Ahora que lo pienso, siempre estoy despertado. No puedo evitar este reflejo, ya que soy manipulado ocasionalmente. Y ya no solo esto. El aro y la parte exhibicionista que llevo, me despierta por muy ocupado que tenga los pensamientos. Y es que ahora mismo que estoy delante de mi dueña, con el atuendo y posición sumisa, por muy indiferente que se muestre ella, mis pensamientos sigue trabajando y buscando alguna posibilidad de ser visto y poder ser manipulado otra vez. Parece que solo vivo para ello. Pero de momento me conformo con la imagen que debo dar en esta habitación. Un esclavo en silencio esperando cualquier cosa.
Ahora que no me ve, que solo mira su libreta, puede ser un momento para forzarme una gota. Se que es muy complicado sin algo que me toque. Ni siquiera con las rodillas me puedo tocar por tenerlas amplias. Mis manos en mi espalda sin ataduras y de forma voluntaria, no van a poder hacer nada.
Por ello palpito la erección aprovechando que no me presta atención. No se si es ofensivo, pero no me importa ser visto por si acaso guste y me permita algo. Algo, lo que sea, soy capaz de todo por alguna caricia. Pero ella sigue ignorando mi presencia, a pesar que mi pene aumentado lucha por gotear solo, en un esfuerzo casi imposible.
Una gota escupida no puedo sacar, pero un hilo húmedo baja hasta la moqueta. Esto no es lo previsto. El hilo ahora se queda extendido de la moqueta a mi pene. Joder!, por mucho que palpite este no se suelta. Lo mejor será desistir y confiar que se corte solo antes que ella lo vea.
Unos pasos y una conversación, que parece de teléfono, se acerca por el pasillo exterior a la habitación, Se que es Maya que parece conversar con alguien por un inalámbrico o móvil. Supongo que María lo oye, pero parece muy interesada en la libreta. Ni siquiera ve la tele.
Cuando los pasos pasa mas cerca de la habitación, se puede oír que me nombra. La oigo hablar de mi con mi nuevo nombre, Toy. A esto me supongo que debe de estar hablando con Marina, ya que habla algo así como de mis progresos o conformidad de mi estado. No pedo oír muy bien pero entre risas parece divertida. Espero que esté contenta con migo.
Los pasos de sus zapatillas se acercan hasta la puerta abierta de donde estoy con su hija. Solo en ese momento se va despidiendo de la persona con la que habla desde el inalámbrico y cuelga. Las risas llama la atención de su hija...
- ¿Que pasa, mama?
- He estado hablando con Marina sobre tu esclavo...
Dice mientras deja las zapatillas en la puerta.
- ¿Pasa algo?
- Noo, lo que pasa que hay una faceta de el que no conocía.
La madre se acerca hasta el sillón, y María se sienta bien para dejar espacio.
- Te explico... El la última semana estuvo viviendo en el piso de Marina. Perece que lleva mas de una semana sin ser una persona. El está totalmente animalizado y dominado por su propio vicio. Por lo visto fue como un perro en su piso y ha rebasado muchos limites humillantes con ella. El tiene algo que mostrarnos y el sabe lo que debe hacer. Lo que me ha contado Marina me parece muy atractivo y creo que para ti será muy divertido.
Esas palabras mientras me mira y mira a su hija son como una motivación extraña y vergonzosa que me recuerda los mejores momentos con Marina. Y es que es cierto lo que cuenta Maya. Yo fui casi un perro real el cual he sufrido humillaciones con extraños ajenos a este mundo de la dominación.
Aún recuerdo cuando desde su piso esperaba la llegada de su coche al garaje. Ese momento era cuando yo esperaba con la puerta semi abierta y a gatas, su llegada por el ascensor. Siempre con cuidado que un vecino me viera desnudo. Pero cuando ella llegaba, esta se divertía esperando en la puerta del ascensor a que yo saliera y la recibiera de la manera que me había entrenado. Osea, a gatas, haciendo cabriolas, ladrando y lamiendo su zapatos. Todo esto sin importar que un vecino pudiera vernos por la mirilla. Y cuando ella estaba satisfecha entrábamos por fin al piso.
Y es que fue Marina la que me inició en este mundo. Primero fueron sesiones que acordábamos y yo pagaba. Y luego cuando no podía pagar mas mis vicios, ella me recoge en su piso y plantea algo que no pudo terminar por motivos de que no podría mantener mi economía y vida. Por ello me manda a Maya. Marina me conoce y creo que le caigo en gracia por mis cualidades y tamaño.
Cuando Maya me mira creo adivinar lo que quiere y efectivamente, no termina de explicarle a su hija y me dice...
- Toy, muéstranos lo que te ha enseñado Marina.
Lo sabía, esto va ser muy vergonzoso delante de ellas. Las dos sentadas en el sillón esperan mi recital.
- Wouf Wouf! . Dos ladridos que me salen ronco después de muchas horas sin hablar. Luego doy vueltas a gatas intentando que mi nariz llega a mi culo.
- Wouf Wouf! Dos ladridos mas decididos mientras ahora doy vueltas en el suelo de espaldas y a gatas y de a gatas a espalda. Intentando que mi pene se menee por inercia y a la vez ser mas mono y expuesto para ellas.
Las carcajadas son fuertes pero yo sigo con el repertorio...
- Wouf Wouf! Otros dos ladridos y ahora de rodillas encojo los brazos como una mantis. Es decir, un perro de pie haciendo la gracia en saludo. No me olvido de los jadeos con la lengua y lo mas importante, muevo mi cola, mi pene al aire con movimientos decididos, los cuales esparce gotas de aquí para allá por toda la moqueta.
Esta es mi forma de complacerlas y divertirlas. También es una súplica de ser acariciado y permitido a un orgasmo. Esos orgasmos que nunca llegan al completo. Lo que tanto deseo y por ello me olvido de que soy una persona. Soy el bufó ahora de estas dos que ríen a carcajadas sobretodo por este último movimiento.
- Quieto! Me ordena Maya
Entonces recuerdo cuando quedaba quieto a los talones de Marina. Ese momento dulce que incluso quieto tenía que parecer mono a la vista. Estoy dispuesto a mostrárselo a mis dueñas.
Mis codos y manos se apoyan en la moqueta. También mi barbilla, para tener a la vista los pies descalzos sobre la moqueta de mis dueñas. Siguiendo a gatas sobre las rodillas bien separadas, procuro que mi culo quede lo mas alto que puedo levantar. Soy ahora como un gato estirándose. Una postura atrevida y mostrándome como era acostumbrado en la última semana.
Desde que entré en esta casa, fui acostumbrándome a lo que Maya estaba acostumbrada con los esclavos ocasionales. Pero claro, ya me lo había dicho Marina. Estos solo eran de trabajo domestico, y eran personas con una vida detrás. Estos siempre tapados con mascaras y en silencio por orden de Maya, van y vienen pagando, la mayoría casados. Marina no sabe si yo voy a ser diferente, pero antes de ir a la casa de los Medanos fui instruidos con unos comportamientos los cuales Marina cree del agrado de Maya.
- Joder! perecía mas tímido y si no fuera por su erecciones casi perpetuas, hubiera dado la sensación de ser obligado a la esclavitud.
Dice María mientras me mira divertida, y en sus ojos se refleja una aprobación de mi estado.
- Obligado sabemos que no. Pero esta faceta a mi me gusta, y no me importa que se exprese ladrando. Marina incluso me ha contado que tiene su horario para sus necesidades fisiológicas. Tiene un control en el en poco tiempo, que no te puedes imaginar.
- Mama, no puedo creer que el no quiera mas vida que esta. Joder, vale que los hombres q que han pasado por esta casa tenga esas perversiones. Pero ellos al final vuelven a su vida de matrimonio, hijos y su trabajo. Pero esto ya es nuevo!!!
- María, yo me voy hacer cargo de el. Se va quedar con nosotras hasta que nos cansemos. Lo dicho, al final voy a dar ese paso de traspasar sus vienes a mi. Esto el ya lo ha planeado antes que nosotras con Marina. ¿Que te parece?
- Por mi, estupendo. Lo voy a tener como mi mascota y a lo mejor en vez de la jaula lo voy a dejar en la caseta del perro fuera.
- Niña, como quieras. El es tuyo. Puedes hacer de el lo que quieras. AH! espera que se me olvidaba.
Maya de repente se levanta del sillón y camina a ponerse las zapatillas en la puerta.
- Abajo, Marina le había dejado un maletín a Zulia con las cosas de el.
- ¿El que?
- Tu espera ahora vengo... lo del maletín debe ser las cosas que me ha comentado Marina ahora por teléfono.
Yo sigo esperando en mi postura, que parece ser mas divertido para ellas que cuando quedaba en espera de rodillas. Casi que se lo que hay en el maletín, y si es, no podía creer que lo trajera.
Maya sale de la habitación y quedo solo con mi dueña.
- Ven aquí!
Voy gateando en emoción y la vergüenza extrañamente se va desapareciendo. Me doy cuenta de que esta situación me favorece a la hora de mostrar sentimientos. Sentimientos como la de acudir a mi dueña e intentar besar por mi cuenta sus pies apoyados al la moqueta gris. Esto podría ser comportándome como un perro, y si la divierto, podría no molestarse de mi atrevimiento. No lo se. Pero voy a sus pies descalzos para besarlos.
Ella se asusta un poco pero se deja. Me deja mas cerca un pie y lo apoya sobre el talón para que yo chupe sus dedos. Ella sabe que lo deseo. También sabe que mi situación nueva me favorece y lo mas importante, ella se siente cómoda y se divierte.
Ojalá tarde en subir su madre y no acabe este momento delicioso el cual lamo y chopo cada dedo de su pie. Yo ya puedo sentir como de mi humedad caen tiras pegajosas por mis muslos.
De un chasquido de sus dedos ella llama mi atención. Entonces miro su mano que se alza para guiar mi próximo movimiento.
Confuso me levando quedando de rodillas y jadeo con mi lengua encogido de codos y muñecas. Ella se ríe y me da apretones con sus dedos en los morros. Casi me muerdo la lengua. Pero cuando me suelta, aprovecho para llamar su atención en mi pene, meneándolo con fuerza para ver si ella me acaricia. Un error!
Las salpicaduras de mi humedad le caen en sus rodillas y muslos, por no hablar del sofá.
Paf! Una sonora bofetada en mi rostro de cuero me desencaja del sitio.
- Eres un asqueroso! Me dan gana de caparte.
Dice mientras se sacude los muslos.
Yo al igual que hacía con Marina, gemí como un perro que llora. Y me puse con la barbilla a la moqueta y a gatas apoyado en codos y manos.
Ella aprovechó mi culo en alto y me dio un fuerte cachete en mis nalgas.
- Pórtate bien, Toy!
Luego su mano la siento buscando mi pene por detrás. Yo no me muevo de mi posición y ella se levanta hacia delante para alcanzar mejor mi pene. Lo coge y lo sacude al aire para quitar esas lechosas gotas que me cuelgan de la punta. Pero para mi decepción lo suelta y vuelve a sentarse.
Deprimido agoto los gemidos y quedo mirando sus pies en puntillas sobre la moqueta, hasta que los pasos de Maya por la escalera se sienten. Pronto ha de llegar con mas cosas del maletín. ¿Será mis cosas últimas?