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2011-03-10 04:03:58
Ernesto es castigado y dominado por sus amos en su chalet de encierro. Es humillado y sacado a pasear desnudo como un perro por el chófer para hacer sus necesidades en los jardines de la urbanización. Su esclavización es absoluta y se deja hacer toda serie decastigos con absoluto sometimiento.

Ernesto, esclavizado y convertido en puto por sus amas, acababa de ver obligadamente una película en la televisión del chalet donde estaba encerrado para cumplir con sus órdenes. La película era de tema porno. Era obligatorio para él ver estas películas para mantener su excitación sexual, ya muy alta por las medicinas que tenía que tomar todas las mañanas. Por ello, tenía casi permanentemente empalmado. 

Sonó la voz autoritaria del ama July:

-         “Puto, dentro de media hora exacta recibirás la visita de tus amos. Quiero que estés perfectamente preparado” 

-         Sí mi ama, estoy a su disposición para ser humillado, sometido o castigado – contestó. 

Fue inmediatamente a la habitación sanitaria a repasar su cuerpo. No quería que sus amos encontrasen ningún fallo, para evitar un castigo excesivo. Una vez satisfecho del examen realizado, se puso de rodillas delante de la puerta principal en espera de la visita.Al cabo de unos momentos, oyó el motor de un coche que aparcaba delante de la puerta del chalet. Ernesto se puso muy nervioso ante esta importante visita. No sabía cuál sería el objetivo de  los amos.La puerta se abrió automáticamente y entraron el ama July, Tom Linde y Maitresse Elena, por este orden. El ama Juli se dirigió directamente hacia Ernesto y le colocó en el cuello un collar de cuero, al que ató una cadena. 

-         Hola, perro, así me gustas más, atado a una correa, sometido y dispuesto a someterte absolutamente, porque hoy venimos a divertirnos contigo nosotros, tus amos. ¡Ponte a cuatro gatas!

Ernesto se puso a cuatro gatas y comenzaron a examinar detalladamente su cuerpo. Tom acarició sus nalgas, observando cuidadosamente su piel. Le ordenó abrir las piernas para examinarle bien. Las amas miraban atentamente esta operación, muy divertidas. Maitresse Elena cogió la correa y le obligó a andar a gatas en círculo por todo el salón.

-         ¡Sabes que eres nuestro perrito, puto? Camina como un  perro y ladra – ordenó. 

Ernesto comenzó inmediatamente a ladrar, sorprendido por esta orden y totalmente humillado. Nunca le había dado a entender que le iban a humillar de esta forma. A él, uno de los jóvenes de la alta sociedad madrileña, guapo y admirado por sus amigos, le estaban tratando como a un perro, desnudo absolutamente y haciéndole ladrar mientras le paseaban por el salón atado a una cadena. Tom empezó a reírse de él. 

-Querías ser director general de la empresa y resulta que no eras un hombre, sino un miserable perro callejero, puto. Tendremos que traerte alguna perrita para que la metas esa polla tan grande que tienes y descargues tu semen. A  lo mejor eres capaz de tener perritos con tu novia. Camina más deprisa, túmbate, vuélvete, camina más ligero, ladra más fuerte, mueve el culo, túmbate otra vez en el suelo, abre las patas, gruñe, ladra otra vez, ponte boca arriba y abre bien tus patas, que queremos ver bien tu culo, camina otra vez, ladra, ladra más  - le fue ordenando mientras las amas se morían de risa. 

Ernesto, agotado, siguió las órdenes totalmente humillado y sometido hasta que Tom le ordenó parar, siempre a cuatro patas. El ama July le notificó: 

-         Hoy venimos a divertirnos castigándote, puto. Te vamos a castigar cada uno de nosotros. El que te haga llorar más ganará el premio y  podrá usarte después totalmente de la forma que quiera. Cuando terminemos de divertirnos, que será dentro de dos horas aproximadamente, vendrá un experto en tatuajes, porque hemos decidido hacerte uno para que todo el mundo sepa que eres nuestro esclavo. También  te pondrá unas argollas en diferentes partes de tu cuerpo, para que puedas ser atado como el esclavo que eres. Todo lo que te vamos a hacer será una obra de arte, porque queremos que sigas siendo guapo y atractivo para las personas que nos pagarán un buen dinero para usarte. Por eso, te vamos a azotar con una paleta especial que hace mucho daño pero no deja marcas. El tatuaje será largo y doloroso, pero merecerá la pena, porque será muy bonito. Como estás obligado a estar siempre totalmente desnudo, todo el mundo podrá verte con él y lo incluiremos en los folletos de marketing que vamos a editar. No nos puedes defraudar. 

Ernesto escuchaba muy sometido estas horrorosas noticias. Miró con ojos suplicantes a sus amas. 

-         ¿Puedo hablar, mis amas? Dijo tímidamente, 

-         No, puto, hoy sólo podrás ladrar- dijo Juli – y no queremos oír más que tus ladridos de agradecimiento. Queremos comprobar hasta donde llega tu estado de sometimiento- Al final, si  realmente nos demuestras que eres un buen esclavo, te daremos un  premio. 

Ernesto se mantuvo en silencio, mirando el suelo, con los ojos enrojecidos por la angustia, ¿cómo había podido llegar a esta situación, él que era guapo, hablaba varios idiomas, y había sido educado en los mejores colegios y universidades? Recordó cómo presumía de elegante en la sociedad y cómo se le disputaban las chicas más interesantes, que ahora iban a poder verle en ese estado de sometimiento y usarle en todo momento por dinero, para disfrutar de su cuerpo desnudo de puto. Esos pensamientos le pusieron el pene cada vez más erecto, más duro, con gran regocijo de July, que disfrutaba del espectáculo. 

-         Hay que reconocer que tienes un talento especial, puto – dijo mirando su polla y riéndose – Se te ve a simple vista. Elena, ¿has traído los adornos del perrito? 

Elena, muy contenta, abrió un maletín que había colocado en un sofá del tresillo y sacó una serie de artilugios. Sacó primero un enorme consolador que terminaba formando una cola de perro, hermosa, del  mismo color que el pelo que tenía Ernesto en su pelvis. 

-         ¡Abre bien el culo, puto, que te voy a insertar este hermoso rabo. Vas a estar guapísimo – dijo entusiasmada. 

Ernesto abrió sus piernas cuanto pudo y Elena comenzó a meterle ese inmenso consolador por el agujero de su culo. Tenía la ventaja de que, una vez colocado, era muy costoso sacarlo, con lo que el rabo parecía ser una parte de su cuerpo de un modo sencillo y vistoso. Ernesto sufrió un enorme dolor, sollozando sin atreverse a gritar, y aguantando que Elena le fuese empujando lentamente con fuerza el instrumento hasta finalmente sentirse satisfecha. Todos aplaudieron finalmente, haciéndole dar al puto una vuelta por el salón y animándole con piropos. “Perrito, guapo, mueve la cola” – gritaban. Ernesto movía las nalgas, y el rabo se movía ostentosamente. “ladra, perro, anda más de prisa, ladra más fuerte” – le ordenaban. Maitresse Elena, que estaba guapísima, con unos pantalones azules muy estrechos y una blusa transparente de color turquesa, tiraba de su correa como si estuviese paseando a su perro por los Campos Elíseos. De vez en cuando le daba unos azotes, enardeciendo al puto, que cada vez estaba más nervioso y excitado. 

Maitresse Elena sacó otros elementos de su maletín. Estirando las orejas del puto, prendió cada una de ellas con unas pinzas muy fuertes y dolorosas, sujetas a unas pieles del mismo color del rabo, que simulaban perfectamente unas orejas de perro. Después colocó unas correas en las muñecas y los tobillos de Ernesto, con pelos que simulaban unas patas perfectas de perro. July y Tom aplaudieron a rabiar, mientras Ernesto lloraba por el dolor que le producían las pinzas. Maitresse Elena, muy orgullosa, posó junto al puto, mientras July les fotografiaba.- “Un día vamos a llevarte a pasear por la Castellana, serás el espectáculo del día y convocaremos a tus amigos para que puedan ver el grado de sometimiento al que te hemos llevado”, decía muy excitada. 

Tom abrió la puerta y llamó al chófer Ricardo, que vino inmediatamente, quedándose sorprendido al ver a Ernesto. 

-         Llévate al perro a dar un  paseo por el jardín- le ordenó – si quiere mear que lo haga como un perro. 

Ricardo tiró de la correa y le hizo seguir al puto, medio a rastras. Tuvo que darle un fuerte tirón y unos azotes en las nalgas para que, finalmente, le siguiera dócilmente y le llevara hasta el jardín. Ernesto sintió un poco de frío y le entraron ganas de mear, pero no quería ser humillado por Ricardo, cuya sola obsesión era sobarle cuando nadie le viera. Finalmente no tuvo más remedio y, ante el miedo de que Ricardo se lo contase a sus amos, orinó con una pata levantada, como un auténtico perro, ante las risas de Ricardo, que le jaleaba. “Eres un guarro, perrito – decía riéndose de él – vas a estropear las plantas”.

 Mientras tanto, en el salón de la casa, los amos discutían la forma de disfrutar castigando a Ernesto. Les había divertido mucho verle actuar como un perro y el grado de humillación que estaba sufriendo el puto. Pero sobre todo Tom  pensaba que lo importante para que un esclavo alcance el mayor grado de sumisión era el castigo físico. “Tiene que saber sufrir por sus amos y valorar ese dolor como muestra de su pequeñez frente a la majestuosidad de su amo” – decía imperativo. 

Al poco raro regresó el chófer con el puto. Contó Ricardo que había meado como un perro y que varios vecinos habían observado la situación desde la ventana. Ernesto estaba rojo de vergüenza y con mucha rabia interior. Casi no había podido orinar debido a que su pene estaba totalmente erecto y le costó mucho intentarlo con una pata levantada viendo cómo Ricardo se reía de él y varios vecinos observaban su ridícula desnudez. 

Una vez despachado Ricardo, Tom le puso de pie y esposó sus patas delanteras a una argolla que colgaba del techo del salón, subiendo la correa a la que sujetó las esposas hasta una altura suficiente para dejar al puto de puntillas en el suelo. Las amas rieron divertidas al ver al puto decorado como un perro, de puntillas y colgado de sus patas delanteras. 

Una vez colgado, Tom se acercó, pellizcó y acarició las tetillas del puto hasta lograr que se pusieran turgentes. Ernesto tenía unas areolas marrón oscura y unas tetillas generosas para ser un hombre. Una vez preparadas, Ton se le acercó y, después de pasar un algodón con alcohol por esos ahora turgentes pezones, fue atravesándolos con unas largas agujas plateadas. El puto aullaba de dolor con cada pinchazo, pero no se atrevía a hablar pidiendo piedad. Sabía que tenía que aguantar para satisfacer a su amo. Las tetillas del puto acabaron siendo un manojo de agujas clavadas, constituyendo un espectáculo muy  bonito aplaudido por las amas July y Elena. 

-         ¡Qué maravilloso espectáculo nos has ofrecido, Tom- decía – nos va a ser difícil superar tu éxito, pero lo intentaremos!. 

Tom saludó agradecido y se sentó en un sofá del tresillo, bastante orgulloso de su trabajo. July decidió actuar a continuación por ser el ama principal. Ernesto continuaba colgado de sus manos esposadas, con las tetillas atravesadas con agujas y sollozando débilmente.

Se aproximó con rapidez hasta él y le fue arrancando las agujas mientras Ernesto gritaba de dolor. Una vez arrancadas, se acercó con un pequeño látigo y fue golpeando las tetillas del puto con saña, consiguiendo aumentar los gritos del puto, que lloraba desconsoladamente. A continuación, lavó los pezones, ahora inflamados y hermosos, con un paño empapado en alcohol, logrando arrancar del puto tremendos aullidos de dolor. Una vez terminada esta operación, y entre los lamentos de Ernesto, que veía horrorizado las intenciones de del ama, bajó hasta su zona genital y rodeó sus testículos con un alambres del cual colgaban unas pesas. Ernesto tuvo mucho dolor y pensó que  podía perder sus cojones y quedarse para siempre inútil sexualmente. A pesar de la prohibición de hablar, suplicó a su ama que tuviese piedad de él, llorando desconsoladamente. 

- No llores, maricón, no hay piedad – decía July – no vas a perder tus cojones. Vas a tener que utilizarlos ahora mucho para hacernos ganar dinero. Cuando llegue el momento ya te los caparemos, te cortaremos esa polla tan aparente y te someteremos para que te follen sólo hombres y actúes como una verdadera puta. 

Así mantuvo a Ernesto durante mucho tiempo, oyendo encantada sus gritos de dolor y viendo cómo colgaban sus testículos cada vez más cerca del suelo. Los cojones de Ernesto parecían enormes tratados de esa manera y los amos rieron a carcajadas viendo cómo el esclavo se retorcía de dolor. 

Maitresse Elena salió dispuesta a superar a Tom y July. Sabía que no debía defraudar, porque al estar ella a su vez sometida al ama superior July corría peligro de ser a su vez castigada. Fue directamente hasta el puto y, soltándole de la cadena, le quitó las esposas y las correas de las muñecas y los tobillos. Ernesto cayó al suelo de rodillas como una piltrafa. Elena fue entonces quitando los adornos de perro con toda malicia. Empezó a quitar las pinzas de las orejas, sin ningún cuidado, tirando de ellas sádicamente, haciendo aullar con este dolor al puto. Desenlazó después los alambres de los testículos, golpeándolos con las palmas de sus  manos, dejándoles enrojecidos y haciendo pasar al puto por un momento de desesperación. Para terminar, obligó a Ernesto a ponerse a cuatro gatas y le sacó el rabo de perro, dando tirones que le produjeron fortísimos dolores. Terminadas estas operaciones, sacó de su maletín la famosa paleta y se dedicó a golpear al puto con todas sus fuerzas. Ernesto se vio obligado a dar las gracias después de cada golpe hasta que, sin apenas voz, se dejó caer al suelo casi desvanecido de dolor. 

Los amos July y Tom aplaudieron con entusiasmo. Maitresse fue a sentarse con ellos al tresillo, mientras Ernesto, atontado por los castigos se puso de rodillas ante ellos y comenzó a besar y lamer sus pies, totalmente sometido ¿Os dais cuenta, amas – dijo Tom – de la importancia del castigo para lograr la sumisión total?

Tom llamó al chófer Ricardo, que vino inmediatamente. 

-         Ricardo, llévate al puto al baño, dúchale y sécale completamente. Quiero verle aquí de nuevo absolutamente limpio y preparado. 

Ricardo no se lo podía creer. Iba a tener la oportunidad de disfrutar del cuerpo de Ernesto. El joven y guapo señorito iba a ser usado por él  obedeciendo las órdenes de su amo. Nunca lo hubiese podido imaginar. Con toda celeridad, tiró de la correa que tenía sujeta al collar y se lo llevó a rastras hasta el baño. Ernesto se dejaba hacer, medio atontado por la sesión a que le habían sometido los amos. Una vez llegados, fue puesto en pie y duchado por Ricardo, que le enjabonó totalmente y masajeó cada centímetro de su cuerpo, excitándose mucho. Después le secó con el aparato de vapor. Ernesto, sentado en la litera del cuarto sanitario, seguía dejándose hacer. Estaba medio atontado pero su polla estaba tan erecta y dura como siempre. Ricardo aprovechó la oportunidad para coger los cojones del puto, sintiéndolos entre sus dedos, apretándolos con ansia, mientras tocaba la maravillosa polla. Admirado por su forma y belleza, comenzó a frotarla entre sus dedos, aplicando un poco de crema que cogió del armario. Ernesto comenzó a ponerse nervioso. Entonces Ricardo aprovechó el momento para, acariciando con su otra mano sus tetillas, besarle introduciendo su lengua en la boca del puto. Sintió entonces los espasmos y de la polla salió un esperma blanco y muy condensado, mientras Ernesto gemía por un placer incontenible, mirando a Ricardo muy sometido y humillado mientras se corría. Ricardo se atemorizó. Secó rápidamente todo el esperma y lamió la polla del puto, que seguía grande y erecta a pesar del orgasmo sufrido. 

Ricardo volvió al salón arrastrando al puto de la cadena, ahora completamente limpio y sin que los amos notasen ninguna cosa extraña en su actitud, Ernesto volvió a lamer y besar los pies de sus amos y Ricardo volvió a salir, íntimamente desbordado por la felicidad de haber conseguido lo imposible, aprovecharse de Ernesto.

July decidió que era el momento de descansar un poco, los amos, naturalmente, pero no el puto. Ordenó a Ernesto que preparase una merienda para sus tres amos. Tres tazas de té, unas tostadas con mantequilla y  mermelada y unos pasteles. De todo había siempre en la cocina del chalet para provisión de los posibles clientes. .Mientras Ernesto preparaba diligentemente la merienda, ya repuesto de la terrible sesión a la que había sido sometido,  July y Maitresse Elena se sentaron en la mesa tranquilamente, mientras Tom llamaba a responsable del tatuaje diciéndole que en la próxima media hora le iría a recoger su chófer. 

Los amos charlaron muy satisfechos de la diversión que habían tenido y de la forma tan sumisa conque se había comportado el puto .Ernesto colocó los cubiertos, los pasteles y trajo una tetera, una jarrita de leche, mantequilla, mermelada de naranja y unos vasos de leche fría. Luego se arrodilló delante de la mesa, atento a cualquier necesidad de sus amos. Mientras  disfrutaban de la merienda y charlaban animadamente entre ellos, Ernesto pensaba en las circunstancias que le habían llevado a esa situación. ¿Por qué se había empeñado en buscar un trabajo cuando podía haber vivido de sus padres tranquilamente y con todos los caprichos pagados? Sabía que era guapo y podría haberse acostado con las chicas más guapas de la alta sociedad, ir a los mejores restaurantes y hoteles, hacer deporte de calidad, como jugar al tenis, al golf y esquiar en la temporada de invierno. En lugar de eso, allí estaba, totalmente desnudo y de rodillas, sirviendo a dos mujeres y un hombre que le trataban como a un esclavo, humillándole y castigándole. Aunque racionalmente podría tomar la decisión de irse y acabar con esta situación, aunque se enterasen su familia y amigos, algo le impedía rebelarse y se sentía totalmente sometido. Pensó que le habían convertido verdaderamente en un esclavo y que el tratamiento a que le estaban sometiendo había hecho de él un esclavo sexual. Si no escapaba de esta situación antes de que le hicieran el prometido tatuaje, estaría ya inhabilitado para siempre y no podría escapar de esa esclavitud. 

En espera de la llegada de la operación de tatuaje, miró hacia el suelo, dominado y derrotado, con los ojos llorosos. A pesar de todo, allí estaba su polla, erecta grande y dura, como evidencia de que no tenía otra salida que la de aceptar su completa sumisión y someterse para siempre a sus amos.

Autor: temblor


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