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2011-04-06 04:27:45
Me llamo María y la historia que voy a contarles sucedió hace ya algunos años. Aquel verano todavía era una adolescente y aunque yo ya había comenzado las vacaciones estivales, mis padres todavía tenían que trabajar durante algunas semanas. Aquel estaba siendo un verano muy caluroso, especialmente en la capital, por lo que decidieron que lo mejor sería que fuera a pasar unos días con mis tíos. Ellos ya estaban pasando las vacaciones en un chalé que poseían en una urbanización de las afueras y que contaba con piscina y amplias zonas de recreo lejos del ajetreo de la ciudad.

En principio no me gustó la idea porque suponía dejar la ciudad para meterme  en un lugar aislado sin bares, sin tiendas y sin amigos pero sobre todo no me gustó porque eso suponía convivir durante unos días con mi prima con la que, desde bien pequeña, nunca había congeniado. De hecho no pocas veces habíamos llegado a las manos cuando de niñas jugábamos con muñecas, a la cuerda y a otros juegos infantiles. Sin embargo, por no dejar mal a mis padres, que ya lo habían hablado con mis tíos acepté y cogí el autobús rumbo a casa de mis tíos.

Cuando llegué todos fueron muy amables, me enseñaron la casa, mi habitación y dimos  un paseo por la urbanización. Especialmente cambiada estaba mi prima, que  se mostró muy próxima y accesible, de hecho me dijo que al día siguiente iríamos  a la piscina y allí me presentaría a su grupo de amigos. Pensé que ambas habíamos madurado y que habiendo dejado atrás estúpidas rivalidades infantiles podría pasarlo, después de todo, bastante bien.

Tal y como dijo al día siguiente fuimos a la piscina donde me presentó a su grupo,  formado por otras 4 chicas y 3 chicos. Después de romper un poco el hielo todos se mostraron muy alegres y me pareció una gente muy maja con la que encajaría sin problemas.

La cosa se complicó después de la piscina. A última hora de la tarde fuimos a la periferia de la urbanización donde había una zona de obras. Allí se había comenzado a  construir una nueva promoción de chalés, sin embargo, las obras se habían parado quedando las viviendas a medio construir. Aunque el recinto de obras estaba totalmente vallado no dudaron en colarse por un hueco que conocían bien y que debían haber cruzado en múltiples ocasiones.

Y aquí llegó la sorpresa. Me explicaron (especialmente mi querida prima) que la casa a medio construir en la que se iban a colar, era un lugar secreto para ellos,  que allí se reunían para beber, escuchar música,  fumar algún que otro porro y lo que se terciara. Que para ellos era poco menos  que un lugar sagrado y que para entrar tenía que formar parte del grupo ¿Y como ser integrante del grupo? Pues tenía que superar una prueba de humildad, sacrificio y confianza que consistía, nada más y nada menos, que en recibir 10 azotes que me propinaría la persona que yo misma eligiera.

Mi cara de asombro no debió pasar desapercibida porque mi prima instó a los demás a que nos  dejaran solas para charlar conmigo más calmadamente. Los demás dijeron que la esperarían en el interior de la casa y se marcharon. Mientras, mi prima comenzó a soltarme un discurso sobre las bondades de las novatadas y la necesidad y utilidad de las mismas para estrechar los lazos entre los miembros de un grupo. Finalmente me concretó que los azotes se propinaban con una pala de ping-pong en las nalgas descubiertas pero podía llevar un tanga para no mostrar más de lo necesario, que podía elegirla a ella y confiar en que sería benevolente aunque sí lo suficientemente dura para no levantar sospechas sobre la veracidad de la "prueba" y que si aceptaba, al día siguiente se me sometería a la novatada en el interior de la casa y si no,  todas las tardes, después de la piscina tendría que esperarles fuera, como aquel día. Y con esto se marchó para el interior dejándome sola con mis pensamientos no menos de tres horas cuando salieron con ciertos síntomas de embriaguez marchando cada uno para su casa.

Al día siguiente, en cuanto me quedé a solas con mi prima, le dije que aceptaba, que quería que  fuera ella quien me diera los azotes y que, por favor, fuera rápida para no morirme de vergüenza. Me contestó que había tomado la decisión adecuada, que la prueba en sí era una tontería que enseguida olvidaría y que el resto de las vacaciones lo pasaríamos genial. Que después de la piscina volveríamos a casa a cambiarnos  y después nos reuniríamos con el resto del grupo en "la casa".

Así lo hicimos, después de la piscina, donde comunicó a todos mi decisión, volvimos a casa de mis tíos donde me indicó que debía ponerme una falda, a poder ser mini y que no olvidara el tanga. Tal y como me indicó, me puse una minifalda vaquera y el tanga más discreto que tenía, casi, casi unas bragas.

Cuando llegamos a "la casa" ya estaban todos esperándonos. Estábamos en la parte baja de la casa, lo que  en un futuro iba a ser el garaje/bodega. Era una sala amplia y desnuda en cuyo centro había dispuesta una mesa de madera con unas ¡cuerdas! Enseguida pregunté que para qué eran las cuerdas y una de las chicas  muy seria me dijo que ya se me había explicado que la prueba era también de con-fian-za. Obviamente aquello  no me gustó nada pero una vez allí no me atreví a dar marcha atrás y rajarme. Básicamente me reclinaba boca abajo encima de la mesa y se me ataban las manos a las patas delanteras y la cintura alrededor de la tabla de la mesa de forma que mi trasero quedara en la posición adecuada para la prueba de iniciación. Así lo hicieron, me recliné, me sujetaron y me ataron y fue cuando llegó el momento de humillación. Mi prima se situó detrás de mí y me subió la falda hasta la cintura dejando mis nalgas a la vista de todos. Me imaginaba la cara de satisfacción del sector masculino al ver a poco menos que una desconocida en aquella situación y en aquella pose. Notaba como me ardía la cara roja de vergüenza y sólo esperaba que mi prima empezara enseguida para terminar cuanto antes con aquella humillación.

No se hizo esperar. La verdad es que los golpes de la pala de ping pong sobre mi trasero eran más sonoros que dolorosos y aunque no  tardó en llegar el ardor al lugar sobre el que recaían los azotes tampoco duró mucho porque mi prima, además de cumplir su palabra en cuanto a la suavidad del castigo también fue rápida aplicando los mismos. En cuanto terminó yo solté un "ya está" esperando que me desataran cuanto antes, sin embargo observé por el rabillo del ojo que se reunían detrás mía y empezaban a cuchichear. Pregunté que qué pasaba, insistí en que ya había cumplido y que quería que me soltaran inmediatamente. Enseguida se acercó mi prima para explicarme lo que pasaba. Me dijo que le habían recriminado su complacencia conmigo, que todos se habían dado cuenta de que no me había aplicado los azotes con imparcialidad y contundencia por lo que habría que repetirlo, que ahora  como castigo me aplicarían el correctivo entre todos a razón de cinco azotes cada uno y con el instrumento que cada cual estimase. Yo no podía creerlo y empecé a llorar y a suplicar que me soltaran pero aún había más. Al parecer consideraban que mi tanga más que un tanga en sí eran unas bragas en toda regla por lo que también los había intentado engañar en eso y por lo que se me aplicaría el castigo  sin bragas y ¡con las piernas separadas! Intenté explicarles que ya no me interesaba formar parte del grupo, que me soltaran y no volverían a verme el pelo pero no me escuchaban.

Entre sollozos noté como me agarraban por las piernas para separarlas y como me ataban por los tobillos a las otras patas de la mesa. Entonces, una de las chicas, se colocó delante de mí y me enseñó unas tijeras para después colocarse detrás de mí. Yo suplicaba una y otra vez que no lo hiciera pero enseguida noté como cortaba mis bragas por ambos lados de la cintura y éstas se desprendían. Volvió con ellas en la mano para mostrármelas y confirmarme así que lo que acababa de notar estaba sucediendo en la realidad. Entonces me hizo abrir la boca, me metió las bragas dentro y me la tapó con cinta de embalar. Me dijo que esta vez iba a gritar.

Allí estaba, delante de un montón de desconocidos, chicos y chicas, con el culo al aire y en pompa y mostrando  ampliamente toda mi intimidad. Volvió el dolor a mi trasero, pero esta vez con mucha más intensidad. Las chicas utilizaron el cinturón de alguno de los presentes y la pala de ping pong (esta vez con contundencia) Los chicos, por el contrario, usaron la mano desnuda aprovechando para sobarme el culo antes de cada golpe. No sé si recibí los azotes que dijeron que me iban a dar o si, por el contrario, fueron más. A esas alturas yo ya me había rendido y entregado a la situación.

Viéndome dolida y humillada volvió a colocarse mi prima delante de mí, esta vez para confesarse. Reconoció que todo aquello había sido un montaje para vengarse de mí porque,  según ella, todos esos años había sido una estúpida engreída que necesitaba una lección. Que lo había empezado a planear con la ayuda de sus amigos el mismo día que se enteró de que iba a ir a su casa a pasar unos días porque no entendía como me había atrevido a fastidiarle las vacaciones con mi presencia.

Parecía que tras aquella confesión todo había terminado pero entonces uno de los chicos  dijo que había sido una tarde estupenda que había que inmortalizar. Obviamente aquello me sonó muy mal por lo que volví a intentar ver qué sucedía detrás de mí hasta que la vi. Alguien había sacado una cámara de fotos. El simple hecho de verla me hizo despertar del letargo de sometimiento en el que me había sumergido a pesar del dolor y la humillación. Empecé a agitarme y a gemir tras mi "mordaza" intentando gritar y  romper mis ataduras. Fue entonces cuando una de las chicas me agarró fuertemente de los cabellos y  me dijo en tono muy severo que si no me calmaba empezarían otra vez con el correctivo desde el principio.

El miedo se apoderó de mí y esto no sólo hizo que me quedara quieta y callada, sino que además consiguió  que me lo hiciera encima. Así fue, del miedo me oriné entera para regocijo de los presentes que no paraban de reír y burlarse de lo que estaban viendo. Cuando la cosa ya no dio más de sí comenzaron con la sesión fotográfica. La cámara pasó por las manos de todos y me hicieron todo tipo de fotos. En algunas  me obligaron a mirar a la cámara bajo amenaza de nuevos azotes, otras fueron primeros planos de mis partes más íntimas o que dejaban constancia del castigo al que habían sometido mi trasero y otras fueron de grupo en las que posaban conmigo como cazadores que orgullosos exponen su trofeo después de una triunfante batida.

Después de un buen rato y decenas de fotos y cuando la cosa decaía parece ser que mi querida prima tuvo una nueva ocurrencia, tan retorcida que no se le hubiera ocurrido a ningún otro de los presentes. Dijo que siempre había sido una estirada que parecía que anduviera con un palo metido en el culo. Que ahora  iba a tener motivos de verdad para andar así. Desapareció por la puerta mientras que yo no paraba de mirar de un lado a otro en espera de lo que vendría.

Apareció al rato con una escoba de barrer. Uno de los chicos la apoyo en la pared y de una patada partió el palo en dos. Cogió uno de los trozos y se lo dio a mi prima  que se dirigió a mí con una sonrisa malvada mientras agitaba el palo. Pensaba que sólo intentaba asustarme y  que sería incapaz de hacer lo que estaba dando a entender que haría. Yo negaba con la cabeza en gesto de súplica pero no hubo piedad. Se colocaron todos detrás de mí y mi prima les dijo que me separaran bien las nalgas. Inmediatamente note varias manos que se apoyaban en mi trasero para hacerlo. "Para que veas que no somos tan malos" me dijo mi prima y acto seguido escupió en mi ano. Cuando iba a proceder uno de los chicos le dijo que esperara, que "la lubricación" no era suficiente. Empezó a hacer un montón de ruidos nasales y guturales para después proceder con un enorme escupitajo que comenzó a deslizarse entre mis nalgas. Alguna de las chicas presentes, con voz jocosa, le dijo que era un cerdo con lo que pude hacerme una idea del tipo de secreción que corría entre mis piernas. Volvieron a estirar con fuerza mis nalgas y mientras mi prima me aconsejaba que me relajara note como apoyaba un extremo del palo en mi ano. Yo seguía negando con la cabeza y gimiendo detrás de la improvisada mordaza pero mi prima no se echó para atrás y procedió. Note un dolor agudo dentro de mi culo, más intenso cuanto más adentro me lo introducía. Paró cuando lo estimó conveniente pero no lo retiró sino que me lo dejó insertado.

En esa postura y en esa situación me dijo que me podía marchar, que si se me ocurría decir algo de lo que había pasado se cubrirían todos las espaldas y sería mi palabra contra la de ellos. Que tampoco me olvidara de las fotos ya que en caso necesario ya se encargarían ellos de que llegaran a la persona más oportuna en el momento más inoportuno. Y que lo mejor que podía hacer era asumir el castigo que acababa de recibir y olvidarme del tema.

Dicho esto y a un gesto de mi prima me desataron. Viéndome libre no sabía donde mirar ni donde meterme y lo único que acerté a hacer fue salir corriendo con la cabeza agachada y escuchando las risas a mi espalda. No paré cuando salí de la casa y continué hasta cruzar la valla. Una vez a salvo y medio escondida entre los árboles procedí a quitarme la mordaza y a sacarme las bragas de la boca. Cogí aire fresco en los pulmones y con cuidado saqué el palo de mi culo arrojándolo lejos de mí. Notaba como me ardía el trasero por dentro y por fuera.

Esa misma noche me escapé de casa de mis tíos. Al día siguiente aparecía en mi casa para disgusto de mis padres y de mis tíos. Yo me negué a hablar de los motivos de mi huída y del tema en general pero sé que mi prima aprovechó mi silencio para  transmitirles la idea de que ella había hecho todo lo posible para que me integrara pero que yo era demasiado rara y hasta un poco autista. El caso es que pronto no se volvió a hablar del tema y cuando mi prima y yo volvimos a coincidir en algún acto familiar ambas hicimos como si la otra no existiese.

Han pasado unos cuantos años de aquello y no estoy segura si lo que sucedió me marcó para siempre o si, por el contrario, lo tengo totalmente superado. El caso es que ahora que soy mayor, cuando llevo cierto tiempo saliendo con un chico y logramos tener un grado notable de confianza y complicidad, acabo pidiéndole que de vez en cuando me ate a la cama, me de unos azotes y finalmente me la meta por detrás.

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Autor: camaleonico


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