Miraste hacia el sofá y lo adoraste por su proximidad. Tumbaste allí al enemigo, y exhibiste tus armas: dientes de hierro, unos labios de plata y una lengua guerrera que despedía fuego viperina. Y ambas se debatieron lujuriosas, profundizando insanas, succionando placeres y dolores que a tu sexo y tus bragas trasmitían múltiples escozores. Acompasando el ritmo, tu boca la chupaba, tu cabeza asentía mientras que tu vagina en fuego derretía. Al final, rendida a la evidencia, abriste tus compuertas y el enemigo cruel, profanó tus esencias, muriendo por mil veces en gozo y complacencia. Te asedió con su furia y con su altanería, y tu sucumbías gozosa ante su artillería.
Y cuando las penumbras ocultaron el día, apareció tu jinete hechicero, el que tu deseabas que te follara fiero. Y así te fui follando, todo en ti cabalgando, mientras tu suspirabas... me estabas esperando. De mi te hiciste eco, asumiendo en potencia toda mi irreverencia, hundiendo en la lujuria tus mil y una penurias, soportando el vaivén de todos mis envites. Y así te fui follando, es lo que tu querías. Y así te fui follando en gozo y en cuantía. Más cuando parecía, que la suerte estaba echada y que mi gallardía tu coño depredaba, mostraste tu secreto, tu preciado amuleto, consolador seguro, de dientes puntiagudo, que hirió mi retaguardia follándome muy duro. Dulce aguijón de muerte que con fuerza bravía convirtió mi trasero en cruel carnicería. Dolor y gritos juntos, suspiros y gemidos, ansias y forcejeos consumieron la noche.
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Tu que me dices Marta en un correo, que estás dispuesta a contarme todo de ti. Pues yo quiero saber, para sentirte más cerca en la distancia, y te pregunto:
¿Qué pasa ese día que no tienes que ir a trabajar y puedes solazarte más tiempo en la cama? ¿Ese día que debido al relax y a la tranquilidad te despiertas más tarde y pasas tus manos por tus braguitas notándolas semiempapadas debido seguramente a alguna fantasía erótica que has soñado y que se ha perdido en tu memoria durante la noche? Inmediatamente recuerdas el polvo que pegaste por messenger y te pones cachonda, te excita lo bien que te lo hice y lo caliente que te puse. Ineludiblemente una de tus manos se va en busca del calzoncillo del macho dormido que tienes al lado, palpas y sopesas el arma poderosa que esconde tras él y te vicias frotándola suavemente repetidas veces. Un arma que al poco responde a tus deseos y a tus fricciones recargándose de munición instantáneamente. No te reprimes, es tu deseo... rebajas los calzoncillos y un misil arcabuz que a tus ojos hechiza, erguido apunta al norte, y excitada y morbosa vas recorriendo esa torre de marfil que has levantado, desde el último piso hasta los sótanos que lo mantienen alto: dos genitales rugosos y rosados en su epidermis, pero duros y firmes en su interior. Tu otra mano va recorriendo el pubis y tu vagina, delimitando sus labios que van desflorándose y abriéndose poco a poco. Enseguida dos dedos de tu mano irrumpen frenéticos en tus entrañas tentando en lujuria tus cavidades interiores. Y en tu mente, un vértigo de placer que aúna los movimientos de tus dos manos en un solo deseo...
¡Te apetece polla!
¡Quieres follar!
Inmediatamente te incorporas y ebria de deseo te montas sobre el macho dormido, y encajas en tu coño ese arcabuz poderoso que te esperaba ansioso. Y entonces el macho se despierta y ves mi cara en él, soy yo, tu mente ha conseguido que asalte tu intimidad y repose en tu cama, haciéndome gran dueño de tu sexo y tus deseos, fundiéndome con tus ardores... ¡Te estoy follando Marta! ¡Te estoy follando! Y tu, graciosa y sonriente ante mi presencia me cabalgas viciosa y anhelante, como una experta amazona curtida en mil batallas. Tus caderas son mías, y en tus nalgas mis manos se desbordan, apretándolas y abarcándolas. Mi polla, un enemigo que batalla insumiso en tus entrañas, para vencer y colmar tus ansias y las suyas. Mi polla, fragorosa, invencible, y perpetua en su lucha, persiste en veleidarte y acosarte hasta colmar mis deseos y tus dichas.
De tu boca, gemidos de placer por el dolor sentido en lo profundo. De tu sexo manan ríos del acero fundido en la contienda. Y cuando tu enemigo te rinde su homenaje y exhala sus esencias lefando tu tesoro más preciado.... entonces, y solo entonces, ya sois los dos en uno. No hay vencedores ni vencidos, sólo lujuria, pasión y sexo agradecido.
Luego te vas al baño, y empapada y desnuda ante el espejo, te miras, te sientes ganadora, cual diosa triunfadora... redimiste tus fuegos, calmaste tus anhelos y luchaste en pasión y vicio compartidos. Y pensaste: Si tan bien me ha sabido follar por messenger ¿Porqué no lo iba yo a follar en mi propia cama? Te dedicaste un sonrisa amable ante el espejo, te diste media vuelta para entrar en la ducha y entonces te acordaste... Otra dura batalla a tu cuerpo esperaba: tus manos, el jabón y el gel de baño eran tus enemigos. Él lo sabía, porque su voluntad controlaba la tuya.