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2011-11-03 14:19:16
Que dulce es la venganza. ¿No lo creen? Siempre he sido muy adepta a cobrarme las cosas que me hacen mis “amigas”, porqué vaya que he tenido mala suerte en ese aspecto. Verán, la mayoría de mis amigas, aquellas que he considerado buenas amigas siempre acaban involucrándose con algún chavo que ha tenido algo que ver conmigo. ¿O será acaso simplemente el hecho de que he estado con más de 60 hombres? (Y lo sigo así porqué deje de contar en los 55). Quién sabe. El hecho es que 3 de mis mejores “amigas” se han acostado con alguno de mis hombres, por así decirlo.

Primero dejen les platico un poco sobre mí. Mi nombre es Isabel, pero todos me dicen Isa. Tengo casi 21 años, aunque me veo un poco mayor. Mido 1.65, soy de piel morena clara y pelo oscuro que uso a la altura de los pechos y siempre lacio. Soy delgada, de pechos pequeños, aunque tengo soy bastante caderona y tengo un trasero que siempre llama la atención a donde sea que vaya, así use jeans o falda.

En fin, la última que me la aplicó fue mi actual roommate, una chica llamada Sandra. Ella es chaparrita, como 1.55, de piel muy blanca y pelo que cambia de color constantemente. Cuando yo la conocí era pelirroja, cuando se fue a vivir conmigo lo usaba rubio, y ahora lo trae café y muy corto, estilo Betty Boop. Antes era muy delgada, con buenas curvas, pero últimamente, con esa manía que agarró de comer sopas maruchan diario, pues engordó bastante, al grado de que hace un mes todo el mundo le preguntaba que si estaba embarazada, obvio no. Después de su primer y único hijo se puso el DIU, así que no es posible.

Sandra y yo vivimos en una casita pequeña, solas. Ella mandó a su hijito a su ciudad natal con su mamá para que se lo cuidara, ya que ella “no tiene tiempo”. Solemos salir mucho de noche, y en una de esas saliditas a un antro grupero conoció a un chico llamado Sergio. Él es alto, como 1.85, fornido, de piel blanca, pelo oscuro y barba de candado. En seguida hubo click, y empezaron a salir muy seguido. Obvio ella siempre me invitaba, porqué Sergio y sus amigos invitaban todo, y le pedían que llevara a una amiga. Así conocí a varios africanos amigos de ellos. Me acosté con dos de ellos. El primero por pura curiosidad. Ya saben, saber si es cierto lo que se dice de las capacidades y dimensiones sexuales de los negros. Y déjenme decirles que en el primero sí que fue cierto. Con el segundo fue más que nada porque ese chico no aceptaba un no por respuesta, y a mí no me gusta ser grosera al negarme, así que le dije que sí. No tardó ni una semana, y Sandra ya se había acostado con los dos. Fue muy patético, porque los dos volvieron a buscarme, a los dos me les negué, y entonces se fueron tras ella de nuevo. Uno incluso me ofreció dinero. Pero no, aún no he caído tan bajo. Y después Sandra se acostó con uno de mis mejores “cogi-amigos”. O sea que fueron tres. Fue tal la carrilla por parte de uno de mis mejores amigos, que a Sandra se le quedó apodo entre nosotros de “la buitre”.

Regresando a Sergio. Él tiene un amigo llamado Diego, aunque nadie le dice así. Todos le decimos por su apodo, pero prefiero llamarlo por su nombre aquí. Él es un chico también bastante alto, delgado, de piel blanca y pelo café, cortado como estilo mohicano leve. Es un chico muy fresa, y con bastante dinero, pero la verdad es que eso nunca fue lo que me interesó de él, sino más bien su forma de ser. Yo empecé a acostarme con él, y Sandra seguía con Sergio. De hecho por varios meses ellos iban a nuestra casa, o nosotras a casa de Sergio, bebíamos, bailábamos, y siempre acabábamos en la cama.

En una ocasión, se fue la luz en toda nuestra colonia, y a ellos dos se les ocurrió llegar a la casa. Empezamos a jugar, a hacer rondas de quitarnos la ropa, hasta quedar completamente desnudos todos en mi cama. Diego y yo estábamos besándonos tranquilamente, y de pronto la cama empezó a agitarse. Si. Sandra y Sergio estaban teniendo sexo detrás de nosotros. Nos empezamos a reír, y Diego y yo fuimos a una tienda cercana a comprar condones. Así o más obvios. El sin camisa esperándome en el carro, y yo con una blusa de tirantes blanca sin bra. En fin, regresamos a la casa, y en el camino Diego me estaba diciendo que Sergio era muy precoz en la cama, y que al parecer tenía el pene muy pequeño. Lo único que pude pensar fue “pobre Sandra, ¡con lo que le gustan los penes grandes!”.

En otra ocasión, estábamos los cuatro en casa de Sergio, con otros dos amigos de ellos: Rodrigo y Alex. Sandra y Sergio se subieron en seguida, y como los otros dos cuartos de la casa estaban ocupados por los inquilinos de Sergio, pues Diego corrió a Rodrigo y a Alex, y me mandó a mí a pedirles condones a Sandra y a Sergio. Ahí fue cuando confirmé lo del tamaño del pene de Sergio. Me dio un condón marca Playboy, que cuando se lo pude a Diego, no le llegaba ni a la mitad. Ah, porqué les diré que estoy enamorada del pene de Diego. Lo tiene más o menos grande, de unos buenos 20 cm, no muy grueso ni muy delgado. Rico. Y así como yo estoy enamorada de su pene, él está enamorado de mi trasero. Él me lo ha dicho, jaja. Como sea, ese día ahí estábamos Diego y yo en el sillón de la sala de Sergio, él sentado y yo montada en él. En realidad no me gusta mucho estar encima, pero por él hago lo que sea. Lo que más me gusta es la primera vez que entra. Me encanta sentir como su glande va separando mis labios, y siempre trato de prolongarlo lo más posible. Y ya de ahí empecé a moverme, primero lento, luego más rápido, tratando lo más que pude de contenerme de gritar, porque suelo ser bastante ruidosa. Lo malo es que no pudimos terminar porqué Alex y Rodrigo se estaban congelando afuera, así que quedó pendiente.

Ya, después de tanto preludio, por fin llegué a la parte de la venganza. Este sábado que pasó estaba yo en mi cuarto tratando de dormir, pues Sandra estaba en la sala con su nuevo novio y dos amigos haciendo mucho ruido. Una de las cosas que más me molesta de Sandra, es que tiene la mala costumbre de juntarse con gente muy mal educada y (disculpen el término) naca. Estos amigos estaban gritando groserías y escuchando narco corridos. Yo andaba medio triste, y le mandé un mensaje equivocadamente a Diego contándole mis tristezas, y como a los 15 minutos me marca Sergio. Que Diego quería que fuera a su depa, y ps yo no tardé ni 15 minutos en esta lista y fuera de la casa. Lo que fuera para alejarme de esos nacos. Llegué a su casa, y Sergio como siempre diciéndome que lo dejara darme una nalgada, y yo negándome entre risas. En el depa también estaban el primo de Diego y Alex. Diego como siempre halagándome y diciéndome cosas con doble sentido, hasta que por fin me dijo que nos fuéramos a hacer “cositas” a su cuarto.

Todavía ni siquiera cerraba la puerta y él ya estaba besándome y quitándome la ropa. Nos acostamos en la cama, y empezamos como siempre, con un oral. La verdad es que a mí me encanta hacer sexo oral, no entiendo porque a tantas chicas les molesta o incluso le da asco. Le besaba el cuello, los hombros, el pecho, el abdomen, y lo empecé a tentar besándole las ingles y el vientre, nada más rozando su pene con mis mejillas y mi barbilla. Ya después de un ratito así, lamí su pene desde la base hasta la cabecita, y luego de regreso, para luego meterme su glande en la boca succionándolo suavemente, y poco a poco meter todo, o casi todo en mi boca. Sobre todo a él le encanta eso de la “garganta profunda” y por él he adquirido bastante práctica. Y así estuve, chupándolo, besándolo, lamiéndolo, dándole lo que él alguna vez llamó el mejor sexo oral de su vida, mientras él me acariciaba mi clítoris suavemente con su dedo medio.

Después me tumbé boca arriba, porqué me encanta como se mueve. Es un poco rudo, me la deja ir toda sin consideraciones, porque sabe que eso me vuelve loca. Empezó a moverse dentro y fuera de mí, diciéndome cosas como “me encantas”, “me encanta tu trasero”, quisiera tenerte así todos los días” al oído. Después se quitó, con el argumento de que ya se había cansado. Traducción: súbete Isa. Y ahí voy, a montármele. De nuevo esa maravillosa sensación de su pene separando mis labios. Y empecé a montarlo, rápidamente porqué ya estaba muy excitada y con la humedad de mi vagina, su pene resbalaba sin ningún problema. Mientras él se medio sentaba para besar mis pechos, y morder mis pezones con un poco de fuerza, haciéndome gemir y acercar más su cabeza a mí con mi mano. Y por fin, llegó el momento que más me gusta. Cuando él me pone de perrito, porqué es la posición que más nos gusta. A mí porque siento que su deliciosa verga entra más, y a él porque le da toda la libertad del mundo para ver y acariciar mi trasero, o incluso darme alguna nalgadita ocasional.

Ahí si no tuvo ninguna consideración, y empezó a penetrarme con fuerza, metiendo toda su verga en mi vagina y sacándola completamente, para después volver a meterla hasta el fondo. Estábamos tan ocupados, que no escuchamos cuando Sergio abrió la puerta y entro al cuarto. Yo tenía la cara pegada a la almohada para ahogar mis gritos de placer y no noté el intercambio de gestos silenciosos de Sergio y Diego. Sólo sé que cuando volteé para ver porque Diego se había detenido, me encontré con la sorpresa de que el que estaba detrás de mí era Sergio. No dijo ni agua va, solo me penetró y empezó a entrar y salir de mí con mucha fuerza, tomándome de las caderas y dándome fuertes nalgadas. Busqué a Diego con la mirada, y al ver la lujuria en sus ojos, solo pensé que era una excelente oportunidad para vengarme de Sandra. Y aunque Sergio no me hacía sentir la mitad de lo que lograba Diego, me propuse disfrutarlo al máximo, así que llamé a Diego a ponerse frente a mí y seguí con el oral que no había terminado antes. Lo bueno fue que se desesperó de ver a Sergio y le dijo que cambiaran lugares. Ahí si me sentía en las nubes, porque como el pene de Sergio si es bastante pequeño, me era muy sencillo hacerle oral y meterlo todo en mi boca sin sentir que me ahogaba. Y tenía a Diego detrás de mí dándome muchísimo placer, porqué mientras me penetraba con fuerza, acariciaba mi clítoris en círculos con sus dedos. Fue tanta la tensión que me perdí entre la secuencia de orgasmos que me llegaron. Uno tras otro, hasta que empecé a sentir el famoso (lo siento, no sé como se dice en español) squirting. Al ver que yo estaba viniéndome de esa manera, Sergio no se contuvo más y soltó su semen en mi boca, fue tanto que chorreaba por mi barbilla, aunque yo trataba de tragarlo todo, y unos momentos después Diego se salió de mí y eyaculó sobre mi trasero.

Quedé exhausta y en seguida me dormí. Cuando desperté, estaba yo abrazada a Diego, con Sergio a mi espalda. Me levanté silenciosamente para no despertarlos y me metí a bañar. A los pocos minutos Diego se metió conmigo me ayudó a tallarme, y yo a él, pero sin llegar a hacer nada bien, pues los dos seguíamos cansados y bastante satisfechos. Nos secamos, me vistió y luego se vistió él y me llevó a mi casa. Lo último que me dijo, antes de despedirse con un suave beso en los labios fue “tenemos que repetir esto pronto, me encantó verte así”.

Cuando llegó Sandra yo estaba recién despertándome. Me preguntó “¿Qué tal te fue anoche?”. Sólo le respondí que bien. Yo sé que Sergio se encargará de decirle lo que sucedió. Qué dulce es la venganza, en verdad.

Autor: isabel


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