Roberto, antes de ser esclavizado por Maitresse Elena y convertido en la sumisa esclava sexual Berta, vivía en un chalet singular con garaje, un salón espacioso, cocina y dos dormitorios, uno de ellos muy amplio, con baño. El tejado era de pizarra y los ladrillos de los muros eran blancos. Tenía la gran ventaja de tener cierta independencia, aunque formaba parte de una urbanización de lujo, rodeado de grandes casas ajardinadas. Al aceptar la sumisión absoluta respecto a su ama, Roberto fue obligado a vivir como esclava en la mansión de Maitresse Elena y la casa, al quedar desocupada, fue entonces reformada por el ama July con objeto de utilizarla para que en ella viviera esclavizado un macho bien dotado físicamente para satisfacer sexualmente a los hombres y mujeres que ellas decidieran.
Con esta finalidad, urdieron un plan para capturar y someter a un hombre de esas características. Tenia que ser guapo, bien dotado sexualmente y ser plenamente sometido para obedecer sus deseos. Después de una habilidosa estratagema mediante un anuncio para cubrir el puesto de director de la empresa propiedad de Maitresse Elena. Después de una trabajosa selección, pudieron finalmente someter a un joven de la alta sociedad madrileña, llamado Ernesto Sánchez, invitándole a un almuerzo en la mansión de Maitresse, haciéndole beber un brebaje que debilitó su voluntad y sometiéndole a toda suerte de humillaciones, siendo sodomizado delante de todos y sufriendo castigos y burlas, hasta que aceptó ser esclavizado y besar suplicante los pies de los asistentes a ese almuerzo para evitar que se enviase a sus padres y amigos una copia de la película realizada en que se podía ver con detalle toda la suerte de castigos y humillaciones que había aceptado supuestamente con alegría y placer.
El chófer Ricardo se encargó de guardar el BMW descapotable propiedad de Ernesto en el garaje de la mansión y ayudó a Ernesto, totalmente desnudo después de la sesión, a entrar en el maletero del automóvil de la empresa. Maitresse Elena subió al coche y se dirigieron a la antigua casa de Berta.
Ernesto, acurrucado y a oscuras en el maletero del coche, no era todavía plenamente consciente de lo que había pasado. En lugar de ser aceptado como director general de la empresa, había sido sodomizado, castigado a fustazos, enculado por un terrible consolador, había lamido una polla y tragado su semen, y había acabado aceptando totalmente su esclavización, lamiendo los pies de los invitados a la comida y pidiendo que le aceptasen como esclavo sexual. Pensando en estas cosas, se asombró al sentir una terrible erección de su polla. Pensó que era cierto, que sexualmente era un buen macho. Pero ¿a qué le obligarían, y a quién debería follar con esa maravillosa polla? Comenzó a masturbarse en la oscuridad, excitado, sintiendo cómo se endurecía cada vez más su pene y estaba a punto de eyacular cuando el coche llegó aparentemente a su destino y abrieron el maletero.
- Pero mira, Ricardo – rió Maitresse Elena – este guarro está excitado, fíjate qué polla tan grande. Alguna vez, si te portas bien, le ordenaré que te folle. Sal de ahí, puto esclavo y entra en esta casa.
Ernesto salió trabajosamente del maletero, avergonzado, con la polla erecta y la cara como un tomate. Humildemente subió las escaleras hasta el portal y Maitresse Elena le empujó dándole un puntapié en el culo.
- Aquí vivirás siempre. Estarás totalmente desnudo y obedecerás a toda persona, hombre o mujer, que venga a visitarte con nuestra autorización. Sobre tu catre podrás leer todas las instrucciones necesarias para trabajar en esta maravillosa casa. Te traerán la comida, que será generosa, porque físicamente tendrás mucho gasto y serás muy usado. Tú limpiarás la casa, lavarás y plancharás las sábanas. Quiero la casa escrupulosamente limpia, por lo que tendrás que limpiarla a mano, sin fregona ni instrumentos mecánicos. Las puertas exteriores y las ventanas están blindadas y tú no podrás abrirlas nunca. Desde este momento eres el puto oficial de nuestras empresas y nos deberás fidelidad y obediencia a todo nivel.
Diciendo estas cosas, Maitresse Elena le llevó hasta un cuarto sanitario, que era blanco y muy bien dotado. En este cuarto había una mesa baja y alargada sobre la cual le ordenó ponerse a gatas sobre ella. Ricardo, que les había seguido sumiso, abrió las piernas del puto y le enjabonó todo el espacio alrededor del agujero de su culo, depilando cuidadosamente toda esa parte.
- Sólo te depilamos esa parte, puto, porque tu vello en los muslos y en el resto de cuerpo es muy atrayente para las mujeres que vendrán a usarte – dijo Maitresse Elena.
Después le introdujo una goma por el agujero del culo y le puso una lavativa. Ordenó a Ricardo que le esperase en el coche y se quedó con Ernesto hasta ver riéndose cómo vaciaba su intestino en el retrete. El puto, sumiso, se sintió muy humillado haciéndolo delante de su ama, que después le mandó ducharse y le secó el cuerpo con un aparato de aire caliente. Una vez secado totalmente, Maitresse Elena le manó salir al salón y ponerse de pie delante de ella.
- Quiero verte despacio, porque no he tenido tiempo para conocer bien tu cuerpo – dijo sonriente – gira lentamente ese cuerpazo y déjame que lo acaricie como es debido.
Diciendo esto, Maitresse Elena comenzó a tocar milímetro por milímetro a Ernesto. Pellizcó sus tetillas, besó sus sobacos, lamiéndole despacio, llegó hasta su pene, que seguía duro y turgente, cogió los testículos y jugó con ellos, sintiéndolos entre sus dedos.
- Me gustas, puto esclavo, vas a tener que follarme siempre que te lo ordene, que será con frecuencia. Quiero sentir esa polla dentro de mí, moviéndose con alegría mientras tus cojones golpean mis muslos. Lamerás mi clítoris, mordisquearás mis pezones hasta hacerme desfallecer. Serás mi puto preferido.
A continuación lamió su polla saboreándola, mientras le hacía poner una mano del puto bajo su falda para mojar sus dedos con la humedad que sentía en esos momentos.
- Tengo cosas urgentes que hacer- dijo de repente – Ya vendré con calma a usarte, pero ahora dime quién eres.
- Soy su puto, mi ama, su esclavo macho sexual, para ser usado siempre que mis amas lo ordenen. Quiero ser humillado, sometido y castigado – dijo Ernesto - arrodillándose y lamiendo los pies de su ama.
Maitresse Elena le dio una fuerte bofetada y después, agarrando fuertemente sus testículos hasta hacerle daño, mientras Ernesto gemía dolorido, le dijo:
- Yo, Maitresse Elena, te declaro en este momento que tú eres nuestro esclavo y en adelante tu nombre será Puto. Estarás a nuestra entera disposición en cualquier momento y podremos humillarte, castigarte y usarte sexualmente cuando queramos. Nuestros deseos serán órdenes para ti y no vivirás más que para servir a tus amas y cumplir siempre con sus deseos y caprichos. Estarás permanentemente vigilado por un sistema electrónico de observación que realizará una película de tu vida en esta casa. No te estará permitida bajo ningún motivo la masturbación personal. Tu sexo nos pertenece y cualquier desobediencia será duramente castigada. Tu cuerpo y en especial tu polla y tu culo deberán estar permanentemente limpios y dispuestos para que los podamos usar según nuestras necesidades.
Al cerrarse la puerta, quedó Roberto sollozando de rodillas en el suelo del salón. Poco a poco fue dándose cuenta de su situación real. Su vida había cambiado radicalmente. Ya no iba a tener esa vida libre y caprichosa de un joven rico presuntuoso de la alta sociedad. A partir de ese momento iba a estar recluido en una casa con el objetivo principal de ser usado por mujeres y hombres y satisfacerles sexualmente, totalmente desnudo y humillado. Se sintió desfallecer por unos momentos y lloró desconsoladamente pensando cómo se había dejado someter de una manera tan absoluta e irreversible.
Después de unos momentos, ya más tranquilo, se dedicó a estudiar el lugar en que se encontraba. El salón era amplio y muy bien decorado. Las persianas estaban cubiertas por unas cortinas de color beis que llegaban hasta el suelo. Había un tresillo con una mesa baja en el centro. En otra esquina estaba situada una pequeña mesa de comedor y una vitrina llena de vasos y cubiertos. Una puerta daba a un dormitorio muy amplio, seguramente destinado a su trabajo. Había una cama muy grande, con sábanas blancas de hilo, una luz difuminada y espejos en el techo y paredes, situados irregularmente. En ellos deberían verse perfectamente las posiciones de cualquier cuerpo que estuviese en la cama. El otro dormitorio de la casa era muy pequeño, sin ventana y disponía de un catre donde seguramente debería dormir. En la cocina, adosada al cuarto de baño donde había sido depilado, había una gran nevera con bebidas y alimentos. Ernesto recogió un cuaderno de instrucciones que habían depositado sobre su catre y lo leyó detenidamente. Había unas órdenes muy claras que intentó memorizar.
1.- El puto debe permanecer siempre totalmente desnudo, limpio y dispuesto para ser usado.
2.- Dormirá desde las once pm hasta las nueve am. Sin interrupción. En el catre de la habitación de reposo, desnudo y sin tapar. Jamás podrá dormir en la cama del dormitorio profesional.
3.- Deberá mantener toda la casa absolutamente limpia, limpiando los suelos a mano y de rodillas, utilizando bayetas y cubo de agua.
4.- Cocinará para él y para las personas que le visiten con autorización, sirviendo la comida y recogiendo y lavando los cubiertos y la vajilla.
5. El puto no podrá masturbarse nunca. Si lo hace sufrirá dolorosos castigos.
6.- Lavará y planchará las sábanas y toallas utilizadas.
7.- El puto recibirás regularmente la visita de sus amas July y Maitresse Elena con el fin de azotarle y mantenerle humillado y sometido.
8.- El puto comerá y beberá exactamente lo programado cada día en este cuaderno de bitácora. Tomará diaria y sistemáticamente las medicinas obligatorias establecidas para reforzar su actividad sexual.
9.- El puto aceptará sumiso cuantas humillaciones y castigos reciba de las personas autorizadas por sus amas.
10.- El puto rechazará cualquier premio o propina que sus visitantes pudieran ofrecerle y no podrá nunca sentarse en el tresillo ni en las sillas del salón o del comedor. Deberá para descansar sentarse o acurrucarse sobre el suelo.
Ernesto salió de su habitación y se miró en un espejo del cuarto profesional. Se sintió cada vez mejor, más optimista y físicamente restablecido de la sumisión del día anterior. Se dirigió al cuarto sanitario y se puso cremas en el culo y sobre las señales de los fustazos recibidos. Poco a poco su cuerpo iba restableciéndose. Su polla seguía en erección casi total. Buscó las medicinas ordenadas y las bebió. Masajeó sus testículos y se sintió totalmente restablecido.
Frente al tresillo del salón había un televisor muy grande. En el cuaderno de instrucciones aprendió su manejo. En este aparato sólo podían verse películas de sometimiento y posiciones sexuales, que estaría obligado a estudiar inmediatamente después del desayuno. Una hora más tarde, estaría obligado a bajar al sótano de la casa. Donde existía un gimnasio muy bien dotado de aparatos, donde debería ejercitar su cuerpo con arreglo a unas instrucciones muy precisas en cuanto a esfuerzos, máquinas y tiempos.
La temperatura de la casa era uniforme y automática y el agua podía graduarse hasta un calor muy elevado, pudiendo utilizarla para ducharse y lavarse en cualquier momento.
Ernesto decidió descansar en el suelo para ver algún ejemplo de porno en el televisor. Se puso frente a él de rodillas y se dispuso a seguir las instrucciones recibidas.
De repente sonó la voz del ama July:
- Puto, soy el ama suprema July. Ya sabes que no hay teléfono en tu casa, sino intercomunicación privilegiada de nosotras. Esta tarde, alas 16 H. recibirás la visita de dos mujeres, empleadas de la empresa, que requerirán tus servicios sexuales y te tratarán como a su puto. Ellas evaluarán tu actitud y tu eficacia. Atente a las consecuencias y pórtate como un extraordinario puto sexual.
-
- Gracias, ama July, así lo haré. Estoy a su servicio, sometido y esclavizado – contestó azarado Ernesto, que se puso muy nervioso ante la prueba a que iba a ser sometido esa misma tarde.
Muy excitado, Ernesto se miró la polla, totalmente erecta y dura. ¿Cómo iba a tratar a dos chicas juntas? ¿Sería un buen follador o se reirían de él si tenía algún fallo? ¿Se burlarían de su cuerpo, le harían algún tipo de castigo? Con esa inquietud apenas tomó un poco de pan y agua en la cocina y se acurrucó desnudo en el suelo delante del tresillo en espera de esa inquietante visita.
A la hora convenida se abrió automáticamente la puerta y entraron dos jóvenes. Eran María y Ana, las secretarias del ama July que había decidido premiarlas debido a su buen comportamiento, ofreciéndoles el uso del puto. Estaban muy alegres y era verdaderamente dos chicas muy monas. Venían vestidas con trajes ligeros, sin medias y dispuestas a todo. El puto les recibió de rodillas ante la puerta, completamente empalmado y dispuesto a servirlas como quisieran.
Las chicas celebraron verle tan sometido y rieron satisfechas.
- Eres muy guapo, puto – celebraron – ponte de pie, que queremos ver tu cuerpo desnudito.
-
Le rodearon y tocaron todo su cuerpo. Apretaron contentas su polla y abarcaron sus cojones con ambas manos al mismo tiempo, dando grititos de satisfacción. Luego, pellizcando sus tetillas, tiraron de él hasta el dormitorio profesional. Allí le tumbaron en la cama y le esposaron las manos, uniéndolas con una cadena a una argolla que estaba situada en el cabecero de la cama.
- Te queremos quietito y a nuestro servicio, puto. Nos harás disfrutar esposado- le dijeron mientras se desnudaban.
Una vez absolutamente desnudas, se tumbaron cada una a su lado. María, que era la más lanzada, se subió sobre su pecho con las piernas abiertas y comenzó a besar e introducir su lengua en la boca del puto, mientras le apretaba salvajemente las tetillas. Ana comenzó a lamer su polla, totalmente dura y apretar sus testículos con placer, sintiendo cómo se movían entre sus dedos. Ernesto comenzó a sentir sobre su pecho el orgasmo brutal inicial de María que, en pleno placer, bajó sus piernas, desplazando inmisericorde a Ana y logrando meter la polla en su vagina.
- Jódeme, puto, guapo, hazme sentir tu polla, muévete, dame placer, quiero sentirme llena de ti, notar cómo se mueve tu polla – decía gimiendo – Tú Ana, por favor chúpame el clítoris. No puedo más…
Ana, cada vez más excitada, sorbió los jugos de María y, después de unos momentos, la sustituyó, metiendo la polla del puto por su coño anhelante, ordenándole que moviera su culo para arriba y para abajo, como si fuera una puta viciosa, mientras María le devolvía sus caricias, besándola el culo. Así estuvieron durante varios minutos, turnándose sobre el puto, cada vez más cachondo. De repente, dejaron las chicas de achucharle y le contemplaron jadeante y desnudo, asido con sus esposas a la cadena. María con habilidad comenzó a masturbarle:
- Queremos ver cómo sale tu semen, bello puto, ofrécenos tu esperma y danos las gracias.
Ernesto comenzó a gemir y jadear. Ana comenzó a tocarle los cojones y pellizcarle las tetillas, mientra María trabajaba con fuerza, arriba y abajo, la polla del puto, que empezó, convulso a sentir grandes espasmos y brotando de su polla un chorro de esperma blanco, que hizo las delicias de las dos chicas, que daban grititos jaleándole. Las dos chicas, viciosillas, lamieron y saborearon el semen del puto, dando gritos de alegría. Una vez agotado, dieron la vuelta a puto, dejándole con las nalgas abiertas, viendo desde su posición los testículos y la polla, que comenzaba a recuperarse lentamente del esfuerzo.
- Te vamos a dar unas cuantas nalgadas, puto, para que sepas quién te manda y te vuelvas a poner muy cachondo – dijeron – te necesitamos empalmado y que nos folles como un auténtico macho.
-
- No puedo más – decía el puto – Dejadme descansar un poco, por piedad.
Ana y María, riendo a carcajadas, empezaron a pegar con sus manos las nalgas del puto, que empezaron a enrojecer. Ernesto sollozaba, pero aguantaba bien los palmetazos, que sonaban fuertemente en la habitación. Las chicas le insultaban y humillaban. María se atrevió a tocar el agujero prodigioso de Ernesto, asombrándose de lo depilado y limpio que tenía.
- Te vamos a mandar a nuestros novios para que te follen, puto.
Ernesto se dejó maltratar por ambas chicas, pensando que todo lo que estaba ocurriendo estaba siendo filmado y quería portarse muy bien para demostrar a sus amas que era un buen puto.
Las chicas disfrutaron muchísimo mirando al puto en los espejos, sometido y martirizado. Después, una vez recuperado, soltaron las esposas y le ordenaron al puto que las follara en la cama, tocando sus tetitas y acariciando su cuerpo, mientras sentían, una después de otra, orgasmos maravillosos por el subir y bajar de la gran polla del puto dentro de ellas.
Una vez acabaron, se vistieron y ordenaron al puto que les siguiera de rodillas hasta la puerta. Finalmente, el esclavo, humillado y sometido, lamió sus pies y vio cómo se cerraba la puerta detrás de ellas, quedando acurrucado en el suelo, desfallecido, soñando con la hora de dormir.