Él siguió intentándolo, pero notaba que nada iba bien. La besó, acaricio sus pechos, aumentó su frecuencia, pero no funcionaba. Pensó en las fantasías que le excitaban, pero tampoco dio resultado. Su pene se empequeñecía, perdía fuerza y no conseguía dar el placer que ansiaba su amante. Derrotado, sacó su miembro del sexo de ella y quitándose de encima de esta, se tumbó a su lado.
Él siguió intentándolo, pero notaba que nada iba bien. La
besó, acaricio sus pechos, aumentó su frecuencia, pero no funcionaba.
Pensó en las fantasías que le excitaban, pero tampoco dio resultado.
Su pene se empequeñecía, perdía fuerza y no conseguía
dar el placer que ansiaba su amante. Derrotado, sacó su miembro del sexo
de ella y quitándose de encima de esta, se tumbó a su lado.
-Lo siento, perdóname..., -dijo apesumbrado.
-Esta bien,-contestó ella. -Trae tus juguetes.
Él se levanto del lecho de inmediato y abandonó el dormitorio,
regresando con rapidez. Ella cogió el collar que traía y se lo
puso. Él juntó sus manos tras su espalda y ella le colocó
las esposas. La mujer tomó entonces la fusta y comenzó a azotar
en todo su cuerpo. Después, ató las manos de él en el cabezal
de la cama, boca arriba y poniéndose sobre él, lo usó.
A él le llegó pronto el orgasmo, a ella unos minutos después.
Mas tarde, soltó sus manos y él beso todo su cuerpo, preguntándole:
-¿Por que me soportas aun, sabiendo lo que me gusta? Te ves obligada
a hacer cosas que te desagradan.
Ella contestó seria, mirándole a los ojos:
-Porque te quiero, idiota.