
-Escucha atento, no voy a repetir nada de lo que te voy a decir.
Sintió cierta intranquilidad al oír la firmeza de aquella voz.
-En primer lugar, feliz cumpleaños.
- Gracias-, respondió.
-Calla y escucha. Tu regalo esta en camino. Dentro de cinco minutos llegara a la terraza del bar. Te buscará. Pon bien visible tu periódico y tus calamares.
La voz rió, continuando después.
-Tu regalo te reconocerá por ellos. Cuando llegue, preguntara por el
nick que utilizas en el chat ese donde sueles acudir. Pórtate bien y
no pierdas la oportunidad.
La llamada ceso sin decir nada más. Nervioso, comenzó a buscar
con su mirada ese regalo que se le acercaba. Los demás clientes del bar
lo miraron con curiosidad, provocada por su evidente intranquilidad. De repente
una mujer llego a la terraza, buscó con la mirada y reconoció
los calamares y el periódico. Sonrió, se acercó a su mesa
y preguntó.
-¿Polifemo?
Era una hermosa mujer de mediana edad y elegantemente vestida.
-Si, - respondió terriblemente nervioso.
-Vaya, -dijo ella sonriente. -Había llegado a pensar que te faltaba un ojo a algo así, aunque la verdad es que estas bastante bien, mejor que en la foto.
-¿Que foto?, -preguntó sorprendido.
-¿Cual va a ser?, -respondió mientras se sentaba junta a el. -La que me mandaste por el email.
El no había mandado ninguna foto suya a nadie, aunque si acudía a un chat con cierta frecuencia y utilizaba aquel nick. Su sorpresa aumentaba por momentos.
-¿Quieres tomar algo?, -preguntó cortésmente.
-No, -respondió con autoridad.-No quiero perder más tiempo. Me dijiste que tus límites eran nada de agujas y que no te gustaba jugar con excrementos sólidos.
-Si, -respondió él con un hilillo de voz. ¿Como sabia ella todo eso?
-Bien, -prosiguió la mujer, - ya sabes lo que quiero. Obediencia, sumisión total, fortaleza para soportar los castigos y alcanzar placer por medio de mi sumiso. ¿Aceptas?
-Si, -respondió no sin cierto temor.
-Si, mi Ama, -corrigió ella.
-Si, mi Ama, -contestó de nuevo con mas seguridad.
-Paga esto y vámonos de aquí. -Ordenó.
Él dejó dinero suficiente para pagar la consumición sobre la mesa y la siguió. Salieron a la calle y él se dispuso a colocarse sumisamente tras ella. Esta lo miró a los ojos con satisfacción. Él no sabía a donde se dirigían, pero daba gracias a la voz que le había mandado aquella maravillosa y desconocida ama.