Como la ciudad donde vivo no me gusta mucho me suelo escapar cuando puedo, a donde sea, pero especialmente la costa. Y estaba yo ese día, entre semana, después de haber visitado a un cliente paseando por el Paseo Marítimo de Fuengirola. Nunca he sido de una hermosura destacada y soy delgadito, pero ese día iba de traje, hacía buen tiempo y me sentía especialmente contento sin ninguna razón.
Paseaba hasta que vi una terraza de un bar y me apeteció un café, pedí uno con leche fría y el periódico del día. Así estaba yo, bebiendo y leyendo alternativamente hasta que se sentó una pareja extranjera. Ella esa característica la disimulaba más, pero él era un estereotipo de inglés jubilado, pero lo que les delató fue la forma de sentarse. Es curioso pero los españoles, si somos dos nos sentamos enfrentados, cara a cara y si somos varios pues formamos un corrillo, pero los guiris se suelen sentar en paralelo, los dos mirando hacia donde pasan la gente, como se sentaron ellos. Así que quedaron a mi lado pero en sentido contrario ya que yo me senté cara al bar.
No les di la menor importancia, a no ser por el viento que hizo volar una servilleta y al recogerla al suelo descubrí los pies de ella. Tacones de salón y medias con costura con unos tobillos finos y unas pantorrillas prometedoras. Volví a sentarme como estaba antes y a intentar a volver a la lectura del periódico pero el gusanillo ya lo tenía dentro. Siempre he sido un fetichista de las mujeres con medias y en tan solo una ocasión había visto una mujer vistiendo ese tipo de medias, de las que parecían ser del tipo “Full Fashioned Stockings” para los que sepáis algo del tema. Así que ya no conseguí leer más, hasta olvidé sobre qué leía. Mis ojos se centraban en ir descubriendo esas piernas y la mujer poseedora de ellas.
No debí de ser muy discreto porque al poco ella se percató de mi cambio de interés y de pronto me preguntó algo. Supe que algo me preguntó, pero entre que mi atención estaba desviada en otros pensamientos y que para entender el inglés he de estar algo más atento pues ni caso le hice. Pero insistió y esta vez sí que la entendí.
- Perdone, ¿es español?
- Sí, eso creo.
- Ah, pues podría pasar por europeo.
- Vaya, ¿ya nos han echado de Europa?
- Ya me entiende, no sea más impertinente. Ya he tenido bastante con las miradas que me estaba echando.
- Mis disculpas, es verdad, suelo tener una mirada impertinente cuando centro mi atención. Pero si me lo permite, tengo dos grandes dudas sobre usted y una petición.
- Encima exigente, ¿y qué desea hacer antes, la petición o las preguntas?
- Pues la petición me facilitaría las preguntas, tan solo me gustaría que si fuera posible me dejara de llamar de usted. Por cierto, me llamo Alberto.
- Yo Sue y tutéame también, ya veo que en España se usa cada vez menos, pero dime, qué dudas puedes tener de mí, me tienes intrigada.
- Pues son dos, aunque sin conocerla, imagínate las que puedo tener. Bueno, la primera es ¿cómo es que habla también el español?, no parece que seas de aquí y su acompañante desde luego que no.
- ¡Jajajajajajajaja!, mi acompañante es mi marido y somos ingleses. Yo soy catedrática de español en una universidad de prestigio, aún me queda algo de acento. Empecé estudiando español en el colegio y me vino genial cuando venía de vacaciones...
...y siguió contándome su expediente académico durante un buen rato. Si no llega a ser por esas piernas, esas medias y porque el camarero se acercó a traer sus consumiciones y yo pedí un whisky, creo que me hubiera disculpado y a seguir mi camino.
- Así que siempre te ha gustado la lengua y la cultura española.
- Así es y a ello he enfocado mi trabajo. ¿Y la segunda duda?
- Esa es algo más, digamos, personal.
- Entonces permíteme no respondértela si no lo veo conveniente.
- Claro, pero lo que me atrajo la mirada hacia tus piernas fue darme cuenta de que lleva medias de estilo antiguo.
- ¿Me estás llamando mayor o vieja?
- No, no, pero ese tipo de medias, con los pantis y con las medias que se sujetan solas, hace mucho que no son precisamente populares.
- ¡Ahhhh!, es que yo soy bastante tradicional, además que no soporto la presión de los elásticos en mis muslos. - Pues permíteme alabar tu gusto, siempre me han resultado de lo más sensuales ese tipo de medias. Y ya solventadas mis dudas no quiero distraerla más, igual su marido desea su conversación. Así que quedan invitados, así espero que me perdone mi impertinente mirada de antes.
- ¡Jajajajaja! vaya si tiene algo que hacer, pero si es por el quédese, mientras quede cerveza en el bar estará feliz. Hemos venido de vacaciones por mi insistencia, por él estaríamos perfectos en nuestra casa.
- Bueno, hay personas muy hogareñas. - Sí, hogareño menos cuando sale al pub. Siempre estoy sola con mis lecturas.
- ¿Así que sale poco?
- Sí, tengo pocas amigas y con este marido aburrido poco puedo hacer.
- Alguna se me ocurre, pero prefiero quedarme en silencio a que me acuses de impertinente otra vez.
- ¡Jajajajajajajaja! Una ya no está para las cosas que imagino estás pensando. Aunque cuando estaba en época, con los estudios y este calzonazos, pues tampoco aproveché mucho que digamos.
- A ver si se va a enfadar.
- ¿Enfadar?, ni aunque se enterara de lo que hablamos. No sabe nada de español, nunca le interesó nada de lo que a mí me atraía y no creo que le importara lo más mínimo. Y el comentario de tu mirada impertinente, discúlpame, he de confesarte que hasta me gustó aunque, me sentí algo incómoda.
- Pues siento que te sintieras incómoda, realmente tienes unas piernas muy bonitas y esas medias te sientan muy sexy. Pero háblame más de eso que te gustó mi mirada. Jajajaja.
- ¡Jajajajajaja! no me hagas sonrojarme anda. La verdad es que hacía mucho tiempo que un hombre no me mira de esa forma y menos este que tengo a mi lado. Por muy sexy que me vista, como no me ponga la camiseta del Tottenham, ni me mira.
- Pues sólo puedo decir que él se lo pierde.- Y la verdad es que sí. Desde que empezamos la conversación me fui fijando en ella y aunque tendría ya los 50 o rozándolos tenía presencia de mujer, de feminidad natural, ojos azules, facciones atractivas y un cuerpo que apetecía conocerlo mejor.
- Pues ya ves, tengo que esperar a venir a España para que un chico del que podría ser su madre me diga algo bonito. Así que te gustaron mis medias ¿y te gustan sólo ese tipo de medias o la lencería en general?
- Pues, básicamente me gusta la mujer y me gusta femenina y dentro de esa feminidad, adoro a la mujer con lencería, aunque sí, siento especial predilección por ese tipo de medias.
- Yo siempre he sido muy coqueta, aunque no sé ni para qué, y menos desde hace ya muchos años que ni me mira mi marido. ¿Te digo un secreto? Hoy llevo un corsé negro sujetando las medias, ¿te gusta?
- Por favor Sue, ¿vas a hacerme que me excite más?
- ¿Pero ya lo estabas? Por las medias, claro.
- Las medias son sólo un objeto, no son nada sin una mujer que las lleve.
- ¿Quieres decirme que yo te excito? No me hagas reír.
- Ríete si quieres, tienes una sonrisa muy bonita, aunque cuando lo hagas cierres un poco esos ojos azules. Pero te digo la verdad.
Y pensando que la cosa quedaría en una amena charla si no tensaba algo el hilo, y que su marido seguía como si tal cosa viendo a la gente pasar, separé un poco las piernas para comprobar si Sue se fijaba en mi cada vez más prominente paquete. Y ¡vaya si lo hizo!, con una fugaz mirada en principio y otra más intensa después.
- Si querías que te creyera, lo has conseguido, además de otras cosas.
- ¿Qué cosas Sue?
- Excitarme también.
- Lástima que no estés sola.
- Como si no estuviera, ya te he comentado que para éste, casi solo soy la que le compra las cervezas y la comida.
- ¡Que desperdicio!
- Sí, siempre me he sentido así, desperdiciada. Pero ahora me estoy sintiendo cada vez más cachonda con solo verte tu entrepierna y pensar que es por mí.
- ¿Pero qué palabras son esas para una catedrática Sue?
- Pues las palabras de una catedrática caliente y deseosa.
- ¿Deseosa de?
- ¿Te lo he de decir? De un hombre de verdad que me haga... Y se calló bajando la mirada. Aunque en esa mirada baja se notaba que era de una mujer, como ella dijo, deseosa y decidí tensar más el hilo, total, yo no tenía nada que perder. Me levanté, pero antes le dije:
- Si realmente estás deseosa y quieres que lo compruebe, te espero en el baño.
Realmente pensaba que el asunto había llegado a su fin y antes de ir a los baños pagué en barra las consumiciones y así salir después sin más problemas. Esperé en la puerta de los baños que era única, con otras dos para cada sexo dentro y, de pronto, apareció, dudosa. Le tendí la mano y la conduje dentro. Iba a decir algo pero la callé, le puse una mano en el cuello y la besé. Nunca en mi vida había sentido tal suspiro en un primer beso ni que me apretaran tanto. Pero la giré y la apoyé contra la puerta terminando de cerrarla.
Una mano entre apretando y acariciando su nuca, enredándose con su rubio pelo y ella abrazándome y besándome como desesperada. Si antes ya lo estaba, ahora me estaba cegando de excitación.
- ¿Esto era lo que querías comprobar, lo cachonda que me has puesto por una impertinente mirada?
- No, es esto.
Y conduje una mano a su culo, no muy grande pero muy durito. Y la otra fueron acariciando sus muslos en ascensión lenta pero constante. Llegué a las sujeciones de las ligas y seguí hasta sus braguitas. Húmedas braguitas, esponjosas por su bello y su prominente pubis. Y metí mi mano en ellas, sin delicadeza, no había tiempo ni ganas. Dos dedos recorrieron su coño, abriéndolo, humedeciéndose en él hasta introducirlos. Mi boca recorría sus hombros, su cuello y su nuca mientras mis dos dedos la iban penetrando y el resto de la mano rozaba el resto de su chorreante coño y su clítoris.
- Eres... eres... un cabrón.
- Esas no son palabras para una catedrática, Sue.
- Por Dios, ¿cómo has podido saber...? ¡Ahhhh!
- ¿Saber qué, Sue?
- ¡Lo puta que soy, sí... ahhh, no pares, no pares, sácame los pechos!
- Deja tus tetas y córrete como una puta, porque las zorras como tú no tienen pechos, son tetas y te vas a correr en mi mano, con mi mano en tu coño.
- ¡¡¡¡Noooo, por favor, déjame chupártela, fóllame!!!! Ahhhhhhhh!!!!
- Aquí no y tampoco te has ganado ni mi polla ni nada más. Si quieres córrete como una puta, ¡aquí y ahora!
- ¡Ahhhh... mmmmm!
Y con mi lengua tuve que apagar su grito mientras se desplomaba por el orgasmo, convulsa y casi desparramada por el suelo.
- No tardes, arréglate, te espero fuera. ¿Te pido algo?
Y sin esperar respuesta, sabía que no la iba a ver, me lavé la mano en el lavabo y salí.
Continuará mientras sigo recordando detalles de esos tres días.