Plass!. Una ligera nalgada me despierta de su tacto hipnótico.
-Venga, bájate de la mesa. La señora Maya ya debe de estar por llegar. Dice Zulia.
De repente me entra un miedo por el cuerpo como nervios. Me bajo de la mesa algo tirante con esta dichosa cadenita a donde ella señala con el índice, a la vez que sostiene otra cadena. Esta mas parecida a la de tirar de perros.
A gatas a un costado de sus jeans me voy incorporando con cuidado y concentrado en la tira de la cadena del aro testicular y cuello. Para eso arqueo mi espalda barriga al suelo, como si me cabalgara un ser invisible. Es la única forma de evitar que tire tanto mis testículos.
Pronto siento sus dedos recorrer sobre mi collar en la nuca, y engancha la hebilla de la correa de perro sobre el. Un leve tirón avisa de los pasos a seguir. Totalmente dirigido por la correa la sigo. Pasos cortos y rozando sus jeans debido a la poca longitud que deja adrede con la correa. El mango de cuero de la correa roza mi espalda, ya que ella se la lleva enrollada en su mano izquierda la mitad de la cadena, dejando sobrante caer.
Unas escaleras pequeñas es lo primero que veo. Y antes de ella apoyar su pie en el primer escalón, se oye un atronador ruido de un posible todo terreno o coche pesado acercarse al garaje.
- Que pronto a venido Maya!. Murmura sorprendida Zulia.
El ruido se detiene cerca de donde estamos. Zulia corrige su movimiento y baja del primer escalón. Pronto la correa tira de mi cuello colocándome de nuevo a su lado. Abre la puerta que da al garaje y tirando de mi correa me lleva hasta donde puedo ver un todo terreno grande y lujoso. Zulia al ver la luces fuertes del coche se detiene y espera. Las luces se apagan y ella puede ver a Maya dentro del coche. Enciende las luces del garaje que está a su lado y saluda divertida a Maya quieta en el mismo lugar donde me sostiene con la correa a su lado. Yo todavía no la puedo ver, ya que estoy a gatas y el coche es tan alto, que solo puedo ver el parachoques. Solo cuando la puerta se abre, veo como unas botas marrones bajan en busca de apoyarse en el suelo. Las botas están fuera de unos jeans azules como los de Zulia. Son botas de tacón ancho y bajo. Rugoso por los tobillos hasta medio gemelo. Como si fuera una tela de piel.
En el momento que veo sus dedos apoyarse en la puerta para impulsarse y salir de tremendo coche, rápidamente bajo la cabeza al suelo. Y ya no solo se trata de respeto, si no de vergüenza.
- Marina estuvo por aquí... Dice divertida Zulia, y con toda confianza y amistad con la señora.
- Si, ya hablé con ella. ¿Que tal lo llevas?. Dice Maya. Una voz profunda, que despierta mi curiosidad a la cual no me atrevo a mirar como es ella.
-Bien, el chico no es novel en esto, y se ve que tiene los adiestramiento de Marina. Casi no hay que decirle nada, y es muy sensible. Ríe Zulia, mientras noto como me traspasa su mirada.
- Saluda a tu dueña!. Me dice Zulia, acompañado de una leve patada de su chilena.
Noto que suelta cadena, y enseguida entiendo que debo acercarme a las botas de piel de Maya. Ella lo espera posando con autoridad una punta de su bota mas adelantada para mostrarme cual debo besar.
Beso con suavidad en un intervalo de 5 segundos. Al agachar la cabeza, la correa tira muy fuerte los testículos a la vista de Zulia que está detrás. De todos modo yo he aprendido de Marina, separar las rodillas bien para mostrar tributo del sexo a las dueñas.
- Joder, este ni vergüenza tiene ya. Esta todo tieso el jodido. Dice entre risa Zulia.
La señora Maya desde lo alto puede ver la punta de mi cola, que al ser tirado por mi cuello, se deja ver palpitante y con las gotas provocado por los juegos de Zulia.
-¿Has estado tocándole, o lo has masturbado?. Pregunta Maya.
-Que va..., tan solo lo he vestido con su atuendo, con su arito y todo, y el muy jodido es muy sensible, se gotea todo. Dice a carcajadas Zulia.
- Levántate!. Derepente me ordena Maya.
Me levanto del suelo, pero no tardo en comprobar lo difícil que es mantenerme firme con esta cadenita en la espalda. Esta me estira el sexo por completo atrás, y mas si pretendo bajar la cabeza para no cruzarme a su mirada. Pero aún así lo hago.
Detrás mía sigue Zulia sosteniendo la otra cadena del mi collar.
- Zulia, quítale la restricciones del cuello.
Zulia se acerca y destraba el gancho que tira por mi espalda del collar a mi sexo. Al destrabarlo del cuello, esta cae libre detrás mía a la altura de media pierna. No lo destraba de mi aro genital y queda bailando libre.
Desde que pude ponerme mejor, mi pene se dispara hacia adelante. Las bolsas caen por su peso, a pesar de separar las piernas a medio metro, las puedo sentir rozando mi muslos. Por fin, una agradable sensación, liberado y expuesto para mi nueva dueña.
Apenas puedo ver que sobre sus jeans cae una camisa holgada con tonos marrones de un estilo hippie. Su brazo cubierto de la manga larga de esa camisa, baja derepente entre mis piernas para recoger la cadena de mi aro genital. Al mismo tiempo Zulia suelta la de mi collar de arrastre y se la da en mano a Maya, que ya con su izquierda sostiene la cadena de mi aro.
- Nada, sigue con lo que estabas haciendo. Yo me lo llevo con migo para examinarlo. Le dice Maya a Zulia.
- Vale, ahora mismo le dejo la mesa.
- Oh si, descuide. No vengo con mucha hambre. ¿Ha llamado la niña?.
- No Maya, por lo menos el teléfono no ha sonado hoy para nada.
- Bueno, le dejas como para que se caliente algo, por que me da que habrá pasado por casa de Laura.
- Descuide. Dice Zulia mientras noto como que se aleja.
Maya da un tirón firme de la cadena del aro. Me observa de pies a cabeza....
- Vamos a ver que tal te portas... Sabrás que por mi cuenta no tendrás permiso de mediar palabra para comunicarte. No me interesa como te sientas. De usted solo quiero el mas absoluto silencio y su utilidad.
Su mano derecha me coge los morros entre sus dedos. Mi cara es dirigida hasta su fría mirada. Una mujer que a pesar de acercarse a los 50 años, es muy atractiva y aparenta 10 años menos por lo menos. Y no me extraña si trabaja a donde trabaja. Su rostro es delgado y fino. Totalmente bronceado y un suave maquillaje con tonos pasteles. Muy guapa con las ondulaciones de un pelo suelto y teñido a rubio, o mas bien mechas claras. Lo lleva casi suelto, con tan solo una traba del cogote.
- Marina me ha recomendado su utilidad. Supongo que ya estás bien adiestrado, tanto como animal doméstico, esclavo o objeto. Así que no voy a decirte nada, mas que espero que seas de mi agrado y le gustes a mi hija. Todo lo demás lo sabes ya. Dice Maya mientras menea mi rostro como si mirara mis dientes como un caballo. Pero en realidad no mira mis dientes, mas bien evita cruzarse de mi mirada.
Recuerdo que Marina me había comentado que Maya tapa el rostro de sus esclavos con máscaras de cuero o látex, por que le repugna las expresiones que les transmite estos.
- Te voy a quedar la cadenita del aro, por mi no te hace falta. Dice mientras suelta la cadena de una mano, que a su vez se acerca a la argolla donde se traba el extremo de la cadena a mi aro. Esta mano roza un pene en fase de erecciones espontáneas hasta llegar apartar un poco los testículos para topar con el enganche. Lo consigue, y suelta el enganche dejando caer dicha cadenita al suelo.
- Recógelo!.
Rápidamente en un movimiento ágil, lo recojo. Lo sostengo en la palma de mi mano para ofrecerlo.
- Ponlo en la mesa donde Zulia te preparó y luego ven aquí al coche.
Rápido camino hasta la habitación...
- Eh! Donde vas andando?
Me paro en seco, cuando estuve apunto de entrar a esa habitación del garaje.
- ¿A caso llevas mucho bulto?. Desde luego, no te conozco ya me estas faltando una norma.
Enseguida sostengo la cadenita entre mis labios, y me incorporo a cuatro patas. Me acerco a ella, y hago una disculpa con gesto enseñado por Marina. Bajo la cabeza al suelo y me apoyo en mis codos.
- Anda, ve y deja la cadenita en la mesa. Y no olvides que aquí siempre gatearas salvo te digan lo contrario.
Me elevo la cabeza y codos, y dando la vuelta a gatas me dirijo a la mesa con la cadenita en mis labios. Al llegar con una mano me las quito de la boca y la pongo encima de dicha mesa. Terminado esto, gateo hasta llegar cerca ce las piernas de Maya cual veo abriendo su coche por el maletero.
- Puedes levantarte.
Me levanto a su orden.
- Recoge las bolsas del maletero y anda detrás mía hasta la casa.
Dentro de su maletero abierto hay siete bolsas. Yo abarco cuatro en una mano y tres en otra. Ella cierra el maletero y se adelanta a la vez que da un clip de su llave y el coche se tranca automáticamente.
Pasamos por la mesa donde apoyé la cadenita y subimos las escaleras que en su momento estuve apunto de subir con Zulia antes de la llegada de Maya.
Voy detrás de ella, andando con su permiso a pie, cargado con las siete bolsas. Por curiosidad miro de vez en cuando que tendrá esas bolsas. Y puedo notar como productos o medicamentos, y algo de ropas creo. No pesan casi nada.
Al final de la escalera la puerta está abierta. Y cuando salimos, una amplia luz nos invade. Una luz intensa que proviene de los ventanales de un comedor amplio y acogedor. También se puede ver una enorme cocina en la detrás de una puerta de cristal , que da a una solana al aire libre. Se puede ver a Zulia hurgando en un armario.
- Deja las bolsas en el suelo y sígueme como ya sabes, eh!
Las dejo a la entrada de la amplia cocina, y entendiendo la orden de Maya, me coloco a gatas sobre un suelo de madera brillante. Maya sigue su andar por unas escaleras. Al seguirla, veo a mi izquierda un hermoso salón con grandes ventanales y preciosas cortinas jamas vista. Casi me quedo muy atrás de Maya de la impresión de tan lujoso salón de muebles con muchos esculpidos adornativos y gigantescos sillones claros.
Mi gateo torpe por las escaleras, hace que por poco tropiece con los talones de las botas de Mayas. Pronto llagamos al final de la escalera y Maya siempre por delante de mi se gira a la derecha. Como un perro bien adiestrado la sigo sin necesidad de su orden. Pasamos por un corto pasillo hasta una de las varias habitaciones abiertas. En cuanto puedo ver el final de una cama de matrimonio... ¿Será su habitación? oh!... Pero cuando entro me doy cuenta lo grande que es esta habitación. Ella sigue su andar a pesar de que suelta su bolso tirándolo a la cama. Al girar a la izquierda, se pierde por momentos de mi vista hasta que ando mas rápido y compruebo un salón despacho y biblioteca o salón de estar. Esta habitación linda con su dormitorio al igual que un amplio baño que se puede ver con las puertas abiertas.
- ¿Ves esa mesilla de ahí?, Póngase para mostrarse boca arriba!. Dice mientras coge un sillón de ruedas de su escritorio.
De una mesilla de madera que al levantarme, me llega un poco por encima de las rodillas, yo me coloco de forma instruida para mostrarme. Me coloco de espaldas ala fría mesa quedando mis nalgas cerca del borde. Elevo mis piernas abiertas y me recojo los muslos doblando las rodillas. Procuro estar bien abierto para mostrarle mi agradecido miembro deseoso de ser tocado. Aún tengo mareos de excitación de los juegos de Zulia. Y apenas mi pene ha encogido, a pesar de haberle llevado sus bolsas y seguirla. Mi pene descansa sobre los testículos inflamados. Pero aún da algunos espasmos a pesar de la vergüenza. Me gusta mostrarme, esto realmente me hace feliz. Solo que me ruboriza pensar que ella se diera cuenta de mis deseos de ser tocado. Realmente lo deseo, y cuando noto que se acerca con la silla de ruedas de su escritorio y se sienta delante de mis piernas amplias y sujetado en manos para descansarlos, me invade una emoción que hace que palpite mi pene y se eleve sobre mis testículos. Ella creo que se da cuenta, pero hace ignorarlo. Al sentarse, queda mi miembro a la altura de su cadera aproximadamente. Maya cruza las piernas y estira una mano para recoger mi pene. Puedo sentir como lo atrapa y se endurece en su mano. Da unos giros en círculo y enseguida se me escapa una gota que resbala sobre su mano.
- No te dado permiso a correrte... ¿Que te pasa? Solo voy a examinarte. Dice graciosa mientras con la palma aplasta mi pene sobre mi vientre.
Con la otra mano ahueca mis bolsas da suaves masajes. Evito gemir y en silencio noto como luego entre sus dedos busca un testículo hasta encontrarlo y atraparlo. Lo estira hasta que siento un leve dolor y lo suelta. Hace lo mismo con el otro. Es como si buscara ambos y verificar de su existencia.
Intento llevar mi pensamiento en otro sitio. Pero el deseo de moverme en la palma de la mano que presiona en mi vientre mi pene, es muy tentador. Aún así evito hacerlo y no defraudarla.
Una vez que ya no siento su mano izquierda en mis testículos, noto que con su derecha recoge mi pene por la punta, presionado el glande con el pulgar y el indice. Aprieta fuerte y deja que escupa otra gota.
- Según Marina, sabes controlar tus gotas. Pero veo que te gusta mucho esta situación y no lo estás controlando. A ver.. Dame una gota ahora mismo. Dice Maya llevando mi pene en la dirección de su mirada curiosa. Dejando en su vista mas cercana la ranura de mi pene.
Doy una palpitación y enseguida compruebo la agilidad de Maya de sostener con firmeza el glande para evitar su movimiento. Esto es lo que hace que una gota caiga casi despedida sobre mis testículos. Me doy cuenta de que es sabia y al igual que Marina, sabe como hacer que despida una gota, que por supuesto yo debo cooperar. Maya ha conseguido incluso que la gota salte y no resbale.
Maya satisfecha ríe...
- Muy bien!, veo que eres despierto de lívido y controlado. Esto ya es un paso si quieres quedarte en mi casa. Tu desesperación es un placer para nosotras y procuraremos vaciarte poco. Bueno, eso se lo dejo a libre elección de tu nueva ama, mi hija María. No olvides que vas hacer de su propiedad.
Me suelta el pene, y se levanta repentinamente.
- Ahora ve al suelo. Dice mientras se suelta el recogido del pelo.
Me coloco de rodillas y miro al suelo con las manos a la espalda.
- María va a tardar en llegar. Ve a la cocina, que ya te sabes el camino y espera como estas ahora. Que Zulia te va poner de comer.
Mi pene palpante y defraudado por una deseosa explosión abortada. Una desilusión por una alegría para mi estómago. La verdad es que tengo hambre.
Mientras gateo solo para salir del cuarto, me siento como un perro libre por la casa. Feliz por ser aceptado y con mucha hambre.
Bajo las escaleras dejando atrás a mi dueña Maya que seguramente se fuera desvestir o simplemente hacer algo en su escritorio, no lo se. Pero solo se que voy a por Zulia. ¿Que tendrá para mi?.
Llego a la cocina y por discreción me quedo en la entrada de rodillas. No veo a Zulia, tampoco la veo tras las puertas de cristal de una solana, donde estaba antes. Es extraño, pero parece que no hay nadie en la planta.
Ding dong!
Suena el timbre. Vaya, eso si que no me lo espero.
Unos pasos se acercan y enseguida me doy cuenta que son las chilenas de Zulia. Pasa de largo por mi izquierda hasta el Salón.
¿A quien abrirá esta chica?, ¿Podrán verme así? Me pregunto cuanta gente alrededor de ellos saben que poseen esclavos como yo.
Atento oigo abrir la puerta. ¿Será la hija de Maya?. Una voz de una mujer madura hace que quiebre esa posibilidad.
- Buenas tardes señora Carmen!
- Hola Zulia, ¿Está la señora?
- Si pase, ella le estaba esperando. Tome asiento cómoda, que voy y aviso a Maya.
- Gracias.
Desde el salón creo que no me pueden ver. Pero no estoy muy lejos.
Zulia pasa otra vez por mi izquierda y sube las escaleras.
¿Quien podría ser?. Hasta ahora sabía que conocería a Maya sus hijas y la asistenta Zulia. Supongo que amistades, ya que no parece un trato familiar por Zulia. O esa es la impresión que me da. El caso es que aprovechando que no me ven, me adentro un poco mas en la cocina.
Pronto baja Zulia, y mirando hacia el salón dice:
- Ahora mismo baja la señora.
- Ok gracias.
Zulia se dirige luego a mi encuentro y dice:
- ¿Tienes hambre niño? je, je,,, Espera que ahora te dejo tu comidita.
Ella parece no importarle que la oiga Carmen, y pasa por mi lado y se adelanta hasta un armario. Lo abre y saca un cuenco de perro plateado. Parece como si fuera de plata. Lo deja en el suelo y saca del microondas un plato lleno de un revuelto extraño. Lo baja y lo derrama en el cuenco, ayudándose con un cucharón.
- Ven aquí.
Gateo como un chucho hambriento hasta mi cuenco. Ella acaricia mi pelo y...
- Supongo que sabes que comerás con la condición de animal. Así lo quiere Maya, y la verdad que será divertido verte. Dice riendo.
Sus palabras las podría oír Carmen desde el salón. Esto era un poco extraño y vergonzoso. Pero al menos no puede verme. Yo bajé la cabeza y sin ayudarme de las manos lamí ese revuelto de macarrones, verduras y huevo. Las chilanas de Zulia están cerca. Parece vigilarme, ya que apoya su trasero en el borde del mármol, y de pie cruza las piernas una con otra. Un pie queda totalmente apoyado al suelo, y el otro al apoyar la puntera, deja ver un bronceado talón desnudo. Todo un hermoso espectáculo que me despierta mas.
Me como un plato desabrido y seco de este revuelto imaginando que lamo ese talón desnudo. Ella parece sorprendida ver tanto entusiasmo por el cuenco.
- Veo que tienes hambre, pobrecito.
No tardo en acabar el cuenco, y limpiarlo con la lengua hasta la última miga.
- Bien, eres un perrito bueno. Ahora te voy a poner agua en mismo cuenco.
Ella recoge el cuenco y lo lleva hasta un barril de garrafa sobre el mármol. Abre una especie de grifo, y llena el cuenco.
Mis ojos mientras, no pierden de vista esos pies abrigado por esas chilanas blancas. Ese delicioso talón bajo el jeans me vuelve loco. Y mi pene palpita y palpita sin parar. Por suerte al estar a gatas ella no lo puede ver. Y es que el aro de mis partes hace que sea mas sensible, mas expuesto y humillado. Esa humillante forma de vida de ser desnudo y alimentado como un perro por la asistenta hace que deje caer otra gota de alivio limitado. Podría ser capaz de con tan solo rozarme como un perro en celo en su jeans, de correrme y explotar con solo unos pocos movimientos.
Ella baja el cuenco a mi alcance e invita a que beba agua.
Sacio desesperado la sed y no tardo mucho en acabar el cuenco.
- Uf, veo que eres un poco achuchón. Ríe Zulia
Ella retira el cuenco.
Pronto mientras sigo a gatas cerca de Zulia, noto como desde fuera Maya baja las escaleras. Supuestamente al encuentro de Carmen.
Pero no, se acerca la cocina. Zulia mientras, friega el cuenco en el fregadero.
- Zulia, prepara unos café al salón. El esclavo que los traiga. Y es mas, aprovecha de el, para que te ayude.
- Si, descuide Maya. Responde Zulia.
Maya desaparece de la cocina.
Yo ya que he terminado de comer, me coloco de rodillas como antes, mientras que Zulia ignorando mi presencia se dispone a preparar una cafetera.
Se puede escuchar la conversación en el salón:
- Oh, que tal Carmen!
- Buenas tardes!
- Buenas, ¿Has traído la documentación?.
- ah, si. Esto... A ver... aquí tienes...
-......
-.......
................................................bla bla bla!!!
Parece ser cosas de negocio o trabajo. Mi atención a partir de ahora es ver como Zulia se pone de puntillas para coger algo de los cajones de arriba. Puedo ver disimulado un lado de su empeine en esos momentos. Pero sus movimientos son rápidos y ágiles.
Mi pene se relaja algo, ya que una vergüenza me invade al estar de rodillas frente a ella. No pierdo el largo, pero si su dureza. Mis testículos en el aro es todo un saco lleno. Puedo sentirlo a pesar de la separación de decoro de mis rodillas en mi posición. Puedo sentir el saco rozando mis muslos, por muy abierto que esté.
Los cafés lo preparó muy rápido. Y pronto me ofrece una bandeja con dos tazas llenas de café.
- Anda!, llévaselo a la visita y a Maya.
Con sorpresa saco las manos de mi espalda y recojo la bandeja blanca y decorada de dibujos florales.
Esta claro, ya Maya lo había dicho a Zulia. Si quiere que lleve estos cafés, esta señora debe saber de la presencia de esclavos en la casa.
Tragué hondo, y me dispongo respetando el protocolo, a llevar la bandeja de rodillas. Esta debe ser la forma cuando mis manos son ocupadas, y no poder gatear. Me supongo que esas mismas maneras enseñado por Marina, debe ser de agrado a mi dueña Maya.
Zulia se queda en la cocina fregando algunas cosas, mientras yo me alejo al salón.
Este es el momento, ahora solo me queda girar a la izquierda y encontrármelas. Con un torpe caminar en mis rodillas, doy pasos muy cortos. Pasos asustados. Pasos de vergüenza.....
Continuará..............................