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2009-10-06 02:17:58
Francisco estaba sentado en la cama, esperando a que Elena subiera del garaje. Escuchó la puerta de la entrada y después vio a Elena aparecer ante el por la puerta del dormitorio, se había vestido por completo salvo sus pies, que estaban descalzos. Fran no sabia que habria hecho con el calzado, ni le importaba, por él como si tiraba todo su calzado a al basura y andaba por siempre descalza a todas horas por todas partes para él. Solo pensarlo le excitó y su´polla comenzó a reaccionar con la imagen de Elena descalza por la calle.

--Dios mío Francisco, como me pones.

Elena sonrió y fue lentamente hasta el, se puso de rodillas ante Fran y le fue desabrochando el pantalón, dejando libre su polla, se la metió en al boca y empezó a hacerle una mamada, lentamente, chupando despacio, sacándola, pasando la lengua despacio, por la punta, desde los huevos hasta la punta, metiéndosela entera. De pronto, Francisco le paró.

--Levántate amor mío.

Elena se levantó, y Francisco hizo lo mismo.

--Te amo. Te deseo. Te necesito.

La agarró del cuello y le cintura y la atrajo hacia él, con brusquedad, firmeza, y besándola en los labios empezó a hacerse paso con su lengua en su boca, comprobando que ella no solo no protestaba por aquel ataque de pasión, sino que se dejaba hacer, y más aun cuando noto la mano de él explorar por dentro de sus pantalones su culo y como los dedos acariciaban su ano y trataban de rozar su sexo desde atrás, para arrastrarla por dentro de sus pantalones hasta su coñito, donde inspeccionó metiendo los dedos en su interior, sin dejar de besarla y explorar su boca, sintiendo los gemidos, la pasión, el calor de su coñito, cada vez más y más húmedo. Se separó de ella y dejó de abrazarla. Elena se tambaleó hacia atrás y tras recomponerse, empujó a Francisco con las dos manos acabando este en la cama, donde se dejó caer hasta tumbarse. Elena se quitó los pantalones y la camisa, quedándose desnuda y acercándose a la cama, se subió encima y puso una pierna a cada lado de Francisco. Se agachó hasta tocar sus labios los de él, y ahora fue ella la que empezó a explorar su boca mientras con la mano trataba de introducirse en los boxer de Francisco para agarrar su polla, dura como una roca. Elena le quito a Francisco la camisa sin preocuparse por desabrochar los botones, que salieron disparados cuando la joven tiro de los dos lados, y comenzó a chuparle los pezones, y a morderlos, como el hacia con ella, descubriendo que a Francisco le gustaba aquello. Siguió bajando hasta la entrepierna del joven, donde tras liberar la polla la beso.

--¿Te gusta?

--Si. Me encanta.

Elena se sentó entonces a un lado de la cama, y subiendo los pies, sujeto la polla de Francisco entre las plantas de sus pies y empezó a masturbarle.

--Pero esto más.

Francisco no respondió, cerró los ojos y gimió. Aquello le gustaba muchísimo, todo lo que Elena le hacia le gustaba mucho, pero ella sabia que cualquier cosa que hiciera con sus pies le iba a excitar demasiado. Era de lo que más le excitaba.

--Para, para mi niña, para por favor y súbete encima.

--¿Me quieres follar? – preguntó Elena sin dejar de acariciar la polla de Francisco con los pies, acariciando ahora la punta pasando de arriba abajo toda la planta de su pie derecho mientras el izquierdo jugaba con los testículos, acariciándolos.

--Siiiiii.

La joven siguió unos segundos más acariciando la polla de Francisco hasta que paró. Entonces se levantó y se volvió a poner encima de Francisco, mientras agarrando la polla de él con una mano se la iba metiendo lentamente en su coñito mientras iba bajando, comprobando lo bien que entraba la polla en su coñito, totalmente abierto, y lubricado por su propio flujo. Estaban los dos realmente excitados, Elena estaba tan mojada que casi se corrió al sentir la polla de Francisco, y este estaba tan excitado que estuvo igualmente a punto de correrse al entrar su polla en la cueva del deseo y el amor que era el sexo húmedo de Elena. Al sentir la polla totalmente dentro, y el cuerpo de Elena sobre él, los dos gimieron. Se quedaron quietos, Elena hasta se tumbó sobre él besándole y sintiendo las manos de él en sus pezones, pellizcándolos.

--Fóllame Francisco, fóllame con todas tus fuerzas, quiero sentir tu polla estallar en mi coñito y como inunda mi interior de ti.

Y Francisco, besándola en al boca, comenzando a mover la cadera levemente arriba y abajo, empezó a empujar y a mover su polla en el interior de Elena, observando la cara de ella, con los ojos cerrados, mordiéndose el labio inferior, llevándose las manos a la cabeza, dejándose el pelo suelto, caer sobre sus pechos, que el seguía apretando. Entonces, cuando los gemidos de ella iban en aumento, Francisco la agarró la cintura, dejando deslizar sus manos lentamente desde pospechos hasta la misma. Elena sabia lo que significaba eso, así que se mordió con más fuerza y de pronto sintió como Francisco empujaba fuertemente su polla hacia arriba una, dos, tres, cuatro… hasta siete veces, con fuerza, por sorpresa, como les gustaba a ambos, y como a la octava, entre sus gemidos de placer y dolor, los dos se corrían, quedando ella exhausta, tumbada sobre el, y con su coñito mojado de los dos mientras la polla de él seguía dentro.

--Te amo Francisco.

Francisco la beso en sien, la abrazó y la susurro al oído.

-- Quédate aquí. ¿Quieres?

--Si. Pero antes bésame.

Y mientras la besaba, Francisco sacaba lentamente la polla del coñito de Elena, levantándose después, dejándola apreciar su aun creciente erección.

Poco después, Francisco llegó, traía algo en una bolsa, y la dejo en el suelo, junto a la cama.

--Túmbate en la cama.

Elena , lentamente, sin decir nada, hizo caso a Francisco.

--Cierra los ojos.

La joven, sonriendo, obedeció, y enseguida noto como Francisco la vendaba los ojos.

--Estira los brazos hacia arriba.

Sabiendo lo que iba a pasar, Elena obedeció, y poco después sintió como Francisco le ataba las manos una a la otra con las esposas que ella había usado la otra vez.

--Ahora silencio amor mío.

Escucho como Francisco revolvía en la bolsa que había traído y noto como se subía a la cama y como la separaba las piernas. Entonces noto una pequeña presión justo en la boca de su ano, y como poco a poco aumentaba esa presión. Elena gimió, cada vez notaba mayor presión y como entraba algo en su culo, despacio hasta acabar y sentirse liberada. ¿Qué había echo Francisco? Estaba a punto de decir algo cuando volvió a sentir lo mismo en su culo, otra vez, algo entraba en su ano hasta que volvía a dejar de sentir presión, así hasta cuatro veces, notaba que tenia algo dentro de su culo, pero no sabia el que, y aquella sensación de penetración y después relajación la había excitado.

Escucho como Francisco se marchaba y volvía al rato. Enseguida noto como se subía en la cama y noto algo húmedo sobre su pubis.

--Voy a volver a afeitarte el coñito Elena.

La joven se mordió el labio inferior.

Elena cerró los ojos y noto como Francisco le humedecía toda la zona con agua tibia.

Lentamente, Francisco extendió a continuación la espuma por toda la zona y comenzó a rasurar con una cuchilla el monte de Venus de la joven, quitando despacio, lentamente, todo aquello que sobraba hasta quedar totalmente liso. Despacio, después, Francisco empezó a afeitar completamente los lados del coño, con cuidado, protegiendo las zonas mas delicadas de la muchacha, Francisco tapó con la mano entera los labios del coñito, estirando la suave piel de la chica para afeitar la zona hasta la ingle. Lentamente siguió afeitándola, primero un lado. Cuando acabo el primer lado, al levantar la mano, Francisco pudo percibir la humedad que el coñito de Elena le había transmitido a su mano. La joven estaba excitada. Lentamente, Francisco acabo el otro lado realizando la operación igual. Cuando acabó de afeitarla, la joven estaba más excitada de lo que había estado en mucho tiempo. Francisco observó un hilillo blanco que resbalaba desde el coñito de la joven hacia su ano. Sin decir nada, Francisco puso un poco de crema hidratante en el coñito de la joven y empezó a extenderla, rozándola el clítoris al pasar pos la ingle, provocando gemidos cortos de la joven. Pasado cinco minutos, Elena noto como Francisco acababa y como se acercaba a ella.

Se agachó y se tumbó a su lado.

--¿Quieres que te folle?

--Si….

--Bien.

Y colocándose entre las piernas de Elena, Francisco la atrajo hacia si penetrándola con sumo cuidado sintiendo como la polla se deslizaba por el coño húmedo de la joven y entraba como un guante. Elena se abrazó a él y dejo caer su cuerpo sobre la polla de Francisco, quedándose quieta. Entonces, sintió como Francisco la empezaba a empujar con fuerza, la embestía como el sabia, uno, dos, tres… Elena empezaba a gemir, sentía una mano de Francisco a la entrada de su culo y otra en sus tetas, pellizcándole los pezones.

Francisco la empezó a besar y entonces la susurro algo al oído.

--Tienes en tu culito unas bolas chinas.

Elena gimió con otra embestida de Francisco.

--Me voy a correr amor mío…

Francisco cogió entonces la anilla que sobresalía del ano de Elena, la que sujetaba las bolas chinas y embistió más fuerte a la joven para que se corriera cuanto antes.

--Francisco, me corro, me corro mi vida…

Y Justo en ese momento, Francisco empujó fuerte mientras tiraba de la anilla sacando las bolas chinas de golpe y provocando un grito de excitación en Elena como nunca antes había escuchado.

Sin soltarse, sin sacar su polla de coñito, Francisco se acercó al oído de Elena.

--Ahora te vas a ir a la ducha, te ducharas tu primero. Cuando salgas las bolas chinas estarán sobre la cama, serán distintas, estas las guardaré, las de encima de la cama son para tu coñito, son más gordas que estas, pero no te preocupes, entraran como l aseda, después de cómo te he dejado de mojado y aboierto tu coñito, podría entrar cualquier cosa. – Elena gimió asintiendo. Francisco siguió hablando -- así que las cojeras y te las meterás dentro y te vestirás mientras yo me ducho. Te pondrás unas medias y un tanga negros, una falda, una camisa y unos zapatos oscuros, te pondrás el abrigo y bajaras a la calle. Me esperaras en el bar de abajo tomando una cerveza, sentada. Luego iremos a cenar. Y en todo momento deberás de tener las bolas en el coñito. Para esta noche, cuando volvamos de cenar, tengo otra sorpresa para ti.

Y tras sacar la polla del interior de Elena, la pellizcándolos labios del coñito y la quito la venda de los ojos, después la beso, sintiendo la excitación que ahora mismo invadía todo el cuerpo de la joven en cada beso que el la daba, mientras sacaba su polla del coño de ella.

Cuando Francisco llegó al bar de abajo, Elena estaba como le había indicado, tal cual, vestida de la misma manera, sentada en la barra del bar, con las piernas cruzadas, la derecha sobre la izquierda, balanceando el pie derecho, de cuya punta colgaba un zapato negro de tacón. Cuando Elena le vio, sonrió, se levantó calzándose el zapato y fue hacia él.

--Me provocas Elena.

--¿Yo?

--Sabes lo que me gustan tus pies, y sabes que me gustan mucho con las medias puestas, si te pones a jugar con el zapato enseñándome tu pie casi entero, me veré obligado a pedirte que te descalces y subas a casa, donde me esperaras a que te de un masaje con mi lengua y mi polla.

Elena se mordió el labio, se acercó a Francisco y le besó en la boca.

--Queda pendiente.

--¿Llevas puesto exactamente lo que te he dicho?

--Si.

--¿Todo?

--Así es.

--¿Cómo te sientes?

--Excitada a cada paso que doy.

Las bolas chinas se le movían en su interior provocándola un continuo éxtasis, que no sabia cuando acabaría. Se había corrido casi nada más metérselas, y seguramente ahora mismo tendría las medias empapadas. No sabia cuanto podría aguantar así, pero la estaba gustando.

--Vámonos, cenamos fuera.

Y siguió a Francisco hasta la calle donde cogieron un taxi.

En el restaurante italiano esperaron a que les sirvieran la cena que habían encargado mientras picaban una ensalada de pollo con un lambrusco. No hablaban, se miraban de vez en cuanto, y Elena deseaba que Francisco la dijera que podía sacarse las bolas chinas, no podía aguantar más la sobreexcitación que sentía, pero sabia que si lo hacia, se acabaría el juego, y Francisco se iría a casa, así que tendría que aguantar, sintiendo la humedad incesante de su entrepierna.

--¿Qué sorpresa me tienes preparada?

--Ya veras luego.

--Francisco, estoy empapada.

--Supongo que si, pero quiero que se así.

--¿Porque?

--Me gustas así, me gusta tocarte el coñito cuando esta húmedo, chuparlo, pasar mi polla por su rajita, hasta que este tan abierto que quepa mi mano entera.

--Ahora cabria, créeme.

Francisco sonrió.

--Esta noche tendrás una sorpresa. Pero has de tener las bolas chinas dentro toda la noche, hasta que yo te las saque, nada.

Elena sonrió. Un camarero se les acercó y les retiró el plato de la ensalada, mientras les servia a cada uno su cena, gnochis para Elena, tallarines carbonara para Francisco. El camarero se marcho llevándose la botella de lambrusco para traer otra llena poco después.

--¿Brindamos?—sugirió Elena?

--Brindamos.

Los dos cogieron la copa, y las acercaron, fue cuando Francisco sintió la suavidad de la tela de las medias de Elena y a través de ella los deditos de su pie derecho, que jugaba dentro de los bajos de su pantalón.

--Niña mala.

--¿Por qué?

--Oh, por nada, sigue siéndolo.

--¿Soy mala?

--Si.

Elena subió la pierna todo lo que pudo, Francisco se acercó un poco más a la mesa y metiendo una mano bajo la misma acaricio el pie de la joven, lo cogió, lo apretó y volvió a acariciarlo.

--Tienes unos pies de infarto Elena, los más bonitos que he visto nunca.

Elena apretó su pie contra la entrepierna de Francisco, había alcanzado su objetivo, y el joven hizo una mueca para evitar soltar un gemido.

--Sssiiiii.

Francisco gimió, estaba a punto de corrérse.

--Elena, para ya por favor. Me voy a correr.

--Yo ya me he corrido varias veces desde que me he metido las bolas chinas amor mío. Estoy tan mojada que dejare la silla empapada.

--Eres una vengativa.

Francisco no podía cenar, sentía que su polla estaba a punto de estallar, afortunadamente, no había nadie más en la salita en la que estaban, y los camareros no se percataban de su situación. Poco a poco Elena fue frotando su pie en su entrepierna, mientras Francisco lo apretaba contra si poniéndole la mano sobre él, sintiendo la calidez de las medias, los dedos de Elena, deseando más, deseando que su polla pudiera sentir esa calidez, deseando que su boca pudiera saborear esa calidez, quitarle esas medias con los dientes y morder cada dedo, chuparlo, pasarlo por su cara y su pecho, y que le hiciera una paja con un pie totalmente desnudo y el otro con la media aun puesta, corrérse en esos pies, y acabar follándola, deseaba eso y mucho más, pero tenia otros planes para esa noche, planes que si, tenían que ver con los pies de Elena y unas medias, muy especiales, que esperaban a la joven en casa. Solo de pensar todo eso, Francisco acabo por corrérse, y Elena, a pesar de la tela de los pantalones de Francisco, y de la de sus medias, noto la humedad del semen de Francisco en la planta de su pie.

--Si mi campeón, eso es, hmmm, como me gusta esto.

--Ha sido increíble, pero eres una niña mala.

La sonrisa picara de Francisco hizo a Elena sentir un revuelo en el estomago y en el interior de su sexo, tan húmedo que las bolas ya casi de deslizaban solas hacia fuera.

Cuando bajaron del taxi Elena seguía descalza. En el camino desde el restaurante hasta casa, Francisco la había masajeado los pies y la joven había salido del taxi con los zapatos en la mano y subiendo corriendo hasta el portal para no enfriarse mucho los pies con el suelo helado del mes de octubre en Madrid. Francisco subió poco después, tranquilamente, sonriéndola.

La mancha de su pantalón tras haberse corrido apenas se apreciaba si uno no se fijaba detenidamente, y ya daba igual, el resto de la noche lo pasaría desnudo, así que poco importaba ya una mancha.

Abrió el portal y anduvieron hasta donde estaban los ascensores, cogieron el que había disponible de los tres, y dentro, se abrazaron y comenzaron a besarse. Elena comenzó a acariciar la entrepierna de Francisco y este metió la mano por dentro de su ropa pellizcándola los pezones, Elena gimió, la había dolido uno de los pellizcos, pero la había excitado mucho. Estaban los dos tan excitados que no se dieron cuenta de que habían llegado a su piso hasta pasados dos minutos. Por fin, se miraron, y se besaron rápidamente en los labios.

--Eres increíble.

--Tu también.

Volvieron a besarse y salieron del ascensor, anduvieron por el pasillo agarrados de la mano y llegaron hasta la puerta, mientras Francisco trataba de abrir, Elena le seguía acariciando la entrepierna desde atrás. Por fin consiguió abrir y entraron en la casa, donde tras cerrar la puerta se volvieron a abrazar y a besar.

--Estoy deseando que me des la sorpresa.

--Aun tenemos tiempo. Quédate vestida nada más que con las medias y el tanga.

--¿Me saco las bolas?

--Aun no.

Francisco desapareció tras la puerta del pasillo y Elena se desnudo allí mismo, salvo las medias y el tanga, dejando la ropa y los zapatos tirados nada más entrar. Fue hasta el salón y encendió la cadena de música, la puso baja, con música ambiente y después encendió una barrita de incienso, sándalo, que dicen que es afrodisíaco, aunque no creía que les hiciera falta.

De fondo empezó a sonar Marlango, y Elena se sentó en el sofá, con las piernas cruzadas y balanceando el pie derecho que estaba en el aire.

--Estas preciosa así, semidesnuda, y sentada de esa forma.

Francisco venia de la cocina, solamente con la camisa y los pantalones, traía una cubeta con hielo y champán dentro, Elena hizo amago de levantarse, sonriendo, pero Francisco se lo impidió.

--Espera.

Fue hasta el mueble bar y sacó dos copas de champán, abrió la botella, sin que sonara el fuerte pom, y sirvió en las dos copas. Las copas eran de las bajas, anchas y poco profundas, y Francisco las lleno hasta el borde. Puso las copas y la botella con la cubitera en un carrito y lo llevo junto al sofá, le tendió una copa a Elena y se sentó a su lado.

--Por ti, la mujer más maravillosa del mundo.

--Por ti, el hombre más maravilloso del mundo.

Brindaron y empezaron a beber. Elena sonrió.

--Cierra los ojos.

--¿Qué vas a hacer?

--Ciérralos.

Francisco hizo caso, los cerró, y poco después sintió como Elena se sentaba encima suya, apoyando las rodillas a cada lado de el, mirándole, con sus nalgas apoyadas en las rodillas de Francisco, sintió como le besaba y comenzaba a desabrocharle la camisa, y mientras la desabrochaba le besaba y mordía el pecho, pasándole la lengua por los pezones y mordiéndoselos, Francisco se pasó la lengua por los labios, notaba como su erección iba en aumento, y Elena se había dado cuenta, pues había bajado las manos para desabrocharle el pantalón, para meter después la mano por dentro y acariciar la polla de Francisco desde fuera del boxer, aun húmedo por la corrida de antes de Francisco.

--No me ha dado tiempo a cambiarme. No tenia pensado que llevaras tu las riendas.

--Ahora mandaras tú, pero antes, quiero que pruebes una cosa.

--¿Qué?

--No abras los ojos.

--No lo haré.

Elena sonrió, volvió a llenarse su copa de champán y acercando un pecho a la misma se humedeció el pezón y la corona hasta que una gota quedo colgando del mismo. Con cuidado lo acerco a la boca de Francisco.

--Abre la boca.

Francisco lo hizo, y enseguida, Elena, se incorporó lo suficiente para meterle el pezón en al boca, Francisco noto enseguida la gota caer en su boca y la cerró suavemente sobre el pezón de Elena, el cual empezó a chupar con avidez, como un bebe cuando su madre le da el pecho, Francisco comenzó a succionar el pecho de Elena ya atraparlo entre sus dientes mientras lo acariciaba con la lengua.

--¿Te gusta?

Francisco abrió la boca.

--Dame más, con el otro pezón.

Elena obedeció la petición, se mojó el pezón en champán, esta vez el otro, y lo volvió a llevar a la boca de Francisco, que volvió a apresarlo con los labios y los dientes y a succionar mientras le pasaba la lengua.

--Francisco, cómeme el coño así también.

Francisco apretó sus nalgas y la atrajo hacia si, la soltó el pecho y la beso en la boca.

--Es hora de que juguemos, vamos al dormitorio.

Entraron en el dormitorio y se volvieron a besar. Elena le quito la camisa y los pantalones a Francisco y arrodillándose le bajo los boxer, cogiendo su polla con la mano se la metió en la boca y la chupo dos veces.

--¿Puedo?

--Luego puede, ahora siéntate en el borde de la cama, te voy a terminar de desnudar y a quitar las bolas chinas.

Elena obedeció, se levantó, fue hasta la cama y se sentó. Francisco fue hasta ella y la beso, se agachó junto a ella y la cogió el pie derecho.

--El juego ha comenzado. Quítate las medias hasta los muslos.

Elena se deslizó las medias hasta donde Francisco le había dicho y este entonces la mordió el pie y se lo chupo, cogió la tela de las medias y comenzó a tirar, la tela se deslizó levemente por el muslo de Elena. Francisco cogió entonces el otro pie y hizo la misma operación. Había bajado las medias un poco, el resto, se levantó y las quitó con las manos hasta llegar a los pies, los beso antes de quitárselas y tras quitárselas, los volvió a besar. Se levanto y la ayudó a ella a levantarse, la abrazó por la cintura y la besó en la boca mientras sus manos se deslizaban hacia el tanga y se lo empezaba a bajar, lo soltó y la prenda se deslizó sola por las suaves piernas de Elena hasta sus pies, enseguida noto en ellos la humedad de tanta excitación acumulada. Sacando los pies, primero uno y luego otro, termino de quitarse el tanga, estando ahora bajo sus pies. Francisco acarició entonces su pubis depilado y fue hasta donde estaba la anilla de las bolas chinas y las sacó poco a poco, una a una, entre gemidos de placer y dolor de Elena, que ya estaba deseando que el joven le librase de esa presión en su interior que la había tenido sobreexcitada toda la noche. Notaba su sexo ardiendo, creía que le iba a estallar, y tenía los labios tan abiertos que la mano de Francisco cabria sin problemas.

--¿Quieres que siga o prefieres descansar?

--Sigue.—susurro Elena –Sigue hasta el final

--Bien. Cierra los ojos y siéntate en la cama.

La muchacha lo hizo, enseguida noto como Francisco le tapaba los ojos con un pañuelo y como después revolvía en una bolsa, sacaba algo y lo desprecintaba.

--Bien, cuando te diga te pondrás de pie.

Elena asintió, enseguida noto que Francisco la cogía un pie y la empezaba a meter algo en el mismo, parecían unas medias, y sintió como las subía hasta los tobillos. A continuación, sintió lo mismo con el otro pie, y como poco a poco, las medias comenzaban a subir por sus piernas.

--Ponte de pie.

La muchacha se puso en pie y noto como las medias subían lentamente por sus piernas y llegaba hasta más arriba de su cintura, para notar después las manos de Francisco recorrer sus piernas ya enfundadas en medias hasta los pies, notando como los besaba en el empeine.

--¿Notas algo raro?

--No

--Bien. Ponte sobre la cama, a cuatro patas. Yo te ayudo a ir.

--Vale.

Con cuidado, Francisco ayudo a Elena a ir hasta la cama y la ayudo a ponerse a cuatro patas. Así, el efecto deseado de las nuevas medias era mayor. Las medias que Francisco le había comprado a Elena eran de esas con abertura en la zona del sexo, con lo cual quedaba todo su coñito y los labios del mismo expuestos al aire, y así, con la joven a cuatro patas, sobresalían de manera casi obscena, pero deliciosa, entre sus muslos, justo debajo de sus nalgas y de su culito.

--¿Sigues sin notar nada raro?

--Si, pero no sabría decirte que es.

--¿No?

--Es como una presión donde mi coñito, alrededor… Algo raro.

--Espera, me voy a poner detrás tuya y a darte una pista.

Francisco subió lentamente a la cama y se situó justo detrás de Elena, se agachó y junto la cara a sus labios vaginales sin tocarlos, entonces, despacio, pasó la lengua lentamente por ellos de arriba abajo y hacia dentro y afuera. Elena dio un respingo.

--Mi amor, que me haces…. Me encanta.

Francisco alargó las manos y la separó los labios vaginales empezando a pasar la lengua por toda la abertura que tenia ante él. Elena se agarró fuerte a la cama y comenzó a gemir.

--¿Ya notas algo raro?

--Siiiiii….

--¿Qué?

--Tengo el coñito al aire.

Francisco paró. Se levantó y le quito la venda de los ojos, entonces, Elena pudo ver las medias que tenia puestas, eran negras, muy finas, y con una abertura en el coño, el cual se veía en toda su majestuosidad. Se giró y abrazó a Francisco besándole en la boca.

--Fóllame. – levantó las piernas y las encerró rodeando la cintura de su amado.

Y así, de pie, despacio, Francisco metió lentamente la cabeza de su polla en el coñito de Elena y esta apretó aun más fuerte sus piernas, cruzándolas por sus tobillos en la espalda de Francisco, sintiendo la suavidad de esas medias tan especiales un pie con otro.

--Te adoro, te amo, te quiero, te deseo amor mío.

--¿Te han gustado las medias?

--Me las pondré siempre para ti.

Y cogiéndola de las nalgas, Francisco embistió finalmente todo su cuerpo contra Elena, penetrándola del todo, que chilló por la sorpresa y se agarró más fuerte a él, corriéndose al momento pero deseando más, más, más, mucho más, mientras apoyaba a Elena contra la pared en donde la hizo el amor entre gemidos de placer de ambos, sin llegar a saber al final cuantas veces se podrían haber corrido.

Sin duda había sido su mejor experiencia sexual jamás vivida.

BOLAS CHINAS, CHAMPAN Y MEDIAS NUEVAS

Francisco estaba sentado en la cama, esperando a que Elena subiera del garaje. Escuchó la puerta de la entrada y después vio a Elena aparecer ante el por la puerta del dormitorio, se había vestido por completo salvo sus pies, que estaban descalzos. Fran no sabia que habria hecho con el calzado, ni le importaba, por él como si tiraba todo su calzado a al basura y andaba por siempre descalza a todas horas por todas partes para él. Solo pensarlo le excitó y su´polla comenzó a reaccionar con la imagen de Elena descalza por la calle.

--Dios mío Francisco, como me pones.

Elena sonrió y fue lentamente hasta el, se puso de rodillas ante Fran y le fue desabrochando el pantalón, dejando libre su polla, se la metió en al boca y empezó a hacerle una mamada, lentamente, chupando despacio, sacándola, pasando la lengua despacio, por la punta, desde los huevos hasta la punta, metiéndosela entera. De pronto, Francisco le paró.

--Levántate amor mío.

Elena se levantó, y Francisco hizo lo mismo.

--Te amo. Te deseo. Te necesito.

La agarró del cuello y le cintura y la atrajo hacia él, con brusquedad, firmeza, y besándola en los labios empezó a hacerse paso con su lengua en su boca, comprobando que ella no solo no protestaba por aquel ataque de pasión, sino que se dejaba hacer, y más aun cuando noto la mano de él explorar por dentro de sus pantalones su culo y como los dedos acariciaban su ano y trataban de rozar su sexo desde atrás, para arrastrarla por dentro de sus pantalones hasta su coñito, donde inspeccionó metiendo los dedos en su interior, sin dejar de besarla y explorar su boca, sintiendo los gemidos, la pasión, el calor de su coñito, cada vez más y más húmedo. Se separó de ella y dejó de abrazarla. Elena se tambaleó hacia atrás y tras recomponerse, empujó a Francisco con las dos manos acabando este en la cama, donde se dejó caer hasta tumbarse. Elena se quitó los pantalones y la camisa, quedándose desnuda y acercándose a la cama, se subió encima y puso una pierna a cada lado de Francisco. Se agachó hasta tocar sus labios los de él, y ahora fue ella la que empezó a explorar su boca mientras con la mano trataba de introducirse en los boxer de Francisco para agarrar su polla, dura como una roca. Elena le quito a Francisco la camisa sin preocuparse por desabrochar los botones, que salieron disparados cuando la joven tiro de los dos lados, y comenzó a chuparle los pezones, y a morderlos, como el hacia con ella, descubriendo que a Francisco le gustaba aquello. Siguió bajando hasta la entrepierna del joven, donde tras liberar la polla la beso.

--¿Te gusta?

--Si. Me encanta.

Elena se sentó entonces a un lado de la cama, y subiendo los pies, sujeto la polla de Francisco entre las plantas de sus pies y empezó a masturbarle.

--Pero esto más.

Francisco no respondió, cerró los ojos y gimió. Aquello le gustaba muchísimo, todo lo que Elena le hacia le gustaba mucho, pero ella sabia que cualquier cosa que hiciera con sus pies le iba a excitar demasiado. Era de lo que más le excitaba.

--Para, para mi niña, para por favor y súbete encima.

--¿Me quieres follar? – preguntó Elena sin dejar de acariciar la polla de Francisco con los pies, acariciando ahora la punta pasando de arriba abajo toda la planta de su pie derecho mientras el izquierdo jugaba con los testículos, acariciándolos.

--Siiiiii.

La joven siguió unos segundos más acariciando la polla de Francisco hasta que paró. Entonces se levantó y se volvió a poner encima de Francisco, mientras agarrando la polla de él con una mano se la iba metiendo lentamente en su coñito mientras iba bajando, comprobando lo bien que entraba la polla en su coñito, totalmente abierto, y lubricado por su propio flujo. Estaban los dos realmente excitados, Elena estaba tan mojada que casi se corrió al sentir la polla de Francisco, y este estaba tan excitado que estuvo igualmente a punto de correrse al entrar su polla en la cueva del deseo y el amor que era el sexo húmedo de Elena. Al sentir la polla totalmente dentro, y el cuerpo de Elena sobre él, los dos gimieron. Se quedaron quietos, Elena hasta se tumbó sobre él besándole y sintiendo las manos de él en sus pezones, pellizcándolos.

--Fóllame Francisco, fóllame con todas tus fuerzas, quiero sentir tu polla estallar en mi coñito y como inunda mi interior de ti.

Y Francisco, besándola en al boca, comenzando a mover la cadera levemente arriba y abajo, empezó a empujar y a mover su polla en el interior de Elena, observando la cara de ella, con los ojos cerrados, mordiéndose el labio inferior, llevándose las manos a la cabeza, dejándose el pelo suelto, caer sobre sus pechos, que el seguía apretando. Entonces, cuando los gemidos de ella iban en aumento, Francisco la agarró la cintura, dejando deslizar sus manos lentamente desde pospechos hasta la misma. Elena sabia lo que significaba eso, así que se mordió con más fuerza y de pronto sintió como Francisco empujaba fuertemente su polla hacia arriba una, dos, tres, cuatro… hasta siete veces, con fuerza, por sorpresa, como les gustaba a ambos, y como a la octava, entre sus gemidos de placer y dolor, los dos se corrían, quedando ella exhausta, tumbada sobre el, y con su coñito mojado de los dos mientras la polla de él seguía dentro.

--Te amo Francisco.

Francisco la beso en sien, la abrazó y la susurro al oído.

-- Quédate aquí. ¿Quieres?

--Si. Pero antes bésame.

Y mientras la besaba, Francisco sacaba lentamente la polla del coñito de Elena, levantándose después, dejándola apreciar su aun creciente erección.

Poco después, Francisco llegó, traía algo en una bolsa, y la dejo en el suelo, junto a la cama.

--Túmbate en la cama.

Elena , lentamente, sin decir nada, hizo caso a Francisco.

--Cierra los ojos.

La joven, sonriendo, obedeció, y enseguida noto como Francisco la vendaba los ojos.

--Estira los brazos hacia arriba.

Sabiendo lo que iba a pasar, Elena obedeció, y poco después sintió como Francisco le ataba las manos una a la otra con las esposas que ella había usado la otra vez.

--Ahora silencio amor mío.

Escucho como Francisco revolvía en la bolsa que había traído y noto como se subía a la cama y como la separaba las piernas. Entonces noto una pequeña presión justo en la boca de su ano, y como poco a poco aumentaba esa presión. Elena gimió, cada vez notaba mayor presión y como entraba algo en su culo, despacio hasta acabar y sentirse liberada. ¿Qué había echo Francisco? Estaba a punto de decir algo cuando volvió a sentir lo mismo en su culo, otra vez, algo entraba en su ano hasta que volvía a dejar de sentir presión, así hasta cuatro veces, notaba que tenia algo dentro de su culo, pero no sabia el que, y aquella sensación de penetración y después relajación la había excitado.

Escucho como Francisco se marchaba y volvía al rato. Enseguida noto como se subía en la cama y noto algo húmedo sobre su pubis.

--Voy a volver a afeitarte el coñito Elena.

La joven se mordió el labio inferior.

Elena cerró los ojos y noto como Francisco le humedecía toda la zona con agua tibia.

Lentamente, Francisco extendió a continuación la espuma por toda la zona y comenzó a rasurar con una cuchilla el monte de Venus de la joven, quitando despacio, lentamente, todo aquello que sobraba hasta quedar totalmente liso. Despacio, después, Francisco empezó a afeitar completamente los lados del coño, con cuidado, protegiendo las zonas mas delicadas de la muchacha, Francisco tapó con la mano entera los labios del coñito, estirando la suave piel de la chica para afeitar la zona hasta la ingle. Lentamente siguió afeitándola, primero un lado. Cuando acabo el primer lado, al levantar la mano, Francisco pudo percibir la humedad que el coñito de Elena le había transmitido a su mano. La joven estaba excitada. Lentamente, Francisco acabo el otro lado realizando la operación igual. Cuando acabó de afeitarla, la joven estaba más excitada de lo que había estado en mucho tiempo. Francisco observó un hilillo blanco que resbalaba desde el coñito de la joven hacia su ano. Sin decir nada, Francisco puso un poco de crema hidratante en el coñito de la joven y empezó a extenderla, rozándola el clítoris al pasar pos la ingle, provocando gemidos cortos de la joven. Pasado cinco minutos, Elena noto como Francisco acababa y como se acercaba a ella.

Se agachó y se tumbó a su lado.

--¿Quieres que te folle?

--Si….

--Bien.

Y colocándose entre las piernas de Elena, Francisco la atrajo hacia si penetrándola con sumo cuidado sintiendo como la polla se deslizaba por el coño húmedo de la joven y entraba como un guante. Elena se abrazó a él y dejo caer su cuerpo sobre la polla de Francisco, quedándose quieta. Entonces, sintió como Francisco la empezaba a empujar con fuerza, la embestía como el sabia, uno, dos, tres… Elena empezaba a gemir, sentía una mano de Francisco a la entrada de su culo y otra en sus tetas, pellizcándole los pezones.

Francisco la empezó a besar y entonces la susurro algo al oído.

--Tienes en tu culito unas bolas chinas.

Elena gimió con otra embestida de Francisco.

--Me voy a correr amor mío…

Francisco cogió entonces la anilla que sobresalía del ano de Elena, la que sujetaba las bolas chinas y embistió más fuerte a la joven para que se corriera cuanto antes.

--Francisco, me corro, me corro mi vida…

Y Justo en ese momento, Francisco empujó fuerte mientras tiraba de la anilla sacando las bolas chinas de golpe y provocando un grito de excitación en Elena como nunca antes había escuchado.

Sin soltarse, sin sacar su polla de coñito, Francisco se acercó al oído de Elena.

--Ahora te vas a ir a la ducha, te ducharas tu primero. Cuando salgas las bolas chinas estarán sobre la cama, serán distintas, estas las guardaré, las de encima de la cama son para tu coñito, son más gordas que estas, pero no te preocupes, entraran como l aseda, después de cómo te he dejado de mojado y aboierto tu coñito, podría entrar cualquier cosa. – Elena gimió asintiendo. Francisco siguió hablando -- así que las cojeras y te las meterás dentro y te vestirás mientras yo me ducho. Te pondrás unas medias y un tanga negros, una falda, una camisa y unos zapatos oscuros, te pondrás el abrigo y bajaras a la calle. Me esperaras en el bar de abajo tomando una cerveza, sentada. Luego iremos a cenar. Y en todo momento deberás de tener las bolas en el coñito. Para esta noche, cuando volvamos de cenar, tengo otra sorpresa para ti.

Y tras sacar la polla del interior de Elena, la pellizcándolos labios del coñito y la quito la venda de los ojos, después la beso, sintiendo la excitación que ahora mismo invadía todo el cuerpo de la joven en cada beso que el la daba, mientras sacaba su polla del coño de ella.

Cuando Francisco llegó al bar de abajo, Elena estaba como le había indicado, tal cual, vestida de la misma manera, sentada en la barra del bar, con las piernas cruzadas, la derecha sobre la izquierda, balanceando el pie derecho, de cuya punta colgaba un zapato negro de tacón. Cuando Elena le vio, sonrió, se levantó calzándose el zapato y fue hacia él.

--Me provocas Elena.

--¿Yo?

--Sabes lo que me gustan tus pies, y sabes que me gustan mucho con las medias puestas, si te pones a jugar con el zapato enseñándome tu pie casi entero, me veré obligado a pedirte que te descalces y subas a casa, donde me esperaras a que te de un masaje con mi lengua y mi polla.

Elena se mordió el labio, se acercó a Francisco y le besó en la boca.

--Queda pendiente.

--¿Llevas puesto exactamente lo que te he dicho?

--Si.

--¿Todo?

--Así es.

--¿Cómo te sientes?

--Excitada a cada paso que doy.

Las bolas chinas se le movían en su interior provocándola un continuo éxtasis, que no sabia cuando acabaría. Se había corrido casi nada más metérselas, y seguramente ahora mismo tendría las medias empapadas. No sabia cuanto podría aguantar así, pero la estaba gustando.

--Vámonos, cenamos fuera.

Y siguió a Francisco hasta la calle donde cogieron un taxi.

En el restaurante italiano esperaron a que les sirvieran la cena que habían encargado mientras picaban una ensalada de pollo con un lambrusco. No hablaban, se miraban de vez en cuanto, y Elena deseaba que Francisco la dijera que podía sacarse las bolas chinas, no podía aguantar más la sobreexcitación que sentía, pero sabia que si lo hacia, se acabaría el juego, y Francisco se iría a casa, así que tendría que aguantar, sintiendo la humedad incesante de su entrepierna.

--¿Qué sorpresa me tienes preparada?

--Ya veras luego.

--Francisco, estoy empapada.

--Supongo que si, pero quiero que se así.

--¿Porque?

--Me gustas así, me gusta tocarte el coñito cuando esta húmedo, chuparlo, pasar mi polla por su rajita, hasta que este tan abierto que quepa mi mano entera.

--Ahora cabria, créeme.

Francisco sonrió.

--Esta noche tendrás una sorpresa. Pero has de tener las bolas chinas dentro toda la noche, hasta que yo te las saque, nada.

Elena sonrió. Un camarero se les acercó y les retiró el plato de la ensalada, mientras les servia a cada uno su cena, gnochis para Elena, tallarines carbonara para Francisco. El camarero se marcho llevándose la botella de lambrusco para traer otra llena poco después.

--¿Brindamos?—sugirió Elena?

--Brindamos.

Los dos cogieron la copa, y las acercaron, fue cuando Francisco sintió la suavidad de la tela de las medias de Elena y a través de ella los deditos de su pie derecho, que jugaba dentro de los bajos de su pantalón.

--Niña mala.

--¿Por qué?

--Oh, por nada, sigue siéndolo.

--¿Soy mala?

--Si.

Elena subió la pierna todo lo que pudo, Francisco se acercó un poco más a la mesa y metiendo una mano bajo la misma acaricio el pie de la joven, lo cogió, lo apretó y volvió a acariciarlo.

--Tienes unos pies de infarto Elena, los más bonitos que he visto nunca.

Elena apretó su pie contra la entrepierna de Francisco, había alcanzado su objetivo, y el joven hizo una mueca para evitar soltar un gemido.

--Sssiiiii.

Francisco gimió, estaba a punto de corrérse.

--Elena, para ya por favor. Me voy a correr.

--Yo ya me he corrido varias veces desde que me he metido las bolas chinas amor mío. Estoy tan mojada que dejare la silla empapada.

--Eres una vengativa.

Francisco no podía cenar, sentía que su polla estaba a punto de estallar, afortunadamente, no había nadie más en la salita en la que estaban, y los camareros no se percataban de su situación. Poco a poco Elena fue frotando su pie en su entrepierna, mientras Francisco lo apretaba contra si poniéndole la mano sobre él, sintiendo la calidez de las medias, los dedos de Elena, deseando más, deseando que su polla pudiera sentir esa calidez, deseando que su boca pudiera saborear esa calidez, quitarle esas medias con los dientes y morder cada dedo, chuparlo, pasarlo por su cara y su pecho, y que le hiciera una paja con un pie totalmente desnudo y el otro con la media aun puesta, corrérse en esos pies, y acabar follándola, deseaba eso y mucho más, pero tenia otros planes para esa noche, planes que si, tenían que ver con los pies de Elena y unas medias, muy especiales, que esperaban a la joven en casa. Solo de pensar todo eso, Francisco acabo por corrérse, y Elena, a pesar de la tela de los pantalones de Francisco, y de la de sus medias, noto la humedad del semen de Francisco en la planta de su pie.

--Si mi campeón, eso es, hmmm, como me gusta esto.

--Ha sido increíble, pero eres una niña mala.

La sonrisa picara de Francisco hizo a Elena sentir un revuelo en el estomago y en el interior de su sexo, tan húmedo que las bolas ya casi de deslizaban solas hacia fuera.

Cuando bajaron del taxi Elena seguía descalza. En el camino desde el restaurante hasta casa, Francisco la había masajeado los pies y la joven había salido del taxi con los zapatos en la mano y subiendo corriendo hasta el portal para no enfriarse mucho los pies con el suelo helado del mes de octubre en Madrid. Francisco subió poco después, tranquilamente, sonriéndola.

La mancha de su pantalón tras haberse corrido apenas se apreciaba si uno no se fijaba detenidamente, y ya daba igual, el resto de la noche lo pasaría desnudo, así que poco importaba ya una mancha.

Abrió el portal y anduvieron hasta donde estaban los ascensores, cogieron el que había disponible de los tres, y dentro, se abrazaron y comenzaron a besarse. Elena comenzó a acariciar la entrepierna de Francisco y este metió la mano por dentro de su ropa pellizcándola los pezones, Elena gimió, la había dolido uno de los pellizcos, pero la había excitado mucho. Estaban los dos tan excitados que no se dieron cuenta de que habían llegado a su piso hasta pasados dos minutos. Por fin, se miraron, y se besaron rápidamente en los labios.

--Eres increíble.

--Tu también.

Volvieron a besarse y salieron del ascensor, anduvieron por el pasillo agarrados de la mano y llegaron hasta la puerta, mientras Francisco trataba de abrir, Elena le seguía acariciando la entrepierna desde atrás. Por fin consiguió abrir y entraron en la casa, donde tras cerrar la puerta se volvieron a abrazar y a besar.

--Estoy deseando que me des la sorpresa.

--Aun tenemos tiempo. Quédate vestida nada más que con las medias y el tanga.

--¿Me saco las bolas?

--Aun no.

Francisco desapareció tras la puerta del pasillo y Elena se desnudo allí mismo, salvo las medias y el tanga, dejando la ropa y los zapatos tirados nada más entrar. Fue hasta el salón y encendió la cadena de música, la puso baja, con música ambiente y después encendió una barrita de incienso, sándalo, que dicen que es afrodisíaco, aunque no creía que les hiciera falta.

De fondo empezó a sonar Marlango, y Elena se sentó en el sofá, con las piernas cruzadas y balanceando el pie derecho que estaba en el aire.

--Estas preciosa así, semidesnuda, y sentada de esa forma.

Francisco venia de la cocina, solamente con la camisa y los pantalones, traía una cubeta con hielo y champán dentro, Elena hizo amago de levantarse, sonriendo, pero Francisco se lo impidió.

--Espera.

Fue hasta el mueble bar y sacó dos copas de champán, abrió la botella, sin que sonara el fuerte pom, y sirvió en las dos copas. Las copas eran de las bajas, anchas y poco profundas, y Francisco las lleno hasta el borde. Puso las copas y la botella con la cubitera en un carrito y lo llevo junto al sofá, le tendió una copa a Elena y se sentó a su lado.

--Por ti, la mujer más maravillosa del mundo.

--Por ti, el hombre más maravilloso del mundo.

Brindaron y empezaron a beber. Elena sonrió.

--Cierra los ojos.

--¿Qué vas a hacer?

--Ciérralos.

Francisco hizo caso, los cerró, y poco después sintió como Elena se sentaba encima suya, apoyando las rodillas a cada lado de el, mirándole, con sus nalgas apoyadas en las rodillas de Francisco, sintió como le besaba y comenzaba a desabrocharle la camisa, y mientras la desabrochaba le besaba y mordía el pecho, pasándole la lengua por los pezones y mordiéndoselos, Francisco se pasó la lengua por los labios, notaba como su erección iba en aumento, y Elena se había dado cuenta, pues había bajado las manos para desabrocharle el pantalón, para meter después la mano por dentro y acariciar la polla de Francisco desde fuera del boxer, aun húmedo por la corrida de antes de Francisco.

--No me ha dado tiempo a cambiarme. No tenia pensado que llevaras tu las riendas.

--Ahora mandaras tú, pero antes, quiero que pruebes una cosa.

--¿Qué?

--No abras los ojos.

--No lo haré.

Elena sonrió, volvió a llenarse su copa de champán y acercando un pecho a la misma se humedeció el pezón y la corona hasta que una gota quedo colgando del mismo. Con cuidado lo acerco a la boca de Francisco.

--Abre la boca.

Francisco lo hizo, y enseguida, Elena, se incorporó lo suficiente para meterle el pezón en al boca, Francisco noto enseguida la gota caer en su boca y la cerró suavemente sobre el pezón de Elena, el cual empezó a chupar con avidez, como un bebe cuando su madre le da el pecho, Francisco comenzó a succionar el pecho de Elena ya atraparlo entre sus dientes mientras lo acariciaba con la lengua.

--¿Te gusta?

Francisco abrió la boca.

--Dame más, con el otro pezón.

Elena obedeció la petición, se mojó el pezón en champán, esta vez el otro, y lo volvió a llevar a la boca de Francisco, que volvió a apresarlo con los labios y los dientes y a succionar mientras le pasaba la lengua.

--Francisco, cómeme el coño así también.

Francisco apretó sus nalgas y la atrajo hacia si, la soltó el pecho y la beso en la boca.

--Es hora de que juguemos, vamos al dormitorio.

Entraron en el dormitorio y se volvieron a besar. Elena le quito la camisa y los pantalones a Francisco y arrodillándose le bajo los boxer, cogiendo su polla con la mano se la metió en la boca y la chupo dos veces.

--¿Puedo?

--Luego puede, ahora siéntate en el borde de la cama, te voy a terminar de desnudar y a quitar las bolas chinas.

Elena obedeció, se levantó, fue hasta la cama y se sentó. Francisco fue hasta ella y la beso, se agachó junto a ella y la cogió el pie derecho.

--El juego ha comenzado. Quítate las medias hasta los muslos.

Elena se deslizó las medias hasta donde Francisco le había dicho y este entonces la mordió el pie y se lo chupo, cogió la tela de las medias y comenzó a tirar, la tela se deslizó levemente por el muslo de Elena. Francisco cogió entonces el otro pie y hizo la misma operación. Había bajado las medias un poco, el resto, se levantó y las quitó con las manos hasta llegar a los pies, los beso antes de quitárselas y tras quitárselas, los volvió a besar. Se levanto y la ayudó a ella a levantarse, la abrazó por la cintura y la besó en la boca mientras sus manos se deslizaban hacia el tanga y se lo empezaba a bajar, lo soltó y la prenda se deslizó sola por las suaves piernas de Elena hasta sus pies, enseguida noto en ellos la humedad de tanta excitación acumulada. Sacando los pies, primero uno y luego otro, termino de quitarse el tanga, estando ahora bajo sus pies. Francisco acarició entonces su pubis depilado y fue hasta donde estaba la anilla de las bolas chinas y las sacó poco a poco, una a una, entre gemidos de placer y dolor de Elena, que ya estaba deseando que el joven le librase de esa presión en su interior que la había tenido sobreexcitada toda la noche. Notaba su sexo ardiendo, creía que le iba a estallar, y tenía los labios tan abiertos que la mano de Francisco cabria sin problemas.

--¿Quieres que siga o prefieres descansar?

--Sigue.—susurro Elena –Sigue hasta el final

--Bien. Cierra los ojos y siéntate en la cama.

La muchacha lo hizo, enseguida noto como Francisco le tapaba los ojos con un pañuelo y como después revolvía en una bolsa, sacaba algo y lo desprecintaba.

--Bien, cuando te diga te pondrás de pie.

Elena asintió, enseguida noto que Francisco la cogía un pie y la empezaba a meter algo en el mismo, parecían unas medias, y sintió como las subía hasta los tobillos. A continuación, sintió lo mismo con el otro pie, y como poco a poco, las medias comenzaban a subir por sus piernas.

--Ponte de pie.

La muchacha se puso en pie y noto como las medias subían lentamente por sus piernas y llegaba hasta más arriba de su cintura, para notar después las manos de Francisco recorrer sus piernas ya enfundadas en medias hasta los pies, notando como los besaba en el empeine.

--¿Notas algo raro?

--No

--Bien. Ponte sobre la cama, a cuatro patas. Yo te ayudo a ir.

--Vale.

Con cuidado, Francisco ayudo a Elena a ir hasta la cama y la ayudo a ponerse a cuatro patas. Así, el efecto deseado de las nuevas medias era mayor. Las medias que Francisco le había comprado a Elena eran de esas con abertura en la zona del sexo, con lo cual quedaba todo su coñito y los labios del mismo expuestos al aire, y así, con la joven a cuatro patas, sobresalían de manera casi obscena, pero deliciosa, entre sus muslos, justo debajo de sus nalgas y de su culito.

--¿Sigues sin notar nada raro?

--Si, pero no sabría decirte que es.

--¿No?

--Es como una presión donde mi coñito, alrededor… Algo raro.

--Espera, me voy a poner detrás tuya y a darte una pista.

Francisco subió lentamente a la cama y se situó justo detrás de Elena, se agachó y junto la cara a sus labios vaginales sin tocarlos, entonces, despacio, pasó la lengua lentamente por ellos de arriba abajo y hacia dentro y afuera. Elena dio un respingo.

--Mi amor, que me haces…. Me encanta.

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Autor: FERABELJO


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