Al entrar me dio un buen repaso con la mirada recorriéndome desde los pies hasta mis ojos.
Pasó por detrás de mi, bien pegadito y desapareció unos segundos.
Así que me senté a esperar. En cuanto llegó noté que había algo nuevo en su mirada.
- ¿Cómo estás?
- Bien, venía a por los resultados de las anteriores citas.
- Yo te veo mejor que bien – muy bien- ¿te encuentras cansada?
Me sorprendió el comentario. Suelo ser bastante dicharachera y casi siempre tengo respuesta para todo, pero debo decir que no lo esperaba y me dejó K.O.
Estaba atónita, no daba crédito a lo que estaba pasando, pero me estaba poniendo cachondísima y es que él no tiene desperdicio: aproximadamente mi misma edad, unos 40, alto, moreno, con una barbita muy cuidada de esas de demonio que ¡cómo me pone!. Llevaba la bata blanca sin abrochar, dejando ver una camiseta ajustada en rosa pálido. Me sorprendí a mi misma al mirar su torso bien modelado, se le adivinaban unos pezones guerreros.
Se colocó detrás de mi y empezó a masajearme el cuello apoyando sus dedos pulgares por la base de mi columna. Me sentí dulcemente atrapada, inmovilizada pero tan tan ... suavemente. Estaba tocando mi punto débil y sin querer suspiré.
Se estuvo regodeando en esa situación y bajo casi hasta mis pechos, estaba alargando los minutos. No se si solté algún suspiro o gemido, no me acuerdo, me quedé en un estado de éxtasis y atontamiento, creo que cerré los ojos y me dejé llevar.
- Pasa a la camilla me gustaría verte mejor esa garganta.
Fui hasta la camilla de la habitación que estaba al lado, dado mi estado místico me movía lentamente, mis caderas iban caminando sensualmente y me senté casi como si fuera flotando en una posición muy sexy. Él me miró divertido, le gustaba el espectáculo, se le notaba como disfrutaba cada segundo de esta situación.
Se acercó peligrosamente, muy muy cerca, noté su aliento fresco de menta, apenas a dos centímetros de mi nariz– eso es, él jugaba con ventaja, seguro que cuando se había escapado unos segundos fue para echarse algún inhalador que aturdiera un poco más mis sentidos. Aunque claro él no sabía que mi aliento olía a fresa, llevaba un caramelo y aunque lo había dejado quieto para que no se notara, ahora lo hacía juguetear en mi boca. A esa distancia tan poco prudencial, nos miramos fijamente a los ojos.
Le miré sorprendida y añadió:
Mientras que yo me quitaba la camiseta, quedándome con un sujetador blanco que resaltaba el moreno de mi piel, él cogió el teléfono y con la mirada picarona y sin dejar de mirarme en ningún momento dijo: "pasad los pacientes que quedan al Doctor García y por favor que nadie me interrumpa hasta que yo vuelva a llamar. Gracias".
Tumbada, mis ojos estaban a la altura de su miembro viril y no pude resistirme a mirársela. Noté el abultamiento en su vaquero, no andaba nada mal de tamaño y se percibía inclinada ligeramente a su .derecha.
Empezó por mis brazos. Presionaba ligeramente con los dedos, creo que notaba la aceleración que sufría mi corazón, latidos muy fuertes y constantes por todo el cuerpo. Cada vez que se movía hacia arriba acariciaba un pedacito de mi piel. Llegó a mi pecho y se detuvo.
¿Te importaría quitarte el sujetador? Me gustaría explorar tus senos.
Me arqueé subiendo el torso para desabrocharlo y él no se movió ni un milímetro, su estetoscopio (que llevaba al cuello colocado informalmente, con la parte de los auriculares hacia un lado y el redondel al otro) rozó levemente mi pezón, que inmediatamente se contrajo.
En mi pecho notaba la presión justa que ejercía la palma de su mano alrededor de mis tetas y sus dedos se entretenían dibujando espirales en mis pezones que permanecían todo el tiempo de punta. La excitación no me dejaba relajarlos y él se recreaba, acariciaba levemente mis pechos. Miré de nuevo a su pantalón, su polla palpitaba.
Suave, sumamente suave fue tocando mi vientre, mis costados y llegando al ombligo agachó la cabeza. ¿Escuchaba algo o es que había percibido el olor que desprendía mi coño encharcado?
Siiii, agudizaba su olfato como un lobo en busca de su presa, entornando y girando la cabeza para percibir mejor aquel aroma.
Después se fue hacia mi pierna.
Me quitó los zapatos que lleva anudados a media pantorrilla con sutileza y subió acariciándome los muslos rozando con las yemas de los dedos. Desabrochó los cuatro botones de mi falda. La abrió y cogió mi pierna derecha flexionándola, ahora mis piernas se quedaban abiertas con mi pie ligeramente ladeado encima de la camilla.
Apoyó toda la palma de la mano izquierda sobre mi tanga, un tanga blanco mezcla de franjas transparentes y opacas, moviéndolo ligeramente hacia los lados – en ese momento pensé que quería ver como iba depilada, si mi coño estaba totalmente rasurado- y con su mano derecha empezó a explorar. Se agachó para mirar más de cerca.
Sabía que estaba notando las palpitaciones descontroladas que sufría en mi cachondo chochito empapado. Sabía lo que estaba deseando que hiciera. Sabía que estaría dispuesta a follar salvajemente pues mi cuerpo descontrolado necesitaba obtener satisfacción ....
Bajó hasta lamer el minúsculo abultamiento y siguió lamiendo por el interior de mis muslos. De una pierna a otra, deteniéndose lo justo para que yo disfrutara unos segundos cuando rozaba esa zona caliente, excitada, mojada ..... con mi clítoris inflamado.
Ahora si que estábamos en plena ebullición. Me metió toda la mano por dentro del tanga y empezó a tocarme bestialmente apretando con toda la palma sobre mi ardiente coño. Introdujo sus dedos en mi, salvajemente, no pude controlar un estruendoso gemido.
Me incorporó con delicadeza y me quedé sentada en el borde de la camilla con las piernas dobladas y los pies apoyados en el armazón de debajo, despatarrada y haciendo equilibrios con mis manos sobre la colchoneta. Se bajó los vaqueros y sacó un pedazo de pollón todo duro – dios, menuda vara, entera para mi,, entera para disfrutar- pensé.
Sin dejar de miramos fijamente a los ojos retiró el tanga hacia un lado, abrió mi coño con las manos y fue insertado poco a poco aquella grandeza. Nos mirábamos a los ojos y también mirábamos como se iba metiendo. A cada centímetro soltábamos un gemido acompasado, poco a poco seguíamos mirándonos y mirando aquel dulce y pornográfico espectáculo. Cuando llegó hasta el fondo, se detuvo un instante, los dos estábamos absortos del placer recibido. Estiré mi cuello ofreciéndole mi desnudo pecho, él sacó su larga lengua y me recorrió lamiéndome desde mi saliente pezón hasta llegar a mi oreja, dónde soltó un susurrante gemido.
Yo contesté: Tu eres el dios que quiero que me folle hasta tocar el cielo.
Me cogió en vilo con sus brazos debajo de mis muslos. Me sentí volar colgada de su cuello, con fuerza empujaba hasta el fondo de mi agujero al principio despacio sintiéndonos plenamente en todo el recorrido, después brutalmente. Nuestras mirada seguían fijas, como disfrutábamos, nuestras bocas entre abiertas, las puntas de nuestras lenguas chocaban y cuando alcanzábamos más placer nos las metíamos hasta la garganta con furia, comiéndonos los morros, chupándonos ..... me volvía loca ¡que morbo que me daba¡. Seguía moviéndose cada vez más y más deprisa. Más gusto, más placer, con ansia, la metía entera, fuerte, más y más fuerte ..... másssss, frenéticos.
Se paró en seco y me puso en pie.
Sin cortarme un pelo, apoyé mi espalda en la pared, despacito me quité el tanga, mirándole, poniendo cara de loba -seguía muy excitada, no habíamos terminado y todavía sentía mucha humedad y latidos en el clítoris. Me mojé los labios y los dejé con algo de saliva, un dedito en mi boca entraba y salía simulando una comida de polla, mis piernas cerradas pero sacando culo, como una gata en celo y medio tapando mis pechos con mi brazo y mi otra mano. Insinuante, atrevida, descarada .... después me apoyé frente a la pared con las dos manos girando mi cabeza, subiendo un poco más el culo y abriendo las piernas para que él pudiera ver mi chocho al fondo de mi estupendo trasero. Flexioné mi cuerpo para que aún pudiera ver algo más. Su cara me lo decía todo, estaba tan tan cachondo que se le movía la verga hacia arriba y hacia abajo. Le temblaba la cara, sus dientes mordían sus labios y me enseñaba la lengua.
Vino a mi con ganas, cogiéndome y apretando bien los cachetes de mi culo entre sus manos, me mantuvo castigada hacia la pared y agarrándome del pelo me curvó la espalda. Ohhhhhhhh¡¡ que gusto cuando me la metió por detrás, me sentí arder, sentí recorrer un escalofrío desde mis pies a mi cabeza y a la vez no sentía que tenía cuerpo, era pura energía, puro éxtasis, puro placer. Me daba todo lo suyo y yo como una guarra disfrutaba de una embestida tras otra, una y otra embestida más, sacaba su polla y la volvía a meter tan adentro como le dejaban sus huevos. Le miraba, jadeante con su cuerpo empapado en sudor estaba llegando al final, convulsionaba deprisa, bombeaba una y otra vez, una, dos, tres, veinte veces dentro y fuera. Yo pensaba casi en voz alta, no pares, dámelo todo, dame más, joder¡ como me gusta como me estás follando. Otra vez más seguía hacia dentro, más adentro, mucho más adentro y ....
Soltamos los dos casi un grito, que polvo espectacular, vaya pedazo de corrida. Con mis piernas chorreando me dio la vuelta y nos fundimos en un abrazo, mezclando nuestros cuerpos empapados en sudor. Un beso tremendo con toda su lengua dentro de miboca y con su mano agarrando mi cuello para acabar con este sueño real.
Me vistió con mimo y yo a él, sin prisa, despacio con calma nos despedimos con un suave beso. Me dio mis recetas y salí girando mi cabeza y ofreciéndole una profunda mirada. Ya fuera del consultorio miré las recetas y dentro encontré un pequeño papel:
"No quiero que permitas que esta sea la última vez que estemos juntos. Llámame." Y su nº de teléfono.
Sonreí mientras seguía caminando.