Esto ocurrió en verano, cerca de Julio. Estaba andando por la calle cuando me encontré a un hombre que me paraba cogiéndome del hombro. Nada mas verle a la cara, por la suciedad de su ropa y su piel, supe que era un vagabundo, de mas o menos unos veinte años. Asustado, me solté rápidamente:
Saqué de mi bolsillo del pantalón una cajetilla, y le pasé uno.
Al despedirme y dar media vuelta, me paró con un "¡Eh!" y yo ya estaba perdiendo la paciencia.
"¿Por qué no me dejará?" Pensé.
Me cogió del brazo y me llevó con él.
Al fin habíamos llegado. Estábamos en uno de los peores barrios de la ciudad. Toda la gente iba paseando con prendas sucias y gastadas, y muchos perros sin dueño comían mierda del suelo.
Al final llegamos al edificio, era alto pero con las ventanas rotas y grafittis por todas partes.
Al fin, entramos a su casa y al igual que él, y el barrio en el que vivía, estaba sucia.
Cuando me hube sentado, me di cuenta de que tenía varias películas porno encima de un DVD medio estropeado.
Yo hice un gesto con los hombros y me empecé a beber la cerveza que había traído. Él puso el DVD en funcionamiento, encendió la televisión y al instante se vio a dos hombres y una mujer montándoselo en un escaparate.
Me di cuenta de que el vagabundo se estaba empalmando, pues con un chándal se nota enseguida.
Y al instante, me puso su brazo sobre el mío. Me estaba sintiendo incomodo y no sabia como reaccionar. Me acercó su boca a mi oreja y me susurró: "Te quiero follar".
Nada mas escuchar eso, me levanté, le hice un corte de mangas y me dispuse a salir por la puerta, pero él fue más rápido y me agarró de la cintura tirándome al sofá.
Él se abalanzó sobre mí y me metió su lengua en mi boca y al instante, nada mas sentirlo, se me puso tan dura como una roca.
Me quitó la chaqueta vaquera y me rompió la camiseta dejando al descubierto mi torso, y él hizo lo mismo, mostrando los músculos que la calle le había otorgado.
Empezó a lamerme la cara como un poseso, y después siguió con mi cuello y mi pecho.
Y se quitó el chándal poniéndome en la cara su culo. Y yo ya, sin conciencia ninguna, se lo empecé a lamer poco a poco. Me puse de rodillas y me quite los pantalones mostrándole mis 16 centímetros de polla dura. Él seguía loco, y me la empezó a lamer como un helado. Comencé a gemir "Oh, sigue…" y cuando la hubo lubricado, se puso de nuevo a cuatro patas moviendo el culo.
- ¡Vas a ver! – Le dije y se la metí entera. Aun recuerdo como lo disfrutó
Después de cinco minutos de meter y sacar, él se tumbó, me agarró con sus piernas y me tiró sobre él. "Chúpala" Me dijo.
Y al igual que él, se la empecé a lamer como un helado. Calculé 20 centímetros de placer. No pude chupársela entera, pero lo poco que pude, sé que lo disfrutó.
"Ahora soy yo quien quiere metértela" Me susurró y me puso a cuatro patas metiéndome todo su rabo por mi culo.
"¡Aaaaaah!" Gritaba, pues se me olvido decirle que era virgen, y me la metía con mucha fuerza.
Pasó diez minutos así, hasta que sentí dentro de mi algo húmedo y caliente. Me abrazó por la espalda sin quitarme la polla de mi culo y con su mano me empezó a pajear hasta que no pude más y me corrí como nunca.
Me empezó a besar, y me dijo que nunca lo había disfrutado tanto.
Después de aquello, todas las semanas paseo por la calle, con una cajetilla de tabaco, ofreciéndole siempre que le veo un cigarrillo.