Se me asignaron varios ayudantes para cumplimentar mi labor. Mi secretario directo era un tal Mohamed Jarid. Fue alguien muy eficaz. Al poco pude comprobar que iba a ser un colaborador leal y que con el tiempo iba a ser uno de mis mejores amigos.
Decidí empezar por la agricultura del califato. Pero el territorio a abarcar era enorme. Comprendía parte de lo que es Irak, Irán y Uzbekistan actuales. Así que era preciso empezar por cosas más humildes y comprobar los cultivos de los alrededores de la capital. De esta forma yo y Jarid nos dispusimos a recorrer con una pequeña escolta los terrenos agrícolas aledaños. La escolta era fundamental, nos asignaros dos soldados de la corte, los bandidos estaban a la orden del día y los viajeros eran víctimas de asaltos a menudo, todo ello a pesar de los esfuerzos por imponer el orden por parte del ejercito. En aquellas semanas tuve que empezar a habituarme a lo difícil y duro que es viajar en aquellas tierras. Al final conseguí poder viajar a camello con una cierta soltura pero siempre terminaba molido en cada jornada. Estábamos en invierno lo cual facilito las cosas y las temperaturas no eran tan sofocantes. Nos dirigimos a una localidad llamada Urtahikh. Esta estaba aledaña a un rio lo cual era ideal para unos ciertos cultivos de regadío. Durante los días en los que estuve allí se me ocurrieron varias ideas.
La primera fue realizar una mejora sobre las acequias. Estas no estaban adecuadamente distribuidas y tenían bastantes pérdidas. Por otro lado propuse la creación de varios molinos de agua en una zona sin cultivar para que alcanzase a zonas más elevadas. Con ello ganábamos varios cientos de metros más lejos del rio, consiguiendo en total una importante cantidad de hectáreas adicionales de cultivo.
Las aceñas eran molinos harineros de agua, que se hacían en el mismo cauce de un río, de modo que la fuerza de la corriente movía directamente una rueda hidráulica vertical de paletas (ruedas vitrubianas), que a través de un sistema de engranajes (catalina y linterna), y de embragues, transmitían el movimiento de giro del eje horizontal de la rueda al eje vertical de una piedra de moler.
Posteriormente, se ideé ingenios molineros de canal o "de caz", separados o a la vera de los ríos, para lo cual se construía una presa o azud para embalsar el agua y conseguir una diferencia de altura para lograr una mayor presión y volumen suficiente en los lugares donde las corrientes de los ríos eran pequeñas y/o caudal estacional, de modo que se conducía el agua desde el azud por un canal (que se llamaba caz), para hacer precipitar el agua al final, en caída libre.
Otra recomendación que realice fue substituir en la medida de lo posible los bueyes por caballos de carga en las labores de arado. Estos animales son un poco más potentes y por tanto eficaces en dicha labor. Para poder hacerlo fue preciso substituir el arado por un arado de ruedas e introducir el yugo frontal. Pero era preciso algo más, la herradura.
Con ayuda de un herrero del palacio le indique como debía construirse y porque así se mejoraba la protección de las pezuñas para así realizar el agarre. Pero claro era necesaria una producción en grandes cantidades. Así que sugerí la contratación de un buen número de aprendices para la herrería. Pero la herrería iba a ser mucho más que eso iba a ser mi proveedor principal para mi futuro laboratorio. En poco tiempo mi consejería empezaba acumular un importante presupuesto. Pero el califa apoyaba agradecidamente mis proyectos ya que veía que gracias a mis ideas la economía del país avanzaba a pasos agigantados. El jefe de la herrería era un tal Fadh, un buen hombre que se podía decir que fue mi principal colaborar, el cual me instruyo algo sobre las vicisitudes de la metalurgia en la edad media.
Mi trabajo también se extendió en otros campos. Ya existía el ladrillo artesanal y tuve la idea de crear un producto nuevo como aglutinante. El cemento. Recordaba un poco de la química que aprendí en la facultad y siempre me llamo la atención la de este compuesto. En pocos días recompuse la formula y empecé a diseñar un proceso de fabricación con la tecnología disponible. Era preciso caliza, arcilla, arena, mineral de hierro y yeso. Todo ello estaba a mi disposición. Luego era precisa la etapa de homogeinización.
En el dicha etapa la mezcla de materia prima es bombeada a balsas de allí hasta los hornos en donde se produce el clínker a temperaturas superiores a los 1500 ºC. En el proceso seco, la materia prima es homogeneizada en patios de materia prima con el uso de maquinarias especiales. Luego el clinker es molido con pequeñas cantidades de yeso.
Después de mi éxito en las mejoras agrícolas pude obtener una buena cuadrilla de colaboradores de la construcción. Les di unos planos para los hornos y las balsas. Estuve varios días instruyéndoles en el proceso. Pero a pesar de ello los primeros intentos fueron fallidos y la mezcla no era consistente. Pero al final pudimos realizar unas paredes de prueba y mis colaboradores quedaron fascinados por la eficacia de poder de sujeción de aquella substancia. Este nuevo éxito fue comunicado al califa y mis colaboradores le comentaron el extraordinario avance que significaba para la construcción. El cemento mejoraba radicalmente el proceso de construcción de las viviendas y podría abaratarlo de forma importante. Alguno de ellos de manera entusiasmada dijo que esta nueva técnica significaría un ahorro de millones si se aplicase de manera general en todo el califato.
Meses después también "invente" el hormigón y sus posibilidades para la construcción de pilares con ayuda de barras de acero. Poco a poco mi prestigio en el palacio se convirtió en enorme solo superado claro está por los generales. Estos eran la mano derecha del califa.
Por otro lado ya disponía de una vivienda propia desde mi nombramiento. Gracias a mi cierto prestigio podía respirar un poco tranquilo y parecía disponer de mi puesto de manera más o menos segura. Pero claro está, yo ya me percataba de ciertas envidias que provocaba en otros consejeros. Abdul me advirtió severamente de los cuchicheos que se empezaban a escuchar. Incluso me dejo la sangre helada de posibles escaramuzas con cuchillos por la espalda. Estaba visto que mi vida siempre iba estar pendiendo de un hilo. Me había ganado enemigos en mi intento de sobrevivir y sin desearlo.
Era por eso que mi casita de consejero dentro de los muros de la zona real era mi remanso de paz. Allí tenía a mi servicio a Scherezade. Antes mi instructora en la lengua árabe, ahora esclava personal. Pero esta situación no era cómoda para mí. Ni en lo más remota de mi mente podía pasar por mi cabeza esta situación. Aquello me repugnaba. Era cualquier cosa menos ético. Pero Abdul me había dejado claro la situación. Scherezade era esclava de palacio y rehén del califa. Cualquier acto de repudio hacia ella era casi una terrible condena. Sería sometida a latigazos por su falta en el servicio. Cuando me dijo eso me dejo aterrado. Estaba claro que tendría que convivir con ella. Quisiese o no.
El primer día después de volver de Urtahikh volví a mi nuevo dulce hogar. Scherezade al verme entrar por la puerta se arrodillo ante mí y bajo la cabeza sumisamente. Sin dirigirme la mirada.
Al ver aquella escena me paralizo. Recordé que tenía una esclava en mi domicilio. Me quede sin habla y no pude responder. Al final reaccione.
La situación era muy tensa. Así que se me ocurrió una cosa
Ella de manera instintiva sonrió. Pero segundos después volvió a poner ese gesto serio de sumisión. Toque con mi dedo su barbilla y la levante. Así pude volver a ver sus maravillosos ojos negros. Ella me devolvió la mirada ya sin temor.
Estad situación era irritante. Yo no deseaba esto para nada.
Al oir esta palabra un gesto de miedo apareció en su rostro. Inmediatamente capte lo que pasaba
La cogí por los hombres y la tranquilice
Esto era desesperante. Estaba visto que Scherezade no terminaba de encajar lo que quería de ella. Hice un gesto de frustración ante lo que ella se llevo las manos a la boca como signo de preocupación.
Fui a tumbarme a la cama. Estaba destrozado por el trabajo. Necesitaba dormir. Pero al poco entro Scherezade en mi cuarto. La vi extrañado. Pero al poco comprendí lo que pretendía. Se quito lentamente su vestimenta con el fin de desnudarse. Se la veía ruborizada, sin pasión. Absolutamente triste de lo que iba a hacer. Me levante rápidamente y la interrumpí.
Ella se retiro y al fin pude tumbarme a descansar. Las pesadillas eran constantes y había una repetitiva. Yo era ajusticiado por el Califa y me rebanaban el cuello. Como en ese mar de inquietudes era imposible me levante. Al salir vi que Scherezade estaba arrodillada en el suelo limpiándolo. Usaba un trapo con un cubo. Esto me dio otra idea. Fui a la herrería de palacio. Y le di un diseño para hacer de estrujador que iba colocado en el cubo. Adicionalmente use un palo y una tuerca grande que sujetaba a una serie de trapos. Eso era una fregona. Hizo lo mismo e "invente" una escoba y un recogedor. También me ocupe de construir la formula y la metodología de fabricación de la lejía y de un jabón liquido. De esta forma volví a estar ocupado todo un día. Tener la mente en funcionamiento era fundamental para mí. Al volver a casa use yo mismo todo aquello mientras Scherezade me miraba embobada.
Tuve la desafortunada idea de presentar estos inventos a palacio. Fue una mala decisión. Aún resuenan las risas y las burlas en mi cabeza "¿Pretendes ayudar a los esclavos en las labores de limpieza?". Me retire de allí pero la esclava jefe me pidió que le diese varios de aquellas fregonas, cubos, escobas y demás. Al final estuve contento, pude en cierta forma ayudar a aquellas pobres mujeres en esa ingrata labor. Al día siguiente todas ellas limpiaban con mis artilugios.
Los siguientes días revise un poco la fabricación del pan e hice mejoras en los hornos de la ciudad. Me encargue de que mis ayudantes les pasasen los planos y las instrucciones a los virreinos de forma que todos ellos pudiesen usar mis avances.
Pero la cosa cambio trágicamente. Abdul vino a visitarme una tarde a mi cada.
Estuve reflexionando durante un minuto.
~ ~ ~ ~ ~
Cogí dulcemente su cuello y me dirigí lentamente a su boca y ella me recibió con los labios entreabiertos y su lengua deseosa de recibir a la mía. Así nos untamos dulcemente nuestros apéndices. Recorrí dulcemente con la mía la suya. Con pausa, con parsimonia. De forma dulce, como a ella le gustaba. Así estuvimos unidos por nuestras bocas minutos, el beso fue muy largo. Ella cogió mi cuello y me beso con pasión, me metió su lengua hasta la campanilla. Parece que por fin se estaba animando. Poco a poco se fue convirtiendo en una loba. Una loba que estaba escondida en su interior y deseosa de salir. Así que era el momento de ser más intenso, baje con mi lengua hasta se cuello y la lamí con intensidad. Sus jadeos hicieron acto de presencia. Le gustaba, eso estaba meridianamente claro.
Cogí lentamente sus ropajes y ella se dejo desnudar lentamente. Yo la llenaba de besos mientras una detrás de cada una de sus piezas caía al suelo. Al quitarle los zapatos los bese con pasión. Ella al verme eso primero tuvo un gesto de sorpresa pero luego respondió con una cara de excitación. Lamí con determinación cada uno de sus dedos. Me humillaba ante ella como si fuera mi reina.
Mis dedos recorrían cada centímetro cuadrado de su cuerpo. Ella suspiraba ante esas caricias y mi lengua también atendía su piel. Ella se derritió cuando me detuve a recorrer con mi sinhueso a su ombligo.
Subí a sus pechos y mientras lamia con mi lengua a uno de ellos con el otro lo masajeaba con suavidad. Yo era yo bastante buen conocedor de su cuerpo y sabia como hacerla reaccionar y gozar.
Parte de mi objetivo era que se desmelenara un poco. Quería que disfrutara conmigo. Que fuese procaz. Malsonante. Entonces baje a su entrepierna La misma que había afeitado el día anterior. Ahora estaba hermoso su sexo. Iba a ser una delicia hacerle una buena lamida en sus genitales. Ya estaba muy excitada y su vagina ya desplegaba un poco de jugo.
Lamí intensamente su perlita que era su clítoris. Adicionalmente use una de mis manos y la penetre con suavidad su vagina. Una buena combinación que no tardo en hacerla gritar de placer. En pocos minutos su cuerpo se tenso y grito con intensidad. Mi mano se encharco de su fluido vaginal. Se había corrido. Cayó derrumbada en la cama con la respiración absolutamente desatada.
Entonces agarro mi cabeza y me hizo tumbar en la cama. Se coloco sobre mi cabeza y bajo otra vez su chochete a mi lengua. Entonces cogió mi cabeza acercándola con mi sexo. Parecía querer follarme mi boca con su coño.
Sonreí. Se había vuelto absolutamente desatada. Ahora parecía una dominatrix. Volví a realizar mi trabajito oral mientras mi nariz estaba pegada a su pelvis mientras mi lengua recorría arriba y abajo su coño. Mientras su miel me la bebía como si fuese la mejor de las bebidas. Ahora estaba casi cabalgando sobre mi cabeza. Su cuerpo se contorsionaba como si fuera una actriz de circo. Los gritos deberían llegar a todo el vecindario. Ya no se cortaba en expresar su placer. En pocos minutos ya estaba acercándose de nuevo a su clímax.
Un buen aluvión de miel me llego. La posición casi me ahogaba pero estaba encantado con lo que estaba viviendo. Ella se retiro y se tumbo a mi lado. Descanso un poco y volvi a ponerse a horcajadas sobre mí.
Me acerque con mi lengua a su anito y lo lamí como lo hice el día anterior. Al igual que ocurrió entonces ella reacciono con un suave placer.
Entonces giro y vio mi pene.
En un movimiento brusco fue ella la que se ensarta a si misma hasta el fundo. Ahora me cabalgaba como una amazona.
Una vez más las convulsiones atravesaron el cuerpo de Scherezade. Estaba teniendo una avalancha de orgasmos en esta noche.
Nos pusimos en misionero y fui yo el que empecé a darle al pistón. Trate de insensibilizar mi pene. Como si fuese una piedra. Pero si estaba muy excitado salía momentáneamente para volver a comerle el coño. Cada vez que su vagina se corría, sus contracciones me apretaban el pene que casi me llevaba al orgasmo pero de manera estoica conseguía una y otra vez aguantar otra más. Estuve casi una hora penetrándola y creo que ella se vino unas 6 veces más. Me había conjurado a no salir de ella sino fuera más que para aguantar más.
Entonces se llevo mi pene entre sus pechos. Era la primera vez que hacíamos eso y era muy excitante yo no estaba para aguantar mucho más. Su cubano me hizo gemir de forma descontrolada y ella me miraba de forma socarrona. Trate por todos los medios no eyacular.
Lo hice y entonces comenzó a mamármelo con suavidad.
Entonces de manera inesperada sentí que algo me invadía mi ano. Me estaba metiendo el dedo. Entonces mi cuerpo entro en shock y tembló de arriba abajo. Ya sabía que no podía hacer nada y mi polla iba a estallar como un geiser.
Entonces ella se la metió profundamente en mi boca y eso fue ya demasiado para mí. Grite como un descosido y mi leche salió disparado a su paladar, un chorro y otro y otro. Hasta 5. Al final tuve un orgasmo monumental. Y lo había conseguido con Scherezade follándome el culo con su dedo.
(Continuará …)