– Mañana acabamos el tema y comenzamos el siguiente. Hasta mañana.
Vuelvo a la clase con el aviso de la profesora de que hemos terminado, recojo mis cosas y me dirijo a los servicios más cercanos. Entro casi en el último de la larga fila, echo el cerrojo, me subo la falda y me bajo el culote. Comienzo a acariciarme, despacio, disfrutando del momento. Recuerdo la primera vez que me pidió algo parecido. En aquella ocasión fui incapaz de hacerlo por lo incomoda que me sentía. Me veo ahora allí y sonrió.
Puedo escuchar perfectamente lo que ocurre fuera ya que no están aislados completamente. Oigo a las chicas que entran y salen, se lavan las manos, comentan. Cualquier detalle es capaz de excitarme aun más en ese momento: el roce de mi culo contra la pared fría, la chica que esta en el baño de al lado haciendo pis, recordar porqué y por quién estoy ahí. Me encanta. Comienzo a acelerar, estoy muy cachonda, mi cabeza ya no atiende a lo que pasa a mi alrededor, no oigo, no veo, solo hay placer. Y ahí llega el orgasmo, Su orgasmo. Largo, intenso. Respiro profundamente, me coloco y salgo. Vuelvo a clase. Cojo de nuevo el móvil y abro la pantalla de un mensaje nuevo: “¡Muchas gracias mi Amo! Ya estoy en clase otra vez y aun estoy temblando. Que cachonda me has puesto. ¡Me encantan tus buenos días! Muaks.”