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2010-01-20 03:20:08
Krishna y Jade Palacios eran estudiantes y vivían con sus padres en la capital del país. Separadas por solo tres años de edad ambas muchachas se llevaban muy bien como hermanas y de vez en cuando salían juntas, especialmente cuando se trataba de Julieta y Héctor. Julieta era la mejor amiga de Krishna y se llevaba bien con Jade también pero esta pasaba más tiempo con Héctor, su novio y también hermano mayor de Julieta.

Una tarde, como muchas otras veces, Krishna y Jade habían ido a la casa de los otros hermanos; como ese día no estaban los padres de ellos los cuatro se quedaron solos jugando videojuegos. Durante el juego el par de novios fue poco a poco dejando la partida y Krishna y Julieta, muy entretenidas, se quedaron jugando solas sin preocuparse de donde estaban sus respectivos hermanos mayores.

Arriba, en el cuarto de Héctor, ambos se besaban apasionadamente. Héctor era un chico muy normal, de diecisiete años al igual que Jade. Ella por su parte era bastante linda. De vez en cuando Héctor había estado bajando un poco sus manos hasta llegar a la parte superior de las nalgas y así paulatinamente hasta aquella tarde en las que, con su paciencia y la aprobación de la chica, ya tocaba y apretaba descaradamente las nalgas de la chica.

- Hoy te quiero dar algo - dijo sonriendo Jade.

Héctor sonrió pero por otro lado estaba extrañado pues no entendía a que podía referirse la chica. De pronto, Jade se arrodilló frente a él y sin mayor aviso bajó con convicción la cremallera de su novio y haciendo a un lado todo obstáculo de tela y ante la incredulidad total del muchacho sacó la verga de este y la introdujo en su boca. El muchacho quedo estupefacto por la reacción tan inesperada de su chica pero esto no le impidió que su pene se pusiera erecto. No hablo, y tampoco ella pues la situación era bastante nueva para ambos. Jade todavía no se creía que ella estuviese haciendo eso pero ya hacia algunos días se le había metido en la cabeza aquella idea y por fin se había armado del valor para realizar aquella hazaña. Héctor por fin había salido de su incredulidad y su excitación le había invadido la mente. Jade por fin se atrevió a voltear la mirada hacia arriba y hablar.

- ¿Así está bien? - preguntó, poniendo un poco nervioso a Héctor que rápidamente pensó en algo que responderle.

- Em, si, así está bien. Quizás sin morder tanto, los dientes lastiman un poco.

- Perdón - dijo Jade con una voz tan suave y baja, tan inocente que Héctor no pudo más que regocijarse de aquel momento.

Efectivamente, Jade suavizo aquella mamada y comenzó a lamer suavemente con su lengua la cabeza del falo de su novio, este, a su vez, ya confiado de aquella situación tan encantadora, llevo su mano a la cabeza de su chica y comenzó a acariciar los negros cabellos de la muchacha y también a empujar su cabeza como modo para que Jade acelerara un poco aquella mamada. La chica pareció comprender por qué de nuevo alzo sus bellos ojos y mirando a Héctor preguntó con la misma dulzura.

- ¿Quieres más rápido?

Héctor movió la cabeza afirmativamente y en seguida la chica engulló de nuevo aquella verga y comenzó a moverse más rápido.

Abajo, a Krishna le dieron ganas de ir al baño y poniéndose de pie se dirigió directamente al baño que había en la cocina.

- Ese no sirve - la detuvo la voz de Julieta - tendrás que ir al de arriba.

Krishna no tuvo remedio y comenzó a subir las escaleras, se dirigía al baño pero de pronto la curiosidad le invadió y quiso pasar antes a ver que hacían Jade y Héctor. De pronto se detuvo pues vio las pantorrillas de Jade en el suelo y esto le pareció algo extraño por lo que, con mucho silencio, se fue asomando lentamente. Grande fue su sorpresa al encontrar a su hermana chupándole el pene a Héctor. En aquellos minutos Jade había aprendido a moverse más rápido y también había comenzado a engullir más profundamente aquel pedazo de carne.

Krishna veía la escena y no paraba de ver la cabeza de su hermana ir y venir en aquel movimiento que tanto placer le causaba a Héctor, sin embargo, este no se había dado cuenta desde su posición lo que Jade hacia con sus manos. Dado que llevaba una falda su mano izquierda se había fugado hacia su entrepierna y sus dedos rascaban, a través de sus braguitas de algodón blanco, la zona de sus labios vaginales. Estaba verdaderamente cachonda, tanto así que por su mente ya viajaba la idea de romper los límites que ella misma se había trazado y tenía ya unas ganas inmensas de pedirle a Héctor que la penetrara. Krishna, desde atrás si podía ver lo que su hermana hacia con su mano y noto como unas gotas, casi imperceptibles, corrían por las piernas de su hermana mientras esta no paraba de tragarse el falo de Héctor.

Quizás por el destino, quizás por simple mala suerte, una tos, de aquellas impensables y parecidas más bien a un simple acto reflejo, se le escapó a Krishna despertando inmediatamente la atención de los novios. Krishna salió corriendo y bajo las escaleras rápido pero con mucho silencio. Arriba, los novios estaban completamente nerviosos.

- ¿Era Krishna? - preguntó Jade desesperada, temerosa de que aquella hubiese visto aquella escena.

Héctor metía de nuevo su verga dentro del pantalón mientras simplemente respondía a Jade que no sabía, pero que no se preocupara por que estaba seguro que aquello de ahí no saldría. La abrazó y trató de calmarla pero Jade de veras estaba preocupada por aquel suceso.

- Debimos cerrar la puerta - se lamentaba - o al menos hacerlo en tu baño.

Esperaron cinco minutos para disipar los nervios y después, fingiendo toda naturalidad y normalidad, bajaron las escaleras sonrientes. Krishna también fingía tranquilidad pero en su mente no dejaba de pasarle aquella escena de su hermana mamando verga y sobándose su entrepierna.

Jugaron media hora más y a las siete de la tarde las hermanas se despidieron. En silencio, ambas caminaron a tomar un taxi de regreso a su casa y Jade hizo la parada al primero que vio. Dio la dirección y el taxi avanzó. Krishna iba completamente callada por lo que Jade pudo comprender que era Krishna quien los había visto, completamente apenada tampoco dijo palabra alguna. De pronto se pudo dar cuenta que aunque iba en la autopista correcta el taxista conducía en el carril contrario y el susto aumentó cuando el hombre aumento la velocidad y entonces ambas chicas ya se habían dado cuenta del peligro que corrían. El terror aumentó cuando se dieron cuenta que se dirigían a toda velocidad a un impacto seguro con un enorme tráiler. De pronto aquel hombre, gordo y barbudo, volteó a mirarlas.

- No se preocupen - dijo con una tranquilidad que parecía injustificable en aquella situación tan peligrosa - nadie nos puede ver.

A un par de metros con el impacto con aquel tráiler una luz invadió toda la cabina de aquel taxi y las dos hermanas cayeron rendidas en un sueño instantáneo.

Quien sabe cuántas horas después Krishna despertó por fin, estaban completamente solas pero lo realmente extraño era que ya no estaban en aquel taxi, ni siquiera en la ciudad sino completamente solas en el claro de un bosque. Llevó su mirada hacia arriba y vio lo que sin duda eran los arboles más altos que había visto en su vida. De pronto recordó a su hermana y se agachó para ver si se encontraba bien; con dificultad Jade fue despertando de su pesado sueño pero de golpe recuperó la plena conciencia al mirar el panorama. Preguntó a Krishna que lugar era aquel pero esta le respondió que ignoraba aquella situación tanto como ella.

Comenzaron a caminar por lo que creían era el camino hacia su ciudad y de pronto vieron a un hombre cabalgando por lo que parecía un sendero a lo lejos. Gritaron auxilio y el hombre volteó alerta al escucharlas, sacó una especie de cuerno y soplándole emitió un sonido grave que debió llegar a una buena sección de aquel bosque.

El hombre se detuvo con su caballo ahí mientras las chicas corrían hacia él, con la esperanza de que las llevara a algún lugar habitado; de pronto vieron como otros dos jinetes se encontraron con el primero y los tres miraban en silencio y asombrados a las dos muchachas que se acercaban a ellos. Cuando estas estaban a tres metros de ellos uno de los jinetes sacó arco y flecha y en un santiamen ya estaba preparado para dispararles.

- ¡Alto ahí! - grito el hombre entre nervioso y severo.

Las dos chicas se detuvieron asustadas y solo hasta entonces notaron las vestimentas de aquellos hombres. Iban ataviados cada uno de una armadura y llevaban en sus lomos una espada y arcos y flechas en los asientos de los caballos.

- ¿Quienes son ustedes? - preguntó con firmeza otro de los hombres, dejando nerviosas a las muchachas que quedaron estupefactas sin saber que decir - He preguntado quienes son ustedes - repitió el hombre, gritando y finalmente Jade despertó de sus pensamientos.

- Jade, Jade señor - dijo mirando hacia abajo, con la misma vocecita suave y baja con la que le había hablado a Héctor mientras mamaba de su pene - y ella es mi hermana, Krishna.

Autor: BuenBato


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