Llegó el verano… En el trabajo, en mi sector concretamente, empieza la temporada buena, buena para el jefe. Vamos, cuando más movimiento hay.
He tenido un día duro, y no sólo lo digo por el curro. Es bien sabido que el calorcito la sangra altera, o ¿era la primavera? No sé que me pasa hoy, pero estoy bastante alterado. Es uno de esos días en que sin quererlo algo se te mueve en el pantalón sin pensar en nada en especial… Las hormonas, se nota el buen tiempo. Erecciones inesperadas cada dos por tres. Sin quererlo. Además, hoy he tenido una reunión y llevo pantalones de vestir, que la "cosa" se nota más que con unos vaqueros…
La verdad es que una vez que empiezas, es un no parar. Se te pone dura, luego te excitas, piensas en lo que no tienes que pensar, y eso se pone más duro.
Mi mano, como si tuviera vida propia, me acaricia por encima del pantalón.
Sigo intentándome centrar delante de la pantalla de ordenador. Nadie lo ve, tengo la mano izquierda por debajo de la mesa. Joder, parezco Felix Rodríguez de la Fuente; en la mano derecha un ratón, en la otra un pájaro con sus huevos. Aprieto mi miembro con fuerza para que baje, pero por otro lado, el placer de tocármela me excita tanto que logro el efecto contrario. Tengo la sangre donde no debo, así no puede pensar uno…
Estoy en el trabajo, pero es placer. Una sensación muy rara. El angelito y el diablillo gritando a cada una de mis orejas. El diablillo, está a punto de convencerme y pienso en ir a masturbarme al baño. Una paja ahora estaría genial para dejar de escuchar a este par de personajillos. Mmmh… No dejo de pensar en mi novia, ¡este subidón le tenía que aprovechar ella!. Pero antes de que mi idea se transmitiera a mis piernas, suena el teléfono. Mi jefe.
"Buenos días, ¿puedes venir a mi despacho?"
Dudo por un momento:
Ehh, "¿ahora?"
"Sí, ahora", me responde con un tono de incredulidad.
"Ok, voy".
Reconozco que mi respuesta no ha sido muy inteligente. Yo habría pensado también ¿qué no ha entendido este tío de la frase "puedes venir a mi despacho"?. Pero en mi estado, tengo la cabeza pensando en otras cosas. Me ha pillado desprevenido.
Es como el chiste ese de que está una neurona sola en el cerebro de un hombre gritando "Eooo", "eooo". Y llega una neurona corriendo y le dice: "Pero, ¿qué haces aquí? Vamos, corre, que estamos todas en la polla." ;).
Cuelgo el teléfono. Me levanto mirándome el paquete. Espero que nadie se dé cuenta, pienso. Voy un poco encogido para esconder mi arma lo más posible. Paso cerca de las mesas de mis compañeros y compañeras y me da la sensación de que me están mirando. Es obsesivo, lo sé, ¡que no llevo una sirena en la bragueta…! Me ruborizo un poco, mientras miro al suelo y también a algunas de mis compañeras para ver sus reacciones ante la visión de la mía. Pero creo que cada cual está a lo suyo.
Mientras me dirijo al despacho, me pregunto ¿Para qué me llamará?. Los jefes a veces tienen un sexto sentido, igual me ha notado con baja productividad hoy… "¿Qué hace usted todo el día empalmado?", me imagino que me va a decir poniéndole una nota de humor a la situación.
Finalmente, no fue para nada importante. Me quedé más tranquilo, y volviendo de nuevo a mi mesa, me dí cuenta de que mi empalme había desaparecido. Bueno, por lo menos, me acabo de asegurar al 100% que mi jefe no me pone cachondo ;)
A la media hora, mi organismo reacciona de nuevo. Se me pone dura, dura… ¡Buff, qué calor…! Bueno, ya sólo queda una hora para acabar la jornada... Los minutos se hacen eternos.
Es la hora, cada cual a su casa. Apago el ordenador. Por fin, la calle. Aire puro. Hace un buen día, más bien caluroso. Todavía hay sol. De camino, pienso en mi novia. ¿Estará en casa? Ojalá. En ese momento, mi motor se enciende de nuevo. Pero, ¿qué me pasa…? Hoy estoy fuera de control.
Meto la llave en la cerradura. Está la radio puesta. Quizá tenga suerte… Me acerco hacia el salón, de donde viene el ruido. Mi novia viene a mi encuentro. Está cómoda. Unos pantalones ajustados tipo culotte, y una camiseta blanca de tirantes. Me encanta ese look, la encuentro supersexy.
"Hola", dice dulcemente mientras me da un beso de bienvenida.
"Hola", le respondo mientras le miro de arriba abajo.
Le agarro de las caderas y la acerco hacia mí. Mi entrepierna está bien dura y choca contra su ombligo por la diferencia de altura.
"¿Y esto?", me dice con una tono de fingida sorpresa mientras lo toca.
"Es un regalo que te he traído", digo esbozando una sonrisa perversa.
En la radio suena "Yo soy tu gatita" de La Factoría: "yo soy tu gatita, tu gatita, así que explota como dinamita, soy gata y araña, aráñame el corazón…" Ella comienza a bailarme con guasa, cantando… Baja hasta poner su cara a la altura de mi bragueta. Me acaricia el paquete. Sube de nuevo. Mi polla está durísima, todo el día ahí encerrada. Quiero explotar.
"Eres mi gatita, ¿si?", le digo yo con los ojos de deseo.
Ella no deja de ponerme cachondo mirándome y bailando para mí…
"¿De verdad?", insisto apretando mis dientes.
Su cuerpo habla por ella, pero no me contesta.
Estoy hecho un animal. Airoso, me voy hacia la cocina. Mi novia se queda sorprendida.
"¿Dónde vas?", me pregunta extrañada.
"Schhhhhhhhhhh", le grito contrariado.
Allí cojo un plato y lo lleno de leche. Vuelvo al salón, lo pongo en la mesa de cristal cercana a la pared donde comemos normalmente. Estoy a cien, así que le beso con rabia, con fuerza, con lengua, con la mano en su nuca para que no se escape. Le doy la vuelta y agarrándole por el pelo, le fuerzo a que se incline hacia delante. Ella se resiste, pero yo hago más fuerza.
"¡Bébetelo todo!", digo apretando los dientes.
Con la cara metida en el plato, comienza a sacar la lengua y a dar lametadas. La tengo donde quería, doblada hacia delante, con el culo en pompa. ¡Cómo me excita esta posición!. Mi polla quiere estallar.
Con un movimiento certero, bajo su culotte hasta las rodillas. Así evitaré que se mueva y mantendré sus piernas bien juntas. Por mi parte, me bajo los pantalones y los boxers hasta las tobillos. ¡Liberación!. Rápidamente, me escupo en la mano y me unto la polla con mi saliva. Y luego hago lo mismo con su coño, que curiosamente está más húmedo de lo esperado.
Agarrándole del pelo, la mantengo doblada con mi codo clavado en su espalda, mientras con la otra mano, enderezo mi polla hacia su coño. Doblo mis rodillas para ponerme a su altura. Y la penetro de abajo a arriba, levantándola momentáneamente del suelo. ¡OHHH! Grita. Sin contemplaciones. Su vulva enmarcada en esas nalgas juntas parece hundirse ante mi terrible embestida. Toda dentro. ¡Qué calor…!
Mi camisa no me permite ver cómo entra mi polla en su prieto coño. Pero es como si lo viese… La follo cada vez más fuerte, más y más fuerte. Sus gemidos crean en mi cabeza una imagen difícil de olvidar, y a su vez, alimentan mi instinto animal. El sonido de mis muslos contra sus nalgas se sincroniza con el de las patas de la mesa moviéndose con cada embate.
Estoy totalmente desbocado, quiero penetrarla hasta matarla de gusto. Quiero dominarla, que se trague toda la leche del plato, mientras la follo por atrás.
Pongo a prueba mi autoridad y le suelto del pelo, para agarrarle por las caderas y penetrarla a placer, como a mí me gusta. Mis manos comienzan a ascender con sus costados, por dentro de la camiseta desplazándola hacia arriba. Quiero tener sus tetas en mis manos. Subo su camiseta por encima de sus duros senos juveniles. Los aprieto con fuerza entre mis manos y la incorporo hacia mí, mientras mi verga no deja de percutirla en su trasero.
Escucha mis resoplos muy cerca. Mi cara tocando con la suya, mi calor invade su espacio. Sin dejar de jadear y apoyando las manos en la mesa, me mira de reojo. Lamo su mejilla con absoluta lascivia. Eso le mata. Gira la cabeza hacia mí y sus labios encuentran mi lengua descoordinada que lame las gotas de leche que quedan en su boca.
- "No voy a parar hasta que te lo acabes todo", le susurro al oído.
La empujo hacia delante de nuevo. Sus lamidas no consiguen vaciar el plato, y comienza a sorber. Sus respiraciones por la boca se vuelven más intensas, más rápidas… Sus gemidos de placer se vuelven casi silbidos al intentar poner la boca de piñón para sorber el líquido blanco del plato.
El reflejo del cristal de la puerta del salón me regala una imagen brutal. Yo detrás con las manos en su cintura. Ella, de puntillas guarda el equilibro apoyando sus pechos contra el frío cristal. Sus pezones duros untados también del blanco líquido derramado sobre la mesa. El golpeo de las patas de la mesa ya contra el rodapié retumba en todo el tabique. Y unas gotas de leche indecisas cuelgan de su barbilla y su nariz…
Está sometida a mí, sus piernas no pueden abrirse más que lo que da de sí el tanga en sus rodillas. Y mi mano sujeta fuertemente su cuello para que no se levante y siga bebiendo, mientras la penetro una y otra vez. Al tener las piernas tan juntas, mi polla roza sus paredes, me encanta metérsela y ver mi polla perderse en su interior para aparecer décimas de segundo después.
Gime, gime y gime. No le doy tregua. Ya casi se ha tomado toda. Y comienza a lamer el plato. Pasa la lengua por el fondo y por cada uno de los lados. Yo no dejo de embestirla por detrás… No puedo dejar de hacerlo.
Incremento mi ritmo, me la follo como nunca. Ella gime al ritmo que yo marco. Sus ingles se clavan en la esquina de la mesa. Y sus nalgas no dejan de moverse ya en mis manos. Mi polla empapada por sus flujos entra y sale con cadencia. Mis pelotas ardiendo golpean su vulva goteante. Los dos estamos sudando como nunca
Entre jadeos, dice "Ya", indicándome que ya se ha bebido todo. Pero todavía hay más.
"¿Quieres más leche?"
"No", responde ella.
Yo sé que sí. Voy a correrme… Voy a hacerlo… Sí. La penetro más y más duro, agarrándola por la cintura para atraerla hacia mí. Pam, pam, pam… retumba en la habitación. No aguanto más. Ella comienza a quejarse ante mi ritmo frenético, yo sólo pienso en mí. Me tiemblan las piernas, me baja un cosquilleo por el ombligo… Noto cómo se concentran mis soldaditos en mis huevos… Quieren invadirlo todo. Ya, ya, ya…
La levanto con fuerza de la mesa, le hago ponerse de rodillas, mientras agarro mi polla con la otra mano.
- "Toma un poco más, te va a gustar."
Le agarro del pelo, mientras abre la boca esperando a que mi biberón descargue sobre ella. Con el cuello totalmente doblado hacia atrás, me mira mientras yo no dejo de moverla en mi mano deseando que venga ya, y a su vez retrasando su llegada disfrutando del momento.
Algo se cuece dentro de mí, pero por un lado, no quiero dejarlo salir. Quiero que mi placer me invada, disfrutar el momento al límite del éxtasis. Una olla comienza a hervir, todo se tensa, va a estallar si no encuentra por donde descargar. La sensibilidad invade mi capullo y un calor extremo recorre mis huevos. El cosquilleo fatal, no hay marcha atrás. Mi cara se tensa, mi abdomen también y aprieto los dientes emitiendo un sonido de esfuerzo y contención, de rabia y rendición ante lo que se avecina. Aquí está.
Agarro su cara para que no deje caer ni una sola gota. Mi biberón explota, y me derramo… Mis huevos bombean al extremo y mi leche sale a borbolleos de mi capullo totalmente hinchado. No apunto, no puedo, y salpico toda su cara con el resultado de mi placer. Ella cierra los ojos, consciente de mi descontrol, y se queda inmóvil con la boca abierta receptiva a cada dosis de mi polla. Parece que no acabo de bombear, cuando acerco mi miembro caliente a la humedad de su boca. En cuanto nota el contacto, saca la lengua y comienza a relamer lo que queda. Agarra mi polla con una mano y se dedica por un momento a disfrutar de ello. Yo sé que le gusta chupar y se ve que lo disfruta. Y se oye al emitir un sonido que recuerda a un anuncio de TV de una comida deliciosa. Y yo también disfruto y mucho, sintiendo su lengua, viendo como me ordeña al máximo, oyendo sus sonidos de gula.
De seguido, levanto mi polla para mostrar mis huevos y los lame con devoción. ¡Mmmhh…! Por último, su lengua gustosa recorre lentamente todo lo largo que hay entre el bajo de mis huevos y lo alto de mi polla para acabar con un casto beso en mi capullo tras un arrebato de sexo animal.