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2005-11-17 16:19:12
La historia que cuento es totalmente verídica incluidos los detalles y los nombres.

Por exagerada que parezca es fiel reflejo de mis relaciones forzosas con una chantajista que abusó de su poder durante dos años después de ser depyoria de mis secretas relaciones con dos hermanas casadas.

En ella trato de relatar las aventuras con una amante que tuve alla por los años del 91 al 96 y las desventuras con su continuación, y en lo único que difiere es que en la realidad, Carmen y Armando siguieron juntos.

Es más, cuando ella estaba acostada conmigo en un motel de Casteldefels, (cerca de Barcelona) su marido Armando la esperaba en Cambrils ansioso por saber que le había dicho el médico.

Yo me divertía mucho con Carmen ya que era una mujer muy guapa pero también muy rara.

Algunas veces llegaba diciendo que no tenía ganas de follar y lo que quería era comer en un buen restaurante.

La llevaba a comer y en plena comida y sin venir a cuento se ponía susy y me pedía que la metiera mano.

Yo como podía le hacía una paja metiendo mis dedos por el borde de sus bragas, acariándole el clítoris hasta que se corría aguantando sus naturales espasmos producto del orgasmo.

Otras veces íbamos al motel y en plena follada me decía que tenía hambre y que así no podía correrse, por lo que después de pagar 9000 pts. tenía que interrumpir el polvo e irnos a comer para después pagar otras 9000 pts. y continual follando.

Venía con un coche "Mercedes" grande, de su marido y un buen día hicimos carreras desde Barcelona hasta el motel de Casteldefels.

Ella ganó a mi Toyota-Celica y se metió en el parking del motel sola.

Ya sabreis que esos sitios son muy reservados y cuando llega un coche, corren una cortina detrás no admitiendo a un nuevo cliente mientras no han acomodado a la pareja anterior.

Imagínate cual no sería la sorpresa del empleado al encontrarse con un "Mercedes 300" conducido por una bella mujer ... y sin compañía...!

En otra ocasión, se vino conmigo a Valencia en una viaje mío de negocios y ya en el hotel, sobre la una de la mañana, estábamos los dos en la cama, follando de la forma más tradicional, ella debajo y yo encima. Estaba a punto de correrme cuando de repente ella se puso a gritar:

-¡Hay editor... por el culo no que me duele... no.. no... por el culo no...

Hay cabrón que me la has metido... qué dañoooooo....!

Le dije

-¡Pero qué te pasa... estás loca...!

-Qué va...! - me respondió - Lo hago para que rabien de envidia los demás habitantes del hotel.

Otro día se trajo a su hermana, cinco años más joven que ella y mucho más atractiva, también casada, y dijo que quería que nos filmase un vídeo mientras follábamos. Accedí a la situación y fuimos los tres al conocido motel de Casteldefels.

Como no sabíamos si admitirían tríos al mismo precio, su hermana Yolanda se metió en el portaequipajes del Celica y de esa forma nos introdujimos en el parking junto a la habitación alquilada.

Como es natural acabamos follando los tres y yo naturalmente dediqué más mis atenciones a los nuevos agujeros que se me ofrecieron. Me corrí cuatro o cinco veces. En el coño de Carmen, en el culo, la boca y el coño de Yolanda, en el culo de Carmen.

Mientras me follaba a una, la otra filmaba y aunque el vídeo es un poco chapucero, aún lo conservo y de vez en cuando me hago alguna paja contemplándolo.

Después de quella vez, he follado con Yolanda muchas más hasta que se quedó en estado, no sé si de su marido o de mí. Lo que sí es cierto es que el marido también es rubio como ella y el chaval ha salido moreno como yo.

Todo acabó cuando el bueno y cornudo Armando comenzó a preocuparse seriamente por la salud de su compañera y decidió acompañarla a Barcelona a sus visitas con el doctor.

Carmen cambió instantaneamente de "médico" y acudió junto con Armando a un ginecólogo nuevo. Yo desaparcí.

Como he comentado, el relevo a Carmen y Yolanda lo tomó Mara. Una antigua amiga mía y de mi familia que había actuado con intermediaria en mis relaciones con las dos hermanas.

Yo por aquel entonces, 1996, dirigía simultaneamente dos empresas, una en Barcelona y otra en Valencia pertenecientes ambas al mismo grupo multinacional.

Pasaba dos o tres días en una ciudad y otros tres o dos en la otra, desplazamiento que hacía en avión y raramente en coche.

Un día que iba a emprender el viaje por carretera, paré a comer en el pequeño restaurante que tiene los padres de Mara, con los que me une una gran amistad.

Ya después de comer y mientras tomaba café para uniciar el viaje de 340 kilómetros hasta Valencia, se sentó a mi lado la hija.

Describo su aspecto... realmente impresionante...

Con una altura de más de un metro setenta, pesaría unos ciento diez kilos, la talla del sujetador no bajaría de ciento veinte y no sé si encontraría bragas donde enfundar sus bajos.

Su única obsesión era preguntar si estaba más guapa, si me gustaba el color de su pelo y me decía que las faldas y los pantalones se le caían de lo mucho que había adelgazado.

Yo siempre la veía como una especie de elefanta, ya que los ojos los tenía semi-cerrados por los pliegues de las mejillas.

Aquel día, al saber que me iba para Valencia, me pidió si la podía llevar ya que no conocía aquella ciudad y le hacía una cierta ilusión.

Yo le comenté que no volvería en tres días y si quería volver antes lo tendría que hacer en autobús.

Se apunto de inmediato y en menos de un cuarto de hora apareció con su equipaje preparado.

Yo llevaba y llevo un automóvil deportivo y lo puse por la autopista a más de doscientos kilómetros por hora, para lograr con la tensión de la valocidad, evitar que me diera la tabarra por el camino.

Fue inútil. Comenzó a contarme sus historias hasta que al pasar Tarragona empezó el ataque.

Sabía que mi relación con las guapas hermanas habían terminado. Me comentó mi infidelidad hacia mi compañera, amiga suya.

Me dijo que su obligación como amiga de mi esposa sería decirle lo mal que me había portado con ella.

Pero también me dijo que lo podía pasar por alto y olvidarse de su moral obligación mientras apoyaba su mano sobre mi paquete.

Se me pusieron de punta los pocos pelos que me quedan, mientras sentía como sus dedos bajaban la cremallera de mis pantalones y se introducían buscando mi encogida polla.

A todo esto ya estábamos llegando a Oropesa, cerca de Castellón donde la autopista se retuerce en marcadas curvas consecutivas.

Aproveché para acelerar aún más el coche hasta alcanzar los 230 kilómetros por hora, pensando que el nerviosismo la harían renunciar. Pero ni hablar...

Yo creo que se excitó aún más con la velocidad y comenzó una paja con violentas sacudidas.

La polla, que no entiende de mujeres gordas y feas, o de guapas modelos, reaccionó de su forma habitual... comenzó a ponerse dura.

La vaca, cuando notó entre sus dedos que aquello cobraba vida y se hinchaba, se puso la mar de contenta.

- ¡ Te gusta cariño... ! - ¡Te lo hago bien.....! - ¡ Me quieres.....!

Le dije que sí a todo y seguí apretando el acelerador al máximo de potencia del coche mientras la dejaba trabajarme la polla con toda su energía, que era mucha.

Bajando la montaña, llegando a Oropesa, saltó mi leche por los aires ante el regocijo de la gorda que se imagino lo buena que estaba y lo mucho que la quería para correrme entre sus dedos.

Al llegar a Valencia fuimos directos al hotel Valencia Palace, en el que yo tenía reservada la habitación de siempre y fui a pedír otra habitación para Mara, pero ella se opuso rotundamente. No me quería ocasionar gastos adiccionales y dormiría en mi habitación.

Me resigné, imaginando a aquella hipopótama metida en mi cama.

- ¡ Pensarán que soy tu mujer... ! - ¡ Si ella llegara a enterarse de tus relaciones con Carmen y Yolanda seguro que te dejaba... pero no te preocupes que yo sabré ser discreta... si no te enfadas conmigo, claro... !

Estaba perdido...

Mara ignoraba que mi esposa me había acompañado muchas veces en mis viajes y el recepcionista del hotel sabía perfectamente que aquella foca no era la mía.

En efecto, me miró con cara de asombro al ver el "esperpento" que me había ligado para pasar la noche... qué le vamos a hacer... el pobre hombre pensó en los sacrificios que teníamos que hacer los ejecutivos para mantener contentas a nuestras clientas

Después de cenar, yo trataba de alargar la sobremesa pero no me dió mucha tregua.

Dijo que estaba cansada del viaje y que quería acostarse.

Subimos a la habitación, la 113, no la olvidaré y yo que odio el fútbol, me tragué todo el partido entre el Betis y el Real Madrid que ganaron los béticos por dos a uno.

Mara, mientras tanto, se había duchado y preparado para la "noche", un minicamisón casi transparente que justo le tapaba el coño, dejando al descubierto dos jamones mayores que las ancas de una vaca, rellenas de morcillas y "michelines" y los pitorros de sus impresionantes tetazas que me apuntaban a través de la fina tela.

Se disculpó diciendo:

- ¡ Lo siento, pero como ha sido un viaje imprevisto, no me he depilado las piernas..!

Y que piernas. Las columnas del templo de Hércules no tienen la consistencia de lo que se me presentaba.

Acabado el partido de futbol, con el resultado ya conocido, bajé el volumen del televisor, apagué la luz y me puse a ver la última edición del telediario.

A los pocos minutos la vaca dormía plácidamente, roncando como una central térmica.

Apagué el televisor y me introduje entre las sábanas.

Mi paz no duró ni dos minutos.

Con el ligero movimiento del colchón resucitó la vaca y se revolcó sobre mí.

- ¡ Hay cariño... que feliz que soy... al fin estamos juntos... quiero que me hagas el amor dulcemente y que me lleves a los cielos... quiero sentirte dentro de mí....!

Yo permanecí en silencio y ni intenté encender la luz... qué horror... prefería pasar el mal trago con los ojos a oscuras.

Mara la encendió pero yo la volví a apagar.

- ¡ Deja la escena a oscuras..! - le dije - ¡ No estropees estos deliciosos momentos distrayendo la vista y desviando el placer... goza de mí hasta la saciedad...!

Y me gozó hasta la saciedad....

Puso su media tonelada sobre mí y me folló...

Vamos creo que me folló, aunque no sé si con el coño, o con uno de los pliegues de su barriga.

La cosa estaba clara. O hacía que se corriera o aquel monstruo me aplastaba.

Con gran esfuerzo la acometí desde debajo pegándole unos viajes de polla salvajes, deseando hacerle daño, hasta que comenzó a soltar mujidos y a aflojarse a cada nueva estocada.

Yo, extraordinariamente, también me corrí. Le disparé cinco o seis chorros de leche entre los pliegues donde introducía la polla y descargué de nuevo mis huevos.

Después, cada vez que la he mirado, me ha entrado vergüenza al recordar que aquel monstruo consiguió sacarme la leche por dos veces en una tarde.

La vaca dejó de mujir cuando alcanzó su sexto orgasmo y al poco ya roncaba de nuevo, agotada por el esfuerzo.

Yo también me preparé para descansar ante la jornada del siguiente día en la que tenía una importante reunión.

Me quedé dormido. No sé cuanto tiempo, hasta que me desperté sobresaltado con la polla prisionera entre los dedos de la elefanta.

Me la estaba sacudiendo en la oscuridad, mientras que por los movimientos del colchón, supuse que ella se estaba haciendo una paja simultaneamente.

Nunca supe como era capaz de encontrarse el clítoris entre aquel amasijo de carnes y pellejos.

- ¡ editor... ahora que sé que me quieres... te voy a pedir un favor.... !

- ¡ Dime "cariño"... ! (nunca debí emplear aquella expresión)

- ¡ Hazme feliz del todo.... dáme por el culo.....!

Creo que en aquel momento la polla me desapareció... se encogió de tal manera que casi se convirtió en vagina... se puso del revés...

- ¡ Sabes que yo te guardaré el secreto de tus devaneos amorosos con las famosas hermanitas... tu mujer nunca se enterará mientras seamos amigos...!

Ya estaba, había que dar por el culo a la vaca... ¿Lo podría encontrar... ?

La puse de medio lado y se la metí de nuevo por el coño desde la parte posterior.

La polla casi no llegaba a introducirse, debido por un lado a la distancia física que existía hasta la avertura incrementada por la flacidez de mi miembro.

A medida que froté su vagina con mi glande, éste se fue entusiasmando y consiguió ponerse tieso. Ya he comentado que la polla es ciega y no vé donde se mete.

Mara encendió la luz y se revolcó poniéndose a cuatro patas.

Levantó el trasero y con ambas manos separó sus glúteos exponiendo a la "afición" un diminuto agujero, apretado por las carnes y apoyando su cara contra la almohada me pidió:

- ¡ Dame fuerte editor... quiero sentir tu polla perforando mi ano hasta el éxtasis... dáme por el culo por favor... nunca lo he probado... fóllame ya...!

Resignado, introduje mi dedo índice por aquel orificio y lo fui masturbando hasta que noté que se relajaba.

Introduje un dedo más y seguí trabajando el orificio mientras el esfinter se dilataba.

Me miré la polla y ví que no estaba a tono para acometer la empresa que se me encomendaba.

Me empecé a masturbar con los ojos cerrados, pensando en otras aventuras hasta que, con gran esfuerzo logré ponerla a tono

Ya tenía mis veinte centímetros dispuestos para el ataque.

Abrí los ojos para el envite y la polla comenzó a desinflarse ante el espectáculo.

No le dí tiempo. Saqué los dedos de aquel agujero y los substituí por el decadente miembro.

Entró.. La dí por el culo tal como me había pedido. La estuve enculando durante diez minutos, hasta que de nuevo sus mujidos resonaron por las paredes del hotel.

Volví a correrme en su recto sintiendo de nuevo vergüenza por utilizar "aquello" para el desahogo de mi excitación.

Acabamos agotados y al día siguiente, mi reunión de alto nivel no fue muy brillante.

Después de ese viaje, Mara se apunto a cuarenta más.

Ahora utilizaba otro argumento.

- ¡ Si tu mujer se entera de tus amoríos con Carmen y Yolanda y de cómo me has "seducido" a mí.. se te monta un cirio...! - ¡Pero estate tranquilo, que yo seré discreta mientras seamos amigos...!

Puedo jurar que después de aquella noche, nunca me he vuelto a correr con Mara, aunque lo aparentaba y la dejaba tan contenta.

He follado con ella.... La he dado por el culo cuantas veces se le ha antojado... Me ha chupado la polla siempre que ha querido... La he hecho pajas a montones....

Siempre me decía, cuando iba a comer a su restaurante, que no había nada mejor después de una buena comida que un buen polvo..... y me daba una comida mediocre y un polvo nefasto.

A partir de esta situación mi vida cambió

La gorda de Mara me perseguía por todas partes.

Me llamaba al despacho de Barcelona y si no estaba me llamaba a Valencia por una línea privada que no pasaba por la centralita.

Si le contestaba, colgaba sin decir nada, se cogía el autobús y se presentaba en el hotel, donde me esperaba para pasar la noche conmigo.

Tenía que follar a la vaca y darle dos o tres veces por el culo.

No se si se llegó a dar cuenta de que yo no me corría aunque hacía ver que sí, con jadeos y suspiros y como ella soltaba flujo a montones en sus orgasmos posiblemente la falta de mi sémen en sus agujeros quedaba disimulada.

Me llegué a dar cuenta de las coincidencias de las llamadas sin contestar con la presencia de la foca en la ciudad del Turia y decidí putearla.

A la siguiente llamada que se produjo por la línea directa y que me colgaron sin hablar, cambié de hotel y me fui a pasar la noche al Astoria.

A la vaca le tocó pagarse la habitación y la cena, unas 25.000 pesetas y volverse a Barcelona sin comerse un rosco.

Me llamó al día siguiente a Valencia y yo le dí una disculpa aunque no se si se la tragó del todo.

Había tenido que ir a Castellón por asuntos de trabajo y después de cenar con un cliente, decidí pasar la noche en esa ciudad, ignorando su presencia en Valencia.

Se lo repetí dos veces más, pero a la tercera se puso seria.

Me montó una escena dramática.

¡ Ya no la quería... me había cansado de ella.... la había seducido y ahora la abandonaba.... me iba a acordar... !

Al día siguiente llamaron a mi domicilio particular de Barcelona colgando cuando mi esposa contestó. Volvieron a repetirse las llamadas tres o cuatro veces más con el mismo resultado.

Se repitieron las llamadas al día siguiente y se prolongaron hasta altas horas de la madrugada.

Me lo comentó mi mujer al llegar de viaje y no le dimos más importancia dando por supuesto que era un pesado que tenía un número equivocado.

Pero esa misma noche, sobre las tres de la mañana, volvió a sonar el teléfono.

Lo cogí yo...

- ¡ Dígame...!

Me quedé helado...

Al otro lado del hilo se escuchaba una musiquita producida por un acoplamiento con alguna emisora de radio.

Yo conocía muy bien esa interferencia que era característica en el teléfono de Mara.

Me colgaron sin decir una palabra.

Sonó el teléfono dos veces más durante aquella noche hasta que lo dejamos descolgado.

A la semana siguiente invité a la gorda a acompañarme a Valencia, pero se disculpo diciendo que esperaba a unos tíos y no podía marchar.

El teléfono siguió sonando con los mismos resultados.

Aquella semana únicamente estuve en Valencia dos días y el martes regresé a Barcelona en el último vuelo.

Esa noche se desató la tormenta.

A eso de las dos sonó el teléfono y como siempre lo cogió mi esposa.

Esa vez no colgaron y una voz de mujer joven preguntó por mí.

Mi mujer, con gran astucia, le dijo que yo no estaba, a la vez que yo cogía el teléfono supletorio y permanecía a la escucha.

La joven, que dijo llamarse Maria del Mar, dio por seguro que yo estaba en Valencia y empezó a contarle a mi esposa una historia de amoríos conmigo en los que me dejaba muy mal parado.

La había engañado diciéndole que estaba separado y la había seducido, abusando de su buena fé hasta conseguir acostarme con ella en su propio apartamento y en su misma cama.

Durante varios meses me había aprovechado de ella y que muchas noches que en teoría yo estaba en Valencia, la realidad es que estábamos juntos ella y yo en casa de ella.

En ese momento intervine yo en la conversación y la famosa Marimar, en lugar de colgar como era de esperar, aguantó el tipo.

Mi esposa quedó escuchando y yo fui acorralando a preguntas a la joven hasta que quedó bien claro que no me conocía de nada, aunque estuvo en todo momento asesorada por otra persona que estaba con ella.

Repetía cada una de mis preguntas sobre mi estatura, el color de mi pelo, mi forma de vestir, la marca, el color y el tamaño de mi automóvil.

Hasta le pregunté por la longitud de mi polla.

Le pregunté por los días que habíamos estado follando en su casa, lo que habíamos cenado. Que licor tomaba yo, si coñac o wisky o anis o ginebra (no tomo licores...), mi vino preferido si blanco o tinto o rosado.

Como me gusta la merluza, si a la plancha o a la vizcaina (no como pescado...)

Le pedí que se tomara el rato que quisiera en las contestaciones pero que no repitiera la pregunta....

Fue metiendo constantemente la pata en las respuestas hasta dejar bien claro su superchería.

No había musiquita de fondo en el teléfono lo que me indicaba que la llamada se efectuaba desde un teléfono diferente al de la vaca.

Después de colgar mi mujer, que no tenía ninguna duda sobre la falsedad de la llamada, se preguntaba el motivo de la misma, pero yo no tenía ninguna duda del mismo. Era el primer ataque de la gorda en su venganza anunciada.

Al día siguiente la llamé y la invité a comer.

Le conté la aventura de la noche anterior con María del Mar y le pregunté si ella había dado alguna información.

Se me puso por las nubes...

... Cuando ella tuviera que hacer daño, lo haría del todo....

La tuve que llevar a un motel y dejarla contenta por todos los agujeros... tenía que ganar tiempo mientras se me ocurría alguna idea...

Volvieron de nuevo los viajes a Valencia y los desenfrenos nocturnos, pero yo seguía sin correrme. La vaca sin embargo disfrutaba como una enana, de orgasmo en orgasmo mientras mi pobre polla se irritaba entrando y saliendo por su ano o por el coño.

Las llamadas terminaron.

Por fin me vino la idea... malévola idea... tenía que lograr amenazarla con algo que le pudiera traer complicaciones...

En el siguiente viaje me llevé la cámara de vídeo y aprovechando la televisión del hotel, le pasé el vídeo en el motel con las dos hermanas, en el que se me ve follando con una y con la otra.

En uno de los primeros planos se me ve perfectamente cómo después de lubricar con crema "Atrix" el culo de Yolanda, la penetro hasta las bolas, follando los dos como locos hasta que se la saco en el momento de la descarga que chorrea por entre sus nalgas.

La gorda hasta se puso celosa y me dijo que era de muy mal gusto pasarle por las narices mis cerderías con las dos hermanas... ademá con aquellas dos "mierdas" delgadas y casi sin tetas, que su único atractivo era su juventud y llegó a pedirme que destruyera la cinta.

Me negué rotundamente diciéndole que formaba parte de mi museo de experiencias personales y que a veces me hacía alguna paja rememorando y viendo las imágenes de mis correrías sexuales.

Pero esto era el comienzo de mi estrategia que consistía de tres partes, habiendo tenido en cuenta que el padre de Mara era y es el alcalde de la ciudad en que reside.

Después de que la tuve "mosqueada" le dije que no había punto de comparación.

Ella tenía mucho más atractivo que las dos hermanas juntas, (lo que no era del todo mentira, ya que la superficie y la masa de su cuerpo superaba el conjunto de las otras dos)

Se empezó a poner tierna y a los pocos minutos ya estábamos en pelotas revolcándonos en la cama mientras de la "tele" salían los gritos de placer de mis anteriores ligues.

Le dije de nuevo que ella era lo más hermoso que había encontrado en mi vida (seguía sin mentir, porque lo de hermoso no venía por lo bella si no por lo grande)

Entonces, aprovechando la cámara de vídeo le pedí que se masturbara ante ella para guardar el recuerdo de sus atractivos.

No se hizo de rogar, estimulada por la visión del vídeo y deseando pertenecer a mi colección particular de pornografía personal, tratando de desbancar a sus rivales en mis próximas pajas ante el vídeo.

Desparramó sus ciento diez kilos sobre la cama, encogió sus mostruosas piernas y las abrió de par en par como si de un parto se tratara.

Su descomunal coño semi-cubierto por una suave capa de bello rubio se abrió en una espantosa sonrisa vertical emergiendo el abultado clítoris por encima de los labios menores (por llamarlos de alguna manera)

Puse en mrcha la cámara y fui regulando con el zoom la imagen para grabarla en todo su esplendor.

La vaca se empastifó el coño con crema para las manos y comenzó a tocarse la guitarra, acompañándose con agudos gruñidos.

Mientras yo la mano derecha aguantaba la filmadora y manejaba simultaneamente el zoom, introducía mis dedos índice y corazón por entre los pliegues de su vagina, ayudándola en la paja que se estaba haciendo y poniendo bien a la vista mi alianza de casado que me había puesto para la ocasión ya que nunca la util.izaba.

Había tenido la precaución de quitarme el reloj "Rolex" que llevo, para que no se pudiera identificar la mano pajeadora.

La cámara enfocaba el coño en un primerísimo plano, después fui alejando el zoom y recorrí el vientre, las tetas una por una, pasando de pezón a pezón, subí por su papada hasta detenerme en su cara, acercando de nuevo el zoom hacia sus entrecerrados ojos y labios por entre los que sobresalía la sofocada lengua.

Me había puesto tieso a más no poder. No por el espectáculo, que nada tenía de excitante, si no por los pensamientos de libertad que pasaban por mi retorcida mente.

Acerqué como pude el duro glande a sus labios, sin dejar de filmar y le enchufé los veinte centímetros en el fondo de la garganta.

Sujetaba como podía la cámara mientras follaba su boca, hasta que noté que iba a correr.

Saqué la polla en contra de su voluntad, ya que la siguió levantando su cabeza, me acabé de pajear con la mano izquierda y le disparé cuatro chorretones sobre los ojos, la nariz y la cara. Aquel día ha sido la excepción a mi abstinencia de sémen en los agujeros de Mara de los últimos tiempos.

Me esmeré en obtener los mejores planos de la leche chorreando por su cara mientras yo la extendía y la arrastraba hacia sus labios para que ella se relamiera.

Mi anillo de casado estaba siempre en el primer plano de la imagen.

Después de la corrida me aparté y seguí filmando su masturbación entre espasmos a cada orgasmo que alcanzaba.

Tuve que cambiar la cinta ya que los cuarenta minutos que dura el mini-vídeo ya se habían agotado.

Hice de tripas corazón y decidí poner el broche de oro a la filmación.

Paré por unos momentos la cámara para no grabar mi voz y propuse a la vaca.

- ¿ Quieres que te la meta por el culo...?

La gorda se entusiasmó... le encantaba que la enculara...

Ni me contestó. Se puso en cuatro en el borde de la cama y con ambas manos se separó los jamones mostrando el apretado orificio de su ano.

Puse de nuevo la cámara en marcha a la vez que me untaba los dedos con crema y se la introducía por el agujero, junto a dos de mis dedos.

La fui lubricando y ensanchando el esfinter, manejando a la vez el zoom de la cámara para filmar su cara vuelta de lado sobre la sábana de la cama.

No quería que quedara ninguna duda de quien era la que estaba siendo dada por el culo por un hombre casado.

Cuando su ano estuvo a punto, mi polla había recobrado de nuevo la alegría y la apunté hacia su agujero, guiada por mi mano izquierda.

Acerqué el plano de filmación, enfocando la entrada y mi glande apoyándose en los bordes.

Se la fui metiendo centímetro a centímetro hasta los huevos.

Una vez dentro la bombeé a lo salvaje, que era cómo le gustaba, hasta que sus mujidos despertaron a todo el hotel.

La estuve follando el culo hasta que la cámara me avisó que quedaban dos minutos de cinta.

Saqué mi polla del dilatado agujero y me corrí sobre sus jamones mientras su ano iba recuperando su tamaño original.

Mi cámara no perdió detalle de las contracciones del dilatado ano ni de los chorretones de sémen por sus nalgas.

Follamos tres o cuatro veces más, pero ya no volví a filmar ni a correrme. Ella sí. La vaca era una máquina de fabricarse orgasmos.

La primera parte de mi plan se había consumado con éxito.

Las otras dos partes esperaba superarlas con el mismo resultado.

En poco tiempo tenía que ser capaz de montarme la estrategia adecuada para librarme del chantaje de la gorda.

He repasado el vídeo una par de veces y desde luego... me ha dado hasta vergüenza.

El fin, en este caso, justifica los medios. Pero parece imposible que yo pudiera llegar a correrme dentro de aquellos amasijos de carne.

Ya tenía los elementos disuasorios para conseguir mi libertad.

Comenzaba la segunda parte del mismo.

De regreso a Barcelona, hice tres copias de los vídeos empalmados cada una de ellos en una cinta de dos horas y me lancé al ataque.

Metí en mi cartera de documentos dos de ellas, previamente etiquetadas con el nombre y los dos apellidos de la vaca y me cité con ella en una cafetería de su ciudad, cuya propietaria era amiga nuestra.

Cenamos juntos en aquella cafetería y estuve haciendo tiempo hasta la hora en que Ana, la propietaria, bajó la persiana para cerrar, aunque nos dijo que podíamos continuar hasta la hora que quisieramos en el interior del establecimiento.

Permanecimos más de una hora, mientras la dueña recogía el establecimiento, tiempo que aprovechó la gorda para tratar de hacerme una paja, no logrando que me corriera y yo la masturbé varias veces provocándole estrepitosos orgasmos que Ana, casi retrasmitió.

- ¡ Qué bien te lo pasas... tía... quién estuviera en las manos de este macho...!

A última hora y a punto de marcharnos, los tres ya sentados alrededor de una mesa, saque de mi cartera una copia del vídeo y se la entregué a Mara delante de su amiga.

- ¡ Toma Marga... esta es la cinta de nuestra última orgía en Valencia...!

Mara la tomó ruborizándose ligeramente comentando.

- ¡ Vamos editor, sé más discreto que Ana va ha pensar que estamos follando todo el día!.

Guardó la cinta en el bolso e iniciamos la marcha.

Yo discretamente, coloqué sobre la mesa la otra copia y seguí a las dos mujeres hasta que la dueña nos despidió cariñosamente y cerró la puerta a nuestras espaldas.

La "bomba" de relojería había comenzado su cuenta atrás....

No pasaron dos días cuando Mara me llamó horrorizada.

- ¡editor, que hicistes con las cintas de Valencia... cómo es posible que tú me dieras una y mi amiga Ana me haya entregado otra que encontró en el bar y pensó que la había olvidado yo.... y por cierto, me ha comentado que estoy muy favorecida..!

- ¡No lo sé, respondí... cierto que llevaba dos copias... la tuya y otra para mí... pero deja que mire en mi cartera, a ver si tengo la mía...!

- ¡ Seguro que no la tienes... seguro que es la que me ha devuelto Ana... y también estoy segura que esta puta ha sacado una copia antes de devolvermela...!

Estaba en marcha la segunda parte del plan y tenía todos los ingredientes para hacer un buen caldo....

Al cabo de unos minutos la llamé yo para notificarle que, en efecto, me faltaba la segunda copia, por lo que suponía que me lié con ambas y una de ellas quedó olvidada en el establecimiento de su amiga.

Me llamó de todo... imbécil... idiota... t



onto... cabrón...., pero el mal ya estaba hecho.

Cualquier dibulgación del vídeo porno no podía atribuirse a una sola persona, si no a las posibles envidias de dos amigas, que como tales, se odiaban cordialmente....

- ¡ Te das cuenta.. ! - me dijo - ¡ qué cualquier publicidad de ese vídeo puede acabar con la alcaldía de mi padre...!

- ¡ Bueno...! - le respondí - ¡ No creo que se utilicen mientras los teléfonos estén silenciosos y sigamos siendo amigos... sin rencores...!

Autor: yo


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