En marzo del 2010 cumplieron 2 años juntos, celebraron en el día y disfrutaron de noche. Su amor seguía igual que el día en que se conocieron, intacto. Desafortunadamente, eso tiene sus consecuencias.
Ella, sobresaltada, se levantó de la cama y lo miró a los ojos.
Juan tomó aire, lo que estaba por decir lo guardaba desde casi toda su vida. Es como abrir el libro de tu historia y mostrárselo a alguien. Alguien a quien debes valorar mucho.
Ella río, era verdad, no entendía nada de lo que hablaba. Solo se le ocurrió acariciarle la mano y darle un beso. Talvez, él necesitaba un empujón.
Ahora sí, Val no estaba en la misma frecuencia que Juan, y se notó en su cara de confusión.
Val ya estaba sumergida en lo que le decía Juan, primero porque no entendía mucho lo que Juan le quería decir. Segundo porque ella siempre había sido la niña inocente en su adolescencia, sexo normal, novio normal, familia normal. Nada que se fuera mucho por las ramas.
Entonces, lo que su novio le planteaba, le sonaba muy raro, pero ella dijo que estaban juntos en eso, Así que se jugó.
Val lo pensó un momento, su corazón latía muy rápido, si le decía que si, no sabía de que se trataba todo esto, pero si le decía que no, lo decepcionaría.
A fin de cuentas, que más tendría que perder, sino le gusta, se lo dice y todo vuelve a la normalidad. No es tan difícil. Y no quería quedarse toda su vida teniendo tantas opciones y escogiendo solo una.
Juan abrió los ojos, sorprendido.
Juan se levantó entonces y la miró a los ojos, como con un gesto de felicidad. Val mientras sintió un escalofrío, estaba pasando lo normal, y se sentía bien.
Val estaba sorprendida, nunca había visto a Juan ponerse en esa Posición de mando, de superioridad. Pero le gustó escucharlo, y se sintió segura con su decisión.
Val se fue desvistiendo, primero sus pantalones de jean oscuros que resaltaban su blanca piel, sus piernas largas y sus muslos bien formados. Luego su saco y su blusa cayeron al suelo junto con su pantalón, despidiéndose del calor de su cuerpo.
Val quedó en ropa interior, se apreciaba su vientre plano, su cintura detallada y sus pechos enormes, tiesos y bien formados. Su cara era ovalada, ojos claros, pelo negro y labios que invitaban, tentaban a cualquiera que los viera con atención.
De inmediato, adaptándose a su nueva posición, por debajo de Juan, se puso en cuatro y esperó una orden.
Juan sonrió, la tenía justo donde quería y estaba realizando su fantasía.
Juan la tomó del pelo y la acercó a su cara.
Ella se quedó callada, observando la seriedad de su novio. De ser tan dulce y tierno, su novio adoptó la posición de su Amo, su Dueño.
Ella obedeció, y esperó. Al cabo de 1 minuto Juan volvió pero ya no tenía su ropa, solo su ropa interior le quedaba, que dejaba a luz su físico. Su vientre contorneado por sus músculos. Su pelo rubio oscuro, rubio ceniza y sus ojos marrones. Se subió a la cama, desde la punta y fue gateando a ella hasta que quedaron cara a cara, víctimas de la excitación. Le tomó las muñecas y las sacó de su vientre, para apoyar el suyo contra éste y unirse, para que sienta el peso sobre ella y se cerciore de que es real.
Ella estaba tan hundida en su mirada, sus ojos la cautivaban y no prestó atención a nada más que a sus ojos. Lo que dijo la sacó de su imaginación.
Y tras esto sonó un clas, clas en sus manos, que ya estaban extendidas y esposadas a la cama.
Ella abrió la boca y le colocó una mordaza con una bola al medio.
A Val no le gustaba nada, empezó a tratar de salir pero las esposas no eran cuerdas y por lo tanto no se podían desatar. Y al no poder hablar trató de patear con sus piernas a Juan para decirle que ya era suficiente, pero Juan le ajustó más la mordaza y la dejó inmóvil en la cama.
Luego se fue para atrás, le tomo un pie, sujetándolo del tobillo y con una cuerda lo ató a la pata de la cama. Lo mismo con el otro. Fue más que notable la erección de Juan al verla a Val atada en la cama, desnuda y con una mordaza.
Fue para el living otra vez, y volvió con una bolsa.
Val estaba desesperada por salir, pero no lo conseguía, mientras Juan estaba en la suya.
Gritaba y gritaba, pero sus gritos eran 10 veces menos oíbles con la bola en la boca.
Se le acercó, malentendiendo sus gritos, le colocó el consolador y sus gritos se transformaron en un tenue gemido que Juan notó.
Para Val no era nada, con esa vibración no conseguiría ni un orgasmo, pero la mantendría caliente, y eso es lo que más le molestaba. Val ya lo desconocía a Juan.
Tendría que haberse dado cuenta de que cuando le dijo que no le gustaba, la desataba. Pero ahora Juan era otro. Y solo le quedaba relajarse e imaginarse que es el Juan cariñoso, tierno y no autoritario que siempre era.
Juan siguió revolviendo unos juguetes más, pero no halló nada más. Cerró la bolsa y se sentó al lado de la cama, acariciándole el pelo a Val. Se acercó a su oído y le susurró un gracias. Luego, se alejó. Tomó el control, y al mirarla con una sonrisa pícara volvió a su rol de Amo.
Val levantó la cabeza y lo miró con cara extrañada. De repente su consolador empezó a vibrar con todo. Val empezó a excitarse más de lo que se imaginaba.
Mientras, Juan se le acercó y se le puso encima, en el vientre. Le sacó la mordaza y le dijo:
Plaf, bofetada.
Val abrió la boca, asustada. Quería salir del juego, pero para salir, había que terminarlo.
Comenzó chupándola despacio, pero Juan estaba tan excitado que se la metió en la boca de un tirón y le provocaron arcadas. Juan comenzó a magrearle los pechos, estirar los pezones. Mientras a Val se le escapaban gemidos por las acciones de su novio. Sintió que estaba a punto de acabar, y empezó a gemir y respirar más agitado, cuando Juan notó su reacción, paró el consolador y Val se ahogó en un orgasmo incumplido. Juan sacó la polla de su boca para que hablara.
Y sin permitirle una palabra más, le volvió a meter la polla en la boca. Val empezó a apresurarse, y mamó de todas las formas que ella sabía, succionó, lamió, mordió. Hasta que empezó a sentir los primeros chorros de semen de su Amo. Al cabo de dos segundos tuvo que tragarse toda la leche de él, que por su puesto, ni se preocupó en sacar su miembro de la boca de ella.
- Ahh, como siempre Val, eres la mejor mamando. Bueno, será mejor que te ponga la mordaza.
- No Juan, ¡espeemmmmhmh..!
- Listo linda. Uhh.. si que estas empapada Val. Estoy algo cansado. Así que me voy a dormir. Te amo perrita. Gracias por lo de hoy.
Y dándole un beso en la frente y una palmada en sus piernas, Juan desapareció de la habitación y Val gritando y retorciéndose. Juan no le había concedido su orgasmo ni la había desatado. Otro escalofrió recorrió su cuerpo y se arrepintió de haberle dicho que si. Ahora… ahora ya era tarde.