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2005-01-04 09:19:17
Me inscribí en el gimnasio, un poco por seguir a mis amigos y, la verdad, al principio no me agradaba demasiado la rutina de las pesas; pero,poco a poco le fui agarrando el gusto, sobre todo cuando empecé a notar como crecían y se marcaban los músculos de todo mi cuerpo...
Siempre había tenido un cuerpo bien formado, gracias a la natación y a mi afición por correr olas pero, luego de unos meses en el gimnasio mis hombros, mi pecho, mis brazos y piernas lucían como jamás lo hubiera imaginado. Al parecer, mis genes eran los adecuados para dedicarme al fisicoculturismo, o al menos así me lo aseguró Sergio, el nuevo instructor , quien se mostró muy interesado en dirigir mi entrenamiento con miras a participar en los campeonatos locales. Nuestra primera meta fue un concurso a nivel distrital, para juveniles como yo. Tenía 19 años entonces.


Sergio por su parte, tenía 32 años, ojos verdes, pelo castaño, era de mediana estatura y con un cuerpo delgado pero muy fibroso de piel trigueña. Ah! y soltero. Yo no era precisamente inocente en lo que se refiere al sexo con hombres. Había tenido relaciones con travestis y, ocasionalmente me habían pagado por sexo pero no me identificaba como gay. Lo hacía por diversión y siempre "como hombre".


Comencé a entrenar en serio, cuidando estrictamente mi dieta y siguiendo rutinas especialmente diseñadas por mi instructor. También empecé a usar anabólicos.


En el campeonato distrital gané sin dificultades. Había logrado desarrollar 85 Kg. de músculos, que distribuidos sobre mi metro setentiocho me hacían ver en excelente forma. Nuestro siguiente objetivo era el Campeonato Metropolitano y a eso nos dedicamos durante los siguientes cuatro meses.


Entre Sergio y yo había surgido una bonita amistad, que por momentos se volvía demasiado intima. Nos bañábamos juntos y a veces jugábamos y nos tocábamos desnudos en la ducha o en el vestidor. Imagino que muchos habrán pensado que entre nosotros ocurrían cosas, porque me di cuenta de las miradas que dirigían hacia nosotros cuando nos veían juntos. La verdad, en ese momento nuestra relación era --por así decirlo-- puramente platónica. El era para mi, una especie de hermano mayor a quien respetaba y en quien confiaba totalmente.


Sin embargo, en mi interior iba surgiendo el deseo y no podía evitar tener una erección cada vez que jugábamos desnudos en la ducha. A el le pasaba lo mismo, pero ninguno de los dos dijo algo.


Sergio controlaba cada momento de mi vida --al menos lo intentaba-- y me convenció que no debía tener sexo hasta después del campeonato. "Nada de sexo. Ni siquiera puedes masturbarte ¿entiendes?"dijo y yo acepté aunque sabía que iba a ser muy difícil lograrlo.
Volqué toda mi energía en los entrenamientos. Como el campeonato iba a ser al final del Verano, el periodo de preparación coincidía con mis vacaciones de la Universidad así que prácticamente vivía en el gimnasio con Sergio.


El día de concurso finalmente llegó. Mis padres y hermano estaban veraneando en el Norte así que nadie de mi familia asistió. Sólo estábamos Sergio y yo.
La competencia se realizó en un teatro, cuyas instalaciones estaban bastante venidas a menos. El lugar para cambiarnos y esperar era un patio ubicado detrás del escenario. Nunca me había visto en una situación así, el anterior concurso se había desarrollado en un gimnasio. Sergio me apoyó para superar los nervios y las molestias causadas por la incomodidad.


Cuando entré en el escenario y me vi frente a casi 500 personas y el jurado tuve una extraña sensación. Me parecía que todos me miraban con deseo, incluso los otros competidores y de pronto me sentí superior, me sentí lo máximo. Estaba seguro que nadie tenía pectorales tan grandes y definidos como los míos, ni tampoco una cintura tan estrecha, ni bíceps, ni muslos, ni dorsales tan perfectos como los que había conseguido con mi esfuerzo y el de Sergio. Tenía que ganar y así fue. Gané mi categoría ( Juvenil )y pasé a participar de la competencia general.


Entonces fue otra cosa. Los otros competidores tenían muchos años practicando el fisicoculturismo y eran verdaderas montañas de carne casi grotesca. Uno de ellos medía solo 1.67 m. pero pesaba 90 kg. Sólo uno de ellos me parecía atractivo y pude notar que el me miraba también.
Para mi sorpresa los jueces empezaron a llamarnos a los dos para hacer comparaciones. Parecía que el ganador iba a ser uno de nosotros. Frente a frente, en las comparaciones, no pude evitar empezar a excitarme y mi diminuta truza roja empezó a abultarse. Tener una erección en ese momento resultaba agradable y molesto a la vez pero no pude evitarlo y así debí continuar hasta la rutina libre.


Los jueces llamaron uno por uno a los ganadores. A mi me llamaron en segundo lugar. El ganó. Me acerqué a felicitarlo y me abrazó. Nuestros pechos desnudos y aceitosos entraron en contacto y estuve a punto de no poder contener la eyaculación. Sólo por un milagro mi pene hinchado no había escapado de la lycra que lo sujetaba. Pero mi impresión fue mayor cuando noté que el también tenía una erección apenas contenida por su truza azul. Fue un instante nada más pero tremendamente excitante.


Sergio me acompaño a cambiarme y me invitó a su casa para festejar con un almuerzo. Una vez en su casa le pedí su ducha para bañarme ya que en el teatro no había podido hacerlo y tenía todavía el cuerpo cubierto de aceite.


Me acompañó a su habitación, me dio unas toallas y me señaló el baño. Me desvestí mientras conversábamos. El me dijo que yo debí haber ganado, que lo merecía, que tenía el cuerpo más hermoso que jamás hubiera visto. Mientras decía eso se había acercado y estaba parado frente a mi, muy cerca.
" Eres realmente lindo Jorgito" agregó y pellizcó uno de mis pezones. Lo que sentí fue como una descarga eléctrica que me dejó aturdido. No dije ni hice nada pero el, acto seguido, empezó a lamer mis pezones ( que estaban hinchados y parecía que iban a estallar al no poder contener lo que parecía hervir en mi pecho), mientras con sus manos acariciaba todo mi cuerpo. Luego se paró detrás y mientras con una mano apretaba mis pectorales, uno por uno, con la otra acariciaba mi pene completamente endurecido o apretaba mis testículos.


Empezó entonces a acariciar mis nalgas y luego , con su lengua fue buscando mi ano. Sus acciones habían hecho que se desbocara mi deseo, un deseo nunca antes conocido, un deseo que me incitaba a sentir su pene en mis entrañas. Se puso un condón, lubricante, colocó mis piernas sobre sus hombros y me penetró. Fue doloroso al principio pero luego se volvió fantástico. Sus acometidas me provocaron un orgasmo y luego otro, esta vez simultáneo con el suyo.


Esa fue la primera vez que tuve sexo como pasivo y marcó un hecho muy importante. Empecé a reconocer la posibilidad de que fuera gay. De hecho Sergio y yo nos hicimos pareja y permanecimos juntos durante dos años y medio. Pero esa es otra historia...








Autor: Anónimo


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