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2011-06-15 06:20:59
-Párate a pensar unos minutos por qué estas aquí. Te miras en el espejo y ves una mujer segura de si misma, triunfadora, todo lo que se le pone por delante lo logra. Una mujer inteligente y culta, a veces con un toque de soberbia exquisita.

Samara se mantenía de pie delante de Dominic. Aquella tarde después del trabajo había decidido pasar por su despacho sin avisarle. Se había dado cuenta que todo el tiempo que llevaba con él jamás había tenido una conversación clara y profunda.

-Necesito entenderte para complacerte- Le había dicho.

-No tienes que entenderme Samara, tienes que adelantarte a mi. No eres una marioneta, no te elegí por que tengas hilos y puedo moverte a mi antojo.

Dominic hablaba despacio repasándola de arriba abajo. Aquella forma de mirarla la provocaba aquellas malditas punzadas en el estómago. No acababa de acostumbrarse a sus miradas, a su seguridad y a aquella prepotencia.

-Siempre te dije que no eras como el resto. No quiero que seas como el resto.

La cogió la cabeza con ambas manos y acercó su frente a la de ella.

-No eres gris Samara… Tu energía… Enfádate, escupe lo que lleves dentro.

Su voz empezaba a sonar desgarradora.

-Pero, si hago eso tú….

-Yo ¿Qué?- La apretó más fuerte con ambas manos- ¿Crees que me defraudarías? ¿Qué te cambiaría? ¿Eso temes?¿Por eso actúas como una autómata?

Samara dejó de mirarle.

-¡Mírame Samara!- La movió la cara para fijarla la vista en él.

-Una mujer que se entrega también se enfada princesa- La besó en los labios-Eras una fiera atada con una fina cadena. Ahora no llegas a gato domestico…

Aquellas palabras la perforaron los oídos y el orgullo. Su mandíbula se tenso y lo miró con rabia.

-Eso quiero- Se apartó de ella y la sonrió-Eso…

-Es la primera vez que me lo dices Dominic.

-Es la primera vez que me lo preguntas y te recuerdo que hace tiempo, te dije que ahora eras tú la que tenía que dar.

Volvió hacía ella y la cogió con una mano de el mentón apretándola con fuerza, acercó sus labios a su oreja y olió su piel.

-Y ese… Es tu problema. Oyes pero escuchas muy poco.

El ruido de la puerta les interrumpió. La secretaría de Dominic asomó la cabeza con timidez.

-Disculpe Señor, le esperan en la sala de reuniones. Si quiere atrasó cinco minutos…

-No te preocupes, la señorita ya se iba.

La secretaría se fue y Samara se dirigió a la puerta.

-Samara.

Se quedó de espaldas a él y giró levemente la cabeza. No quiso mirarlo, se sentía ofuscada y rabiada. Se sentía dolida.

- No me defraudes…

Le dirigió una sonrisa forzada y angustiosa y se fue.

-2 Parte-

Ana estaba a punto de terminar su jornada de trabajo. Mateo la había dejado instrucciones claras y concisas de lo que tenía que hacer. La misma habitación del mismo hotel. Otra vez debía esperarle de rodillas, totalmente desnuda y con los ojos tapados de espaldas a la puerta. Estaba tan nerviosa como la primera vez, le resultaba difícil controlar sus temblores contando el dinero en el banco. Faltaba muy poquito para irse. La alarma de su reloj sonó y como un rayo cerró cajas y salió por la puerta del banco a gran velocidad. No quería llegar ni un minuto tarde. Cruzó la calle y atravesó el parking en dirección a su coche. Algo la hizo frenar de golpe. Un hombre vestido de negro con una chaqueta de piel con los cuellos algo subidos fumaba un cigarro apoyado en su coche. Al acercarse más lo identificó. Carlo uno de los chicos de Quimera la miraba con gesto pícaro y sonrisa maliciosa.

-Hola rubita- Tiró el cigarro y se incorporó- ¿ Donde vas con tanta prisa?

-Hola… He…-Apenas la salían las palabras- He quedado tengo algo… de prisa…

Carlo sonrió y se acercó a ella. Ana estaba paralizada con las llaves del coche en la mano.

-Me ha dicho un pajarito que ya haces tus pinitos como zorrita.

Se aproximó más a ella y la apartó un mechón de pelo de los ojos.

-En el fondo nosotros somos tus padrinos…

La joven miró el reloj nerviosa. El la bajó el brazo para quitarla la vista de él y la paso la mano por la mejilla.

-Si no fuera por nosotros… Ahora mismo no estarías gozando como una putita cuando te dan duro nena…

-¿Qué, qué quieres de mi?

La acercó la cara a su boca. Rozó con sus labios la oreja de Ana.

-¿Disfrutas cuando te trata como una puta?-La olió- Dime Ana….

La joven se erizó. Adoraba a Mateo, pero no podía remediar la devoción que sentía por aquellos demonios. Su voz suave, burlona y delicada la atravesó la cabeza y la mojó como un rayo las bragas.

-Dime… Gritas como una zorra cuando te pone a cuatro patas y te folla… ¿Verdad… Ana?

-Para por favor…

Movió la cabeza pero al notar su lengua en su oreja cerró los ojos y suspiró.

-Claro que si… -Deslizó su mano por debajo de su falda y acarició su clítoris.

-Pero la preciosa y novata zorrita se muere de ganas de subir un escalón… ella quiere sentir otras pollas… ¿Te gustaría que te follara Ana…?

-Por favor… Tengo que irme…

Metió dos dedos dentro de su coño la joven suspiró y dio un leve gemido y se aferró a su brazo intentando apartarse de él.

-Contéstame zorrita… ¿Te gustaría notar mi polla dentro de ti?…

Movió los dedos, ella separó las piernas un poco y mirando tímida a su alrededor temerosa de que pasara alguien volvió a gemir.

-Ya me has contestado…

Carlo sacó los dedos de su coño y se los pasó por la nariz oliéndola. Sonrió como un enfermo y se los chupó. La volvió a poner el mechón rubio por detrás de la oreja y la pasó la lengua por ella.

-Hoy has aprendido algo nuevo….

Ana se adecentó y apartándose de él sin entender lo último que había dicho subió al coche algo desubicada. A través del retrovisor lo pudo ver sonriente, lo vio levantar el brazo y señalarle el reloj. Entonces se dio cuenta de la hora, pisó el acelerador con fuerza y se alejó a gran velocidad al hotel.

Llegó fatigada a la habitación y se quitó la ropa rápidamente. Gracias a Dios Mateo no había llegado aun, se puso de rodillas, se ató el pañuelo negro a los ojos y se empezó a relajar un poco al sentir que todavía él no llegaba. Minutos más tarde, el ruido de la puerta, y unos pasos le anunciaron que él ya estaba en la habitación.

-Señor…

-Hola Ana.

Su voz la tranquilizó enormemente. Notó como se quitaba la chaqueta, su mano pasó por su cabeza con cariño y con suavidad la cogió las muñecas pasándole los brazos por la espalda y los ancló con algo que parecían unas esposas. El frió metal se aferraba a su carne delicadamente.

-Existe algo en la vida que nos define como personas. En la vida, en los negocios, se llama puntualidad, Ana, tú hoy no la has tenido.

-Perdóname… Se que he llegado un poco…

-Déjame terminar Ana.

Ana supuso que Mateo ya estaba en el hotel y la vio llegar tarde. Su cabeza empezó a funcionar a gran velocidad y afino el sentido del oído.

-No es relevante, todo el mundo llega tarde alguna vez… Eso no es lo más grave. No… Existe algo peor…

La joven empezó a sentir un terrible dolor en el estómago. Movía la cabeza buscando sus aroma, sus pisadas. Una bofetada la tiró de lado en el suelo de madera, al estar atada cayó de lado.

-Lo peor… es por qué llegaste tarde.

-Mateo… Te juró que..

La levantó por los pelos y la volvió a colocar de rodillas. Notaba su mano aferrada a sus mechones, la presión de sus dedos en la raíz de su pelo. La separó las piernas y sintió como apoyaba la punta de su polla en la entrada de su culo y sin compasión la atravesó hasta pegar su pelvis en sus nalgas. Tenía la cabeza hacía atrás, la mantenía inmóvil mientras volvía a sacar la polla de dentro y se la metía con la misma brusquedad.

-Me haces daño… Por favor, perdóname, Yo, yo…

-Shhh….

La bombeaba una y otra vez, apenas podía mantener el equilibrio, el suelo se clavaba en sus huesudas rodillas y la provocaba un dolor insoportable.

-Si te comportas como una puta… Tendré que tratarte como una puta- La susurró al oído.

La follaba con crueldad, la embestía una y otra vez hasta que sus jadeos la anunciaron que Mateo iba a correrse de un momento a otro. Ana solo deseaba que aquel tormento terminara, que Mateo la perdonara por su osadía.¿Cómo había sido tan tonta? ¿Cómo no se había dado cuenta de que la presencia de Carlo no era casual?

Sacó la polla de su culo y agarrándola por la cara se la encajó en la boca. La hizo tragarse toda su lefa hasta casi ahogarla. Ana tosía angustiada con toda su polla clavada en la garganta y su mano que la impedía sacarla.

Tras correrse se apartó de ella, lo oyó derrumbarse en la butaca que Ana tenía detrás de ella. Entonces una mano la quitó la venda de los ojos.

Carlo la sonreía mientras la leche le caía por la comisura de los labios.

-¿Ves como hoy aprendiste algo?

-3 Parte-

-Samara, hay un mensajero en recepción que pregunta por ti.

Samara se levantó de la silla y saliendo del despacho cruzó las oficinas y bajo a la planta baja. Un joven algo avispado sujetaba un paquete. Tras firmar la hoja de recepción se lo entrego y se fue. Tenía una tarjeta pegada en la parte superior, su nombre en cursiva, era la letra de Dominic. Se aferró a la caja y volvió a su despacho.

“Para los primeros diez minutos. A las nueve en punto en mi despacho”

Miró el reloj. Eran casi las ocho. Siempre llevaba un neceser con ella por si Dominic la llamaba, así que no abrió el paquete. Espero a que la gente te fuera de la oficina y bajo a los baños. Allí se aseo, se echo desodorante y abrió el paquete. Era un vestido, cuando se lo puso se dio cuenta que la espalda era totalmente descubierta, tanto, que casi se le veía la rajita del culo. Dominic siempre había tenido muy buen gusto para la ropa. Era precioso, fino, elegante, pero apenas la tapaba nada. Se puso la gabardina y se maquillo un poco. A las nueve menos cuarto entraba en el edificio de Dominic. Respiró profundamente antes de abrir la puerta.

-Segura de ti misma- Se dijo así misma.

Abrió la puerta y entro en el despacho. Parecía que no había pasado el tiempo desde ayer. Dominic estaba apoyado en el cantó de la mesa como si supiera a que hora exacta ella iba a entrar y la esperara.

Samara se quitó la gabardina. Él dio la vuelta a su mesa y se sentó en la silla.

-Dudaba si te quedaría pequeño pero veo que no.

-Es muy bonito ¿Vamos a ir a cenar?

-Lo más seguro. Dame un momento termino con esto y nos vamos.

Samara lo miró, cuando lo veía tan sencillo, trabajando, sin ser el hombre prepotente que siempre hablaba con ella se derretía ante él.

No aguantó mucho de pie. Se acercó a la mesa y trepó por encima de la encimera apartando los papeles que había en ella.

Su vestido se enroscaba por encima de las rodillas dejando ver su sexo.

-¿Qué haces?

Empujó unas carpetas y tumbándose delante de él separó las piernas y arqueó su espalda, retozándose como una gata panza arriba. Quería provocarle, quería sacarle de quicio. Era difícil, él podía pararla en cualquier momento pero estaba tan necesitada de su atención. Necesitaba que la follara con aquella pasión que sólo el podía darla. Dominic la miraba con el ceño fruncido mientras ella se acariciaba el coño con la mano, se sentó en la mesa y pasó sus dedos por los labios de él.

-¿Por qué eres tan duro conmigo?-Le susurró.

Se colocó a cuatro patas frente a él. Con ambas manos agarró el canto de la mesa y lo besó en los labios. Se contoneaba provocando alguna reacción en él. Le pasó la lengua por los labios, lamiéndole. Dominic se mantenía expectante.

-Yo solo quiero complacerte… Es tan difícil…

Se rió con malicia. Volvió a sentarse en la mesa y colocó sus pies sobre los reposabrazos de la silla. Dio un ligero bote y se sentó sobre él. Volvió a besarlo, Notaba sobre su coño la presión de su polla que empezaba a crecer bajo los pantalones. Él tampoco podía mentir. Empezaba a excitarse medida que Samara movía el culo haciendo pequeños círculos sobre su polla. Se aferraba al reposacabezas de la silla mientras una y otra vez le lamía los labios como un gato cuando bebe leche.

-Quiéreme un poco Dominic… Sólo un poco…

Levantó una ceja y la miró arquearse. Samara se soltó el fino hilo que rodeaba su cuello y el vestido cayó quedando a modo de cinturón enroscado en su cintura. Sus pechos rozaban a Dominic mientras buscaba su lengua. Estaba desatada, se excitaba cada vez más al ver que él no la frenaba y la paraba en seco. Descendió con su mano y le soltó el cinturón, le tanteo mientras le sonreía intentando liberar su polla que latía bajo la fina tela. Si… se dejaba, la dejaba hacer, su polla saltó como un resorte, se frotó el coño con ella de atrás hacía adelante empapándola. Quería clavársela, notarle dentro, sentirle en sus entrañas. Sólo eso.

Le cogió ambas manos y se las puso en los pechos. Las apretó con fuerza, haciendo un leve movimiento de cadera se colocó la punta de su polla en la entrada del coño y presionó haciendo que entrara levemente. Estaba tan mojada que apenas notaba la presión en sus paredes. Quería más, quería que la follara, que reaccionara y la tirara sobre la encimera. Pero él seguía observando lo que hacía, como se movía, como le miraba pidiéndole guerra.

-Fóllame… Tengo ganas de ti….

-No me digas.

Le cogió con delicadeza la cara y metiéndole la lengua en la boca acabó dejando que su polla resbalara hasta el final. Estaba clavada a él. No se movía, sus piernas en tensión le apresaban. Se movió ligeramente y su clítoris sintió un leve choque contra él. Dominic rodeó su culo con ambas manos y la levantó un poco para luego volver a clavarse en ella.

Luego la pasó las manos por la espalda y la pegó a él. Sentía como empezaba a moverse despacio dentro de ella, como aquellos leves y delicados movimientos la trasportaban a otro sitio. Gimió cuando sus manos la abrieron el culo y la hicieron mover la cadera, sus dedos pasaban desde atrás rozando los laterales de su coño, abriéndoselo para luego clavarse despacio otra vez en ella.

-¿Crees que follándote así te quiero más?

La cogió el mentón y la hizo sacar la lengua. Se la chupo. Lamió los labios de Samara y empujándola hacía abajo la hizo acelerar el movimiento de su cadera.

-No lo se… Sólo quiero sentirte cerca…

Podía ver el reflejo de la espalda de Samara a través del espejo que había al otro extremo del despacho, su contoneo, su culo moverse en círculos, su cadera bailando, presionándole la polla. Sentía que por momentos se dejaba hacer, lo vio cerrar los ojos y relajarse. Su cabeza se inclinó un poco hacía atrás y le sintió relajado mientras ella seguía moviéndose cada vez más cachonda. Pero entonces abrió los ojos y la sonrió. Con una mueca de soberbia, la cogió la cadera y la frenó. La apoyó la mano entre ambas tetas y la hizo tumbarse en la mesa. Los papeles, parte de ellos habían caído al suelo desperdigándose. Dominic se levantó de la silla, la beso en la mejilla, el cuello, su estómago. Pasó la palma de su mano por su sexo, la cara interna de sus muslos. Estaba empapada.

Se incorporó, se subió la bragueta y abrochó el cinturón. Samara estaba tan ansiosa, que puso gesto de enfado cuando vio que la dejaba a medias.

-Pero Dominic….

El miró la hora.

-Te quedan quince minutos.

-¿Para qué?

-Para dejarme los papeles como estaban, arreglarte e irnos a cenar.

La sonrió con cariño y la beso.

-Vengo ahora.

Samara dio un leve grito de rabia cuando él salió del despacho. Saltó de la mesa y poniéndose el vestido se rió. Recogió los papeles del suelo y los ordenó sobre la mesa. Dominic no tardo en regresar. Traía la chaqueta y una caja que lanzó a Samara desde la puerta.

-Te falta esto para estar perfecta.

Abrió la caja nerviosa, una preciosa pulsera de oro blanco y brillantes casi le cae al suelo. Era preciosa, se la puso en la muñeca y levantando el brazo la miro con asombro.

-Es preciosa, gracias, no tenías….-Estaba emocionada, nunca la habían regalado algo tan bonito- No tenías que…

Dominic miraba el reloj sin prestarla mucha atención.

-Vamos, que nos están esperando….

Samara fue hacía la puerta mirando su pulsera.

-¿Quién?

-Tu hermanito entre otros…

Estaba tan embelesada con aquella joya que salió sin apenas mirar por donde iba. Caminada detrás de él por el estrecho pasillo que daba al hall. Dominic apagaba luces a medida que avanzaba, se despidió del vigilante de seguridad y descendieron al parking. Mientras atendía una llamada Samara le miraba. ¿La quería? Podía ser, quien sabe, igual nunca se lo diría como cualquier hombre, quizá la daba un caramelo para que respirara un poco, dudaba de cada paso de Dominic, de cada detalle o humanidad, pero en el fondo, fuera cual fuera su intención, se sentía feliz.

Autor: malenka


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