Después de que Francisco la follara por detrás en el baño y se corrieran, salieron de la bañera y fuera, sin secarse, se abrazaron. Ya de pie, en el cuarto de baño, Elena cogió la polla de Francisco y empezó a masajearla, masturbándole hasta que la sintió otra vez dura, entonces se agachó y lentamente se la metió en la boca y empezó a pasarle la lengua por la punta de la polla, levantando el capullo, apretándola suavemente con los labios, succionando, deseando que Francisco se corriera cuanto antes, mientras este, cerrando los ojos y apretando hacia su ingle la cabeza de Elena contenía la respiración para evitar correrse. Hasta que finalmente se corría y Elena sacaba la polla de su boca para evitar tragarse el semen de su amante, amor, amo, y a continuación el se corría en el suelo, manchando los pies de ambos, y los dos se metían de nuevo en la bañera, donde él entonces cogía la mano de Elena y la acercaba a su polla, y ella, sabia que era eso. Elena cogía entonces la polla de Francisco y la acercaba hasta su coño, metiendo solo la cabeza, se acercaba a él despacio, y mientras le besaba, él, dando un fuerte empujón, penetraba con su polla en su coñito, hasta el fondo, como había echo poco antes en el culo de ella, mientras ella gemía y gritaba de placer, a la vez que sentía cada embestida de la polla de Francisco mientras el le mordía las tetas y la pasaba la mano por el culo, metiendo dos dedos en el mismo. Entonces, mientras gemían, el la besaba, y la volvía a morder las tetas, y ella le apretaba fuerte en la espalda, sintiendo él sus uñas en su piel, y volvía a empujar fuerte, y otra vez, y otra, hasta que ella gritara que parase, pero nunca gritaba, y otra vez, hasta que finalmente se corrieron, y el dejó la polla dentro del coño de ella, y siguió chupando sus tetas, tan rojas que parecían hasta sangrar, besándolas, calmando el dolor que ella sentía, dolor que era a su vez placer, como el de él cuando sentía como ella le mordía la pollita o sus pezones, o cuando sus uñas se clavaban en su piel, dolor placentero, éxtasis, toda la fuerza del universo, como rezaba la canción de Aute.
Tras haber salido de la bañera y del baño, fueron desnudos, sin secarse, sin dejar de besarse de tocarse, de acariciarse, hasta la cama.
--El juego ha acabado pequeña.
--Estoy deseando empezarlo otra vez, repetiría todo lo de hoy.
--Dejemos volar nuestra imaginación.
Y tumbándose en la cama ella empezó a chupar su polla, mientras arrodillada a su lado, sentía la mano de él penetrar en su coñito, uno, dos tres, los cuatro dedos, como en el autobús, y la excitación la embarcaba en fantasías sexuales que hasta ahora no había sentido. Deseaba tener la mano de Francisco en su coño toda la noche, y su polla en la boca oda la noche, deseaba follar con él toda la noche, que el la mordiera las tetas, las orejas, los pies, que chupara su cuerpo, lo besara, que su polla recorrieses sus tetas, que ella pudiera recorrer con su lengua su cuerpo entero, deseaba poseerle cada instante.
--Fóllame Francisco, fóllame toda la noche.
Y dejando de chuparle la polla, Francisco se incorporó en la cama y se levantó, situándose tras ella, que seguía de rodillas en la cama, colocando su polla en la entrada del coño, Francisco penetró dentro sin avisarla mientras la estimulaba el clítoris con la mano y la otra, jugaba con sus pechos.
Finalmente acabaron juntos, abrazados en la cama, él besando los pechos de ella, que la dolían a cada roce, pero la gustaba terriblemente ese roce de la lengua y los labios de Francisco cuando se los besaba, y ella, agarrando su polla con la mano, moviéndola incesantemente, masturbándole, hasta que por fin se durmió, con la polla en sus manos, y los besos de Francisco aun rozándole sus tetas. El se durmió poco después, con una mano en uno de sus pechos y la otra en el clítoris.
Cuando se despertó no se dio cuenta de que estaba solo hasta después de haber mirado la hora. Eran las once de la mañana cuando Francisco se levantó de la cama y salió de la habitación desnudo, recorriendo la casa buscando a Elena pero sin encontrarla. Sin preocuparse demasiado fue hasta la cocina y se preparó un café, sentándose después en el salón con la taza de café a ver la televisión. Serian las doce cuando la puerta sonó y poco después apareció por la puerta del salón Elena, traía bolsas de compra y tras dejarlas en la mesa del salón fue hasta el sofá donde estaba Francisco y se sentó encima de sus piernas y le beso en la boca mientras con la mano le Coria la polla.
--Buenos días amor.
--Buenos días pequeña.
--Hmmm -- le estaba masajeando la polla y Francisco había cerrado los ojos – Me encanta este recibimiento.
--Y a mi…
--Cariño, ¿puedo proponerte un juego?
--No, no puedes. Debes.
Elena dejó de tocarle la polla y le abrazo por el cuello.
--¿Me dejaras hacer?
--Tú me dejaste ayer, no veo porque no te dejaré yo hoy.
--A cambio volveré a hacer lo de ayer para que puedas volver a lavar mis pies.
--Te los lavaré siempre que quieras, no hace falta que andes descalza por la calle.
Elena sonrió, le beso en la boca, y mientras le seguía besando, abrazándole, agarrando su cabeza y a acariciándola, agitó los pies desprendiéndose del calzado y terminó de besarle.
--Pero el problema es… Que me gustó, tanto que hoy creo que bajaré a la calle descalza otra vez, todo el tiempo que este en la calle lo estaré descalza, para ti, para que me los toques y chupes cuando quieras, me los laves, me los acaricies… Siempre y cuando me dejes jugar sin protestar.
--De acuerdo.
Elena se levantó y ayudó a Francisco a levantarse, tirando de él le llevó hasta el cuarto, y aparando todas las sabanas, dejando solo la bajera, le besó en la boca.
--Quieto aquí, vuelvo enseguida.
Francisco se quedó de pie en la habitación, junto a la ama, sonriendo, pensando en que diablos seria lo que haría Elena, sabia que fuera lo que fuera le gustaría, y ya estaba deseando que la joven empezara el juego. No la oyó llegar, se había deslizado por el suelo lentamente y apareció ante él casi como si no se hubiera ido, venia con las bolsas de la compra en una mano y los zapatos que se había quitado en la otra, Francisco la miro los pies, se había pintad las uñas de un coño granate, la polla se le estaba volviendo más dura todavía, por momentos, el pensar en esos pies en sus manos, como ayer, otra vez, besándolos, acariciarlos, y pasar la olla por ellos le hizo querer masturbarse delante de Elena, pero ella no le dejaría, no sin antes haber jugado.
--¿Estás listo?
--Si.
Elena sacó entonces de la bolsa algo que aprecia un pañuelo, era grande, rojo, y acercándose a Francisco se lo puso tapándole los ojos, Francisco sonrió.
--¿Por ahora te gusta la idea?
--Si.
--Túmbate en la cama. Espera, te ayudo.
Lentamente, Elena ayudo a Francisco a tumbarse en la cama, su polla estaba tan dura que estaba totalmente perpendicular al cuerpo del joven.
--Levanta los brazos estirándolos encima de tu cabeza.
Francisco obedeció, y poco después escucho un ruido metálico y notó como se le cerraba algo en las muñecas, estaba esposado a la cama, hizo una especie de mueca divertida.
--¿Esto?
--¿Te molesta? Si no quieres te las quito y paramos el juego.
--No, continua.
--Bien, ahora deberás de esperar un poco.
Francisco escuchó que Elena buscaba algo más en las bolsas y luego escuchó el suave roce de la ropa de la joven cayendo al suelo, pero no escuchó nada más, durante cinco minutos se quedó todo en silencio, Francisco sabia que Elena estaba allí, pero no sabia donde, y notaba que la erección desaparecía.
--Elena, se esta quedando blandita mi polla.
--Es justo lo que quiero.
Poco después, Francisco sabia que su polla colgaba ya entre sus piernas y la erección había desaparecido. Estaba a punto de decir algo cuando noto algo suave recorrer su vientre hasta su polla, y enseguida supo lo que era, sobretodo cuando Elena apreso su polla entre sus pies, envueltos en medias y empezaba a acariciar su polla con los pies, moviéndolos suavemente, tocándola con los deditos y con la planta del pie, la polla de Francisco no tardó en ponerse de nuevo dura como una roca, como antes, y poco a poco, sintió que un pie de Elena abandonaba su puesto y le acariciaba la ingle mientras el otro le acariciaba la punta de la polla, para después sentir de nuevo los dos pies en la polla.
--¿Te gusta amor mío?
--Me encanta, noto que la polla me va a estallar.
--No te corras aun.
Elena paró de tocarle con los pies y Francisco noto como los retiraba, para notar, segundos después, como la boca de Elena se llenaba con su polla y la joven empezaba a besársela y chupársela, desde los huevos hasta la punta de la polla, metiéndosela entera. Francisco notaba la mamada de Elena y aguantaba para evitar corrérse, a la vez, Elena acariciaba las piernas de Francisco con sus pies y le apretaba los huevos con la mano.
--Dios…. Me correré enseguida si no paras un poco.
Pero Elena no paró siguió chupándole la polla a Francisco durante unos segundos más, hasta que se detuvo, y entonces Francisco volvió a notar los pies de Elena en su cuerpo, uno acariciando sus huevos y el otro la punta de la polla, para a continuación, notar como Elena encerraba su polla entra las dos plantas de sus preciosos pies y le masturbaba. Francisco no pudo más, se corrió casi al sentir las plantas de los pies apresar su polla y el semen se deslizó hasta los pies de la muchacha, manchándoselos.
--Eso es mi campeón, así, córrete hasta quedar sin fuerzas, córrete en mis pies, córrete encima mía, si, eso es, sigue..
Elena seguía moviendo sus pies a un ritmo frenético, Francisco no podía más, gemía, gritaba y deseaba que Elena le diera un descanso, pero a la vez deseaba que no parase nunca, y por fin, cuando Elena paró, se sintió aliviado, pero deseoso de más.
--Te daré de tregua lo que tarde en cambiarme las medias.
--Quiero seguir, pero quiero verte. Y tocarte.
--Aun no.
Francisco se quedo esperando, no supo cuanto exactamente, pero a él le pareció una eternidad, hasta que volvió a notar que Elena subía a la cama y noto que la joven le ponía uno de sus pies en al cara. Francisco saco la lengua y toco el pie, cubierto por las medias, y Elena deslizo el pie arriba y abajo, pasándolo por la lengua de Francisco, metiéndolo en su boca para que el joven lo chupara y lo tuviera en su boca, mientras el otro pie le acariciaba la polla, que ya estaba poniéndose dura como una roca. Poco después cambió los pies, y volvió a dejar a Francisco que le chupará su pie, ahora el izquierdo, la polla de Francisco estaba ya tan dura que le dolía.
--¿Estas preparado amor?
--Si.
Y Elena apartó su pie de la cara de Francisco, y este notó que le quitaba las esposas y la venda. Francisco vio a Elena, llevaba una cadena donde estaba colgando la llave de las esposas, y unos pantys rojos hasta los muslos, con bordados acabados. En el suelo había otro par de pantys de color negros. Estaba encima de él, en cuclillas, con las piernas a cada lado de él y poco a poco, ante su mirada fue bajando, hasta que Francisco noto que su polla y el coño de Elena se juntaban, entonces, cerrando los ojos, gimió mientras echaba la cabeza hacia atrás y por fin noto toda la polla dentro del coño de Elena. Esta se tumbó, apoyó su cabeza en el pecho de Francisco y le mordió un pezón.
--Me encanta tu polla en mi coño, la quiero siempre.
--Y así será.
Elena se levantó, Francisco alargo las manos y le empezó a pellizcar los pezones, la chica se mordió el labio inferior.
--Quiero que me folles, que me folles con todas tus fuerzas, quiero sentir toda tu polla tan dentro de mí que tenga que pedirte que pares.
Como respuesta, Elena recibió tres sacudidas tan fuertes y tan seguidas, que ni le dio tiempo a gemir hasta que la ultima paró, entonces gimió, cerró los ojos y agarrándose con sus manos, clavándole las uñas, al pecho de Francisco se inclinó sobre él.
--Los quiero todos así.
--Pues allí voy.
Y Francisco comenzó a dar rienda suelta a sus sueños, comenzó empujando fuerte, paso a flojo, y luego tres sacudidas como las tres primeras, APRA después estar quieto, hasta que otras tres sacudidas inundaban de pasión el sexo de Elena, Francisco estaba gozando, y Elena también, así que Francisco empezó sin parar una serie de sacudías, fuertes y seguidas, rápidas, como a ella le gustaban, y entre medias de las sacudidas, Francisco pudo oír entre sus gemidos y los de Elena lo que ella quería.
--Dame azotes en el culito, dame azotes, que soy mala mi amor…
Y Francisco, sin pensárselo, agarro primero las nalgas de Elena y dándole una sacudida, agarró fuerte la izquierda mientras con la derecha le daba tres azotes tan seguidos y fuertes como las sacudidas, para a continuación volver a dárselos en la otra nalga, parando de darle azotes para volver a darle después otros tres en una nalga y luego en otra, para volver a parar, y así, así siguió, hasta que entre gemidos de placer, tras unos minutos intensos de azotes y embestidas, los dos se corrieron, y Elena se derrumbó encima de Francisco llorando y gimiendo. Había sido el mejor polvo de su vida.
--Fóllame siempre así Francisco.
Francisco la embistió una vez más como respuesta.
--Siempre.
Y se quedaron quietos y callados, unidos el uno al otro por su polla y su coño, hasta que se durmieron.