Cenamos copiosamente, tomé una copa de vino y nos desplazamos a un extraño antro con largos pasillos y saloncitos que parecía un auténtico laberinto, un garito oscuro con música machacona que hacía mover las caderas sensual y sexualmente. Me fui sola hacia la barra para pedir una copa de licor de avellanas – uhhhh me gusta sentir el dulce sabor final que te deja en la boca y ese agradable olor ….
Debí despistarme a la vuelta porque no encontraba el pasillo dónde ubicar a la gente con la que estaba y descubrí que había llegado a un lugar todavía más oscuro y más estrecho dónde apenas cabía e iba casi chocando con las paredes.
De repente un brazo pareció salir de una de las paredes a la altura de mi pecho y con delicadeza me hizo parar, despacio y por encima de mi fino suéter pasó la punta de sus dedos por mis tetas, suaaaaave con un roce muy leve. Con una expresión total de sorpresa noté como mi cuerpo reaccionó al instante, mis pezones se contrajeron poniéndose de punta intentando sentir más de ese placer. Sentí otra mano esta vez sobre mi cuello - dedos acariciando por detrás de mis orejas hacia el hombro izquierdo, con un tacto también muy suave. Inmóvil y dejándome llevar por el placer solté unos leves gemidos. Alcé y apoyé las manos, en la mano derecha llevaba mi copa, sobre las paredes que estaban totalmente a mi alcance y sentí otra mano sobre el costado derecho bajando hacia la cadera. Otra mano acariciaba mi parte trasera del muslo y bajaba por la pantorrilla. Más manos empezaron a rozar mi espalda, haciéndome tener un respingo que recorrió como un violento rayo todo mi cuerpo. Me parecieron un millar de manos, las sentía en el interior de mis brazos, entre los dedos de las manos, mis pies, mi culo, en mi cara tocando y perfilando mis labios e introduciéndose muy suave dentro de mi boca. Todas aquellas manos tocando, rozando, acariciando toooodo mi cuerpo a la vez. Un sumo placer indescriptible sobre todo este órgano sensorial que es mi piel. Mi respiración estaba entrecortada y mis gemidos habían subido de intensidad. Intenté controlar aquellas sensaciones. Y justo en ese instante me pregunté qué estaba pasando si podía haber sido la bebida, si estaba soñando o estaba despierta y asomó el terror de la moralidad: si había tantas manos ¿de quienes eran? ¿eran hombres o mujeres? ¿podría traerme consecuencias? ¿y si lo estaban grabando? Además todos los dueños de esas manos estarían mirando como yo cada vez estaba más y más excitada ….
La música que me parecía escuchar ahora era más suave, rítmica, muy sensual, como Erótica de Madonna, incitaba a moverse suave e ir cabalgando en pasiones rituales de sexo y bacanal. Además percibía el olor del alcohol dulce y excitante de mi copa a macerados sabrosos frutos secos.
Los prejuicios desaparecieron en el instante que una de ellas me tocó la parte interna del muslo e hizo que abriera instintivamente la entrepierna, rozó por fuera mi clítoris: se puso rígido al instante y sentí como se mojaba mi tanga, deseando que volviera a hacerlo más veces con mis piernas en tensión por los altísimos tacones que llevaba puestos fui haciendo movimientos lentos entre las manos acariciadoras para quitármelo y dejarlo en el suelo y permitir que me volviera a tocar, esta vez deseaba que lo hiciera directamente sobre mi excitadísimo sexo.
Esa mano juguetona volvió a la carga y después de acariciar muy muy suave desde el pubis, rozando la punta del clítoris y mis labios vaginales se paró en la entrada de mi vagina. No pude reprimirme y en voz alta aunque casi era un susurro de placer dije: "puedes hacerlo, tienes mi permiso". Entonces entró dentro de mi,, noté sus largos dedos moviéndose por dentro, explorando rincones, buscando mi punto G y no tardó mucho en encontrarlo, paraba y volvía a la carga, me hacía desearlo una y otra vez, entraba, salía, acariciaba y yo me empapaba de mi propio líquido. Que poco tardé en empezar a gemir poseida por el más intenso de los placeres. Por mi cabeza sólo pasaban dos palabras, "no pares, no pares". Deseaba que no terminara, que no pararan de acariciar todos y cada unos de los rincones de mi cuerpo, no quiero dejar de sentir tanto placer a la vez, pensaba en voz alta, tantas caricias, tanto roce era estallar en fuegos artificiales. Gemía, ahhhhhhhhhh¡¡¡, gemía fuerte y mi cuerpo se convulsionaba intentando retener para siempre en todos mis sentidos aquel momento. ¡Qué dedos más experimentados¡ sabían como darme el máximo placer, como excitarme al máximo. Abrían con destreza mis labios vaginales, dejaba todo mi coño bien abierto, le daba suaves pellizcos, tiraba de esa delicada piel con la presión justa y todo ello con un dedo metido dentro de mi, no se como lo lograba, tal vez ahora en mi coño hubiera un par de manos, no importaba, nada importaba, sólo importaba el enorme placer que sentía.
No se el tiempo que pasó en esa masturbación, metiendo, sacando esos dedos, moviéndose por dentro y fuera, sentí que llegaba al final, no, no quería, no quería que esto acabase nunca y estalló mi coño, chorreaba mi tibio líquido por los muslos, una corrida subliminal, abundante, escandalosa y que me hizo sentir muy bien, como una puta totalmente satisfecha. Volví a mi consciente realidad .Fui poco a poco calmándome, mi respiración iba controlándose, mis latidos ya no seguían un compás frenético y las manos que seguían acariciándome empezaron a desaparecer una a una despacio, dejándome con las piernas abiertas, mis manos apoyadas en las paredes y mi tanga por el suelo. Lo recogí, lo toqué todo mojado, incluso lo olí, me lo puse e instintivamente miré hacia los lados, toqué las paredes pero no encontré nada fuera de lo normal. Me pareció caminar apenas dos pasos por ese pasillo y encontré rápidamente a mis compañeros, me miraron bastante sorprendidos, ¿dónde estabas? Llevas dos horas perdida para ir a buscar una copa. Uno de ellos me guiñó un ojo y me dijo al oído ¿Qué pasa, que te has encontrado a alguien que te ha entretenido mejor que nosotros? Lancé una sonora carcajada y mirándole risueña le dije: puede que hayas acertado.