujó bruscamente contra la cama dejándome boca abajo, se tumbó detrás de mí, me agarro de la cintura levantándome el culo y dejándome la cara contra la cama. Empezó a lamer y besar mis glúteos, acariciándome mientras los muslos, acercándose despacio a donde yo más deseaba. Me frotó la rajita de nuevo provocando el mismo resultado, pero esta vez más exagerado, el líquido brotó con fuerza… fue entonces cuando metió su lengua y a la vez me introducía el dedo, lo que generó un enorme grito de placer por mi parte…
Me giró para ponerme boca arriba, me abrió las piernas y me introdujo dos dedos a la vez que movía su lengua fuertemente encima de mi clítoris. Yo no sabía qué hacer, me apreté las nalgas, le tiré del pelo, me acariciaba las tetas, me apretaba los pezones… cada vez estaba más extasiada, no recuerdo la cantidad de veces que me corrí.
Siguió con sus dedos dentro de mí mientras subía besándome todo el cuerpo, alcanzando las tetas, mordiendo los pezones… subió por el cuello y llegó a la boca, sacamos nuestras lenguas y nos besamos húmedamente. Me volví a correr pero esta vez, Alberto subió la mano y la metió entre nuestras bocas, era la primera vez que probaba mi propio flujo, le comí los dedos como si de su polla se tratara, agarrando el brazo para evitar que se lo llevara.
Su polla había crecido pero no tenía todavía el tamaño de antes, se puso de rodillas delante de mí, me separó aún más las piernas y acercó la punta a mi rajita.
Me miró sonriendo, me puso la punta y se la frotó por mi raja… creció pero no me la introdujo. Entonces me incorporé, se la agarré, me la introduje en la boca y la agité con fuerza… no tardó ni 10 segundos en volver a correrse. Esta vez lo tiramos todo a las sábanas.
Le quité las últimas gotas con la lengua, tragándomelo. Me volvió a empujar para que me tumbase y siguió lamiendo mi rajita e introducirme esta vez tres dedos.
Separé los labios de mi raja al máximo, acercó su polla y empujo suavemente, me acaricié el clítoris para facilitar aún más la lubricación… me introdujo solamente la punta, la volvió a sacar para meterla de nuevo donde cada vez lo hacía con más fuerza e introducía un poco más cada una de ellas…
Ya casi estaba toda dentro, yo me retorcía de placer y dolor al mismo tiempo, él me agarraba de la cintura para levantar mi trasero hasta que empujó con tanta fuerza que la metió toda, yo grité con todas mis fuerzas, me importaban más bien poco los vecinos. Me tapó la boca intentando tímidamente que no gritara pero acabaron sus dedos en mi boca.
La sacó, me giró poniéndome a 4 patas, me la introdujo con potencia y siguió empujando violentamente, agaché la cabeza y para evitar gritar más, mordiendo la almohada.
Se puso de pies, me agarró como si de un trapo me tratara, le abracé por el cuello y le rodeé con mis piernas… introdujo su polla en mi y lo hicimos de pie.
Empecé a hacer fuerza para que se introdujera al máximo dentro de mí, la notaba muy dentro pero aún quería más, solté los brazos y me dejé caer el cuerpo para atrás, me agarró por las caderas y volví a abrazarlo, saltando de nuevo como una posesa.
Sin sacarla, me tumbó en la cama boca arriba, me forzó 4 veces más, la sacó y se corrió encima de mi rajita.
Sonrió, me besó en los labios, se levantó, cogió un cigarro y se lo encendió en la ventana. Me limpié con la toalla, me acerqué a abrazarle por la espalda…
En todo el fin de semana solo dormimos unas 7 horas en total, solo salimos de la habitación para comer restos de pizza fría e ir al baño… fue un fin de semana que no olvidaré jamás pero no irrepetible, voy siempre que puedo.