Apoyó la palma de la mano en el marco de la ventana, estiró la espalda y se puso un café de un pequeño termo que su secretaria le traía todos los días.
La actividad en la calle era frenética. La gente corría como loca por llegar a sus trabajos y los coches descontrolados atravesaban la avenida.
Se quitó la chaqueta del traje, aflojó la corbata y pasó la palma de la mano por su nuca.
Samara le había llamado para contarle lo que ya sabía de Carlo. La habían dado el resto del día libre y ahora esperaba que en cualquier momento apareciera por la calle.
-Ahí estas…-Susurró acercándose más a la ventana.
Samara caminaba por la calle con un vestido verde corto y una gabardina marrón. Llevaba las manos en los bolsillos y su larga melena negra suelta. La vio mirar el reloj, todavía era pronto y paro en la terraza de enfrente.
Desde donde él estaba podía verla perfectamente. El camarero la sirvió algo y luego se fue.
-No mires tanto el reloj, princesa…. Te pondrás nerviosa….
La vio mirar el teléfono, luego dejarlo en la mesa. Se rió al observarla nerviosa moverse sin parar, arreglarse el pelo, colocarse los tirantes de su vestido, tocarse la frente, volver a mirar el teléfono…
-No puedes aguantar…Siempre tan impulsiva…
Cogió por tercera vez el teléfono y Dominic notó vibrar el suyo en el bolsillo.
-Dime princesa- Su voz sonaba suave.
Movía la cucharita del café ansiosa mientras columpiaba su pierna de arriba abajo en un gesto nervioso.
-Hola… Llegaré en diez minutos más o menos…
-¿Dónde estas?- La preguntó con hipocresía.
-En una cafetería tomando algo…
-Seguro que estas preciosa… como siempre…
Oyó su risa tímida pero era cierto. Ella era la más hermosa al menos para él. Siempre lo había sido y siempre lo sería.
-Tómate tu tiempo, aquí estaré.
Colgó el teléfono y siguió mirando a través de la ventana. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan relajado como esa mañana. Normalmente tenía tantas cosas que hacer en la empresa que su cabeza funcionaba a muchas revoluciones por minuto pero ese día nada le llenaba la mente más que ella.
El teléfono sonó y al presionar el botón del manos libres la voz de su secretaría interrumpió el silencio.
-Señor. La señorita Samara está aquí.
-Bien. Que suba.
Después de unos minutos la puerta sonó. Samara entró con su eterna sonrisa y su mirada inocente.
La miraba avanzar apoyado en el canto de la mesa y cuando la tuvo a pocos centímetros de él un silencio invadió el despacho y ambos se quedaron uno frente al otro sin decir nada.
Dominic torció la cabeza hacia la derecha y sonrió levemente repasándola de arriba abajo. Examinaba cada uno de los detalles que tenía en su ropa, en su piel, en su pelo. Sabía que la incomodaba y la ponía nerviosa pero no podía remediarlo. Ella quería besarlo, pero no iba a hacerlo a menos que el se adelantara y esperaba ansiosa y nerviosa sin saber que hacer.
-Hola princesa… -La dijo sin acercarse más a ella.
Samara le sonrió. Tenía la sensación por momentos que saltaría sobre él, pero le temía demasiado para hacer eso aunque por dentro se muriera de ganas de besarle.
-Hola…
-Te noto… nerviosa… ¿Te pasa algo?
Su tono irónico y su gesto la decían que sabía perfectamente que estaba esperando. Ella era ansiosa, era pasional, era sexual, ella eran impulsiva e impaciente.
-No…no…. Estoy bien…
Se acercó un poco más a ella hasta casi rozarla la nariz con la suya y volvió a bajar los ojos mirando su escote y su cuello. Luego clavó sus ojos en ella y sonrió.
Bajo sus manos por sus caderas, ella cerró los ojos nerviosa. Levantó el vestido levemente y rozó su ropa interior. Palpó una fina tira anclada a sus caderas y al tirar de ella las bragas cedieron, primero del lado derecho y luego el izquierdo hasta resbalar. No la quitaba la vista de encima mientras tiraba de ellas despacio y se quedaban en su mano. Se las metió en el bolso de la gabardina y la besó en la mejilla.
-No te olvides que las llevas en el bolso- La susurró.
-No se me olvidaran…
La sonrió con delicadeza y de un movimiento la dio la vuelta poniéndola de espaldas a él. Samara podía verse reflejada en un espejo de pared que había frente a ella. Veía sus ojos clavados en ella a través del reflejo.
-Mírate… Huelo tus ganas… a metros…
Pasó las manos por sus pechos, bajo por su cintura, sus caderas, sus piernas. Subió de nuevo hacía arriba y las pasó por detrás hasta cogerla por las nalgas. La palma de la mano rozó su coño. Estaba totalmente empapada y le mojó los dedos.
-Tienes el coño empapado princesa…
No dejaba de mirarla a través del espejo, parecía un demonio susurrándola en el oído y esa imagen la ponía cachonda. El sabía cada una de las cosas que la incomodaban, que la gustaban, que la estremecían.
Pasó sus dedos mojados por la marca de su culo. Volvió a pasarlos por su coño abriéndolo con delicadeza y rozó con las yemas su clítoris. Ella se movió nerviosa.
-Tranquila…- Presionó un poco- No seas ansiosa…
-No me hagas esto….
-Yo puedo hacer lo que quiera….
Volvió a pasar las yemas de los dedos por su coño y esta vez, notó como se los metía dentro. Samara no podía más, estaba ansiosa por que la follara, por que saltara sobre ella y se metiera entre sus piernas pero el se regodeaba con sus gestos, sus ganas de él.
-Dímelo…
-Fóllame...
-No princesa… Ya te dije una vez que sabes hacerlo mejor…
-Te suplico…
La interrumpió cuando la clavó los dedos hasta atrás.
-Te suplico que me folles…
Sacó los dedos de dentro de ella, la dio la vuelta y se los pasó por los labios.
-¿A qué saben Samara?-Le preguntó.
Los chupó lascivamente y le miró.
-A mi…
-Incorrecto… Saben a zorra…
La apretó el culo con ambas manos atrayéndola a él y la besó. Su lengua le buscaba ansiosa, pegaba su pecho a él, movía su pelvis salvaje, ida, pidiéndole más.
-No me dejes así… -Le besaba pasando su mano por la entrepierna- Por favor, ten compasión… Seré buena…
Se apoyó en el canto de la mesa de nuevo. Ella pasaba las manos por su entrepierna. Su rostro era de ironía, de expectación. Le bajo la cremallera del pantalón mientras soltaba su cinturón. Él la miraba dejándola hacer. Él la daba un minuto de ventaja…
-Princesa…-La susurró cuando ella alcanzó a tocarle la polla y empezaba a jugar con ella.
-Por favor…
Samara empezó a bajar hasta ponerse de cuclillas. Pasó la lengua por su polla y sonrió. Volvió a lamerla otra vez.
La cogió del pelo y la apartó suavemente mientras volvía a meterse la polla en los pantalones.
-Luego me sigues convenciendo…
Hace un tiempo se hubiera enfadado, rabiado quizá. Esta vez se levantó con dignidad, se limpio los labios con la mano y le sonrió.
-Como tú digas- Le dijo.
Dominic inclinó la cabeza de nuevo. La colocó los tirantes del vestido y la beso en la frente. La cogió por la nuca y de un movimiento brusco la atrajo hacia su boca. Se pegó a su oreja y respiro su aroma.
-Yo decido cuando follarte… No lo olvides…
El edificio de Dominic estaba anexo a otro y ambos compartían un restaurante común. No solía ir a menudo, pero cuando lo hacía siempre se sentaba en una de las mesas más apartadas en algún rincón. Allí nadie le molestaba, sus empleados tendían a ser excesivamente amables con él e intentaba no tener demasiado trato con ellos.
Por eso cuando entraron medio restaurante se quedó en silencio. Samara dudaba si era por él o por que el vestido le había jugado una mala pasada.
-Siempre me siento muy observada cuando vengo…
-Ya te dije que no debía preocuparte. La gente es quisquillosa y yo no dejo ver mi vida…
-¿Por eso la mujer de la tienda pensaba que eras…?
Dominic subió la ceja y la miró de reojo.
-No importa…
-Las mujeres sois envidiosas… Relájate un poco Samara. Estas demasiado pendiente de los demás.
-No puedo remediarlo… Encima no llevo ropa interior…
-Samara… Nadie va a pensar que eres mi puta particular, si es lo que te preocupa…Sólo curiosean… Nunca han visto a una mujer conmigo.
Samara suspiro un poco más relajada. Mientras comían le contó la casualidad con Carlo, su cara de susto al verla, la de ella, la de su jefe.
-Se que te llamó…
-Cierto- Un leve pitido sonó en el móvil y lo miró.
-¿Puedo saber que te dijo?
Dominic dio un trago a la copa de vino y se limpió con la servilleta.
-No.
-Entiendo.
Después de comer subieron de nuevo al despacho de Dominic. Esta vez al cerrar la puerta giro la manilla del cordón que cerraba las cortinas venecianas de los cristales, dio una vuelta a la llave del pomo y se quitó la chaqueta. Mientras Samara permanecía de pie observando lo que hacía, se aflojo la corbata y sirviéndose una copa se sentó en el sofá.
El sillón de Dominic se giró. Samara se llevó un susto de muerte al ver a Carlo sentado en él. No se había percatado de su presencia ya que el respaldo era ancho y alto y al revés no se veía nada.
-Tienes que decirme donde compras el mobiliario. Me estaba durmiendo- Se rió- Hola Samarita…
-Hola Carlo…
Se levantó y se acercó a ella. Intentó pasar la mano por su mejilla pero Samara se apartó de él.
-Dominic siempre ha tenido buen gusto para sus caprichos…
-Tranquila princesa.
Sabía que a Samara la ponía nerviosa aquel hombre. La provocaba y buscaba para que cometiera un error con la única intención de disfrutar de la visión de verla atormentada. Su amigo siempre había sido así. Carlo era el heredero de un imperio, había pasado su vida enganchado a las fiestas sadomasoquistas y las orgías desequilibrantes sin control.
Antón lo había sacado de allí con tan solo veintidós años apunto de perder sus negocios y su dinero y él había conseguido controlar gran parte de su caos personal aunque aquel atisbo de desorden todavía afloraba de vez en cuando.
-¿Meredit?-Le preguntó Samara.
Carlo se rió. La apartó el pelo de la cara y pasó la mano por su cuello.
-Con su marido…Con su hijo… En su mundo perfecto y aburrido…
-No sabía…
-Lógico- Metió la mano en el bolso de su gabardina- Cuando una mujer tiene una vida vacía… Busca fuera lo que la llene… A veces, son cosas tan extrañas, tan distintas a lo que se tiene…
Sacó las bragas que llevaba dentro. Las pasó por la nariz y volvió a meterlas en su bolso. La sonrió y cogió la carpeta que había encima de la mesa. Samara puso gesto de sorpresa preguntándose como sabía que las llevaba a allí guardadas.
-¿Sigue en pie lo del sábado?- Dijo a Dominic.
-Allí nos veremos.
La besó en la mano y se dirigió a la puerta.
-Hasta entonces.
Tras irse. Dominic volvió a cerrar con llave la puerta del despacho. Samara seguía de pie, tensa y expectante. La besó en los labios y se sentó en el sofá. Abrió las piernas y con ese único detalle ella entendió que debía hacer. Samara le sonrió y se puso entre ellas de rodillas. Alargó la mano tímidamente y al ver que él no hacía nada tiró de su camisa sacándola de los pantalones y soltó los botones poco a poco. Besó su estómago, soltó el cinturón de su pantalón y acarició su pelvis.
Apoyó la cabeza en el respaldo y cerró los ojos. Notó la lengua de ella pasar por la punta de su polla, sus labios calientes presionando el tronco.
-Eres…-Dijo- tan… predecible…
Tiró de su pelo y la apartó de un tirón. Mientras la sujetaba con fuerza la miraba frunciendo el ceño y ladeando la cabeza. La atrajo hacia él, Samara apoyaba las manos en sus rodillas para no perder el equilibrio.
-Contigo me resulta… muy difícil controlarme…
La besó con brusquedad y la vio sonreír. Su gesto le descolocó.
-Nunca te pedí que lo hicieras…
La tiró del pelo hacía él.
-No esperaba menos de ti…
Sin soltarla la metió los dedos en la boca y se la abrió con ellos, la hizo un gesto para que sacara la lengua y cuando la tuvo fuera la paso la polla por ella. Luego se la encajó de un golpe y la empujó contra su pelvis sin apenas dejar que respirara. Notó como quería liberarse, como quería respirar pero la mantuvo así un poco más hasta que tirando de ella la liberó.
Samara respiraba con fuerza recuperando el aliento.
-¿No querías comerme la polla?- La dijo con ironía- Pues déjate de mariconadas y hazlo bien…
La levantó y la empujó hacia la mesa, ella quedó de pie con el estómago encima de los papeles del escritorio y el vestido de cinturón.
-Ábrete… para mi- La dijo acercándose desde atrás.
La cogió las manos y se las llevó a sus nalgas invitándola a que le enseñara lo que tenía. Ella separó más las piernas y abrió el culo arqueándose un poco hacía atrás. Y que preciosa estaba así… con sus pechos rozando la encimera, sus caderas clavadas en la mesa y sus manos abriéndole paso y diciéndole "Esto es tuyo… ". Su respiración acelerada por los nervios, por no saber que viene ahora.
Por que ni siquiera ella podía saber como acabaría todo, por que ni siquiera él sabía cuando parar.
La penetró despacio y la vio cerrar los ojos relajándose. No tenía intención de hacerla daño… Al menos su cabeza luchaba por amarla de momento.
La cogió con ambas manos la cara y cuando notó sus convulsiones, cuando sintió que temblaba y que gritaría la tapo la boca para impedir que media empresa se enterara de lo que estaba pasando allí.
-Shh… Shh…-La dijo- Controla esa boca zorra.
Samara jadeaba, ahogada por su mano, retorciéndose entre sus brazos intentando aguantar sus ganas de gritar. Notó su dedo rozando su culo, notó la punta de su polla resbalar por sus labios hasta rozarlo.
-Deberías estar acostumbrada ya…
Empezó a metérsela despacio en el culo y al ver su cara volvió a taparla la boca y de un empujón se la encajo entera.
Sus ojos…ese brillo en los ojos que anuncian el llanto, que denotan que el dolor es insoportable. Eso le volvía loco. Ese gesto de "no puedo impedirlo pero me duelen las entrañas" le hacía perder el hilo de la realidad. Intentó zafarse de él pero la tenía agarrada con fuerza.
-Quieta…
Su mano la tapaba la boca y con la otra la atraía hacía él agarrándola la nuca.
Sabía que la dolía, sabía que jamás se acostumbraría. Él no permitiría que se acostumbrara, dejaría pasar el tiempo para volver a follarla así. Por que de esa forma… su dolor sería el mismo y su placer igual.
Cuando sus lágrimas le mojaron la mano no aguantó un segundo más y se corrió, metiendo y sacando la polla una y otra vez sin compasión. En ese momento nada le importaba, todo le daba igual y después, cuando todo pasaba… volvía a amarla.
La destapó la boca muy despacio y la beso en la mejilla Ella respiraba con fuerza sin dejar de mirarlo. La sacó despacio y vio en sus ojos una expresión de liberación. Al apartarse de ella la lefa cayó por encima de la mesa, la separó las piernas y observó su obra.
Samara no decía nada. Tumbada sobre la mesa esperaba sin más.
Agotada por el dolor ladeó la cabeza y lo vio abrocharse la camisa, metérsela por dentro del pantalón y ponerse el cinturón.
Volvió hacía la mesa y la incorporó. La limpió los ojos y levantándola los brazos hacía arriba la bajo el vestido, fue al perchero, sacó de su gabardina la ropa interior y se la dio. Se apartó torpemente de la mesa y se las puso de nuevo.
-Samara…
Su nombre sonaba siempre distinto cuando se acercaba a su oído y lo decía.
- Mírame Samara…
Era consciente de su capacidad en desubicarla. La abrazó con fuerza y la besó en la frente. Se aferró a su pecho rodeándolo con los brazos. Ella lo quería humano, ella necesitaba esa parte de él y lo sabía.
-¿De quien eres princesa?
Samara metió la cabeza como una niña en su pecho intentando esconderse.
-Contéstame…
-Tuya…
-Pues entonces arréglate, límpiate esas lágrimas y levanta la cabeza cuando salgas por esa puerta…
-Quiero quedarme contigo….
Se rió y acercándose a la mesa pulsó el botón del teléfono.
-Dígame Señor.
-¿Tienes algo para mi o puede esperar a mañana?
-No Señor, las llamadas importantes las atendió el Sr. Luis. El resto puedo esperar a mañana.
-Bien. Gracias Ana.
Se quedó pensativo frente a la ventana mientras se ponía la chaqueta del traje. Cogió la gabardina de Samara y se la puso sobre los hombros. Abrió la puerta y la invito a pasar.
-Levanta la cabeza Samara…
Respiró profundamente y salió al pasillo. Dominic se adelantó para hablar con un hombre que estaba en una mesa al fondo de la oficina. Ella espero cerca del ascensor mientras tanto. Dos mujeres se acercaron a ella para coger el ascensor justo cuando Dominic volvía.
-Señoritas…-Dominic saludo educadamente.
-Buenas tardes Señor- Dijo una de ellas sonriente y miró a Samara.
En el ascensor el silencio cortaba el ambiente. El sabía que sus empleados le tenían por un hombre excéntrico, demasiado inteligente y receloso de su vida. Jamás había hablado con ninguno de ellos si no era absolutamente imprescindible y sabía que el respeto que tenían por él era inmenso pero también la curiosidad.
El ascensor fue parando en varias plantas y a medida que entraban y veían a Dominic iban apelotonándose delante como intentando no molestarlo en aquel espacio tan reducido.
Le hizo gracia ver a seis personas dándoles la espalda como si fueran a saltar de un tobogán y tuvieran prisa.
Nunca se había fijado en aquellos detalles. Iba demasiado inmerso en su trabajo para darse cuenta de todo lo que pasaba entorno a él. El ascensor paró en la planta baja y la gente salió a tropel.
-Dominic…
La miró mientras salía del ascensor.
-¿Qué pasa el sábado?
Paró delante del coche y abrió la puerta del copiloto.
-Sube y no des vueltas a las cosas.
-Dominic…
-Samara- La interrumpió-Una vez me preguntaste que haría si me dijeras alguna vez que No ¿Recuerdas?
-Si…
-Hoy te lo pregunto yo a ti. ¿Me dirías que No?
Samara sonrió levemente y negó con la cabeza.
-No… No te diría que No.
-Que no te preocupes entonces, que pase el sábado…