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2011-02-01 02:47:25
Duele.... Amar siempre duele, pero amar como lo hacía Samara más aun. Te invade las entrañas punzándote en lo mas profundo de tu ser. Él se convierte en el centro de tu vida, de cada una de las cosas que haces a lo largo del día, consigue llenar tu mente cada minuto de tu tiempo. Te agota física y emocionalmente y no eres nada sin él....

Buscas una simple sonrisa de complacencia, un gesto de ternura por el que peleas durante horas y te da igual que pida por que siempre estarás ahí para dárselo todo, si aun queda algo por darle...  

La había hecho mucho daño desde el primer día que se cruzó con él. Desde el primer momento la hizo pagar cada una de los terribles momentos que siendo niño había pasado por ella. Y ahora él volvía convertido en un hombre que lo tenía todo para enseñarla con cada una de sus acciones lo que era sufrir por alguien hasta llorar, lo que era amar a alguien hasta que doliera... 

Duele... Duele su mirada de decepción... Duelen sus gestos de indiferencia, duele su forma apasionada de viciarte cuando te da lo que más veneras y cuando te demuestra que  tiene un lado humano para luego quitártelo todo. Por que así sabes... que puede darte, que tiene para ti y que puedes tener de él...

 Cuando Samara despertó una terrible resaca la invadía. Había rezado para no acordarse del espectáculo de la noche anterior cuando medio borracha se había declarado al estilo "culebrón" delante de gran parte de los antiguos alumnos de su instituto a Dominic. Pero había tenido suerte, la gran mayoría estaba como ella y muchos apenas recordarían la escenita.

Tras ducharse y vestirse  bajo al piso de abajo. Dominic estaba peleándose con un bote de lo que parecía mermelada en la cocina con la televisión de fondo.

 -Vaya... Despertó la bella durmiente.

 Una sonrisa inusual se dibujo en su rostro. Samara con su eterna timidez le devolvió la sonrisa y se sentó  frente a él.  

-¿Has dormido bien?-La dijo poniéndola una taza de café.

-Si... Me duele algo la cabeza pero sí... 

-Eso es  debido a tu complejo de esponja. Si no te hubieras bebido medio bar te encontrarías mejor.  

Samara suspiró y le dio un sorbo al café.  

-Recuerdo perfectamente todo lo que paso.

 Dominic se aproximó a la mesa y cogiendo una de las sillas se acercó a ella sentándose a su lado. Llevaba un pantalón de chándal negro y una camiseta blanca que le marcaba todo y Samara se preguntó por qué tenía que ser tan odiosamente perfecto.

La apartó un rizo de la cara y la sonrió con ternura. Ella sólo vio segundas intenciones en aquel gesto de cariño.

-Voy a pedirte un favor Samara, es sencillo. Relájate un poco...

La pasó la palma de la mano por la cara y descendió a su cuello con delicadeza. Ella estaba tensa, como siempre, le resultaba difícil no pensar que habría algo más detrás de aquel gesto de ternura de Dominic.

-Samara...¿Me harás ese favor?

Le miró con el ceño fruncido buscando la razón de aquella delicadeza.

-Claro...

Tiró de  su mano y la levantó de la silla al tiempo que lo hacía él. La cogió con ambas manos la cara y la beso en la mejilla. Acercó sus labios a su oreja y rozó con ellos el lóbulo.

-Hay tiempo para todo...Siempre...-La susurró.

Por la cabeza de Samara pasaron mil ideas. Igual la estaba dando una pausa, igual su declaración de amor de la noche anterior le había ablandado al menos un tiempo. Pero Dominic siempre veía más allá de todo y como siempre, como si leyera su mente se adelantó.

-No le des vueltas a las cosas princesa- Deslizó la mano por entre sus piernas- Te conozco lo suficiente para saber cuando no puedes más...

La entraron unas terribles ganas de llorar y sus ojos se empañaron. Dominic la levantó y la sentó en la encimera de mármol. Volvió a coger su cara con ambas manos y la besó.

Levantó ligeramente su falda, una falda de algodón que se había puesto minutos antes y deslizó uno de sus dedos por los muslos muy despacio mientras seguía besándola con suavidad. Samara se estremeció y con un acto reflejo separó más las piernas mientras él seguía acariciándola. Notó como apartaba con delicadeza sus bragas y pasaba la yema del dedo por sus ingles, como se acercaba despacio a su clítoris, como volvía a retroceder mientras ella por dentro le pedía más.

Sus dedos entraron despacio dentro de ella, tan despacio que pensó morir de placer a medida que notaba como resbalaban lentamente. Movió la cadera intentando clavarse en ellos pero Dominic la sujetó con cuidado del cuello y se quedo quieto.

-Tranquila...

Otra vez notó como entraban un poco más y como apoyaba el dedo pulgar en su clítoris y presionaba suavemente mientras lo movía muy despacio. Gimió e intentó liberarse de su mano que aun la sujetaba el cuello limitándola pero él tiró de ella y volvió a besarla.

Estaba tan bonita... Tan ansiosa de más... Sus ojos le suplicaban que no parara, que no dejara de tocarla, que la follara de una vez o la dejara correrse. Pero él no tenía ninguna prisa, notaba sus jadeos cada vez más rápidos y cuando veía que  su corazón se desbocaba paraba y sacando sus dedos volvía a jugar con sus ingles.

Dominic quería enseñarla que todo podía ser de muchas maneras, que podía follarla sin más, podía empujarla sobre la encimera en cualquier momento y terminar lo que había empezado sin apenas una caricia, sin apenas un gesto de cariño. Pero también podía amarla, con una pasión que alargara su tormento, podía decidir cuando empezar, o cuando acabarlo todo.  Podía quererla, podía odiarla, podía someterla pero también podía dejarla respirar... El tiempo justo, para que fuera ella la que le enseñara en que la había convertido.

-No pares...-Jadeaba ansiosa, buscando su mano, su boca.

 Se apartó despacio de ella besándola con ternura en la frente y siguió con lo que estaba haciendo. 

-Desayuna tranquilamente Samara. Necesitas comer algo. 

Bajo de la encimera con gesto de dignidad, fingiendo que no la importaba que la dejara así. Ya empezaba a acostumbrarse a sus cambios pero dentro de ella la necesidad de más la quemaba las entrañas y cada vez la resultaba más difícil mantenerse expectante ante él. Lo deseaba tanto, deseaba tanto sus caricias, las pocas y delicadas caricias que había tenido con ella que cuando las veía tan cerca cualquier cosa que la pidiera se lo hubiera dado sin más a cambio tan solo de aquel limitado afecto.

¿En qué la había convertido? Aquel día nefasto en el que se cruzó con él. Aquella noche en la que como un fantasma salido de una historia de terror había aparecido en su casa y había cogido de ella lo que había querido. La había arrebatado todo, la había quitado con una elegancia tremenda poco a poco su voluntad, hasta llegar a un punto de ser ella la que ansiaba complacer cada uno de los caprichos que pudiera tener.

"La odiaba tanto como la amaba". Aquellas palabras que la había dicho rebotaron durante meses en su cabeza como afilados cuchillos. Ella lo deseó desde aquella primera noche. Samara se enganchó a Dominic desde el primer día que volvió a verlo. Desde el primer día que entro en su vida vengándose de una infancia atormentada por el amor que sentía por ella y su infantil insolencia de niña bien que solo se relacionaba con triunfadores.

Dominic se había hecho así mismo. Tenía un imperio, tenía una inteligencia fuera de lo normal, pero del mismo modo tenía un veneno tan espeso en el alma que poco a poco fue soltándolo con ella vengándose de cada una de las cosas que había pasado por Samara.

Pero ahora, cuando todo lo que él podía haberla hecho pagar iba terminando, sólo quedaba esperar. Ahora ella le enseñaría a él en que se había convertido, cuan alto era la necesidad que tenía por él.

Apenas habló con Dominic lo que resto de mañana. Se limitó a observarlo desde el sofá del salón principal mientras él en el despacho anexo ordenaba papeles concentrado en lo que hacía sin apenas prestarla atención.

Samara se sintió más relajada al ver que no le reprochaba lo que había pasado la noche anterior. Tenía claro que era otra de las encerronas que él había preparado para ella en su dilatada trayectoria de enseñarla las humillaciones que él pasó años atrás por ella. Pero aquella mañana de domingo, algo había cambiado en Dominic. Algo era distinto en su forma de tratarla, en la forma de dirigirse a ella. Una calidez inusual, una delicadeza poco habitual y anteriormente muy dosificada se hacían visibles en cada gesto que tenía.

Y ella necesitaba su atención, de un modo u otro necesitaba sentirle cerca y a medida que pasaban las horas esa necesidad crecía dentro de ella. No le importaba como fuera con ella. No le importaba si en un momento determinado se levantaba con su gesto de arrogancia y la hacía suya con su estilo amoral y falto de todo. No le importaba si de ese modo la dedicaba apenas unos minutos de su tiempo.

-¿Qué haces ahí de pie?- La había preguntado cuando levantando la vista del escritorio la vio.

Samara le había sonreído con un gesto de picardía. Su larga melena de bucles caía por delante de su pecho, su falda de algodón la hacían parecer más niña y aquella sonrisa... Qué difícil había sido para Dominic soportar aquella sonrisa durante meses.

-Me aburro...- Le había dicho arrugando el borde de la falda con la mano.

Dominic se inclinaba en la silla y se quedaba observándola como buscando una solución a su aburrimiento. Ella había pagado por saber que pasaba por la cabeza de aquel demonio muchas veces. Habría pagado por saber si la quería la mitad de lo que le quería ella.

-¿Se te ocurre algo para solucionar ese problema?

Su tono prepotente y burlón retumbó en sus oídos. Samara levantó la mirada del suelo y volvió a sonreír. Lo vio expectante, soberbio sentado en aquel trono, mirándola desde lejos esperando una reacción. Ella se fue aproximando mientras soltaba los botones de su camisa y la dejaba caer en el suelo, la cremallera de su falda que resbalaba al ritmo de sus pasos acabando al lado de la camisa. Trepo con elegancia sobre la encimera de la mesa quedando a cuatro patas sobre la ella. Y acercándose a él agarrada al canto de la mesa acercó sus labios a su boca y le besó con suavidad.

Él se mantuvo inmóvil, apenas una leve sonrisa, casi ininteligible se dibujo en su boca, se paso la lengua por el labio inferior y volvió a reclinarse en el respaldo de la silla. Inclino hacia la derecha la cabeza y frunció el ceño. La veía pícara, casi podría asegurar que segura de sí misma ¿Podría ser? Quién sabe...

Despendió de la mesa y se colocó delante de él. Dominic se percató que llevaba unas finas pulseras doradas en el brazo. Así totalmente desnuda, con el largo cabello tapándoles los pechos y las finas pulseras en un brazo parecía aun más exótica de lo que era. Y por fin vio aquella mirada desafiante que le había prendado, aquella sonrisa viperina y depravada que le sacaban de sus casillas desde que era un niño. Samara apoyo el culo en el canto de la mesa y separó las piernas pasando su mano al compás del tintineo de las pulseras por su sexo. Cogió la mano de Dominic y la llevo a su estomago. Se sintió de repente poderosa, segura, pletórica, nada en esos momentos le importaba más que seguir manteniendo ese gesto de sorpresa en la cara de él.

Ella tenía el control por que él quería que tuviera el control. Llevó su mano a sus pechos, acarició con ella su estomago, su cuello, la apoyo en su mejilla y cerró los ojos. Tras unos instantes totalmente ida abrió los ojos y se colocó sobre sus rodillas. Notó en su sexo el bulto de su pantalón, rozándose con él mientras le metía la lengua en la boca. Sus manos se apoyaron en el respaldo de la silla que se inclino levemente por su peso, su pecho rozaba casi su barbilla, paso la lengua por su cara, mordió el lóbulo de su oreja y con destreza bajo levemente el pantalón liberándole de la presión.

-Ansiosa... –La dijo mientras la sujetaba la cadera para que no se hundiera en él.

Se incorporó en la silla, con ella encima. La cogió por la cintura y la atrajo hacía él. Su boca rozando su oreja, la punta de su polla apunto de entrar en ella latía ansiosa.

-Tienes demasiada prisa en empezar lo que no sabes si acabaras.

Le miró respirando aceleradamente por la excitación. Samara sabia que la deseaba, podía verlo en sus ojos, podía olerlo en su piel cuando se acercaba a él y se retorcía sobre sus rodillas contoneándose . Sus manos la mantenían elevada para que no se clavara y eso la desquiciaba. Y entonces cedió un poco, lo suficiente par anotarle un poco más dentro de ella y suspiró.

-Tranquila...-La dijo en un tono que apenas escuchó.

-No puedo....

-Claro que si...-Empujo suavemente y se hundió un poco más.

-Quiero más...

Samara cogió con ambas manos las suyas y lo miró suplicante. Quería que cediera, que soltara sus caderas, sabía que sería difícil conseguirlo pero había conseguido adquirir la astucia suficiente para que él viera en sus ojos la enorme necesidad que tenía de él.

-Por favor...-Le dijo con rostro angelical.

Dominic soltó sus manos y dejó que se clavará hasta notar sus nalgas sobre sus piernas. Sintió la humedad de su sexo mojarle, su respiración ansiosa de más, su cara de vicio, su ansiedad...

La cogió la cara y la besó al mismo tiempo que la paraba. Sonrió de nuevo al notar que intentaba liberarse otra vez para seguir su propio ritmo, pero él no estaba dispuesto a ponérselo tan fácil.

Y era tan sencillo desquiciarla, era tan fácil prever sus movimientos, era tan excitante observarla intentando controlarle, manejar sus impulsos como una vampira sedienta de sangre pidiendo unas gotas más...

Dominic movió la cadera hacía arriba y la sujetó con más fuerza. Con su mano derecha atrajo su cabeza hacía él y acercó los labios a su oreja.

-No te olvides... –La susurró- Que para controlar a alguien, lo primero que tienes que hacer-Se clavó con más fuerza en ella- Es controlarte a ti misma...

La agarró ambas nalgas con las manos y separándolas volvió a penetrarla muy despacio. Se mantenía quieto durante segundos, ella expectante por el que vendría jadeaba ansiosa mirándole directamente a los ojos.

Samara sonrió. Su sexo latía como loco, hambriento y desquiciado por más, pero sonrió como nunca lo había hecho. El timbre de la puerta principal había sonado. Ella le sacó despacio de dentro de ella e incorporándose sacó la lengua y se inclinó para lamérsela desde la base hasta la punta. Volvió a sonreír mientras Dominic hacía un gesto de sorpresa y la observaba expectante.

-Voy a abrir..¿No querrás que esperen?- Dijo recogiendo del suelo su falda y su camisa y caminando como una bailarina hacía la puerta del despacho.

Giró un poco la cabeza y le sonrió con malicia.

Dominic soltó una carcajada al verla alejarse caminando de puntillas y contoneando sus caderas mientras se ponía la camisa y la falda.

-Eso es princesa...-Susurró reclinándose en el sillón- Suéltate...

Pasó las palmas de las manos por la parte de atrás de la cabeza y volvió a reír.

Autor: malenka


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