Porno Galerias Gratis Foro Contactos Gratis Videos Porno Fotos Porno Juegos Relatos Eroticos Porno Gratis SexShop Webcam Porno
   






Edad &

Crea tu perfil y conoce gente cerca de ti

ZONA PRIVADA DE MACIZORRAS




 

Webcam Porno

Webcam Porno


2011-09-16 18:40:10
Lo malo de vivir lejos de la capital (Buenos Aires) es tener que soportar un viaje tan largo en ómnibus sólo para ver a mis amigas un par de horas. Ya sé que podría entretenerme leyendo un libro o escuchando música pero prefería hacer algo mejor con mi tiempo… como dormir. Me refiero a la denominada “siesta viajera”, cerrar los ojos y despertarme en la última parada.

Lo peor de vivir lejos de la capital (Buenos Aires) es volver a casa, juraría que la distancia se hace más larga. No sé si será por la necesidad de llegar lo antes posible; por la envidia que me daban las muy perras que seguro ya estarían en sus hogares mientras yo esperaba el transporte; o quizás, porque los sábados a la noche nunca faltaba aquel madito hijo de puta que en el medio del viaje no me dejaba dormir porque tenía la música de su teléfono móvil bastante alta. En fin, se me hacía el viaje interminable hasta que hace unos años, algo rompió la monotonía.

Esperando que apareciera el dichoso ómnibus, saqué un cigarrillo del paquete que tenía guardado en uno de mis múltiples bolsillos y lo prendí  mientras pensaba en los halagos que me habían hecho mis amigas sobre el nuevo corte de pelo.

Necesitaba un cambio y así se lo hice saber al peluquero; que la verdad sea dicha, se le había ido la mano con la tijera. Al llegar tenía mi cabello hasta la cintura y cuando me fui estaba sobre los hombros. Me gustaba mucho el nuevo look pero el flequillo se me metía en los ojos y era algo molesto.

Cuando al fin llegó el transporte, saqué las monedas que tenía preparadas en otro bolsillo, pagué el ticket y me senté junto a la ventanilla. Como no había nadie a mi lado, me senté estilo indio, apoyé la cabeza en el respaldo en dirección a la ventana, cerré los ojos y me dispuse a descansar.

Estaba a punto de dormirme, el ómnibus frenó y subió una nueva camada de gente. Lo único que hice fue cruzar los brazos por debajo de mis senos y estirar las piernas para que la persona que llegará se pudiera sentar tranquila. No sea que vaya a invadir su espacio.

Entreabrí los ojos y por el reflejo del vidrio pude ver la figura de un hombre con una campera muy gruesa y su gesto de rechazo al ver el asiento a mi lado. ¡Vamos! que si no quería estar ahí se hubiera ido a otro sitio.

Pero no, el turro se sentó y cuando lo hizo me empujó por la falta de espacio, obviamente no me moví. Me estaba poniendo nerviosa y cuando el chofer arrancó el motor, vi al hombre sacarse el abrigo y fue en ese momento cuando su codo impactó contra mi brazo. Me pidió disculpas y como no obtuvo respuesta siguió en lo suyo mientras yo cerraba los ojos para dormir aunque sea algunos minutos.

En eso estaba cuando percibí más movimiento por su parte para luego apoyar el maldito codo en mi brazo derecho que muy lentamente se fue acercando a mi seno. Sorprendida abrí los ojos y vi, siempre a través del reflejo, que el hombre se había apoyado el abrigo en las piernas y con los codos extendidos estaba escribiendo un mensaje de texto entonces respiré hondo para hacerle notar que me estaba molestado.

Quiero aclarar que esa semana había discutido con medio mundo y, sinceramente, ese sábado quería pasarlo sin problemas. Sólo por eso no le llamé la atención. Agradecí que mi técnica diera resultado ya que el hombre rompió contacto y guardó su teléfono móvil.  

Volví a respirar hondo para relajarme y fue en ese momento que el chofer apagó las luces. Me fijé por dónde íbamos y cerré los ojos para intentar dormir pero “el molesto” estaba inquieto. Decidí no prestarle atención porque realmente estaba cansada.

Al poco tiempo sentí un escalofrío y como mis pezones se erguían, se lo adjudiqué a la frescura de la noche pero luego noté un leve roce en mi seno. Me pareció extraño y abrí los ojos, esta vez no pude ver nada. Sin el reflejo, decidí respirar hondo. Si había algo que me estaba tocando con seguridad lo sentiría al elevar mi pecho unos cuantos centímetros pero no, no había nada.

Ahora la que estaba inquieta era yo. Algo raro estaba pasando y no podía identificar qué era por eso me mantuve alerta. No vaya a ser que éste hombre quisiera robarme el teléfono móvil que tenía en el bolsillo de mi pierna o el dinero que guardaba en el que estaba a la altura de la cadera. De los cigarrillos y las llaves no tenía por qué preocuparme ya que no estaban a su alcance.

Unos segundos después, volví a sentir ese roce pero esta vez se quedó por más tiempo. Pude reconocer el tacto de las yemas de sus dedos, primero una y después la otra, alternándolas, presionándolas sobre mi pezón.

Estaba en un dilema, decirle que se detuviera y mandarlo a la mierda creando el escándalo del siglo o quedarme callada y esperar que sólo fuera una única vez. Me decidí por la segunda y esperé. No me fiaba pero con el agotamiento… tampoco quería ponerme a gritar en un espacio tan cerrado. Si lo hacía lo más probable era que incomode al resto de los viajeros y tampoco me apetecía que todos me señalaran como la chica que fue “tocada”.

Iba todo bien hasta que sentí su dedo moverse muy lentamente alrededor de mi aureola causándome un cosquilleo. Me moría de vergüenza, el muy hijo de puta había logrado que reaccionara a sus caricias. No podía creer que me estaba excitando. A penas presionó mi pezón, otro escalofrío recorrió mi espalda.

No sabía qué hacer, si dejarme llevar y disfrutarlo o pararlo en ese mismo instante pero su mano se apoyó en mi pierna y el calor que transmitía me paralizó por completo. Necesitaba saber hasta dónde era capaz de llegar. Además, el morbo de que un extraño me estuviera tocando pudo más conmigo que cualquier pensamiento sobre la moral de la situación.  Me estaba gustando pero también me asustaba, podría ser peligroso. Me calmé cuando un dicho me vino a la mente: “relajate y goza”.

Lo dejé hacer sin que se enterara que estaba despierta porque si él creía que estaba dormida no se iba a inhibir… era un plus. Le estaba dando mi consentimiento para que disfrutara de mí sin que lo supiera y ahora que lo pienso, no puedo justificar mi actuación de aquel entonces. Quizás estaba fuera de mis cabales, que sé yo.

Su mano comenzó a deslizarse por mi pierna hasta mi ingle y luego volvió a recorrer el camino inverso. “tocame” quería gritarle pero esa no era una opción ya que “hacerte la dormida” tiene sus complicaciones como el detalle que no podes hablar y aunque parezca absurdo, no quería que piense que era una chica fácil porque no lo soy. Bueno, debo agregar “habitualmente”.

Mis pensamientos se interrumpieron cuando volvió a tocarme la teta. Era tan suave y se sentía tan bien que respiré hondo para elevar mi pecho y así aumentar el contacto pero me lo negó. Fue entonces que me detuve porque la cusa de mi miedo había cambiado, en ese momento no quería que dejara de tocarme… ufff, me estaba encendiendo por dentro.

Muy despacio, con un dedo apenas apoyado, trazó mi aureola (o lo que consideraba que era ya que abarcaba más de lo que él creía) y muy de vez en cuando rozaba con su uña mi duro botón. Ese simple gesto me había acelerado el corazón confirmando que la calentura se había extendido por todo mi cuerpo haciendo que mis terminaciones nerviosas se sensibilizaran y mi vagina lubricara. Podía apreciar como el flujo humedecía mi ropa interior.

De golpe se detuvo, mientras maldecía se encendió la luz y otra camada de gente subió… o bajó. No lo sé. Cuando volvió la oscuridad esperé ansiosa una nueva sesión que, por suerte, no tardó en llegar. Quería sonreír, “mi molesto” pellizcó suavemente mi pezón. Ese toque fue suficiente para que mientras otro escalofrío me recorría, un espasmo contrajera mis paredes vaginales.

Tenía miedo que el hombre pudiera escuchar mis latidos pero me tranquilizó una idea que me costó hilvanar en ese momento y es que al ser mi teta tan grande sería extremadamente difícil sentir a  mi corazón. ¡Eso espero! Bueno, era una hipótesis.

Supongo que se habrá cansado de torturar mi seno por eso colocó su mano en mi pierna. Casi la separó de la otra para darle la bienvenida pero logré reaccionar a tiempo y me detuve por el mismo conflicto que antes. Si estaba dormida no podía moverme ¿o si?

Fui un tanto descarada cuando el ómnibus frenó y aproveché que en esos lapsus donde subía o bajaba gente él no me tocaba y disimuladamente separé un poco la otra pierna… digamos que era una pequeña ayudita por mí parte. ¡Todo sea por la causa!

Ya en marcha, volvió a poner su mano en mi pierna. Sólo las yemas, sin presión, acariciándome muy lentamente de camino a la ingle. Pero no se detuvo ahí, tenía la vía libre y créanme que la usó.

No me importaba si se daba cuenta que me había mojado toda. Amo mi olor y él era el culpable de haberme humedecido así que se la tenía que aguantar. No saben como me sorprendió cuando lo escuché inhalar profundamente… Sí, él lo había notado y se recreaba con mi aroma.

Con el camino despejado y su dedo en mi ingle, trazó pequeños círculos hasta llevarlos a la zona de “alta tensión” o debería decir “alta necesidad”. Cuando llegó a mi vagina deslizó su falange por mi raja, encima de la ropa, presionando en el lugar perfecto y mi cuerpo se manifestó con otro espasmo. Quizás mi gemido ahogado me delató porque de manera inesperada dejé de sentirlo.

No, lo que lo había asustado fueron dos mujeres que pasaban por su lado rumbo a la puerta. Ya sin moros en la costa continuó con su labor mientras yo me tensionaba, estaba a punto de llegar al orgasmo. No saben el esfuerzo que hice para controlar la respiración, no jadear y evitar moverme. Creo que hasta me puse a transpirar y todo.

En el mejor momento, el ómnibus frenó de golpe haciendo que todos nos fuéramos hacía adelante para acto seguido golpearnos contra el respaldo. ¡Chofer, hijo de puta! La fiesta se había terminado, ya no podía aparentar que “seguía dormida”.

Aparentando estar desorientada, miré para todos lados evitándolo, hasta chequear por dónde íbamos. Faltaban pocas cuadras para bajar y la tensión en la que me había dejado me molestaba mucho. Bostecé y saqué mi teléfono móvil para ver la hora, eran las 03:27 de la madrugada.

Luego lo miré a los ojos y como si nada hubiese ocurrido le pedí con voz ronca que me permitiera salir. Su estado de nerviosismo era tal que parecía que le iba agarrar un ataque en cualquier momento. Tosí para despejar la garganta y cuando pude pasar por delante suyo le dije “gracias” y le guiñé un ojo.

Todavía me causa gracia la expresión que puso. Desvió la mirada y se tapó el bulto con el abrigo, pero alcancé a verlo. Extraño o conocido, no les voy a mentir, siempre es un placer causar una erección.

Llegué a casa tan caliente. Aaaaa no encuentro las palabras para poder explicarles pero sí les puedo contar que me metí en el cuarto de baño, observé mi cara con las mejillas rosadas y los pezones que se destacaban debajo de la tela. Sin poder creer lo que había hecho, me enjuagué la cara y mientras me secaba miré el mango de la ducha (autor de un sin número de masturbaciones) con amor. Pensé en descargarme pero no lo hice.

En la cama no paraba de dar vueltas. Ninguna posición me venía bien. Estaba incomoda, acalorada, excitada y tensionada. Me apreté los pechos recordando al extraño y los pezones estaban tan duros que se me incrustaban en la palma de la mano. Entonces opté por la sano y volví al baño para darme una ducha.

Para ser sincera jamás me mojé el cabello. De hecho, agarré el mango, comprobé la fuerza y la temperatura del agua. Una vez satisfecha apoyé un pie en la bañadera y oriente el chorro hacia mi vagina mientras con una mano separaba los labios exteriores.

Ese primer contacto fue tan violento que pegué un respingo y alejé el agua. Estaba tan desesperada que no tuve en cuenta la sensibilidad de mis terminaciones nerviosas.

Algo tenía que hacer y lo antes posible. Entonces me recosté en la bañadera, separé las piernas como si estuviera frente al ginecólogo, con una mano aparté los labios exteriores y con la otra dirigí el mango en un lento ir y venir a lo largo de mi entrepierna.

En un momento dado, no podía dejar de elevar las caderas, contraer las nalgas o arquear mi espalda mientras gritaba de satisfacción. Tampoco importaba que me escucharan en todo el edificio. Cada vez estaba más cerca, más llena, más tensionada. Era una necesidad que tenía que suplir y seguí así hasta estallar en el tan ansiado y esperado orgasmo.

Hacía mucho tiempo que no sentía tanta satisfacción. Para que se den una idea, mientras los espasmos se sucedían en el interior, mi cuerpo convulsionó hasta que el temblor se convirtió en pequeños estremecimientos y los gritos se hicieron gemidos ahogados.

Como pude me levanté, tomé una toalla, me sequé sin esmero y desnuda me metí en la cama. Completamente extenuada me dormí al instante… ;-) 

Autor: Bubu


RECIBELOS EN TU MAIL

Recibe nuevos relatos
en tu email cada dia:


All logos and trademarks in this site are property of their respective owner. - Condiciones de uso y Aviso Legal
The comments are property of their posters, all the rest Copyright 2004-07 by me.
Todos los derechos reservados - MaciZORRAS.CoM Copyright 2004-10. Porno Gratis