La pasión en tu manera de amarme, me habla de lo inigualable que son los momentos contigo. Tú te aproximas con tu forma de amarme, tan lejos de la mediocridad; dándome sentido en ese dulce sufrimiento, de alargarnos a ambos el momento del goce. Me haces sentir lo mejor de cada instante y en cada situación, el tempo se crece en ondas de eternidad que permanecerán por todo mis días.
Deseo sentir el examen de tus ojos, de tus manos y de tus labios; solo que tus labios se extienden por toda mi piel, dándome además tu misma respiración. Siento como tu cuerpo se calienta y en tus llamas de fiebre de amor ardo contigo; y a la vez espero la fase de martirizarte, volcándome en olas de fuego sobre ti.
Haciendo el amor a tu cuerpo y a tu mente, te doy puñaladas y asesino tu tranquilidad; te altero y te libero para que te vengas, en oleadas de placer día y noche. Estando tú de espaldas, me renuevo sobre tus onduladas carnes; así me siento como barco, que se balancea en tu piel que sube y baja conmigo sobre ti, que me eres como una mar de vida y sentimientos.
Cara a cara se confunden nuestras lenguas y entrelazamos las miradas; tomo tu saliva y tu aliento vital; son intercambios de amor, teñidos de matices efímeros y eternos a la vez. Te siento como una golondrina que vuela y como una paloma que se me roza; de ambas formas me haces mover mis alas en tierra y en el aire; voy cortejándote acercándome al cielo, pues eres mi ángel de amor.
No te sacias jamás y me das un sequito interminable de mimos, te echas sobre mi y haces que sean realidad los mejores pensamientos; de ese modo en que rozándome por fuera, me llegas tan dentro. Me tomas con tus brazos y me vas absorbiendo, haciéndome estar más dentro de ti. Eres un todo que aspiro, me resultas la realización de un maravilloso sueño hecho realidad. Conmigo vas creciendo y dentro de ti mi amor se eyacula, así me quedo en ti sin reserva posible ni deseable.
Me siento un corazón abierto y destemplado, instalándome más entre cada uno de tus pliegues, que en mi mismo. Tu amor me es pócima de un dulce veneno, que tomo contigo; pronto me siento enraizado, sacudiéndote mí esencia, bien hondamente en ese preciado rincón de ti misma.
Y tras un primer combate nos reponemos con nuevos cariños y nos encaminamos al nuevo trote que nos embriaga y nos levanta; llega luego el galope y la furia y tras ello quedamos el uno sobre el otro, reposándonos de otra corrida de amor. Contigo me convulsiono, y entre tus brazos encuentro el remanso de la arena de playa, con mimos de tus brazos e iluminado por el sol de tus ojos...,
Tras los últimos disparos y sacudidas de mi néctar, a tu lado revivo felizmente estirado y me siento tempestad y naufrago...