
Era una calurosa tarde de verano, el sol invitaba a salir al mar; y así lo hice. Recogí mis cosas de playa y me fui a un paraje que no es muy concurrido.
Cuando llegue solo habían tres o cuatro personas y conforme pasaron las horas, me quede sola en el lugar. Salí del agua puse mi toalla en la arena y me tendí sobre ella a tomar el sol, y aprovechando la soledad decidí desabrochar la parte superior de mi bañador. Recostada sobre la toalla me quede dormida; realmente no sé cuanto tiempo.
Esa tarde de invierno todo era lluvia en santiago. Me encontraba viviendo con mi madrina, hermana de mi padre, en el sector de vitacura, y estudiando mi segundo año de universidad.
Mi madrina, Margarita, estaba separada hace 1 año y vivía sumida en una profunda depresión.
Hoy había terminado mí clase de gimnasia cuando iba hacia el baño para darme una ducha, pero al pasar por el de los hombres vi que entraban tres apuestos muchachos, llegé hasta la puerta del baño de damas, y me dije que bueno estaría entrar de sorpresa para tener una fiestita con los tres; lo pensé unos segundos, me di media vuelta y entré al baño de caballeros con toda naturalidad.
En esa ocasión por fin me animé a pedirle a mi esposa que intentáramos hacer un trío, ya que era una asignatura pendiente en nuestra exploración de pareja. Era algo que ella había considerado en sus fantasías pero nunca se imaginó que le pudiéramos hacer realidad.
Que tal todos, aquí estoy nuevamente con mis historias de la vida real y mis apreciaciones en relacion a lo vivido, de antemano me disculpo con quienes gustan de leerme ya que habia andado ocupado y no me habia sido posible escribir, ademas de que últimamente me he portado bien y no tenia mucho que decir, sin embargo en esta ocasión quiero exponer a ustedes lo imbecil que fui al enredarme con una naca, guarra, puta barata, fulana, o como quieran llamarle a esta pseudo mujer que marco mi vida para siempre y el unico pendejo fui yo.
Mi nombre es Daniel, tengo 35 años y físicamente soy alguien del montón. No soy especialmente atlético ni especialmente obeso, tampoco especialmente guapo ni especialmente feo. Digamos que soy muy normalito. Sin embargo hay una característica física que creo ha marcado mi sexualidad: mi pene. Es bastante chiquito, como de unos 9 centímetros, y eso me ha avergonzado siempre a la hora de entablar relaciones con las mujeres.