
Hola, soy Gustavo, pero no voy a ser yo el que les escriba, hoy luego de un tiempo sin hacerlo convencí a Claudia para que les entregue otro relato de su vida personal.
Bueno, vuelvo a estar con ustedes, antes de comenzar mi relato quiero agradecer los comentarios que sobre mi vertieron sobre mi relato y sobre mis fotos…
Para aquellos que no leyeron el anterior voy a presentarme en sociedad, mi nombre es Claudia y hace quince días cumplí 32 años, soy casada y tengo un hijo, dicho esto me volcare al relato en cuestión.
Esta historia sucedió en mi adolescencia, había terminado la secundaria y tenia 17 años, en marzo iba a comenzar a trabajar con mi padre un par de horas como para obtener un poco de dinero para comenzar la facultad, así que ese verano iba a disfrutarlo de la mejor manera posible; para ello nos juntábamos con mis amigos del cole y del barrio en un club donde pasábamos buenas horas jugando al voley y practicando natación. En ese momento no estaba de novia ya que llevaba un mes de haber terminado mi relación con un chico 4 años mayor que yo con quien mantenía relaciones. Debuté sexualmente un tiempo después de cumplir los 15, en ese tiempo tuve un par de novios todos más o menos cercanos a mi edad, pero no con todos mantuve relaciones. Bueno siguiendo con mi relato, nos reuníamos con mis amigos en el club casi todos los días, yo pasaba a buscar a Sonia con ella hicimos la secundaria juntas y era una de mis dos mejores amigas, ella vivía a pocas cuadras del club y el ir a buscar a ella hasta la casa hizo que viese por primera vez a Hugo y al verlo sentí una perturbación y una enloquecedora atracción por él.
Todo comenzó a mediados del mes de diciembre, yo me dirigía a la casa de Sonia cuando dos cuadras antes de llegar en un negocio que había abierto hace pocos días lo vi. a él en la puerta del mismo charlando con dos mujeres, una de ellas estaba embarazada y era su esposa (lo supe al otro día) fije mi vista en él, era hermoso, alto 1,80 mts, cabello entre castaño y rubio algo larguito y suelto, lindo de cara, ojos celestes y un físico trabajado, cuando me iba acercando a él su mirada fue penetrante se notaba en ella el agrado que yo había despertado en él, eso hizo que yo caminase contoneando mis caderas mucho más de lo habitual sintiendo clavaba su vista en mi casi sintiéndome desnudada por ella, pasé delante de ellos, caminé unos pasos más antes de girar mi cabeza Hugo seguía mirándome. Debo reconocer que hasta ese momento nadie me había perturbado tanto, tenía alrededor de 30 años (31 para ser más exacta) y a partir de ese momento fue para mí casi una obsesión. Poco mi importó su madurez, su estado civil, solamente en mi mente estaba él, y quería levantármelo a como de lugar.
A partir de ese día pasé frente al negocio el cual era suyo todos los días, exhibiéndome para él con todo tipo de vestimenta que resaltase mis curvas. Comencé a pasar minutos más o menos siempre a la misma hora, lo cual motivó que el estuviese en la puerta esperando que pasase y en la medida que se hallaba solo empezó a piropearme adulando mi belleza y mi cuerpo, sus piropos eran sumamente agradables y dulces lo cual motivaba que yo los disfrutase y que mi sonrisa por escucharlos fuesen advertidas por él. Al pasar los días sus piropos fueron subiendo de tono, se hicieron un tanto mas atrevidos , si bien la dulzura de ellos no había desaparecido ahora puntualizaba más mis atributos, se refería a mis senos, mi cola, mis piernas, lejos de perturbarme me agradaba que se refierese a mi en esos términos, es más me sentía excitada cuando lo hacia.
Pero ya había pasado casi un mes de la primera vez que lo había visto y nada sucedía más allá de los piropos con lo cual empecé a pensar que no obtendría nada más que eso, pero todo cambió cuando menos lo esperaba.
Ese viernes como siempre pasaría a buscar a Sonia, pero no tenia intenciones de hacerlo caminado y pasar frente a negocio de Hugo, me vestí estrenado una ropa que me habían regalado por lo tanto salí con mi cabello negro largo por debajo de los hombros levemente despeinado, mis ojos maquillados de manera que los resaltase la pintura, nada de maquillaje en mi rostro salvo el rouge carmín de mis labios, unos pendientes largos y delicados en mis orejas y un par de anillos en mis manos. Llevaba una especie de chomba blanca que dejaba asomar en mis movimientos un poco de mi cintura, era bastante ajustada haciendo que mis senos firmes y redondos resaltase aún más los 95 cm. de ellos, en su frente llevaba un cierre que me permitía jugar con el escote. Como les decía la chomba dejaba asomar un tanto mi cintura (61 cm.) que en ese momento era más pequeña de la que tengo ahora. Mi pollera era color fucsia de seda con unos ribetes en blanco, levemente holgadita, pero la tela y la forma de la pollera marcaba los 95 cm. de mis caderas y hacia notar sobre manera mis nalgas erguidas, redondas, y firmes, y encima de todo el movimiento de mi cuerpo al caminar las mostraba mas sexy y provocativas que de costumbre, mi pollera se trataba de una minifalda bastante corta que dejaba ver mis torneadas piernas entre 10 y 15 cm. más arriba de mis rodillas y unos zapatos abiertos de taco alto (me encanta usarlos así) que aumentaba un tanto mi 1,65 mt de estatura. En la esquina de mi casa pasaba el colectivo que me dejaría en la casa de Sonia, unos minutos después llegaba el colectivo, el cual no tomé porque lo manejaba un viejo baboso él al que no soportaba, el otro colectivo tardaría en venir con lo cual decidí que lo mejor era ir caminando hasta la casa de mi amiga. Indudablemente la ropa que usaba esa tarde era bastante sexy, cuando caminaba siempre me decían cosas o me seguían para intentar levantarme, pero ese día superé mis expectativas, esas cuadras hasta lo de mi amiga fue algo que levantó mi ego por las nubes, los piropos y los intentos de levante se sucedían a más no poder, así me fui acercando a lo de Sonia pasando inevitablemente por el negocio de Hugo, aunque esta vez sin mayores expectativas, sabia aunque era un tanto más tarde de lo habitual que lo de él no pasaría a mayores, me equivoqué, unos metros antes que pasase por la puerta del negocio, él salió, estaba cerrándolo, al verme clavó su mirada en mi, y al pasar frente a él dijo en voz más alta de lo habitual y muy cerca de mí.
H- Sos preciosa, si la belleza fuese un pecado vos no tendrías perdón de Dios, sos una diosa.
Ese piropo fue correspondido de mi parte por una dulce sonrisa, seguí caminado sin girar la vista atrás pero moviendo mis caderas en forma seductora, pasado el momento de ese piropo y a medida que llegaba a la esquina, enfrié mis pensamientos, jamás se había acercado tanto a mi para decirme algo y su voz no fue baja como otras veces, posiblemente ese día su mujer no estuviese cerca, si se atrevió a decirme eso de esa manera también se podría atrever a más, al menos a seguirme y ver lo que ocurriría, por lo tanto al llegar a la esquina doble en lugar de seguir a la casa de Sonia, al hacerlo miré en dirección al negocio Hugo me seguía mirando deglutiéndome a la distancia con su mirada, y tuve la impresión que el apuraba sus pasos en dirección al auto cuando observó que no seguía el camino habitual, si estaba interesado realmente en mí y sin su esposa era el momento de comprobarlo no debía pasar mucho tiempo para que el estuviese a mi lado.
A la vuelta había una plaza y la calle que debía transitar era más corta de lo normal, al pisar la vereda de la plaza y avanzar unos pocos metros para introducirme en ella, sentí el freno de un auto, el cerrar de su puerta y la voz de Hugo diciéndome algunas cositas, caminé un poco más lento como para permitir alcanzarme y disimuladamente baje levemente el cierre de mi chomba como para mejorar su visión de mis senos, debo reconocerlo que Hugo me gustaba y estaba por demás caliente por él, aunque no pensaba demostrárselo, pero al menos que ese encuentro fuese por demás fructífero como para obtener una salida otro día.
Me alcanzó cuando sentí su voz suave intentando levantarme mi corazón comenzó a latir en forma acelerada como pocas veces, yo caminaba seductora pero sin dirigirle la palabra, apenas si lo miré cuando comenzó a hablarme, caminé un poco más y al llegar a los juegos me senté en una hamaca y me balancee en ella delicadamente, él me comía con la mirada seguía intentando levantarme, si bien yo no emitía ningún sonido un atisbo de sonrisa placentera se dibujaba en mi rostro como alentándolo. Luego de un par de minutos decidí que ya era tiempo de corresponderle un poco, el se había sentado en una hamaca al lado de la mía y dijo algo así como:
H- Dale belleza me dejas que te acompañe
Yo lo miré y dije:
C- Mira si te ve tu esposa
H- Dudo que me pueda ver a 800 Km. de distancia, está en Córdoba
Esa confesión me sacudió un poco, él estaba solo…..
C- ¿Cómo te llamás?
H- Hugo y vos
C- Claudia
H- Hasta el nombre es bonito en vos
C- Gracias
H- Hace calor, te invito a tomar un helado.
C- Adonde?
H- Hay una heladería a unas cuadras de acá
Acepté, y nos dirigimos al coche mientras charlábamos cosas intrascendentes pensaba que el quería irse de ahí porque si bien su esposa no estaba alguien podría contarle que me vio conmigo..
Fuimos a la heladería, nos sentamos ahí a tomar el helado y luego el dijo de ir a dar una vuelta, salimos y volvimos al auto, mientras manejaba sus ojos no paraban de dirigirse a mi cuerpo que le ofrecía una visión bastante insinuante en mis piernas poco cubiertas y en mi senos insinuadores, el trayecto en auto fue corto, paramos en un lugar tranquilo y el continuó alabándome y yo demostrándole que me gustaba el que lo hiciese, luego de un rato él se acercó más a mi, me tomó del hombro, yo lo miré como diciendo “que esperas”, entonces su boca buscó la mía, debo reconocer que ese beso tan deseado por mi, sacudió mis más intimas fibras, los dos lo deseábamos y fue enloquecedor, en el se mezclaban el deseo y la suavidad, pronto nuestra lenguas se unieron en él y todo se transformó en vorágine y calentura, una pasión infernal nos envolvió, pronto sus manos con delicadeza empezaron a recorrer mis piernas llegando incluso a acariciar mis nalgas, la situación había llegado a un clima enloquecedor, pero ese no era el lugar, algo me hizo contener y pedirle que me soltase, creo que pensó que yo me había arrepentido, cuando me soltó, yo apoyé mi cabeza contra el respaldo del asiento como para restablecer mi respiración. Entonces Hugo dijo:
H- ¿Queres que vayamos a otro lado?
C- Creo que es lo mejor amor
H- ¿Queres que vayamos a un hotel o a mi casa?
C- Donde vos quieras
Por supuesto encaró rumbo a su casa, entramos con el auto al garaje y conmigo escondida en el asiento para no ser vista, bajé del auto mientras el cerraba el portón había una sola puerta que comunicaba con la casa como para tentarlo aun más corrí hacia ella y la abrí sentía sus pasos dirigiéndose presurosos a mi me alcanzó me hizo girar y me tomó en sus brazos y sellamos esa unión con un beso en la boca, sus manos en mi cintura y las mías entrelazando su cuello, comencé poco a poco a sentirme dueña de la situación, sentía sus deseos por mi cuerpo, sus manos pronto bajaron de mi cintura y acariciando mis nalgas levantó mi pollera hasta tomar contacto con ellas y con mi diminuta bombacha, yo estaba excitada al máximo, era la primera vez que alguien acariciaba mi cuerpo tan suavemente pero con tantos deseos que me estaban enloqueciendo de placer. Luego me llevó a la habitación me tomó por detrás tomando mi vientre besó mi cuello, y bajó el cierre de mi remera sin dejar de besar mi cuello, sus manos empezaron a recorrer mi vientre mi tórax, hasta llegar a mis senos los acarició por sobre mi corpiño blanco sus manos se metieron debajo de el subiéndolo entonces sentí la piel de sus manos recorriendo mis pechos al mismo tiempo que yo con desesperación intentaba quitarme la remera, entonces con voz agitada dije
C- sácate la ropa
Mientras lo hacia yo me quite el corpiño y la pollerita acostándome en la cama solo cubierta con mi diminuta tanga blanca, el se quitó toda la ropa y fue a mi encuentro con un slip rayado del cual podía notarse su tremenda erección lo que me hizo pensar en que iba a recibir algo espectacular en segundos.
El se abalanzó sobre mi y al tiempo que acariciaba mi cuerpo su boca se hundió en mis tetas las lamió por completo, su boca en mis pezones hizo que estos se irguieran a más no poder sentía como gozaba con ellos y como yo enloquecía con sus caricias, yo mientras tanto acariciaba su musculoso cuerpo, cuando se sintió satisfecho de ellos su cuerpo bajo hasta mi vientre lo beso un par de veces y comenzó a hacerlo mas abajo a medida que iba descubriendo mi cuerpo hasta retirar mi bombacha entonces su boca se hundió en mi concha depilada besándola con desesperación, un profundo grito placentero surgió de mi boca, al tiempo que le pedí que me penetrase. El se quitó su slip y yo saque de mi cuerpo mi bombacha a medio bajar, cuando vi. su pene sentí que enloquecería al recibirlo sus dimensiones eran espectaculares. Me coloque en posición dispuesta a recibir en mi cuerpo esa maravilla, el se acomodó sobre mi y jugueteó unos segundos en la puerta de mi vagina un sinfín de gemidos y gritos se apoderaron de mi boca y cuando sentí su pene entrando en mí un enorme grito de placer surgió casi de mis entrañas, lentamente como saboreando el momento sentí su pene ingresando en mi un enorme placer me invadió por completo, su pene llenaba mi vagina, hasta dármelo completamente yo sujetaba su cuerpo y enloquecía cada vez más, su pene con movimientos lentos haciéndome sentir un placer inconmensurable iba entrando y saliendo de mi vagina, y poco a poco comenzó a acelerar sus movimientos a un ritmo violento entonces sentí que iba a explotar el orgasmo esta próximo y justo en el momento que mi cuerpo se contraia con el comienzo, sentí que el también estallaba recorriendo dentro de mi cuerpo la calidez de su semen, nuestros cuerpos se unieron en un profundo beso haciendo que se ahogasen nuestros gritos, permanecimos así durante largos minutos y solamente sentí que su pene abandonaba mi cuerpo cuando este volvió a la quietud.
Luego nos fuimos a duchar juntos, entre besos abrazos y caricias volvimos a la cama y surgió una nueva penetración.
Ese día me quedé en su casa hasta las siete de la tarde, por supuesto él no abrió e negocio, luego volví a casa me cambié volví a verlo cenamos juntos y hubo entre nosotros un nuevo encuentro sexual. Al día siguiente luego del mediodía volví a estar con él todo el fin de semana y me fui de su casa el domingo al anochecer porque debía ir a buscar a su esposa.
Estaba enloquecida con él quería verlo constantemente, pero con su esposa cerca se dificultaba verlo a solas, luego de varios encuentros tan vibrantes como el primero, puse mi mente en frio, yo no estaba dispuesta a salir con él de vez en cuando, así que decidí que lo nuestro debía terminar. Nunca más volví a pasar delante de su negocio lo nuestro había llegado a su final.