Francisco llevaba también aun el traje, no se había quitado nada, ni la chaqueta, ni la corbata. Nada. Se acercó a ella, lentamente, sabiendo que su entrepierna empezaba a abultar más y más y eso se notaba a través de la tela ligera del traje. Despacio se acercó hasta el borde de la cama y se situó entre sus piernas, que ella había abierto poco a poco, dejando su entrepierna con el pene creciendo a cada segundo a un par de centímetros de su cara.
Elena alargó la mano y la poso encima de la abultada entrepierna de Francisco, sintiendo a través de la tela del pantalón, como la enorme erección deseaba salir de su prisión, liberarse y buscar con ansia su coñito, sus pies o su boca, incluso su culo le daría la bienvenida ilusionado, pensó Elena lasciva mientras se mordía el labio y seguía frotando los pies en la alfombra. Francisco comenzó entonces a acariciarla la cara y el pelo. Era realmente hermosa. Poco a poco enredó sus dedos entre sus cabellos, el importante ejecutivo pasaba su mano suavemente por la cara, hasta llegar hasta los labios, y ella entonces abrió la boca y atrapó el pulgar entre sus labios comenzando a chuparlo. Francisco cerró los ojos y se dejó hacer. Elena entonces cogió la mano de Francisco entre las suyas y después, sujetándola con una mano, se fue llevando los dedos a la boca uno a uno, despacio, primero uno, después otro, chupándolos, metiéndoselos en la boca y pasando la lengua por ellos, lentamente, sin dejarse ninguno, mientras con la otra mano acariciaba la entrepierna de Francisco a través de la tela del pantalón, sintiéndola cada vez más y más abultada. Entonces, Francisco sintió como la mano de Elena que aferraba la suya contra su boca, la soltaba y la llevaba justo a su entrepierna, para acompañar a la otra mano, acariciando ahora su enorme sexo cada vez más creciente y abultado bajo sus pantalones con ambas manos, mientras aun chupaba sus dedos con avidez. Lentamente Francisco sintió como Elena le empezaba a bajar la cremallera y le quitaba el cinturón para desabrocharle el pantalón después, sintiendo como este caía por sus piernas hasta el suelo dejándola ver los bóxer negros apresando su polla, notándose ya el bulto de esta escandalosamente grande. Sintió como Elena metía su mano por dentro de los bóxer desde los muslos de él y le acariciaba los testículos y su polla, y Francisco, con los ojos cerrados, solo deseaba que todo aquello no acabara nunca. Sin pensarlo, Elena le bajo también los bóxer liberando así la polla de Francisco. Sacando la mano de la boca de la joven, Francisco la quito la camisa, dejándole ver sus pechos desnudos, pequeños, y con los pezones duros deseando ser cogidos por unas manos, y era eso lo que Francisco iba a hacer, tumbarse sobre ella para morder esos pezones y pellizcarlos mientras le cogía el otro con la mano, cuando de pronto, y sin pensárselo, la joven llevo su boca hasta la polla de él encerrándola entre sus labios, momento en que comenzó a chuparla, y momento en el que Francisco gimió de placer.
Elena introducía lentamente la polla del joven en el interior de su boca, sintiendo su paladar, su lengua, sus labios abandonar la punta y volver a recibirla, la dejaba dentro unos segundos y la deslizaba de nuevo hacia fuera, sus piernas comenzaban a temblar, y sin casi saber que lo hacia, Francisco la cogió de la nuca con las manos mientras seguía introduciendo su polla en la boca de ella y sacándola, y con un gemido de placer, empujó su cabeza hasta que la polla no entraba más y no la sacó hasta que estaba a punto de correrse, entonces, soltándola, sacó su polla y se corrió encima de los pechos desnudos de la joven.
Francisco creía que se caería. Las piernas le temblaban, estaba a mil, deseaba volver a sentir la boca de ella chupando su polla, deseaba besarla, deseaba chupar esos pechos, morderlos, pellizcarlos, acariciarlos, deseaba seguir desnudándola, explorando sus más profundos secretos con sus manos, acariciándola, y llegando hasta donde pudieran, hasta donde ella le permitiera llegar.
-- ¿Te ha gustado? – le pregunto Elena.
-- Demasiado. No se que decir.
-- ¿No?
Y se sonrieron. Entonces, liberándose de los zapatos, Francisco termino de sacarse los pantalones y el bóxer, se quito los calcetines y siguió con la chaqueta, la corbata y la camisa, lentamente, mientras Elena le miraba mordiéndose el labio inferior y acariciaba con sus manos la polla de Francisco. Aun le recorría por los pechos el semen de él, pero eso la daba igual. Una vez Francisco estuvo desnudo se acercó a ella y la beso en la boca, en los labios, suave, puro, sin intentar meter su lengua en la boca de ella. El joven se separó y sonriendo se deslizó en silencio a una puerta lateral de la habitación, volviendo después con un rollo de papel higiénico. Elena sonrió cuando Francisco comenzó a limpiar sus pechos de semen.
-- Es la segunda vez hoy que te limpio de mi semen.
-- ¿Cuántas más esperas hacerlo? – dijo ella sonriéndole.
Francisco le devolvió la sonrisa dejando después de terminar de limpiarla el papel usado y el resto del rollo en el suelo.
-- Las que haga falta.
Elena se tumbó y apresó la polla de Francisco con los pies, comenzando a acariciarlos, el cerró los ojos, y mientras Elena le masturbaba con un pie, con el otro empezaba a explorar la parte de atrás de Francisco, llegando hasta el ano y acariciándolo. Francisco gimió, le estaba gustando, tanto que estaba a punto de volver a correrse, haciéndolo por fin en el pie de la joven. Cuando acabó, Francisco se tambaleo hacia atrás y se sentó en el suelo estaba exhausto. Entonces, Elena se levantó, y lentamente se desnudo sin dejar de mirarle, tumbándose después sobre Francisco. Elena entonces le paso la lengua desde la punta de la polla hasta los labios, donde le beso, fundiéndose los dos en un abrazo, sintiendo ella la polla de él oprimir la entrada de su sexo con furia, con deseo, con avidez casi insultante.
-- Fóllame, fóllame ya o nunca lo podrás hacer.
Y sin pensarlo, sin dudarlo, Francisco hizo que los dos rodaran por el suelo poniéndose encima de ella, de rodillas, con las piernas a los lados, con una erección que aun goteaba semen de la última corrida, cayendo un hilillo sobre el pubis de vello negro de Elena.
Echando la mano atrás, alcanzó su pantalón, de donde sacó la cartera para sacar de la misma un condón, que acabo poniéndoselo con rapidez. Se tumbó sobre ella, la besó en la boca y bajó besándola hasta los pechos, donde mordió la punta de sus pezones, provocándola un quejido que no era más de dolor que de placer.
-- Métemela, métemela yaaaaaa….
Pero la embestida de Francisco pilló tan de sorpresa a Elena que esta cerraba ya los ojos y empezaba a gemir mientras notaba los empujones de Francisco a la vez que aquel hombre con el que se había reunido en esa mañana por trabajo le chupaba y mordía los pezones con una dulce y dolorosa saña que solo la daba placer. Elena entonces cerró sus piernas entre las de Francisco, apoyando la planta de su pie en el empeine del otro, manchándose ambos ahora del semen de al última corrida de Francisco sin molestarla, y mientras gemía de placer comenzó a acariciarle las piernas con los pies y apretaba la cabeza de aquel hombre contra sus pechos.
-- No pares, fóllame, muérdeme, bésame...
Y entre gemidos, sintiendo ya los pezones doloridos y el sexo ardiendo de dolor y placer, Elena se corrió, sintiendo como la polla de él se hinchaba dentro de ella para corrérse, y acabar los dos tumbados, uno junto a otro, besándose y acariciándose, encima de la moqueta.
Dos horas después estaban tumbados en la cama tras haberse duchado cada uno por separado. Estaban desnudos y acariciándose la cara mientras Elena jugaba con sus pies bajo las sabanas en los pies y piernas de Francisco, quien se acercó más a ella y la abrazó y la besó, comenzando a acariciarla las ambas nalgas con ambas manos. Una de sus manos fue entonces hasta uno de sus pechos y le pellizcó su pezón provocándola un gemido, mientras con la otra mano buscaba la entrepierna de la joven, metiendo dos dedos en el coñito, dilatado aun. Ella entonces le besó en la boca, buscando su lengua con la suya.
-- Te has merecido un premio.
Se aparto de él. Se sentó en la cama tras destaparle por completo y llevando sus pies a la polla de él comenzó a masturbarle con un pie mientras el otro lo llevaba a su pecho. Francisco lo cogió y comenzó a chuparlo mientras Elena pasaba el otro pie desde el ano a al polla sin parar, jugando con la boca del ano de Francisco con sus dedos y apoyando la planta en su polla, acariciándola, pasándola por la punta, por los huevos, enredándolo por el pubis, sintiendo como el otro pie era masajeado y chupado por la boca de Francisco, que cada vez estaba mas excitado. Jamás había estado así, pensó lasciva, estaba siendo, con diferencia, la mejor noche de su vida.
-- Voy, voy a correrme de nuevo. – gimió aquel hombre que la había enamorado, apasionado, hechizado.
Entonces Elena paró y se tumbó sobre él, al revés, haciendo el 69, se llevo la polla de él a la boca y comenzó a chupársela, mientras Francisco, sin dudarlo, comenzó a chupar el coño de la joven, abierto tanto que le cabria su puño, mientras la agarraba de los pies y los apretaba, acariciándolos, hasta que se corrió en la boca de ella, sintiendo como aun así, la joven seguía chupándole la polla, mientras el, no dudaba en seguir chupándole el coño, empapado por completo, deseos de seguir haciéndolo durante toda la noche por muchas veces que ella ya se hubiera corrido y sus jugos inundasen de sabores insultantemente insinuantes y deliciosos, su boca y su olfato.