Son las tres y piensa en la charla que la van a dar en el trabajo, pero inmediatamente sonríe, en realidad esa charla va a ser pura ficción, algo con lo que su jefe la va arremeter para disimular ante los demás empleados que está cabreado. Eso a "Susi" le gusta, llama la atención y a la vez la sirve de vehículo para ser llamada al despacho de dirección, donde su jefe y el supervisor de planta la van a infligir su "merecido castigo" a base de vejaciones y abusos. Después piensa en su marido, un "pobrecito que no para de trabajar", y en sus dos hijas que ahora deben estar comiendo con papi.
Para un autobús, y se sube a él. Ya sentada dentro recuerda que lleva en el bolso su polla-ventosa, y decide agarrarla sin sacarla fuera para que ningún pasajero se dé cuenta. Se resiste a pensar que solo es un bártulo más de su bolso atribuyéndole varias personalidades mientras lo masajea. Se imagina el bolso lleno de semen mientras el jadeante instrumento se va volviendo cada vez más real y deseoso de sexo duro, frenándola solamente el hecho de estar rodeada de personas. Pero atrás del todo no hay nadie y decide ir levantándose con un gesto discreto mientras pone las manos en las rodillas. Dos pasajeros jóvenes se quedan absortos al verla pasar delante de ellos, su fina figura esbelta dejaba ver a una señora impecable en cuanto a su gusto por vestir. El juego de oscuros de botas, falda y blusa acentúa sus pálidos muslos, escote y cara, tan típicos en todas las casi alvinas mujeres nórdicas.
Todavía quedaban cinco paradas para que Susana llegase a su destino, muy pocas a su juicio, que deseaba disponer de más tiempo. Debido a la excitación que la estaba produciendo el juguete que había sacado a pasear, por un momento perdió la consciencia, olvidándose por completo del motivo que la había traído hasta el viaje que estaba dando y haciéndola cerrar los ojos para imaginar mejor las cabalgadas mentales que la hacían verse con la cara empapada de esperma. Incluso ya empezaba a fantasear con la idea de obligar a su marido que viera como su mejor amigo la daba por el culo.
Un empleado del ayuntamiento de mediana edad que acababa de montar en la última parada se sentó en la fila de asientos que quedaban justo a la derecha de nuestra protagonista.
Sobresaltada por el susto, "Susi" apartó las manos que movían el consolador dentro y fuera de su vagina describiendo trayectorias en espirales, se tapo un poco tirando de la falda hacia sus rodillas, y dejo que el consolador saliera expulsado lentamente mientras resbalaba por su entrepierna mojada hasta caer en suelo. El tiempo que tardó en producirse el alunizaje de la polla de carne sintética polimerizada en ventosa para su fijación en superficies lisas fue una eternidad tanto para el sorprendido pasajero como para la sorprendida pasajera.
Debido al fuerte y grave tono de voz del empleado de ayuntamiento, bastantes pasajeros salieron de inmediato de sus ensoñaciones y miraron a la parte trasera del autobús. "Susi" ante el grotesco espectáculo que estaba protagonizando se sentía como una chiquilla a la que acababan de pillar robando en una tienda de golosinas, lo que hacía que no pudiese reaccionar, quedándose mirando al suelo mientras buscaba con la mirada su preciado masturbador, que había salido rodando hasta dos asientos más delanteros.
Una parejita de ancianos que no se habían hablado en todo lo que llevaban de trayecto se encontraban acompañados por su nieta de cinco años que no paraba de cantar y hablar con la nada.
Los chavales que se habían quedado absortos mirando a una guapa señora que extrañamente dejaba su asiento para sentarse atrás del todo, oyendo los berridos se habían quedado mirando a la niña y a la pareja de ancianos que la acompañaba. Veían por fin que la abuela respondía a los chillidos de la criatura, encogiéndose sobre sí y volviendo a su posición original con un pollón postizo entre las manos. Los ancianos se miraron sorprendidos y giraron la cabeza para ver de quién podía ser el pollón.
Entre todos los edificios de la calle donde ella trabajaba destacaba el suyo, una vieja construcción con pared de chapa que antes de ser una plataforma de oficinas había sido un muelle de descarga para camiones. Tenía tres plantas en altura, lo que hacía un alto contraste al lado de sus colindantes vecinos de más de diez plantas. Esto la hacía pensar que el edificio donde trabajaba fuera el pene de su inveterado marido, pequeño y viejo, y los que le rodeaban fuesen las pollas enormes que todos los días se comía en el trabajo. Aquel por llegar tarde.