La mitad inferior de mi cuerpo estaba empapada con mis fluidos, la falda se había levantado un poco dejando entrever parte de mi coño y del tanga incrustado en él, tanto el top como el sujetador se había corrido quedando al descubierto mi pezón derecho y unas gotitas de semen brillaban en la parte superior de mis tetas, que debieron haber salpicado cuando me saqué la polla de la boca. Esto, sumado a que debía estar toda despeinada, por la fuerza con que Lucas me había tomado por el pelo, y que debía tener todo el maquillaje corrido por el esfuerzo de la mamada, mi imagen debía de ser digna de una perra en celo.
Del bolsillo de su pantalón sacó un collar negro del que colgaba una cadena plateada. Lo colocó alrededor de mi cuello y me ordenó que me pusiera en 4 patas. Obediente hice lo que me mandaba de inmediato
Golpeó la puerta y al instante la abrió Manu, otro compañero de la U. Sus ojos se abrieron como platos cuando vio la forma en que me tenía Lucas.
Manu metió su mano a mi coño y la sacó llena de mis jugos. Cruzaron un par de exclamaciones más y luego entramos a la casa. Manu nos enseñó las habitaciones, había una para cada una de los chicos que se estaban quedando allí. Pregunté por la que correspondía a mí y ambos se echaron a reír
Al escuchar esas palabras, me dí cuenta de que esto no era un juego, me había puesto en sus manos y no tenía como salir de la situación en la que me encontraba. Pero eso no era todo, mi amigo me había traicionado, había abusado de mi confianza, engatusándome, para volverme un objeto del que podía disponer a su antojo. La angustia me invadió y sin evitarlo me puse a llorar.
Con las manos me quité las lágrimas que había en mi cara y me arreglé un poco el cabello. Luego miré a mi amo, dándole a entender que estaba lista. Él tiró de la correa y me guiaron por la casa hasta el salón. Abrieron la puerta y entraron conmigo a rastras.
Dentro de la habitación había 5 hombres, todos con buena complexión física, al igual que mis compañeros y debían rondar los 25 años. Todos se volvieron a mirarme cuando nos sintieron entrar, en sus rostros se marcaba el mismo asombro que vi en la cara de Manu cuando nos abrió la puerta.
Obviamente se debía que no entendía como podía estar tan tranquila y tan dispuesta si no estaba "domada". Supongo que esperaban que llegara más rebelde.
Rafael era el que parecía el mayor del grupo, moreno bastante alto y de ojos verdes, Nicolás, que estaba a su lado, era el más guapo del grupo, de tez mate ojos y cabello negro, Andrés, era el más alto del grupo, y Javier el más bajo. Él último en ser presentado fue Sebastián, fue el que más llamó mi atención, parecía no encajar en el grupo, pues mientras todos me miraban con lujuria y evidente excitación, él, luego de mirarme al entrar, había vuelto a enfrascarse en su trago y permanecía silencioso, casi taciturno sentado en el sofá. Por otro lado, a pesar de no ser precisamente guapo, había algo en su cara que impedía dejar de mirarlo, tenía un atractivo muy especial.
Lucas carraspeó para llamar mi atención y yo me volví hacia él, enseñando mi culo a los demás, pues seguía a 4 patas, acto seguido tiró de la cadena obligándome a ponerme de pie y me ordenó quitarme la ropa. Yo obedecí enseguida, pero cuando me iba a quitar la ropa interior me indicó que parara. Cuando me volví, noté que habían corrido la mesa de centro del salón y en su lugar, se veían dos tobilleras en el piso y dos cadenas que Nicolás estaba terminando de colocar en unas argollas que estaban disimuladas en el techo.
Tirando de la cadena me guió al centro del salón y con un golpe en mis muslos me obligó abrir las piernas, hasta que cada una de ellas quedó sujeta en las tobilleras, luego me hicieron abrir los brazos, en cada muñeca me colocaron unas esposas que luego unieron a las cadenas que colgaban del techo. Al ver que quedaba con mucha movilidad, acortaron las cadenas, hasta que me fue completamente imposible poder moverme.
Esperaba que se acercaran y comenzaran a follarme, pero a diferencia de lo que pensaba, todos volvieron a sentarse, a tomar su trago y reanudar la conversación. Después de una hora aproximadamente, en la que pareció que se habían olvidado por completo de mí, Javier le preguntó a mí amo qué era lo que había ocurrido en el auto, él le contó muy detalladamente todo, desde que llegó a mi departamento, hasta que detuvimos el auto afuera, poniendo especial énfasis en como me revolcaba mientras me tocaba, cómo había suplicado por mi orgasmo y cómo le había mamado la polla. Todos reían al escuchar los detalles de lo caliente que estaba, y yo al escuchar y recordar todo, empecé mojarme de nuevo.
En un momento, un escalofrío recorrió mi espalda, estaba a punto de tener otro orgasmo sólo por recordar, pero no podía correrme sin permiso. Me agité un poco para aliviar la presión del tanga en mi concha y darme un respiro, pero el tintineo de las cadenas al moverme los alertó de mi situación.
Los llamó a parte y les dijo algo, supongo que sus intenciones, porque todos rieron. Bueno, todos, excepto Sebastián, quien solo esbozó una sonrisa. Luego se acercaron a mi y comenzaron a acariciarme, todavía con la ropa interior puesta. Dos se centraron en mis tetas, uno en cada una, para lo que bajaron las copas del sujetador, y las complacieron enormemente, las lamieron, mordisquearon, chuparon, estrujaron, apretaron, amasaron, tironearon los pezones… otro se concentró en mi culito, lo lamió, amasó, chupó, metió su dedo… un cuarto se centró en mi coñito lo lamió, chupó, mordisqueó, acarició, metió sus dedos, todo sin quitar el tanga, sólo lo corrían o tiraban de él, por lo que el sentir ese hilo ayudaba a mi excitación. Y los otros tres se dedicaron a decirme obscenidades: lo que querían, lo que fantaseaban, lo que me harían, lo que habían hecho con otras.
En menos de dos minutos gemía como posesa, y en 3 pedía permiso para correrme. Todos hicieron oídos sordos a mis peticiones y siguieron dedicados a lo suyo, el placer era enorme. Deben haber sido 10 minutos los que me tuvieron así, hasta que Lucas los hizo detener y acercándose a mi rostro me preguntó si me quería correr
No soportaba ni un minuto más esa tortura. Así que accedí a los deseos de mi amo. En ese momento entraba Manu con mi celular en su mano, no me había dado cuenta que había salido, pero estaba claro que la llamada se iba a hacer sí o sí. Nadie abría aguantado toda la noche esas caricias sin correrse.
Lucas marcó el número de mi casa y me puso el celular en el oído. Los que estaban tocándome las tetas y el culo pararon, pero siguieron en mi coño.
…Aló?... mamá?... sí, hola, soy Romina… como están?... … si mamá, por eso te llamo, es que hubo un pequeño cambio de planes… no, no te alteres… no, mamá… no, son buenas noticias… lo que pasa es que me ofrecieron un muy buen trabajo aquí en Barcelona, así que no me vuelvo a Chile… no… sí… los visitaré de vez en cuando… sí… obvio que pueden venir a verme… me encantaría… si… si, estoy bien… es la emoción… sí… hablamos después… sí vamos a salir a celebrar… sí… adiós mamá… saludos al papá…
Me costaba trabajo hablar sin gritar debido al placer que sentía, por lo que mientras ella hablaba me mordía los labios y me contorsionaba intentando alegar mi coño de la boca de mi torturador, pero era imposible. A penas corté, miré a mi amo suplicante
No podía creer lo que escuchaba. Sebastián era el que me estaba dando ese goce de los dioses??, parecía imposible. Sentí el cambio de lengua en mi vulva y como tiraban del tanga hacia delante haciendo que se enterrara en mi culo. En cuanto mi amo me dijo que podía correrme descargué todos mis jugos en su cara y un orgasmo espectacular recorrió todo mi cuerpo.
Quedé colgando sin fuerzas de las cadenas, pues estaba tan agotada que las piernas no me respondían, pero Lucas siguió comiéndome el coño hasta que volví a calentarme. Luego se incorporó y se dirigió a los demás.
Todos estos comentarios los hacían frente a mí como si no existiese. Pero el que dispusieran así de mí me excitaba. Hicieron el sorteo y el orden fue el siguiente: Sebastián, Javier, Andrés, Lucas, Rafael, Manu y Nicolás, y para la segunda ronda: Andrés, Rafael, Lucas, Javier, Manu, Nicolás y Sebastián.
Todos salieron del salón, dejándome atada y sola con Sebastián. Me ponía nerviosa presencia, pero me excitaba la perspectiva de lo que podría hacerme, después de lo placentero que había sido como usaba mi coño
En ese momento un pensamiento cruzó por mi mente, quizá me gustaba ser una puta, lo deseché rápidamente, pero más tarde me daría cuenta de que sí que lo disfrutaba.