Cansada de su jornada laboral y el quehacer de su casa, Ana optó por darse un baño, llenó la tina con agua tibia, se sirvió una copa de vino tinto y se sumergió permitiendo a su cuerpo sentir la calidez del líquido que la envolvía por completo, dio un sorbo a su copa, reclinó la cabeza y cerró los ojos, pensando en Joaquín, ese hombre desconocido, capaz de hacerla sentir que toca el Cielo con tan sólo mirarla, recordó lo bella que es su sonrisa retorcida, su embriagante olor que llena la habitación en cuanto entra, sus ojos cafés de mirada penetrante, sus manos grandes y firmes que la llevaron al paraíso.
Pensando en ese hombre, Ana empezó a acariciar su cuerpo, recorriendo cada centímetro de su piel, sintiendo como la ansiedad comenzaba a tomarla presa, como la sangre comenzaba a fluir rápidamente para acumularse en sus partes íntimas, misas que anhelaban sentir el bulto de un hombre…ese hombre.
Continuó bebiendo su vino tinto, sin dejar de tocar su cuerpo, acariciaba sus pechos, apretando levemente sus ya erectos pezones, sintiendo placer, ese placer que Joaquín le hizo sentir cuando con su lengua mojó sus pezones para luego morderlos suavemente hasta hacerla gemir.
Siguió bajando sus manos, recorriendo su cintura, apretando su piel hasta llegar a su sexo, ese sexo completamente húmedo con sus fluidos vaginales en espera de ser penetrado por un enorme pene como es el de Joaquín.
Siguió explorando su cuerpo, abrió los labios exteriores para deslizar entre ellos sus dedos para luego abrir sus labios interiores que, al igual que su clítoris, estaban ansiosos de ser irrumpidos.
Introdujo sus dedos, sintió placer, sin embargo, no lo suficiente como para conseguir dejar de pensar en Joaquín, así que tomó el cepillo con el que se arregla el cabello que permanecía a su lado, tomó la parte posterior y la introdujo en su sexo, con movimientos suaves pero acompasados, que poco a poco la llevaban a sensaciones más placenteras.
Continuó sus movimientos que cada vez se hacían más fuertes en busca de darse mayor placer, el cepillo entraba una y otra vez cual pene caliente en busca del desahogo, sus gemidos eran cada vez más fuertes, lo que a su vez la hacía calentarse más.
Así, con lo que podría ser una verga, Ana se daba placer durante la ausencia de un hombre, imaginando que cada movimiento era de él, hasta que su cuerpo no pudo contener más las sensaciones, llevándola a un orgasmo corrida que le permitió desahogar sus emociones.
Una vez logrado su objetivo, Ana continuó su baño, pensando aún más en Joaquín, anhelando tenerlo cerca para poder montarse sobre él y disfrutar de ese enorme pene que la ha hecho tocar el Cielo con los ojos cerrados.
Concluyó su baño y se dirigió al dormitorio, necesitaba descansar, relajarse, dejar de pensar en ese desconocido que le estaba robando la razón, sin embargo, esto no fue posible, durante toda la noche, Ana continuó reviviendo el placer sentido con Joaquín.
En sueños volvió a vivir el instante en el que él la penetró por el culo, sensaciones no experimentadas antes por ella, que al principio le pareció dolorosa, pero que Joaquín, hombre experto en los placeres carnales supo tocarla para que ella no pudiera poner resistencia.
Recordó que primero lamió su ano para humedecerlo, luego introdujo un dedo para iniciar la dilatación del esfínter, posteriormente introdujo dos, tres y hasta cuatro dedos, por lo que al momento en que su pene se colocó en la entrada de su ano, ella deseaba tenerla dentro, así que se lo pidió.
Acto seguido, Joaquín introdujo su miembro en ese culo virginal, primero lentamente para dar paso a movimientos acelerados que de repente bajaban su ritmo permitiendo que cada terminación nerviosa de ella fuera tocada por el pene de ese hombre.
Ana, a pesar del dolor que le produjo esta primera vez, pudo disfrutar de un buen sexo anal, sentir su culo presionado por un miembro tan grande, la hacía sentirse satisfecha, pensaba en el tiempo que había desperdiciado por no querer experimentarlo con su esposo.
De pronto, sintió como el pene de Joaquín comenzaba a calentarse aún más, él comenzó a decir que se correría, a lo que ella le pidió que esperase un poco más, él controló su orgasmo y se propuso hacerla sentir a ella primero, así que continuó con los movimientos al tiempo que acariciaba sus pechos y su clítoris.
Ella comenzó a gemir, señal de que el orgasmo estaba próximo, por lo que Joaquín comenzó a morderle el cuello, ella gemía cada vez más fuerte al ritmo de los movimientos de ese hombre.
Juntos alcanzaron el orgasmo, sus fluidos vaginales chorreaban por sus piernas, mientas que la leche de Joaquín inundaba su trasero. Una vez vaciado por completo, Joaquín se retiró y se tumbó a su lado.
Recordar todo lo vivido generó en Ana una ansiedad mayor por volver a encontrarse con Joaquín, lamentó no tenerlo cerca, no saber donde localizarlo, deseó con todas sus fuerzas tener la fortuna de volverlo a ver para disfrutar de esas sensaciones que nunca antes había experimentado.
Pensando en su desconocido, Ana concilió el sueño, con la esperanza de algún día volver a tener dentro a Joaquín..