Isabel, atiende a los huéspedes como se merece ¿Entendido? – Dijo Mariana con un aire de superioridad.
Las Vacaciones de Isabel (3)
Ama, ¿qué es esto?
Esperen, esperen… ¿Ama? ¿De qué nos perdimos traviesa? – Dijo Manuel.
Ya verán, vamos chicos entren – Respondió.
Me volví a repetir, ¿Qué demonios pasaba? Al rato pusieron música, empezaron todos a bailar y yo no sabía que hacer, estaba muy cansada y seguro que se iban a olvidar de mí, así que me fui a la habitación, me acosté y me quedé pensando. La puta de Mariana había querido que abra la puerta solo para humillarme y que yo misma quede como una imbécil frente a mis compañeros que ya seguramente se habían enterado de mi situación. Estaba tan sorprendida que no me pude dormir. Fui cerrando los ojos muy despacio, casi sin darme cuenta pero un ruido me despertó y me volvió a la realidad.
Vamos Isa, ponte el collar y ven a la fiesta, vamos a divertirnos un rato contigo. – Dijo Marcela.
¿Con todos los demás?
Si, ven o Mariana se va a enojar.
Si ama.
Dentro de toda esta pesadilla Marcela era de las mejores conmigo, me trataba bien y no me molestaba tanto y eso, tristemente me consoló. Me levanté, ella me puso el collar y la correa, me levanté de la cama y sentí otra vez ese consolador dentro de mí, traté de sacármelo antes pero no pude. Marcela vio que estaba incomoda con eso.
Isa no vas a poder quitártelo, está con una correa que pasa por tus piernas y no puede salir, vas a tener que aguantártelo.
No dije nada y salí de la habitación, llegamos al living y todos se callaron, Marcela se volvió con los demás y el único ruido que había era el de la música. Los chicos sonrieron, las chicas me dirigieron una mirada de asco y Mariana reía por sus adentros.
Isa, tráenos a todos unas bebidas energizantes.
Si, ama.
Ya habían escuchado todos, el término que le daba a Mariana, así que no entendí porque tenían que sorprenderse, además supuse que ella ya les había contado todo, pero parece que eso lo dejó para mí. Tomé las 12 bebidas energizantes, las puse en una bandeja y se las llevé pero me pidieron que las destapara y las sirviera en un vaso, eso hice… Tomé los vasos, destapé las botellas y empiezo a servir el líquido en un vaso pero mi mano se desvía, perdiendo el equilibrio y volcando todo fuera, ¿Qué pasaba? Las palabras de Mariana sonaron en mi cabeza "De acuerdo, éste viene con un vibrador. Ya que elegiste este lo vas a llevar todo el tiempo puesto." Ay nooo, estaba vibrando en mi interior, estaba torturándome en público sin que los demás se enteraran, mi visión se nublaba y estaba excitándome, mis piernas temblaban. Miro a Mariana y me responde señalando el control de vibrador, presionaba el botón, no lo soltaba, habían tres botones más y ella presionaba el primero, sería como en otro control, las velocidades o los cambios. Ella nota que descubrí como funciona y presiona el dos. Aaaaayyyyyy, ya basta por dios…
Vamos Isa, ¿Qué esperas? Sirve.
Mis ojos se ponían en blanco y respiraba agitadamente, tenía la boca abierta y mi cabeza ardía. Serví como pude 5 vasos, 6, 7, 8 y POR DIOS, QUE PARE YAAAAYY… Esto era humillante pero no podía quejarme. Empiezo a servir el 9 y Mariana empieza a acariciar el número 3, la miro con cara de que por favor no lo haga. Unos minutos más y me caía al piso. Voy por el diez y siento el número 3 en mi interior. Empiezo a llorar, que pare ya por dios, que pare, que pare. No puedo terminar de llenar el último vaso y me dejo caer en el piso retorciéndome.
Ya basta, por favor. – Le pedí que se detuviera.
¿No ves que eres tan puta que te excitas hasta sirviéndole a los demás?- Me respondió escondiendo el control.
Empecé a gemir, más y más. Los invitados se quedaron atónitos. Nunca hubieran imaginado a Isabel Luccia hacer semejantes cosas, pero yo no hacía nada, estaba tirada en el suelo retorciéndome porque el orgasmo no llegaba y solo quería que terminase.
Yo no sabía pero en el control había una fase más. Mariana me lo mostró, lo acarició con los dedos y lo apretó, sentí un choque de electricidad. Era como una picana. Lloré más fuerte pidiéndole que ya era suficiente pero ella seguía y yo quedaba como guarra.
¡Ya es suficiente Mar!, déjala ya.- Dijo Marcela que era la única que estaba al tanto de todo lo que pasaba, aunque enseguida se arrepintió de haberlo dicho porque todos los demás se dieron cuenta de que yo no me retorcía por cualquier cosa.
¡Cállate! ¡Yo no estoy haciendo nada! – Le dijo, y la fulminó con la mirada.
Como tuvo que decir que no hacía nada dejó de apretar el 4 y sentí una sensación horrible, era obvio que no quería que me hiciera eso, pero tuve que aceptar para mis adentros que una vez que empezó me hubiera gustado que siga, porque no pude correrme y la sensación de estar incompleta es muy frustrante. De todos modos, me alivié porque ahora no volvería a hacerlo, por lo menos hasta que se fueran… Me quedé unos instantes en el piso y me levanté. Las lágrimas aún estaban dispersas en mis mejillas.
Miré a Mariana, estaba realmente molesta, no sabía si conmigo o con Marcela, pero seguramente se descargaría conmigo. Me miró con ojos de furia y me dijo "VEN AQUÍ" con tono amenazante y me señaló el piso sobre sus pies. Ya sabía que tenía que hace, lamerlos y luego ponerme como apoya pies. Me agaché y lo hice. Algunos miraban sorprendidos, no podían creer el nivel al que me había rebajado. Otros se reían, y otros miraban como diciendo, ¡Yo también quiero! Mariana tomó la correa y tiró de ella, creo que quería apoyar sus pies, así que me puse en posición pero me tiró al piso y puso su pie sobre mi cara casi ahogándome, la miré asustada y me dijo:
Ya vamos a hablar de esto luego, acabas de desobedecer y eso lo vas a pagar a mis antojos, eres MI esclava y que eso cambie es mi decisión, no la tuya ¿Está claro?
S, Sí ama.
De acuerdo, está mejor. Ven aquí.
Se levantó y fue hasta la pared donde había una argolla fijada a la pared. Enganchó la correa ahí y la fijó con un candado. Estaba muy baja y corta y no podía pararme.
Muy bien perrita te vas a quedar ahí y te voy a enseñar quien manda.
Se fue a su habitación a buscar algo. Volvió con una cuerda y una lata redonda y grande.
Chicos vengan, esta idea les va a gustar. Ayúdenme a desnudarla y atarla.
¡¿Qué?! No, frente a tantos chicos no ama por favor.
Ya era tarde, los chicos estaban tan embobados con mi uniforme y, sin presumir, que admito que tengo un lindo cuerpo que se hizo una desventaja para mi, me desnudaron por completo, no quedó nada y luego Mariana se hizo cargo de atarme. La cuerda era larga. Yo lloraba en silencio, ella tomó la cuerdo y empezó a inmovilizarme por los el principio del brazo, no se donde habrá aprendido a atar de esa forma, cuando termino estaba completamente inmovilizada, tenía los brazos duros y no podía doblarlos, me ordenó que me arrodillara, como pude me levanté.
Ama por favor, ya basta. Me duelen los brazos.
Lo lamento, lo hubieras pensado antes Isa…
Guau Mar, si que eres perversa. Me encanta. – Dijo Matías, otro de los chicos.
Mariana abrió la lata, sacó instrumentos que nunca antes vi. Uno era un circulo de metal, mas bien un aro que se podría decir que era de 3 cm. De diámetro, a sus costados tenía una correa.
Bien Isa, abre la boca.
¿Qué es eso?
Abre la boca o va a ser peor. – Dijo Marcela.
Me colocó ese aro de metal dentro y puso la correa alrededor de mi cabeza, abría mi boca a tal punto que no podía cerrarla y si probaba descolocaría mi mandíbula. Al imaginarme que pasaría lloré mas fuerte todavía, Lucas me abofeteó y me gritó que dejara de llorar o sino visitaría el látigo, el cinturón o peor, a él mismo. Para terminar con todo eso, me vendaron los ojos.
Bien Isa, vamos a hacerte un desafío, te quedas callada y haces las mamadas a todos, al final tienes que decir cual te pareció la mejor para chupar y lo haces de vuelta como recompensa te decimos de quien fue. Ya que no puedes hablar ni expresarte lo tomamos como un sí, linda. Si te resistes haces el doble.
Esa atadura en mis brazos estaba muy bien echa, no podía escapar, estaba con un collar fijado a la pared, mis manos atadas, ojos vendados y la boca sin poder cerrar. Me resigné, empecé a saborear la primera, si que estaba dura, no tenía mucha experiencia pero parece que no importó, comencé por el glande, seguí por el tronco, hasta ahí, no quería llegar a más. Pero luego sentí que mi cabeza era empujada y me dieron ganar de vomitar, todos reían hasta que no escuché nada más, tenía unos auriculares en las orejas, la música estaba muy fuerte, y ahora si que estaba completamente sin poder hacer nada. Seguí con mi labor y empecé a toser mientras sentía el semen caliente bajar por mi garganta, tosí más y más y hasta con la música puesta escuchaba las risas e insultos. Lloraba cada vez más y moqueaba con mi nariz, alguien me pateó y caí al suelo, me levanté y fue muy difícil, trataba de decirles que paren pero no podía articular ninguna palabra. Algunos comenzaron a tocar mis tetas, otros pellizcarlas y yo no podía decir nada. Era una sumisa completa. Me sentía verdaderamente humillada, Las lágrimas chorreaban por mis mejillas y la leche también. No tengo idea de cuánto tiempo pasó, pero se hizo interminable, cuando termine todo, algunos siguieron masajeando, otros se daban cuenta del consolador que tenía, y jugueteaban con el control y otros simplemente miraban seguro.
Sentí el vibrador otra vez, esta vez ya no estaba arrodillada, estaba tirada en el piso, me sentía verdaderamente como un objeto, lo usaban cuando querían y luego lo dejaban ahí tirado. El vibrador me torturaba una vez más, pero esta vez inicialmente desde el 3, lo reconocí, volví a excitarme, respiraba entre cortado y paraba, volvía a empezar y esa sensación horrible volvía. Gemí como una verdadera puta mientras lloraba, pero era solo porque quería que me suelten. Ya seguramente se correría el rumor y ahora sería la trola de la clase. Pasamos todos un buen rato así, cuando de repente pararon y me quedé bastante tiempo ahí, seguramente se habían ido.
Me sacaron los auriculares y la venda, veía todo nublado, luego quitaron el aro de metal pero después me pusieron una cinta. Estaba muy cansada y sucia, espere a que me desataran de atrás pero Mariana no lo hizo, ni Marcela, ni Lucas ni Marco… El cuarto quedó a oscuras y me dejaron ahí atada y desnuda… Pasé toda la noche con frío y llorando.
Cuando se despertaron Lucas y Mariana vinieron los dos juntos y me pusieron los auriculares de nuevo y la venda. Yo no sabía que pasaba. ¿Cuándo pensaban soltarme? Tenía frío, ganas de orinar y mucho hambre. La música esa maldita empezó otra vez pero de repente se detuvo, se debería haber acabado la batería. Y escuché a Lucas y Mariana hablar.
¿Y que vas a hacer con ella ahora? – Dijo Lucas.
No lo sé, por ahora no va a comer ni beber nada hasta mañana y la haré oler comida pero no podrá comerla, ese será el castigo, y creo que luego la haré desaparecer…