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2010-09-08 03:41:57
La historia real de un amor y una amistad que ha resistido a los años y todos los obstáculos que estos nos han puesto.

1.- DEL SPANGLISH AL ALGARVE.

La primera vez que lo vi tenía once años, mi padre conoció al suyo en el instituto en el que ambos trabajaban y en seguida hicieron buenas migas. Era un profesor de inglés recién llegado al centro, que había vivido varios años en Estados Unidos, allí conoció a su mujer, una abogada neoyorkina con sangre gallega (nieta de emigrantes ferrolanos), y tuvieron a su primer hijo, Francisco. Algunos años después, los tres volvieron a España.

Recuerdo que mi padre me comentó que su nuevo compañero tenía un niño de mi edad, al que le estaba costando mucho adaptarse a los cambios y hacer amigos por su timidez. Me pidió que fuese amable con él, y a mí me pareció muy divertido eso de tener un amigo "americano". Congeniamos desde el principio a pesar de ser completamente opuestos el uno al otro, y aunque algunos de mis amigos se burlaban de su acento y de los cacaos mentales que se montaba a veces con el "spanglish", a mi me encantaba su forma de hablar. Con el tiempo las dos familias nos hicimos inseparables y nosotros dos "mejores amigos".

Con catorce años, yo me convertí en un adolescente obsesionado con las chicas y el sexo. Mientras que mi amigo se volvió todavía más reservado y arisco, en especial con las mujeres. Yo no comprendía su actitud, pero, no me atrevía a preguntarle. Alguien extendió el rumor en el colegio de que Fran era "un maricón", de repente todos hablaban de lo mismo y se metían con él. Yo siempre lo negué, cerrándole la boca a cualquiera que osase afirmar semejante "infamia" sobre mi mejor amigo, recuerdo que por esa época incluso llegué a meterme en alguna pelea para defender su honor, irónicamente nunca se me ocurrió preguntárselo a él directamente.

Al siguiente curso, sus padres lo cambiaron de centro para evitar más problemas con los compañeros, yo me eché novia y comencé a salir con los chicos del equipo de baloncesto, me hice muy amigo de Fernando (el mismo que un año después le contó a toda la clase que soy bisexual) por lo que Fran y yo nos distanciamos casi sin darnos cuenta.

Nos reencontramos el verano en que cumplí los dieciséis años, porque nuestras familias decidieron alquilar juntas una casa en el Algarve para pasar las vacaciones. Hacía varios meses que no lo veía y me pareció que había cambiado mucho, estaba muy guapo. Creo que ese fue el primer sentimiento homosexual que he tenido en mi vida, recuerdo perfectamente habérmelo quedado mirando en silencio, sintiéndome extrañamente atraído por él, notando como un escalofrío me recorría el estomago al escuchar su voz con los vestigios de aquel acento que tanto me gustó cuando lo conocí.

La casa que alquilamos tenía tres dormitorios, uno para mis padres, otro para los suyos y un tercero con camas gemelas que compartíamos nosotros dos. En consecuencia, me pasé casi todo el verano fantaseando con meterme en la cama con él, pajeandome con la idea, dudando de mi cordura y avergonzándome de mi mismo (por ese orden). Estaba convencido de que si Fran llegaba a enterarse no volvería a dirigirme la palabra.

Sin embargo, fue él quien en plena noche se deslizó a hurtadillas en mi cama, casi como si me hubiese leído el pensamiento. Apenas pude reaccionar, cuando quise darme cuenta su boca estaba sobre la mía y una de sus manos dentro de mis gayumbos. Lo siguiente que recuerdo es que yo le hacía lo mismo.

2.- DE UNA MAÑANA DE DUDAS A UNA PLAGA CON NOMBRE PROPIO.

Resguardados en la más absoluta oscuridad, con nuestros padres durmiendo tras una pared, nos quedamos recostados uno al lado del otro, esperando a que alguno de los dos rompiese aquel silencio tan incomodo, pero, ni Fran ni yo fuimos capaces de articular ni una sola palabra esa noche.

Cuando me desperté a la mañana siguiente estaba solo. Me pregunté si había sido un sueño, otro producto de mi calenturienta imaginación de adolescente alterado por sus propias hormonas. Pero, sabía que no, aun podía recordar su aliento, su olor y el tacto de sus manos.

No me sentía culpable, había pasado demasiado tiempo fantaseando con aquello como para arrepentirme después. Solo me carcomía la misma duda recurrente de todo el verano "¿Qué coño soy yo?". No me preocupaba ser gay, mis padres se habían mostrado siempre muy tolerantes y naturales con el tema por lo que tenía claro que no era nada malo. Solo había un problema, yo no lo era, me gustaban demasiado las chicas. Necesitaría varios capítulos para contar todo lo que se me pasó por la cabeza aquel verano, y esa mañana en concreto, pero, mi conclusión final fue que era algo puntual que me pasaba exclusivamente con mi amigo, y durante un tiempo estuve totalmente convencido de eso.

El caso de Fran era completamente distinto, nunca le habían interesado las chicas, le gustaban los hombres, se sentía culpable, tenía miedo, estaba confuso, le preocupaba lo que pensaría su familia, le asustaba que yo lo rechazase, y me quería. Eso fue a grandes rasgos todo lo que me dijo cuando me decidí a ir a hablar con él sobre lo que habíamos hecho la noche anterior. Para mi Fran seguía siendo el niño de once años tímido y sensible que mi padre me encomendó ayudar, al que siempre intenté proteger, no podía hacerle daño, no quería.

Pasamos nuestra última semana de vacaciones comportándonos como buenos amigos durante el día y durmiendo en una sola cama por las noches. A ese verano le siguieron muchas tardes de invierno escondidos en el garaje de mi casa, tumbados sobre un sofá viejo. Excusas interminables para escabullirnos de los demás, coartadas descabelladas e imposibles.

Un secreto que se volvía cada vez más grande y pesado para cargar siempre con él. Quería decírselo a mis padres, contarlo para dejar de mentir por fin. No tuve que hacer nada, bastó con confiar en alguien que consideraba un amigo para que este se dedicase a divulgarlo a los cuatro vientos, un rumor que corrió como la pólvora, que me dejó casi sin amigos, que llegó a los oídos de mi padre en el instituto "El hijo del profesor de historia es maricón". Mi familia estuvo a la altura de los acontecimientos, mi padre que siempre ha sido un hombre racional mantuvo conmigo una de las conversaciones más largas y lacrimógenas que recuerdo, en la que por fin pude sincerarme con él. Mi madre se lo tomó un poco peor, pero, terminó aceptándolo también. Había salido oficialmente del armario sin tener aun muy claro lo que era.

Nunca saqué el tema de Fran, ni sus padres ni sus amigos lo supieron hasta muchos años después, él no estaba preparado para decirlo y yo quise respectarlo. Conservamos nuestra amistad, pero, algo había cambiado, el hecho de que mi orientación se hubiese divulgado a los cuatro vientos levantó una pared invisible entre nosotros. Fran estaba demasiado asustado de que los demás pudiesen llegar a desconfiar algo, y yo cansado de que tuviésemos que fingir siempre que había gente delante. Ambos seguimos con nuestras vidas por rumbos completamente distintos, él en el más absoluto secretismo, y yo encontrándome con la mayor plaga de mi vida, Toño.

3.- DE UN DESCONOCIDO PESADO A LA MUJER PERFECTA.

Toño me deslumbró desde el principio, no solo por su físico, sino también por la seguridad que mostraba en si mismo, era un hombre con las cosas claras, se aceptaba y le daba igual lo que pensaban los demás, todo lo contrario a Fran, y eso era lo que yo necesitaba. Comprendí por aquel entonces que lo de mi amigo no había sido un caso aislado. Dos años después me llevaba el mayor chasco de mi vida al descubrir que mi ex había sido siempre un desconocido para mí.

Fran siempre estaba ahí cuando yo necesitaba hablar o quería salir a distraerme, fue irremediable que volviésemos a liarnos. Sucedió unas semanas después de irme de casa de mi ex, era de madrugada y volvíamos de tomar algo, él conducía en silencio, y yo miraba afligido a la pantalla de mi móvil porque acaba de recibir otro mensaje de Toño, quien no quería darse por vencido y dejarme en paz.

De repente paró el coche en mitad de ninguna parte y me pidió el teléfono para "llamar al gilipollas del viejo ese y decirle que lo voy a dejar sin dientes en la boca" (palabras textuales). Yo me sorprendí mucho por esa reacción. La idea de ver a mi amigo, que es la persona más pacífica y tranquila que conozco, amenazando a alguien me parecía totalmente surrealista y cómica.

Tuve un ataque de risa de esos que no puedes parar de desternillarte por mucho que quieras, mientras tanto él se quedó mirándome en silencio, completamente alucinado, y supongo que cuestionándose un poco mi salud mental. Cuando por fin fui capaz de parar de reír, me abalancé sobre él para besarlo. Metimos el coche en un camino oscuro, saltamos al asiento de atrás y no volvimos a casa hasta las 12 de la mañana del día siguiente. Fue la mejor noche que recuerdo.

La primera de tantas que pasamos juntos en el asiento de atrás de su coche o en algún motel. Cuatro años después de nuestra primera vez, los dos habíamos cambiado mucho y perdido todo tipo de miedos o dudas, ya no era un experimento de primerizos sino un juego de adultos, e hicimos todo lo que antes no nos habíamos atrevido a hacer.

Él seguía en el armario, pero, había aprendido a aceptarse y ya no estaba tan paranoico con el tema, incluso algunas de sus amistades más cercanas ya lo sabían, y estaba buscando un buen momento para contárselo a sus padres. Yo por mi parte, me debatía entre lo que sabía que era correcto y mis autodestructivas recaídas con Toño, durante meses este no paró de llamarme, yo siempre acababa accediendo de nuevo, y Fran se cansó de estar siempre en medio, esperando a que dejase definitivamente a mi ex. Mientras tanto conoció a Oscar, quien posteriormente se convirtió en su pareja, y yo salí perdiendo.

Para cuando me decidí a romper definitivamente toda relación con Toño, mi amigo ya se había enamorado, Oscar era una gran persona y lo quería, Fran estaba muy feliz, eso le dio el empujón que necesitaba para sincerarse con su familia. Yo no pude hacer otra cosa más que alegrarme por él y esperar a que un día me sucediese algo parecido a mí.

Mientras Fran mantenía una relación estable y sólida, por mi vida empezaron a desfilar un sinfín de rollos, ligues, follamigos y follamigas, intentos de relación frustrados y muchas decepciones. Hasta que casi dos años después apareció ella, mi pontevedresa, la mujer perfecta para mí, y me enamoré.

4.- DE UN CABREO A UN BESO DE DESPEDIDA.

Cuando las cosas me iban mejor a mí, todo empezó a desmoronarse a su alrededor, los padres de Fran firmaron los papeles del divorcio tras un largo y doloroso proceso de separación, y su madre decidió volver a Estados Unidos. Fran se quedó en España porque estaba a punto de terminar la carrera. Mientras tanto, su relación con Oscar empezó a resentirse y acabaron por dejarlo poco antes de que yo conociese a mi pontevedresa.

Esta vez me tocaba a mí ser su pañuelo de lágrimas, lo obligué a salir de casa, y empecé a presentarle chicos que él siempre terminaba rechazando. A finales de julio, cuando mis padres ya se habían ido de vacaciones, conoció a mi primo Ángel y se liaron. A pesar de que yo fui el alcahuete que lo planeó todo, no pude evitar sentir una enorme punzada de celos en el estómago cuando se marcharon juntos.

Recuerdo lo cabreado que me sentí cuando lo vi aparecer a la mañana siguiente por mi cocina en gayumbos todo sonriente y feliz, mientras mi primo seguía durmiendo tan tranquilo en la habitación de invitados. Esta es a grandes rasgos la conversación que mantuvimos esa mañana y que me hizo replantearme muchas cosas-

-¡Confirmado, tu primo es gay! –exclamó entre risas mientras me sacaba el café de las manos.

-¡Joder, ya te podías servir uno para ti en vez de levantarme el mío! –protesté con cara de pocos amigos- En fin... me voy a la piscina...

-¿Y a ti qué te pasa hoy? , está claro que no te has puesto así por un café, que nos conocemos…! –respondió interponiéndose entre la salida y yo.

-¡No me sucede nada, déjame pasar!

-¡Que no, que hables conmigo, mamonazo!

-¡No estoy de humor! –repuse apartándolo de mi camino para abrir la puerta, pero, él volvió a cerrarla de un portazo.

-Esto es por lo de Ángel ¿no? ¿Estás celoso?

-¡Pues sí, estoy celoso…, y ya sé que fue idea mía y que es ridículo que me moleste, pero…!

-¿Te acuerdas de nuestra primera vez en el Algarve? –preguntó con una gran sonrisa.

-¡Como olvidarlo! –asentí.

- Te pasaste todo el verano mirándome mientras me cambiaba y luego pajeandote en la ducha… tuve que entrarte yo, porque tú no hacías nada. ¿Y recuerdas aquella noche en el asiento de atrás de mi coche…?

-¡Si, cuando querías pegar a mi ex!

-¡Yo no quería pegarle, mamón, solo buscaba una excusa para aparcar el coche, si hasta me desvié del camino y no te diste ni cuenta de lo distraído que ibas… es que eres idiota, tío, en serio, no me puedo creer que seas tan inteligente para algunas cosas y tan tonto para otras... que llevo media vida detrás de ti y no te has coscado aún...!

-¿Y que pasa con Ángel y Ana?

-¡Tu primo vuelve pasado mañana a Barcelona, y respecto a Ana, tú sabrás...! Ella me gusta, es una gran tía, y si te hace feliz me alegraré mucho por los dos, de verdad…, pero, respóndeme a esta pregunta ¿si estás tan enamorado por qué coño te has cabreado tanto hoy? Piensa rápido porque al terminar el verano me marcho a Nueva York con mi madre. Ya sabes que con mi padre no me llevo demasiado bien desde lo del divocio y no tengo nada más que me ate aquí, bueno si, estás tú, y te voy a echar mucho de menos...

Sentí una presión enorme en la garganta. Quería pedirle que no se fuera, que se quedara por mí, que me esperara. No hice nada de eso, solo lo abracé con fuerza y luego lo besé. La imagen de mi novia volvió de repente a mi cabeza y tuve que detenerme, pero, el daño ya estaba hecho.

5.- DE LOS REMORDIMIENTOS AL REDESCUBRIMIENTO.

Lleno de remordimientos por lo que había estado a punto de hacer esa mañana eché a perder la relación con mi pontevedresa. Ella se dio cuenta de que me pasaba algo y terminé por explicarle mis dudas, supongo que habría sido más fácil y sensato callarme, fingir que no había pasado nada, esperar a tener las cosas claras para decidir, pero, no me pareció demasiado justo para ella, ni para Fran, ni tampoco para mí.

Ana demostró una vez más que es una mujer comprensiva e inteligente, le hice daño, pero, no me lo recriminó, en lugar de eso me propuso darnos un tiempo para pensar las cosas con calma, y me pidió que le contase la historia de Fran para que ella pudiese entenderlo mejor y yo realizase un ejercicio de autoanálisis en el que me sincerase conmigo mismo. Le dije que no era fácil explicarlo con palabras y entonces me propuso que lo escribiera. Con las notas que le envié, empecé a desarrollar esta historia.

Me dolió perderla, por primera vez desde lo de Toño me había vuelto a enamorar, no fue un capricho, ni un espejismo, fue amor real, eso lo tengo muy claro. Pero, lo cierto es que no podía olvidar aquella conversación que mantuve con Fran, ni el beso, ni las ganas que tenía en ese momento de llevármelo a mi habitación y echar a mi primo a patadas de mi casa, y eso que lo quiero como a un hermano.

Tras mi ruptura, yo me quedé hecho polvo y Fran se sintió responsable, aunque realmente no fue culpa suya, si yo hubiera tenido totalmente claros mis sentimientos nada de lo que dijese podría haberme hecho dudar. Un sábado por la noche vino a verme a mi casa, preocupado porque yo le había comentado que estaba muy bajo de ánimo y no me apetecía salir.

-No quiero volver a verte así otra vez, esto me recuerda a lo que pasó cuando lo dejaste con Toño, solo que esta vez es culpa mía… -murmuró sentándose a mi lado en el césped.

-Esto no ha sido culpa de nadie… además, tengo claro que no quiero perderte ¿sería muy egoísta pedirte que te quedes?

-No tanto como yo si te digo que quiero que vengas conmigo, ayer mismo lo hablaba con mi madre, ella cree que sería una gran oportunidad profesional para ti ir a trabajar a Estados Unidos un tiempo, y perfeccionarías el inglés, ella te buscará trabajo, me ha dicho que la llames si quieres aclarar alguna duda, también se ha ofrecido a hablar con tus padres para convencerlos en caso de que quieras venir…

-¡Veo que lo tiene todo pensado! –exclamé entre risas.

-Lo hace porque sabe que eres importante para mí… -me respondió muy serio, y entonces no pude evitarlo, volví a abalanzarme sobre él con las ganas y la pasión reprimida de tantos años esperándonos él uno al otro.

El amanecer nos sorprendió abrazados sobre una toalla en el jardín de mi casa, él se había quedado dormido, pero yo no pude conciliar el sueño en toda la noche. Lo miraba y veia al niño de once años introvertido que hablaba metiendo una palabra en inglés cada tres en español con aquel acento tan bonito y del que me hice amigo sin dudar, al chaval de catorce al que llamaban "maricón" en el colegio y por él que siempre me peleaba para defenderlo, al adolescente de dieciséis confuso y asustado que se metió en mi cama y me hizo mi primer paja "homo", al chico de veinte que paró el coche en mitad de la nada según él para amenazar mi ex por teléfono y terminó teniendo conmigo nuestra sesión de sexo más intensa hasta la fecha, a mi amigo de toda la vida, y entonces lo comprendí "Es que llevamos doce años juntos… ¿cómo no lo voy a querer?"

Siempre he pensado que desde lo de Toño tenía miedo al compromiso, que me asustaba enamorarme y que me volviesen a engañar, reconozco que en parte es así, pero, esa no es toda la verdad, creo que en cierto modo siempre lo he estado esperando a él, rechazando a otras personas con la esperanza de que lo nuestro pudiese llegar a materializarse algún día.

Un gran amigo me comentó que nuestra historia aun no se ha terminado de escribir y tiene razón, tenemos muchos capítulos aun por vivir juntos, que lo hagamos aquí o en Estados Unidos es lo de menos, lo único que sé a ciencia cierta es que ya lo he dejado escapar en muchas ocasiones y no volveré a hacerlo otra vez.

Autor: DaVinci21


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