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2005-11-17 16:53:01
Después del operativo policial de esta tarde quede tan cansado, lo único que tenía ganas era irme a mi casa a dormir. Así que cuando despachamos los informes finales, me marche de inmediato a mi departamento.

Recuerdo que me dolía la espalda, los pies los tenía hinchados, así que decidí darme un baño de tina. Ahí se me ocurrió que lo mejor era llamar a mi masajista para que me aliviara la tensión. Como a la hora llegó Juan Carlos, era un tipo de estatura mediana, de piel media oscura, pero con unas manos que dejaban a cualquiera aliviado. Me tendí sobre la cama, de espalda y desnudo. Juan Carlos tenía preparado ya todo su set de cremas. Primero me esparció un líquido por los hombros. Con sus manos encremadas me masajio la espalda, los muslos y las pantorrillas. Las nalgas las dejo para el final. Yo estaba con los ojos cerrados, disfrutando del alivio que da un buen masaje después de una semana de trabajo de locos. Así estaba, en las nubes, cuando siento sus manos en mi trasero, como sus dedos se escabullían por mi directriz. Lo peor o lo mejor de todo, es que no hice nada para impedírse lo. Me separó las piernas, dándome masaje en mi orificio y en las bolas. Mi cuerpo empezó a responder, poniéndose dura mi verga. La sentía como tomaba posición entre las sábanas y mi estomago.

Con mis manos empiezo a darme masajes en los glúteos, mientras que Juan Carlos estaba besando mi culo. Me doy vuelta, y abro los ojos; Juan Carlos se levanta, estaba desnudo. Yo me quedo atónito al ver su verga, creo que superaba los 20 cm. Juan Carlos, se vuelve a agachar, pero esta vez a mamar mi polla. Yo me tendí en la cama, dejándolo que hiciera su trabajo, será parte del masaje me dije. Eyacule en su boca, él se trago todo mi liquido seminal, ya que no sentí que abandonará nunca mi pene, mientras me succionaba. Abrí los ojos y lo vi con toda la boca blanca, que chorreaba de mis líquidos. Note que su herramienta estaba erecta, deseosa tal vez que me la comiera, dude en echarme ese pedazo de carne en la boca, pero soy tan débil de carácter. Me levante, agarrando sus huevos con las manos, los palpe. Luego agarré su miembro, estaba muy duro, echándomelo en la boca. No tenía experiencia haciendo estas cosas, pero hice todo lo que a mí me gusta que me hagan: lo sostuve un buen momento en la boca, humedeciéndolo todo, para después dar vuelta el mástil con la lengua. Juan Carlos hizo el intentó de met érmelo, pero me negué. Deje que mi masajista se corriera gracias a mis mamadas, pero no estaba dispuesto a llegar más lejos. Finalmente, le pague por sus masajes, dándole un poco más de dinero por su servicio extra. Yo quede muy relajado listo para ir a trabajar otro día.

En la policía cuando se termina un caso inmediatamente nos asignan a otro. Ahora teníamos que atrapar a un grupo de contrabandistas de pasta base que operaban en la ciudad. Se presumía que estos traficaban en un cabaret de gays y travestís muy famoso. Mi misión era entrar como barman y de esa ma nera espiar desde adentro.

Durante una semana me prepare para mi misión, observando a otros barmans, aprendiendo la técnica de servir copas, etc. Me dejé barba, me puse un arito en la oreja, en fin me cree un look. Estaba todo planeado para que yo entrara a trabajar en el cabaret, sin que nadie sospechara. Cuando llegué a presentarme, me atendió el administrador del local, un tipo de unos 40 años, medio gordo, de pelo castaño. Me explicó en que iba a consistir mi trabajo y los turnos. En eso llega una muje r, que nos interrumpe.

Hola, soy la Marieta. Tú debes ser el nuevo Barman, oh....., eres bastante buen mozo. ¿Cómo te llamas? Manuel Orellana -dije. Aunque mi verdadero nombre era Sargento Valdivia. Déjanos tranquilo, Marieta - interrumpió el administrador. Ya tendrás bastante tiempo para conocerlo. Que eres gruñón- refunfuñó Marieta. Alejándose de nosotros. Mira Manuel - dijo el administrador- no sé de que tendencia sexual eres tú, pero aquí encontraras muchas cosas raras, como por ejemplo la Marieta. Piensa que la gente que viene a este lugar es especial. No todos son heterosexuales como yo. No tengo problemas con eso- le dije. Bueno si es así- dijo el administrador- empiezas a trabajar esta noche.

Volví como las nueve de la noche al local, otra mujer llamada Lesli, me llevó a un camerino para que me pusiera mi uniforme. En el camerino había pura ropa de mujer, transparencias, bikinis, plumas, toda esa parafernalia que usan las artistas de la noche. Mientras me cambiaba de ropa, empiezo a sentir unos sollozos, miro alrededor encontrando un pequeño agujero en la pared, por donde se podía mirar a la otra habitación.

Ahí estaba la Marieta, probando una verga, que era nada menos que la del administrador. Ella estaba de rodillas chupándole la polla mientras él estaba de pie. La Marieta se tragaba todo ese sable sin ningún asco. Me quede ahí viendo ese espectáculo mientras se me ponía dura. Bonitas tetas las de la Marieta, el viejo se entretuvo un momento babeándoselas. Luego, el administrador se recostó en un escritorio, mientas le bajaba el resto de vestido, quedando con un poco de ropa entre sus tetas y un calzón. Le desabrocho la parte inferior del calzón, oh sorpresa ¡el medio guañaño que salió!. Marieta guardaba entre sus piernas un pene considerable. Como haya sido, el viejo se la empezó a culiar, mientras la otra gritaba de lo bien que estaba pasando. Yo me cálente a un más al ver un par de tetas con pene, así que me baje los pantalones y a masturbarse se dijo.

Si que heterosexual el viejito, me decía mentalmente, mientras miraba por el agujero de la muralla y me corría la paja. Me corrí instantáneamente, limpiándome la mano en uno de esos trajes que habían en el cuarto. Me subí los pantalones, y en ese instante entro otra mujer al camerin. ¿Quién eres tú y qué haces aquí?- preguntó enfurecida.

Mi nombre es Manuel Orellana, soy el nuevo Barman, y me estoy cambiando de ropa. Respondí.

¿Y quién te dijo que en mi camerino podías hacer eso? - Siguió preguntando, colorada de furia.

Bueno, Lesli me trajo para acá- le dije.

¡Quién más podía ser!. Me la va apagar esa maricona. Acentuó indignada.

En ese momento entro el administrador: ¿Por qué gritas tanto amor?, ves que te puedes arrugar

Es que la maricona de la Lesli, le presta mi camerino a este imbécil - gritó.

Estas mujeres- dijo el administrador. Haber Manuel, anda a cambiarte a otro lado, que yo resuelvo esto.

Salí de la habitación, y observé que la Marieta estaba en el marco de la otra puerta. Oye, Manuel, ven, cuéntame que pasó. Me acerque a ella, le conté lo sucedido, a lo que dijo:

-Esa Lisa, se cree la muerte, sólo por que es el número principal. Ven cámbiate de ropa en esta oficina, pasa.

Se sentó en un sillón y dijo: ten confianza y cámbiate al frente mío, no temas que no como. Yo sólo la mire, no estaba dispuesto a que ella dominará la situación. Dude un instante, pero decidí y empece a desvestirme. Me saque la camisa y los jeans, quedando con calzoncillos y calcetines. Así quieres verme - le dije. No esta mal decirlo, pero debido a mi entrenamiento policial, tenía un buen cuerpo, brazos gruesos y musculosos, pectorales bien marcados, o sea estaba muy bueno. Marieta me miro, con su dedo índice se bajo su escote, mostrándome un pezón. Estas para chuparte enterito, dijo. Parándose del asiento y acercándose a mí. Quedamos frente a frente. Yo quería dominar la situación, pero la calentura que sentía fue más. Un buen bulto ya se me notaba en el calzoncillo. La mano de Marieta se fue directa al el, bajándome los calzoncillos. Con sus dedos acariciaba mi pene, que ya tomaba su forma infinita.

Veo que no quedastes satisfecha- le dije. Refiriéndome a ella y al administrador.

Marieta puso una cara, que no comprendió lo que le decía. Pero dijo: yo nunca estoy satisfecha.

De sus ropas sacó un condón, que me puso gentilmente en la herramienta. Mis manos le bajaron el corsé, quedando ella en calzón. La puse enfrente a un espejo que había en la habitación. Me agache para quitarle el resto de su ropa interior, sólo quedo con unos enormes tacos.Como describir lo que vi en ese espejo. Primero su gran melena negra, la cual le llegaba hasta l os hombros, los cuales por cierto eran anchos, al igual que el resto de su cuerpo. Sus tetas eran excesivas para su altura, con unos pezones inmensos. No tenía bellos por ningún lado. Su pene estaba erecto. Al espejo era un ser raro, un ser que me provocaba una gran calentura.

Le besaba el cuello, mientras que mis manos le sobaban las tetas. Con mi polla que ya estaba a full, le rozaba sus nalgas, lo que a ella le encantaba.

Haré que te mandes un polvo inolvidable, me dijo.

Se inclino, poniendo sus manos en el espejo, ofreciéndome su agujerito. Vamos, Manuel, mirémonos como follamos.

Agarre mi polla con una mano y la dirigí hacia ella. Me costó encontrar el camino, pero cuando lo hice, hasta el fondo. Si no hubiese sido por el bello púbico, que sirvieron de cojín, habrían entrado hasta las bolas.

Ahhhhhhhhhi, grito Marieta. Vamos dale, muévete, con fuerza.

Si, si, dije. Pero no grites tan fuerte, que te pueden escuchar.

Pah, pah, sonaban nuestros cuerpos, mientras me movía como un perro sobre su ano. La imagen del espejo, era sensacional. Su larga cabellera, le tapaban los ojos, pero alcanzaba a notar una leve transpiración sobre sus labios.

Vamos, más fuerte, quiero más, destrózame. Gritaba Marieta.

Baja el tono, decía yo. No quiero que nos escuchen. Que importa los demás, dame duro. Gemía, mientras que con sus manos se tomaba las tetas.

Yo tenía que hacerla callar, si que me salí de ella.

Que te sucede, dijo.

Nada, espera, respondí. Acerque una banqueta, me senté. Vamos acércate, siéntate aquí, le dije.

Y otra vez, se clavo mi espada. ¡Que rico!, exclamo.

Esta vez, antes que empezara a gritar le tape la boca con una mano. La muy yegua la empezó a morder, llegó a sacarme sangre. Con la otra mano, le tome su polla, la cual estaba hirviendo. Se la empecé a pajear, pero ya estaba todo dado, al momento sentí como sus jugos escurrían por mis dedos.

De un momento a otro paro. ¿Qué te pasa?, yo todavía no acabo, le dije.

Se levantó. Ahora quiero comer polla, contesto. Me sacó el condón, poniéndome otro.

Vamos, chupa!, chupa!, le dije. Mientras que con mis manos le tomaba la cabeza y le la dirigía hacía mi verga. Que buenas mamadas me dio. Con su lengua recorrió todo mi mástil. Cuando me di cuenta que me iba a correr, le saque el miembro de la boca, elimine el condón, y así mi lechecita empezó a caer en la boca abierta de Marieta. Luego, volvió a zambullírselo limpiándome la polla de todo rastro seminal.

Me eche hacia atrás de la banqueta, mientras Marieta, se levantó y se miró en el espejo. Agarró sus ropas, diciéndome: Estuvo fenomenal, Manuel. Pero es hora de ir a trabajar, apúrate que ya es tarde, vístete, o te van a regañar en tu primer día. Acto consecutivo abandonó la oficina, dejándome exhausto tirado en un piso. A las doce de la noche, estaba lleno el cabaret. Los números de travestís pasaban unos tras otro. Desde la barra del bar pude observar varios personajes de la escena social. Incluso vi a un senador de derecha muy acaramelado con la Lesli. También observe como la cocaína se le servía libremente a algunos comensales. Llegó la hora del número principal. Con una fanfarria espectacular y un aplauso gigantesco presentan a Lisa la reina de la noche. Su espectáculo consistía en música de Rafaella Carra. Por cada canción, se sacaba una prenda. Al final, quedo con unas estrellas que le cubrían sus pezones y una d iminuta tanga brillante. El público la adoraba.

Su show era fascinante, embrujador. Es que esta mujer era tan hermosa, su piel sana, tersa. Yo diría que no tenía más de 20 años. Sus curvas bien acentuadas, esculpidas podíamos decir (a que no). Era maravillosa. No tenía mucha relación con los demás travestís del club, todas la envidiaban. Una tarde, no sé por que motivo empezaron a pelear a combos con la Lesli. Todo el mundo acudió a ver la pelea, yo fui el único que intento separarlas. Quedó la media embarrada, el administrador nos llamó a todos la at ención, en especial a la Lesli.

Terminado el escándalo, se acercó a la barra, diciéndome: barbeta, me puedes dar un agua mineral. Yo le serví rápidamente. Era la primera vez que me dirigía la palabra.

Sabes ¿por qué me tienen envidia?- preguntó más calmada.

No, no sé, le conteste.

Por que yo soy la favorita de don Aureliano. ¿Sabes quién es él?

No, no sé, le conteste. Asiéndome el leso, ya que sabia perfectamente quien era. Era el jefe de la mafia, el cual estaba fugado de la policía.

Él es el dueño de todo esto, mi benefactor. La próxima semana, se le va a celebrar el cumpleaños. Esto estará lleno de personalidades, vas a ver, será fantástico.

A partir de ahí todos los días hablamos, me convertí en su amigo. Su espectáculo lo disfrutaba, era su más grande admirador. Pero mi misión ya terminaba, ya había recolectado la suficiente información. La noche de hoy, el día de la celebración del cumpleaños de Aureliano Cabrera, la policía iba a realizar una redada. Lo más seguro que iba haber un tiroteo, y podían dañar a Lisa. Tenía que evitarlo. Cuando Lisa se aproximaba al cabaret, me acerque, la tome por la cintura, y me la lleve tan rápidamente cómo pude hacia una camioneta que tenía estacionada en la misma cuadra. Por suerte, no había nadie que se diera cuenta de lo que estaba haciendo. Qué haces bruto, esto lo va ha saber Don Aureliano- grito. Cállate, lo hago por tu bien. Hoy va haber un tiroteo, no quiero que te hagan daño. Le dije.

No habló más durante el camino, la lleve a un motel en las afuera de la ciudad. Eres un soplón, maldito- dijo.

No soy policía, cumplo con mi trabajo, le respondí.

Se abalanzo hacía a mí, yo la detuve entre mis brazos, dándole un beso. Al principio se resistió, pero luego cedió. Tu me gustas mucho, le dije.

Estas seguro de lo que dices, respondió ella. Ya debes saber que no soy una mujer. Si lo sé, sólo bésame y déjate que te ame.

Se entregó a mí sin dificultad. Sus senos eran hermosos, redondos, poseía una pequeña cintura. Le baje sus pantalones, sus piernas eran delgadas y onduladas. Debes saber que estoy en tratamiento, pronto seré una mujer de verdad. Con las hormonas casi ya no tengo testículos, sólo me queda un pequeño pene. Puedes pásame mi bolso, dijo. Le entregué el bolso, de él sacó un pequeño bikini. Se dio vuelta dándome la espalda, se bajo los calzones y se puso la nueva prenda. Esta se afirmaba de la cintura, bajaba una tira por las nalgas, la cual se dividía en dos en el ano. Por la parte delantera, era mas gruesa y alargada, de forma de cubrir un pene erecto.

Ahora sí soy toda tuya, me dijo.

Me saque la ropa, y con mis dedos empece a sobarles los pezones, hasta que se erectaron. Con sus manos, ella empezó a masajearme la herramienta. Se la echo en la boca, pero sólo el glande, dándole pequeños besitos y lengüetazos. De a poco se fue tragando el mástil.Me puse un condón, Lisa se ac ostó de lado. Busque su entrada, no estaba lubricada. Con mi lengua empece a humedecerle el hoyito. Con los dedos separe las riendas del bikini. Deposité un poco de saliva en su orificio, el cual era rosado, con la lengua empece a esparcirla, a la ves que derramaba más saliva. Puso sus piernas en tre mi cabeza, la levante, introduciendo por lo menos la mitad de mi lengua.

Luego, introduje sólo el glande para sentir como se estremecía. Ella jugaba con sus tetas, se sentía mujer. Después, introduje un poco más, para finalmente todo. Cuando hacía esto, ella se mordía sus labios. Cambiamos de posición, me puse sobre de ella, y la fui penetrando, en ningún momento sentí su pene. Ella entrecruzó sus piernas en mi espalda, mientras la culiaba. Nos besábamos, cada vez que nuestras bocas se topaban. Fue fantástico el sentir como ese hombre mujer gozaba gracias a mí. La cama sonaba con los movimientos de mi pelvis encontra del cuerpo de Lisa. Le besaba los pezones y la boca, ella solo gemía, uhhhh, sigue, no te detengas. Pare un momento, retirándome, estire aún más las piernas de mi compañero(a) hacía atrás, lamiendo nuevamente ese ano, y depyondo nueva mente saliva en él. Con una mano mantenía sus piernas atrás, mientras volví a penetrarlo, sin compasión. Sus gritos eran ahora fabulosos, aaoooooh, más, más!!!! Me salí de ella(el), sacándome el condón. Me senté sobre su estómago. Empece hacer lagartijas, de forma que mi pene se friccionaba entre esos dos senos moldeados, él juntaba sus tetas, pero mi mástil las volvía a separar. Mis espermios corrieron pronto, algunos fueron a parar a su boca, otros que daron esparcidos en su cuello. Con mi lengua se los limpié, probando mi leche. Mi mano la dirigí hacia su pene, que estaba tapado con la funda del bikini, éste estaba húmedo, excitándome aún más. Volví a ponerme en forma, vamos date vuelta, le dije. Se puso de rodillas en la cama. Le golpeé las nalgas con la palma de mi mano, otro condón, a lo perrito se dijo. Tanto fue el movimiento que la cama se desarmó de una esquina. Caí sobre la cama, ella sobre mí. Me empezó a besar el pecho, mordi éndome las tetillas. Mi frente estaba llena de sudor.

Lisa, sácate ese calzoncito, quiero verte desnuda, le dije. Vamos hazme ese favor. Ella se levanto, bajándose la prenda. Poseía un pequeño pene, no más de 10 cm, delgado, como el de un niño. Lo tome entre mis manos. Los testículos eran diminutos. No resistí la tentación y me los eche a la boca, comiéndome todo su órgano. Ella con sus manos me tomó la cabeza, tirándome el pelo. Que calor hacía, tenía toda la espalda llena de sudor. La cama se cayo de la otra esquina, quedando a ras de piso. Nosotros nos besábamos. Vamos, vuelve a sentarte en mí, le dije. Si pero antes -dijo- quiero besar tu ano. Me levantó las piernas, y con su lengua empezó a lamer mi orificio. Que maravilla, nunca había sentido algo tan igual. Esa aspereza de la lengua dentro de mí. Cambiamos de posición, la puse acostada de frente en la cama, dejando estómago en la orilla de la cama, de forma que su diminuto miembro colgaba. Le clave mi polla hasta el fondo, saltando, ella gritaba, pero yo seguía con mas furia, vaciando mi leche dentro de su esfínter. Los dos conocimos el cielo, lo que fue maravilloso.

Cuando desperté a la mañana, ya no estaba, me dejó una nota. En la comisaria me entere que el tiroteo había sido descomunal, cinco bajas de policía, y otras tantas de narcotraficantes. Marieta al verme vestido de policía, me escupió en la cara. A los dos días Lisa



apareció muerta en un canal afueras de la ciudad. Me sentí tan culpable, quise protegerla, pero fue peor. Lloré mucho, tal vez por amor. En la actualidad, siguen asignándome misiones, pero la vivida en el cabaret nunca se me va ha olvidar.

Autor: Anónimo


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