Eres mía, pero aun no lo sabes. Me acerco a ti y pronuncio la palabra que será tu cárcel: "Candy". Mientras tus ojos se nublan y se vuelven vidriosos, sin conciencia, imagino como cada una de neuronas primarias (esas que conectan tus pensamientos e intenciones propias con las diferentes partes del cuerpo que llevaran a cabo tus órdenes) se van desconectando, dejándote a mi merced. Tu cuerpo es ahora un recipiente que cumplirá todas y cada una de mis intenciones. Y éstas son muchas…y oscuras.
Te susurro al oído que me lleves a tu casa, que allí estaríamos más cómodos. Asientes casi imperceptiblemente y te pones en marcha. Mientras te sigo un par de paso por detrás para admirar tus curvas, rememoro aquella semana maestra en la que te hice mía.
La semana en cuestión había empezado sin hechos relevantes. Fui a tu instituto a buscarte para comer y al entrar en tu galería me senté en el alfeizar de una de las muchas ventanas que poblaban el pasillo. Comprobaba mi reloj para ver cuánto quedaba hasta que tus clases terminasen, cuando un grupo de estudiantes formado por cuatro chicas y dos chicos pasó por delante de mío. Por lo poco que pude oír hasta que se alejaron, estaban comentando la película del fin de semana anterior, en la cual una chica era sedada y llevada a oriente como esclava para la mafia y su hermano, enfadado (como es obvio) fue siguiendo la pista hasta encontrarla y la rescató.
Sonó el timbre y en breve apareciste por la puerta de tu clase con una amiga. Estabas impresionante: la piel de tu menudo cuerpo (metro sesenta y cinco aproximadamente) estaba dotado de un dorado conferido por las horas de estudio en el jardín de tu casa. Esto resaltaba el verde de tus ojos, los cuales parecían iluminados por una luz sobrenatural interior, y tu preciosa melena morena que caía rizada sobre tus hombros y espalda de forma grácil y concisa. Esto provocó sudores en mi espalda, así como un ansia salvaje (un hambre depredador) que me decía que si poseía tu cuerpo, estaría al fin completo. Por supuesto sabía que era prácticamente imposible, aparte de ser tres años mayor (tu tan solo tenias diecisiete), tú eras tremendamente popular, con lo que preferías elegir a cualquier chico del instituto antes que arriesgarte con alguien "de fuera".
Te saludé con un leve gesto de cabeza y esperé pacientemente a que te despidieses de tu compañera de clase. Por lo que después me contaste, había habido un examen sorpresa y a ambas os había salido muy bien.
Nos dirigimos al centro de la ciudad donde se encontraba un restaurante de buen precio en el cual se comía bastante bien. Elegimos una mesa algo apartada para poder charlar y pedimos la comida. Al principio estabas ensimismada en tus asuntos, por lo que casi no hablabas, pero cuando trajeron el segundo plato me comentaste que te encantó la película del sábado. Sorprendido por ese comienzo de charla le pregunté que si era por el héroe, que nuca abandonó a su hermana. Al negar con la cabeza, me sorprendí de nuevo pero no tanto como al oír la respuesta.
-No…me gustó porque….-dudó un momento y continuó-…porque me dio…morbo…no sé-Se apresuró a añadir un "tonterías mías" mientras el color asomaba a sus mejillas.
Para echarle un cable, cambié de tema pero las palabras quedaron en mi cabeza "y si yo….?"
Al terminar de comer la acompañé a casa y una vez de vuelta a la mía comencé a darle vueltas a la idea. Era algo descabellado, pero, si conseguía "poseerla" al final ese hambre interior mío desaparecería y ella estaría feliz. Me decidí. Tracé un plan.
A lo largo de la semana fui averiguando cosas sobre ella, cosas que antes ni me había planteado preguntar. Bien preguntándoselo a ella en medio de alguna conversación venida a menos, o bien comentándolo con sus ex (algunos de los cuales eran amigos míos) o a su mejor amiga, la cual ella tenía un gran aprecio. Cabe decir que fue sólo ésta última la que sospechó levemente de la finalidad de mis indagaciones.
Para el jueves ya reunía toda la información que necesitaba y procedí a esquematizar donde estarían los seres cercanos a ella los días siguientes. Supe que sus padres se iban a una conferencia de hostelería por lo que dejaban en la casa a ella y a su hermana. Ésta además iba a asistir a una fiesta de la facultad con su novio, por lo que la noche del sábado mi objetivo estaría sola.
Por precaución me interesé en qué haría su mejor amiga (la de mi objetivo) ese fin de semana. Se iba a un cumpleaños de un pariente al norte del país, con lo que no habría problema. Solo quedaba un detalle pendiente: cómo hacerla mía. Me dirigí a una librería donde busqué un libro de hipnotismo. Ojeé las primeras páginas en las que se daba mucha importancia al estado de "inconsciencia" en el cual se debía sumir la victima para una correcta hipnosis. Reflexioné un momento, hice una llamada, y tras comprar el libro me dirigí a una farmacia en la que compré un medicamento con Dormidina que es un somnífero parcial de las funciones cerebrales (al menos era lo que me había indicado mi amiga enfermera).
El viernes la fui a buscar al instituto y a mitad de una conversación sobre el concierto de Séptimo Ángel le propuse ir a mi casa para ver unos conciertos del grupo, que supuestamente tenía grabados en DVD. Ella aceptó y me comentó que llegaría a mi casa a las siete y media de la tarde.
Llegué a casa y, con una lista hecha por mí, empecé a realizar las tareas de limpieza para dejar la casa en perfectas condiciones. Realicé algunos preparativos "especiales" para el día siguiente y marqué en mi agenda algunas compras que hacer el sábado por la mañana.
El sábado por la tarde llegó y ella, puntual como siempre pulsó en timbre. Me acerqué a la mirilla y la vi. Estaba perfecta. Llevaba ropa deportiva formada por un top negro ajustado sin magas y un pantalón vaquero blanco de aspecto ceñido que optaba por ampliarse en la zona de sus tobillos. Remataba el conjunto con unas manoletinas a juego y una mochila de estilo emo con un dibujo de una demonio muy sexy.
Abrí con una amplia sonrisa en mi cara y la invité a entrar. Le dije que se acomodará en el sofá mientras preparaba algo de beber. En la cocina recogí la caja del medicamento y leí: "tiempo aproximado de efecto: 30 minutos". Eché una pastilla en su bebida y la removía un poco con el objetivo de deshacer el medicamento.
Cogí las bebidas y me dirigí al salón donde, tras entregarle la bebida a mi chica fingí buscar los DVD acabando en un sonoro "mierda" mientras revolvía todas las películas. Me disculpé diciendo que no encontraba el DVD y seguí buscando para no levantar sospechas. Al cabo de un cuarto de hora, me dijo que no pasaba nada, que otro día sería. Cuando se iba a marchar le comenté:
-Ey, ¿te acuerdas que el otro día me dijiste que sentías curiosidad por la esclavitud? Te propongo algo parecido-advirtiendo la mueca que asomaba en su cara añadí- tranquila, es solo una simulación mental en la que yo, hipnotizándote, te sumiré en un mundo virtual y con mis palabras te sentirás como la protagonista de la película. Por supuesto todo será imaginario.
Largo silencio. Dudas en mi interior. ¿Aceptarás…?. La miro a la cara. Realmente está pensando. Al final, tras lo que parecía una eternidad, asentiste con la cabeza. No me lo creía, había colado.
Le indiqué que se sentase y comprobé el reloj. Llevaríamos aproximadamente unos 20 minutos por lo que, en cinco o diez minutos quedaría a mi disposición. Comencé con la hipnosis y el somnífero comenzó a ejercer sobre ella. Era más fácil indicarle que cerrase los ojos y que se centrase en su respiración.
Cuando estaba completamente relajada le indiqué su nueva situación, era una pobre mujer, ahora separada de su realidad por un secuestro. Un secuestro que la había convertido en una sirvienta humillada, triste y sola en un mar de personas (hombres y mujeres) que abusaban de ella para obtener lo que quisieran.
Seguí introduciéndola en su nueva realidad, de la que no escaparía pensé, y cuando se cumplió la media hora desde que bebió su refresco comprobé su estado.
-¿me oyes?-asintió. Para asegurarme de su sumisión le dije- Ve a la cocina, coge el vinagre y tráelo. Está en la repisa central.
Volvió al rato con el recipiente entre sus manos.
-Vierte una gota sobre tu piel, extiéndela y huélela como si fuera tu mejor perfume.
Ella hizo lo pedido. Si estuviese despierta o fingiendo, la reacción habría hecho que frunciese la nariz o que llorase por el fuerte olor. Pero no hizo nada. Sonrió y aspiró como si de su perfume de caoba india se tratase. Era mía.
Todo aquel/lla que quiera dar opinión de cómo tratar a mi "princesa" que sepa que se aceptan sugerencias.