Porno Galerias Gratis Foro Contactos Gratis Videos Porno Fotos Porno Juegos Relatos Eroticos Porno Gratis SexShop Webcam Porno
   






Edad &

Crea tu perfil y conoce gente cerca de ti

ZONA PRIVADA DE MACIZORRAS




 

Webcam Porno

Webcam Porno


2005-10-21 16:00:22
Mi esposa no aceptaba mis requerimientos sexuales y acabamos separados,al poco tiempo mi hermana abandonó el convento después de 34 años, fuí a buscarla y la traje a vivir conmigo. Desde entonces, ella es mi amante y vivimos en el paraiso.
Mi hermana siempre ha sido muy puta, a mí me ha venido bien porque desde chico he estado enamorado de ella y así he podido follármela y hacer con ella todas las cerdadas que me gustan. Durante años estuve sin poder cumplir mis deseos hacia ella, pero tuve suerte y aproveché su hambre de sexo para disfrutar de sus tetas, de su culo y de su vagina, y de las brutales mamadas que me hace. Nunca llegué a entender el cómo y el porqué, yo con 14 años y ella con 17, de su deseo de ingresar en un convento y hacerse monja, cuando ya conocía su apego al sexo por los escarceos que habíamos tenido en el tiempo que dormíamos juntos. La casa era pequeña y sólo había dos habitaciones, una para los padres y otra para los hijos, y sólo con una cama, así que nuestro despertar al sexo estaba claro. Mi hermana y yo nos acostábamos desnudos, nos abrazabamos y nos besábamos poseídos de la ansiedad de nuestro despertar al sexo, ella me hacía mis primeras pajas y me hacía las primeras mamadas, y yo chupaba su vagina que era lo que más le gustaba. Nunca, sin embargo, llegamos a la penetración, yo creo que por desconocimiento del sexo y porque en realidad nunca nos apeteció. El caso es que un día surgió lo de ir monja, se encerró y no la volví a ver salvo alguna visita cada vez más espaciada a su convento. Crecí, me amancipé, conseguí un buen empleo y me casé, aunque no debí hacerlo por que mi esposa no gozaba con el sexo, y mucho menos con lo que a mí me gustaba y ella decía que eran marranadas. El día que la forcé a hacerme una mamada y me corrí en su boca estaba claro que sería el final y acabaríamos divorciados, y así fue. Con 43 años vivía sólo, de vez en cuando alquilaba una puta de fin de semana, si no conseguía algún contacto gratuito. Me gustaban y me gustan las mujeres maduras, rubías, de ojos verdes si era posible, con buenas tetas, hermoso culo y caderas poderosas, como pensaba que sería mi hermana en esa época. Seguíamos en contacto, muy de vez en cuando nos llamábamos, más bien la llamaba yo, por supuesto no hablábamos de sexo aunque yo luego de hablar con ella acababa pajeándome y llamando a una prostituta conocida a que viniera a casa y fingiera que era mi hermana. Ya estaba acostumbrada a mis fijaciones y cumplía, aunque no era lo mismo, claro. Un día me llamó al trabajo, me dijo que tenía que hablar conmigo, que le obligaban a dejar la orden y que necesitaba mi ayuda. Me sorprendió el asunto, al salir de trabajar llamé al convento y antes de hablar con ella la madre superiora me explicó que “habían ocurrido cosas, que ya se habían repetido antes y que en realidad mi hermana no tenía vocación”, que era obligado que lo dejara. Hable luego con mi hermana, era jueves y le dije que hasta el siguiente día no iba a poder ir a buscarla, y así quedamos. Recorrí la distancia en un suspiro, todo el viaje recordando los juegos sexuales de nuestra infancia y poniéndome caliente con mi imaginación, hasta que tuve que parar en un club de carretera para que una puta me hiciera una mamada ocasional y me relajara un poco. Llegué al convento, la superiora me recibió seca y distante, le pregunté y pedí que me hablara claramente y de la manera hipócrita que utilizan los religiosos me aclaró que mi hermana no podía con las tentaciones de Satanás, que varios hombres habían tenido “conflictos” con ella y también que esta vez había sido demasiado y tuvieron que despedir al sacristán, entonces lo entendí todo, ella llamó a mi hermana y aconsejó que cuanto antes nos marcháramos, mejor. Esperé en un recibidor y llegó mi hermana, vestía un traje chaqueta bastante pasado de moda, evidentemente prestado, unas medias gruesas y marrones, nos saludamos con un beso, la madre superiora la miró con desprecio, quizás con envidia, y nos echó materialmente a la calle. Mi hermana estaba cortada, no sabía qué decir, subimos al coche y procuré que se tranquilizara. “Nunca entendí como te metiste en esta jaula”, le dije, arranqué y salimos pitando de allí. Poco a poco empezamos a hablar, me contó que en efecto el sacristán la perseguía y la acosaba, que un día la arrinconó y desnudó y que ante sus gritos acudieron otras monjas, que intentó explicar pero no fue atendida y que injustamente la expulsaban. “El sacristán y por lo visto otros varios cofrades”, comenté sonriendo. Mi hermana se puso colorada como un tomate, agachó la cabeza y no respondió. A todo esto yo iba rumiendo mi estrategia, no te preocupes, vivirás el tiempo que haga falta conmigo, la casa es grande y estoy sólo, ya sabes que me separé y todo eso, ella asentía y decía que no deseaba causar problemas y yo respondí: “Ningún problema, así me arreglarás la casa”, lo que la tranquilizó. Llegamos sobre las 10.30 pm. ya bien de noche, buena hora pensé, tomé su pequeña y antigua maleta, a mi hermana le llamaba la atención todo lo que veía, normal después de treinta años encerrada, pensé, subimos en el ascensor, la acerqué a mi con mi brazo por detrás de su cuello y le dí un beso en la frente. “No tienes que temer nada, ya verás qué bien vamos a vivir”, le tranquilicé. Entramos en casa, ella admirada por el piso, qué bonito por aquí, qué bonito por alla, y yo encantado. “¿Quieres bañarte, o tomar algo?, lo que quieras”, le propuse, pero ella seguía extasiada en la cocina, conociendo electrodomésticos que ni soñaba pudieran existir. “Me gustaría bañarme”, comentó. Vale, le conduje al baño, abrí los grifos, la caliente, la fría, el regulador de temperatura, la ducha, aquí encontrarás jabones y cremas de Teresa, si necesitas algo, dímelo, y así. “Si tuvieras una bata”, me pidió timidamente, fui al dormitorio, batas, batas, la zorra de mi mujer las usaba a montones, busqué una adecuada, un kimono japonés muy ligero, abrí un cajón, allí estaba la lencería que le compraba a mi esposa, inutilmente, nunca se la quería poner, tangas, sujetadores mínimos, bodys, ligueros, medias de malla... Tomé un sujetador granate, un tanga y unos ligueros del mismo color, unas zapatillas con tacón y una toalla gigante y se los llevé al baño: “¡Toma, aquí tienes todo lo que necesitas!”, le dije. “¿Cenaras algo?”, pregunté, me dijo que no tenía hambre. Haré unos sandwiches y jugo de naranja, me parece bien, lo que quieras, tómate el tiempo que quieras, cerré la puerta y la dejé. Tardó media hora larga, yo veía la tele, había hecho unos porros, llegó con el pelo recogido, la verdad no lo tenía muy largo, se ve que se lo cortaban, el kimono le sentaba como dios, tan ligero le marcaba todas sus formas, redios era hermosa de verdad. Fuimos, a la cocina, siéntate, si quieres te ayudo, no, no hace falta, toma, tienes zumo suficiente, si, ya me vale, qué casa más bonita, ahora es tuya también, estoy muy contento de que estés conmigo, te ayudaré en lo que sea, claro que sí, no te preocupes por nada, y comimos. “Vaya que si me vas a ayudar, no lo sabes tú bien”, pensé. Nos sentamos a ver la tele, encendí un porro, olía bien fuerte pero el que no sabe es como el que no ve, ¿fumas?, no, no, deberías probar, este es muy buen tabaco, relaja, le dije, no, no he fumado nunca, bueno alguna vez tiene que ser la primera, tóma fuma un poco, dio una calada, tosió un poco, toma otra sino no los vas a notar, una segunda y una tercera, le hicieron efectos enseguida, le brillaban los ojos, me siento mareada, claro es la primera vez, no temas nada, quisiera acostarme, vale, yo te digo dónde. La llevé a nuestro dormitorio, hasta medio año antes mi esposa y yo lo habíamos compartido, dormirás aquí, ...pero, ¿éste no es tu cuarto?, claro que sí, yo también dormiré, dormiremos juntos, le aclaré de una vez por todas. Se quedó de piedra y le puse las cartas sobre la mesa, la senté a mi lado, le recordé nuestra infancia, cómo desde entonces la deseaba, cómo ella me inició en el vicio y el sexo era para mí una droga, que era la mujer de mi vida y que por ella me había divorciado ya que mi esposa no aceptaba las propuestas sexuales que ella me enseñó de pequeño: “Es una suerte que te hayan despachado, vas a vivir conmigo, vas a ser mi mujer y yo tu marido, vas a ser mi puta, la puta más cerda que puedas imaginar porque eso es lo que quiero que seas para mí”. “¿Pero qué dices, estás loco?”, me respondió antes de que yo la tomara por el cuello y aplastara mis labios contra su boca mientras metía mi mano bajo el kimono y buscaba su entrepierna bajo las bragas. Se había puesto el tanga y el liguero, la puta zorra, sabía más de lo que aparentaba y no era tan tonta. Descubrí la cama, acuéstate le ordené, me quité el pijama y me quedé desnudo ante ella, mi verga estaba ya a todo trapo pidiendo un alivio, me tumbé junto a ella, la abracé y empecé a besarla en los labios, suave, dulcemente, pero Manuel, ni Manuel ni leches, bésame, busqué su vagina y empecé a frotar mis dedos sobre su tanga para excitarla, entre el porro y las ganas de hombre se empezó a excitar, esa era mi hermana, disfruté, tan caliente como siempre. Poco a poco empezó a responder a mis besos y caricias, quiero que seas mi esposa, mi mujer, mi amante, mi puta, ella respiraba profundamente, me incorporé en la cama y le acerqué mi verga a la boca, se resistía, “¡chúpame la polla o te mato, so cerda”, le amenacé, aterrorizada y caliente como una loba empezó a chuparme pero no se decidía hasta que se la metí hasta la garganta, me giré para chuparle el coño, le quité el tanga, metí mi cabeza, mi nariz y mi lengua en su entrepierna, dios qué bien olía y qué rico me sabía, empezó a sudar y respirar entrecortada, “chúpame, chúpame” le insistía yo, con la calentura perdió el miedo y se lanzo a la tarea. Noté que iba a correrme, saque mi verga de su boca y me masturbé brutalmente, mi hermana se ponía bajo mi polla y abría su boca pidiendo mi leche, dios qué puta, cómo la vamos a pasar, pensé y no tuve tiempo de más, el chorro de mi leche surgió incontenible, caliente, parecía plomo fundido, me estaba corriendo como loco y ella ponía debajo su boca para no perder gota, se relamía la cerda, apreté su cabeza con ambas manos y mantuve mi verga en su boca hasta que surgió la última gota y me aparté vacío y satisfecho. Mi hermana quedó a mi lado, se sacaba mi leche de su boca con la lengua y se masturbaba, gemía y sollozaba de gusto, la abracé y besé en los labios, y de pronto se corrió, fue como una explosión, se incorporó del latigazo del orgasmo, se venía gozando y aullando como loca, le chupé las tetas, le mordí los pezones, dios cómo disfrutaba la puta de ella. Por fin acabo, se quedó con los ojos cerrados, respirando entrecortadamente, yo miraba extasiado su cuerpo, sus tetas eran hermosas, sus caderas formidables para hundir mi cabeza en ellas, su vagina rojiza entre la suave mata de vello húmedo... Se calmó, yo le acariciaba las tetas, te quiero, le decía, vas a ser mi puta, mi mujer, quiero que seas mi amante, ella sonreía y asentía, te quiero, yo también te quiero, siéntaté, pon tu coño y tu culo sobre mi boca, quiero emborracharme con tus jugos, lo hizo, me lancé a lamer, ella se apretaba los pezones, se masturbaba el clítoris y se movía adelante y atrás, dios como me ponía, estaba otra vez trempando. Lo vió, se metió mi verga en su vagina, me cabalgó, yo estaba a cien, puta más que puta, eres una cerda, ella suspiraba y gozaba, la bajé y la puse como perra y yo detrás, apoyé mi verga y empujé, se quejó un poco pero también empujó, entré dentro de su culo y bombeé un par de minutos, no más y ya me estaba otra vez corriendo, hostia qué placer. Follamos, nos chupamos y comimos toda la noche, al despertar me hizo una nueva mamada que me dejó vacío, quiero follar contigo todo el fin de semana, y así lo hicimos, de todas las maneras, le hice probar todas las ropas que mi esposa no se quería poner, la obligué a caminar desnuda por la casa, le mordía las tetas allí donde la encontraba, pónte de rodillas y házme una mamada, en el pasillo, en el water, la metí en la bañera y yo con ella, meé sobre ella porque me apetecía, eres mi esclava para toda la vida, so puta, ... nos amamos hasta el agotamiento. Ya va un año, me han parecido quince días, en la casa nadie se imagina nada, es mi hermana solterona que me ayuda al estar divorciado, se lleva bien con todos, ahora está muy morena de tomar desnuda el sol en la terraza, es bellísima, llego a casa y ya está de rodillas, abre mi bragueta y se come mi verga con avaricia, estamos en el paraiso. El otro día vino mi ex, le saludó a mi hermana, luego a mí, qué tal, como te va y todo eso, Manuel quizás podríamos intentarlo otra vez y volver..., le llamé a mi hermana: “Desnúdate cariño” le dije, se quitó la ropa y se sentó a mi lado: “Te presento a mi nueva esposa, lárgate por dónde has venido”, le escupí a Teresa, la llevé hasta la calle y la puse en la puta calle. Luego volví donde mi hermana, me arrodillé ante ella y me puse a devorar su vagina




Autor: Anónimo


RECIBELOS EN TU MAIL

Recibe nuevos relatos
en tu email cada dia:

BUSQUEDA
Buscador



All logos and trademarks in this site are property of their respective owner. - Condiciones de uso y Aviso Legal
The comments are property of their posters, all the rest Copyright 2004-07 by me.
Todos los derechos reservados - MaciZORRAS.CoM Copyright 2004-10. Macizorras Porno