— Marina, ¿qué haces? Despierta, mira lo que estás haciendo. ¡Soy yo, Irene! ¡Despierta! —gritaba cada vez con más desesperación, desolada al ver que su compañera no mostraba ninguna reacción. Se comportaba automática y mecánicamente, como un robot. Cuando quedó completamente atada, el hombre se dirigió a ella:
—Vaya, vaya… Así que te escondías, ¿eh? ¿Pero por qué lo hacías, puedo preguntar? ¿Que no sabías que les proyectarían una película, como parte de las actividades del campamento? ¿Por qué viniste, como el resto de tus amigas? —preguntaba, con una sonrisa irónica en el rostro. —Vamos, contesta.
—Asqueroso puerco, pervertido, ¡maldito! —respondió Irene, airada —. Vas a lamentar haberte metido con mis amigas. Llamaré a la policía. Te van a refundir en la cárcel —el hombre soltó una carcajada; Irene crujió los dientes de rabia. De pronto, se tranquilizó y sonrió ella también —: Tengo las pruebas. Sé dónde están… Y conozco tus planes. Vi tu lista de clientes —por primera vez, el joven pareció sorprendido:
—Oh, vaya… Así que saliste más lista de lo que pensaba… ¿Qué estuviste viendo, linda? ¿Estuviste registrando mis cosas?
Irene no respondió. Tenía que pensar una forma de ganar tiempo. Tenía que lograr desatarse, rescatar a sus amigas… Pero, ¿cómo?... El joven volvió a sonreír:
— Bueno, pero si eso no importa. Puedes conocer todo lo que quieras de mí. O por lo menos, creer que lo conoces —le guiñó un ojo —. Me presento. Soy Jared. Y tú, ¿cómo te llamas? —Irene se negó a hablar —. Está bien, preciosa. Así me divierto más. Marina, dime el nombre de esta chica rebelde —solicitó, dirigiéndose a su hipnotizada compañera en la responsabilidad de guiar a la expedición.
— Irene —respondió ésta, impertérrita. "No puede ser", pensó la aludida, "esta especie de control mental las tiene completamente bajo su poder. Marina es capaz de traicionarme sin ningún escrúpulo".
—Irene —pronunció Jared —. Bonito nombre. De acuerdo, Irene, pongamos las cosas en claro —carraspeó, se aclaró la garganta y continuó—: Como te decía, no importa lo que creas saber sobre mí, ni siquiera lo que sepas en realidad. Pronto, cuando estés hipnotizada como tus amigas, podré manipular a mi entera voluntad tu memoria, y ni tú ni ellas recordarán nada de esto. Si acaso, creerán haber pasado una bonita pijamada a la luz de la fogata, contando historias de fantasmas y aparecidos mientras asaban bombones. ¿No es maravilloso? —la miró fijamente, pero ella retiró de inmediato la vista. Él soltó otra carcajada —: ¿Tienes miedo, verdad? No lo tengas; te repito que mañana no recordarás absolutamente nada de esto.
Irene quería aparentar valentía, pero ella misma sentía el frío de su palidez. Estaba aterrorizada. Jared continuó:
—Pero ya que has demostrado ser una jovencita lista, te complaceré, ¿sabes? Podrás saber la verdad por unos minutos… antes de que la olvides… je, je… En fin —suspiró—. Como te habrás podido dar cuenta, me dedico al cine —sonrió—. Es, por supuesto, un hobbie, una diversión que me tomo y que, como podrás adivinar, me satisface mucho. No lo hago por el dinero. Eso vino después, cuando me puse en contacto con un pequeño grupo de personas que son capaces de pagar millones por una de mis producciones cinematográficas. Después de todo, no cualquiera puede conseguir para este tipo de películas actrices tan naturales… je, je… actrices que no saben que lo son, que de hecho, no están actuando, porque lo que hacen es real, cien por ciento auténtico. Muchachas comunes y corrientes, convertidas en auténticas esclavas sexuales, que harán todo lo que se les diga, indique o sugiera… y todo gracias al poder del hipnotismo… ¿Sabes? La hipnosis y el control mental me han fascinado desde siempre: la sensación de poder, de controlar a quien yo quiera, de que hagan todo lo que yo les diga... es, sencillamente, sublime. Como te lo dije, no lo hago por el dinero. Lo hago por el puro placer. Pero, ya que puedo sacar un buen provecho… no está de más —volvió a sonreír.
"Cuando la vida me ofreció la posibilidad de aplicar mis conocimientos a lo que más me fascinaba, me sentí verdaderamente realizado. Gracias a mis estudios en ingeniería acústica y computacional, combinados con mis conocimientos sobre la hipnosis y el control de la mente, fui capaz de crear una maravilla de programa: TotalControl. Si lo pusiera a la venta, seguro que valdría una fortuna. Pero como te dije, no me interesa hacerme más rico de lo que ya soy. Desde que empecé a compartir mis filmaciones tengo todo el dinero que necesito, pero lo haría igual si nadie me hubiera ofrecido jamás pagarme a cambio de ellas. De hecho, tengo una colección personal bastante respetable, con videos que no tengo pensado difundir nunca. Por lo demás, quienes compran mis producciones —como debes deducir— son sujetos que nadan en dinero, gente cuyos nombres, si se supieran, y si se supiera mis negocios con ellos, ocasionarían verdaderos escándalos de proporciones nunca vistas. Por eso, serían unos imbéciles si no utilizaran seudónimos como los que viste en mi pequeña lista, y lo sería yo también si no ocultara también mi verdadero nombre, que, por supuesto, no es Jared. Pero, por lo pronto, así me puedes decir."
—Bastardo, malnacido —musitó Irene —. ¿Por qué, entre tanta gente, te tenías que meter con mis amigas? —Jared mostró de nuevo su sonrisa:
—Vaya, pues creo que la idea de un campamento sólo para chicas era irresistible. Nunca he hecho algo así; es la primera vez que llevo a cabo un plan de gran escala. ¡Una docena de chicas, bajo mi poder! Ni yo lo puedo creer. Pero, ¿cómo iba a desaprovechar la oportunidad, teniendo entre mis amigas de la escuela a una guía de este campamento? —señaló a Marina —. Sólo era cuestión de ponerla bajo mis órdenes, lo cual no me causó ninguna dificultad. Después de eso, ella misma podía ocuparse de poner a punto la mayor parte del plan: elegir un punto de reunión adecuado, organizar una función cinematográfica para todas las chicas, disponer un escenario para mi película… Todo le salió muy bien, excepto una cosa: se le escapó una de las chicas… —la miró con fijeza —. Yo ya te había echado el ojo desde la tarde, cuando me sorprendiste induciéndole a Marina las últimas sugestiones antes de poner en marcha el plan. Pero confié en que no supieras qué estaba pasando y que no sospecharas nada. Fui un tonto, pues cuando llegué a la carpa y puse mi cinta de acondicionamiento hipnótico, no me percaté de que ya no estabas. Cuando lo hice era demasiado tarde, y el susto casi me arruina la noche... Me puse tan nervioso que, por un momento, dudé seriamente y pensé en abortar el plan. Incluso pensé que ya podía estar en camino la policía o algo así. Pero cuando pensé un poco mejor las cosas, me serené: después de todo, el punto de auxilio más próximo a este campamento debe estar a más de tres horas de camino, y por lo demás, me aseguré muy bien de cortar la línea telefónica de este punto de reunión. Así que, aún si me hubieras descubierto, decidí que no podías hacer nada; o, por lo menos, no podías hacer nada en poco tiempo. A mí me bastaban unas dos horas para filmar mi película y emprender la retirada. De todos modos, y por si acaso, inmediatamente después de traer a las chicas al claro, le di una indicación a Marina para que te buscara por todos los alrededores y, de ser posible, te trajera, incluso a la fuerza si era necesario. Al final, como sabemos, funcionó, ¿verdad? Lo que yo no sospechaba es que estabas aquí mismo, escondiéndote como ardillita asustada. Pero, ya te lo dije, no tienes por qué temer. Pronto olvidarás todo… Pero primero…
Jared se apartó de ahí y llamó a Jazmín y a Alejandra. Ellas lo siguieron.
—Primero, te voy a dejar seguir viendo mi película —le dijo Jared a Irene, mostrando una sonrisa perversa. Irene gritó, le suplicó, imploró que las dejara en paz por lo que más quisiera, hizo con toda la energía que le fue posible un esfuerzo por deshacer el atado que la aprisionaba… pero todo fue inútil.
***
—Jazmín, escúchame. Cuando despiertes serás un hombre. Te encontrarás muy excitado, pues la chica a la que vas a ver frente a ti te calienta como ninguna otra. Está buenísima, sabrosa, deseable… Ella es una teibolera profesional; va a ejecutar para ti un baile extremadamente sensual, que te parará la verga y te excitará al grado que ya no podrás resistir; tendrás que hacerla tuya y cogerla… Recuerda: eres un hombre, rudo, macho, violento, potente. Nada de contemplaciones. ¿Entendido?
La morena asintió en silencio. Jared le colocó un pene. Era idéntico a los juguetes utilizados por las chicas anteriores, sólo que éste estaba integrado a una especie de cinturón para fijarlo. Después, llevó una silla plegable de las que estaban en el campamento para que "el espectador" tuviera donde sentarse y contemplar el espectáculo. Finalmente, habló a su otra esclava:
—Alejandra, al despertar te encontrarás perdidamente enamorada de la persona que vas a ver frente a ti: es el hombre de tus sueños, el hombre que siempre has deseado, el hombre que quieres que te haga el amor, al que te entregarás… Tú eres la mejor stripper del mundo y ejecutarás para el la danza más sexy e incitante. ¿Entendido?
Alejandra emitió un débil: "Sí…"
—Muy bien. Entonces, listas, mis esclavas, porque cuando escuchen el chasquido de mis dedos, despertarán. Tres… dos… uno… ¡clic!
Irene quería cerrar los ojos y no ver lo que iba a pasar. Quería estar en otro lugar, en donde fuera con tal de no ser espectadora inmóvil e impotente del acto que sus mejores amigas estaban a punto de llevar a cabo. Pero a pesar de todo, mantuvo los ojos abiertos. Al rechazo consciente se oponía una especie de asquerosa, odiosa fascinación.
Desde el primer contacto visual, Jazmín y Alejandra parecían destellar una invitación lasciva. Alejandra, con la mano derecha, comenzó a acariciar su pecho izquierdo por encima de la blusa, suave y lentamente. Para ambientar el show, Jared encendió un reproductor musical que llevaba preparado, el cual emitió una música de saxofón con leves tonos y compases bajos, ideal para el striptease que Alejandra inició y que Jazmín observaba con gran interés, sentada en la silla.
La luz de la fogata definía con claridad la silueta de la bailarina, destacando las curvas de sus pechos y culo. Su cadera iba de un lado para otro en un ritmo suave y pausado. Dirigiéndole una sonrisa seductora a Jazmín, le regaló una vista privilegiada de su trasero, agachándose hasta que sus cabellos tocaron el suelo, moviendo cada nalga con una sabrosa cadencia al ritmo de la música. La cámara de Jared registraba cada movimiento.
A Irene le espantó la mirada anhelante de Jazmín, quien comenzaba a recorrer tenuemente "su" pene con la palma de las manos, como si de verdad fuera una parte de su cuerpo, como si sintiera realmente una erección operar en ella. Las caricias a su artificial miembro aumentaron gradualmente de intensidad conforme Alejandra se despojaba una a una de sus prendas. Primero, sus zapatos y medias, que lanzó a un lado; después, se soltó el pelo, arrancó aretes y pulseras. Con agilidad, se quitó la blusa, dejando a la vista su brassiere rojo. Incitante, comenzó a acercarse a Jazmín, bailando cada vez más sensualmente, como si estuviera haciendo para ella un privado.
Con cadencia, se desabrochó la falda y, con balanceos rítmicos de sus piernas, la fue bajando hasta el suelo. Acto seguido, se sentó en las piernas de su amiga, entrelazando las manos alrededor de su nuca y dejando caer la parte superior de su cuerpo de espaldas, ofreciendo a Jazmín un panorama privilegiado de sus erguidos senos, apretados y turgentes bajo el brassiere. Sin darle tiempo para salir de su estupefacción, se puso de pie y los liberó de su cautiverio, agitándolos de derecha a izquierda frente a la azorada vista de su amiga. Ahora, la danza se volvía más salvaje. El mismo Jared, que había tratado de contenerse toda la noche, no pudo ocultar el bulto que comenzaba a sobresalir en su pantalón. "Calma", se dijo a sí mismo, "calma. Lo primero es terminar la filmación". Y volteó a ver a Irene, que no apartaba la mirada del striptease de su amiga, con la cara en una mezcla entre espanto y fascinación.
Al final, Alejandra retiró su delgada tanga, dejando a la vista su vulva de suaves y delineados vellos. Ni ella ni Jazmín, que se miraban fijamente con mutuo deseo, podían resistir más. La primera se sentó de nuevo sobre las piernas de su amiga, fundiéndose en un prolongado beso que dejó a Irene sin aliento. Sus amigas jamás habían tenido nada de lesbianas, lo que estaba viendo no podía ser real, y sin embargo… Cuando recobró la respiración, se percató de la ligera humedad en su entrepierna. El corazón le dio un vuelco; se quería morir de la repugnancia que sentía hacia ella misma.
Mientras tanto, Jazmín ya estaba lo suficientemente caliente y, al tiempo que agarraba a Alejandra por la cintura, tomó su artificial miembro y se lo ensartó, provocándole un fuerte gemido que pronto acompañaron otros. Conforme sus escarceos se volvían más intensos, la respiración de Jazmín se hacia más pesada y rápida; en su trance, ella era verdaderamente un hombre, y cada penetración hecha a su amiga le provocaba espasmos de placer, como si el pene de caucho fuera verdaderamente una extensión de su cuerpo. Al tiempo que la penetraba, hundía la cabeza entre sus pechos, los besaba y lamía, extasiada
Antes de que Alejandra llegara al clímax, Jazmín tomó la iniciativa: "Oh, sí… Mamacita… oh, sí… Espera… Tenemos que variar". Se puso de pie y le pidió que se colocara en posición de perrito, a cuatro patas. Una vez colocada, Jazmín la atacó por detrás, sosteniendo su miembro con la mano derecha. Después de unos minutos, y ante la inminencia del orgasmo de Alejandra, Jared le indujo uno a su amiga en el papel masculino, y ambas cayeron rendidas en el suelo, respirando agitadamente.
***
Jared les concedió unos minutos para descansar, tras lo cual se acercó y con un gesto las durmió. Dejó que Alejandra yaciera recostada cerca de una de las tiendas de campaña, pero retuvo a Jazmín con un brillo perverso en la mirada. Enseguida le dio sus instrucciones:
—Escúchame bien, Jazmín. Continúas siendo un hombre. La chica de hace unos momentos fue sólo el inicio. Ahora estás más prendido, más caliente, y nada te puede detener. La siguiente muchachita se te antoja como ninguna otra, pero no se va a dejar. Quieres follarla, pero es una santurrona escrupulosa. Sin embargo, nada te va a detener. Aunque tenga que ser por la fuerza, la someterás y te la cogerás. ¿Entiendes? —Jazmín asintió. —. Perfecto. Pero primero, quítate esa molesta ropa.
Durante el episodio con Alejandra, Jazmín había conservado la ropa puesta, con el falo artificial colocado sobre la falda. Pero eso sólo le restaba atractivo a la película, y ahora, con la inesperada actriz extra que había conseguido, Jared no se andaría con miramientos. Con ayuda de Marina, aflojó las cuerdas que retenían a Irene, cambiando el atado de forma que sólo sus manos quedaron amarradas. La chica, temblando incontrolablemente, comenzó a llorar. Pero Jared no era un tipo compasivo: acercándose a Jazmín, le reiteró sus indicaciones y chasqueó los dedos. Irene estaba a punto de ser violada por una de sus mejores amigas.
—¡No! ¡Jazmín! ¡Jazmín, despierta!
Pero Jazmín no la miraba ni la reconocía como la gran amiga que era; su mirada era de lascivia sin freno, como la de un auténtico violador. Mientras se frotaba "su" erecto miembro, trataba de advertirla para que dejara de patalear como loca y le permitiera acercarse:
—¡Vamos, puta! ¡Abre las piernas! ¡Quieta! ¿Quieres hacer esto difícil?
Impaciente, y al ver que Irene seguía como histérica, se lanzó sobre ella sin rodeos, esquivando ágilmente una de sus patadas y deteniéndola con la mano. A bofetadas, logró que se calmara:
—¡Quieta! ¡Quieta! ¿Vas a colaborar?
—Por favor… Jazmín… —Irene paso del llanto a los ruegos. Pero todo fue inútil. Su amiga comenzó a desabotonarle la falda. Irene, débil y llorosa, dejó de reaccionar. Aparentaba haber entrado en un shock. Jazmín le quitó la falda y las bragas y le alzó la blusa hasta donde la soga que mantenía atadas sus manos lo permitió. Finalmente, la despojó del sostén, dejando libres sus rosados pezones, a cuya vista comenzó a acariciarlos, no sin cierta rudeza, pero con habilidad. Irene no pudo evitar que su respiración se volviera entrecortada, y al sentir la lengua de su amiga recorrer suavemente las aureolas de sus pechos, tampoco pudo reprimir un suspiro.
Un espasmo la invadió e hizo que soltara un pequeño grito cuando Jazmín la penetró. Después de hundir el falo en su vagina, comenzó un vaivén rápido e intenso que la puso a temblar por dentro. Como si despertara de su letargo, Irene comenzó a sentir como el placer la invadía, cómo la humedecía, la hacía sudar y la coloreaba de rojo. Sus sollozos poco a poco, sin que ella misma lo notara, se convirtieron en gustosos gemidos, que la transportaron al cabo de un rato a un prolongado orgasmo. De inmediato, Jared le dio la sugestión a Jazmín para que se "corriera", tras lo cual cayó exhausta sobre su amiga.
De su actitud histérica, Irene había pasado a una especie de cansada resignación. Jared lo captó y supo que ese era el momento adecuado. Sacó de su bolsillo un viejo reloj de oro con cadena y se acercó. Pero a los pocos pasos se detuvo en seco: no tenía que hacerlo personalmente; había otra manera más divertida y que, además, le permitiría comprobar la efectividad de una de sus previsiones. Antes de ir donde se encontraba Irene, llamó a Marina, le entregó el reloj y le dio nuevas instrucciones.
Tras dejar que su Amo durmiera a Jazmín y preparara la cámara para filmar todo, Marina se dirigió a la derrotada Irene. Le ayudó a incorporarse y a recargarse sobre un árbol:
— Vamos, siéntate cómodamente. Esto ha sido difícil, lo sé. Pero no te preocupes más. Relájate… Respira tranquila… Eso es… Trata de descansar… —Irene sospechaba de esa actitud tan maternal, pero no comprendió lo que estaba a punto de ocurrir. Estaba muy cansada, físicamente, sí, pero anímicamente todavía más: había sido violada, vejada por una de sus mejores amigas y, en el colmo de la humillación, no había podido impedir gozarlo. Marina le seguía hablando tiernamente. De pronto, sacó un reloj de bolsillo y lo puso frente a ella: —Mira, Irene. Mira este reloj. Será más fácil relajarte si lo miras… si fijas tu mirada en él… si te olvidas de todo lo demás… olvida tu dolor… mira el reloj…
Con una ligera presión de su dedo, Marina comenzó a balancear el reloj. A Irene le intrigaban los destellos que éste emitía con la luz de la fogata y los reflectores, destellos que por momentos parecían de todos los colores del arcoíris. Fascinada, no podía evitar que sus pupilas siguieran el brillante balanceo del reloj, como atraídas por él. La voz de Marina cada vez se sentía más distante, pero de alguna manera paradójica más presente, más importante:
—Eso es, Irene. Mira como se balancea, como va de un lado al otro… de un lado al otro… su brillo te atrapa, te captura… se apodera de ti… de tus pensamientos… de tu voluntad…
Vagamente, la muchacha intuyó que conocía esa sensación, en la que se sumía lentamente…
—Ahora, los párpados te pesan cada vez más… te pesan como toneladas… imposible mantenerlos abiertos… tienes mucho sueño… tanto sueño… tanto sueño... que ya no puedes más…
Irene cerró los ojos.
—Cuando mi conteo llegue a cero, estarás profundamente dormida. Empezaré con el diez y, con cada número, caerás mucho más profundo en este sueño delicioso, agradable… con cada número te dejarás caer más profundo, hasta que duermas completamente… Diez… nueve… ocho…
Con la última pizca que tuvo de pensamiento consciente, Irene recordó dónde había sentido esa sensación que se apoderaba gradualmente de ella: afuera de la carpa donde se proyectaba la cinta de control mental de Jared, hacía tan sólo unas pocas horas, mientras escuchaba aquella arrobadora música y veía aquella imagen en la pantalla, tan parecida al reloj de Marina. Sólo que, a diferencia de entonces, esta vez su mente cedió totalmente…
—Dos… uno… cero… completamente en mi poder.